El inicio de una amistad cariñosa
—Estoy tan aburrido. —Me derrito sobre mi carpeta.
La clase al fin ha terminado y ya quiero irme a casa.
Con la cabeza recostada de lado, diviso a Bratt, mi mejor amigo, leyendo con seriedad un libro.
—Bratty, cómprame una gaseosa.
—Ya te dije que no me llames así. —Pasa la hoja del libro. Ni siquiera voltea a verme el bastardo.
—Vamos. —Extiendo mi brazo y toco su hombro—. Compadécete de tu amigo pobre. —Le sacudo el hombro.
—De pobre no tienes ni los calzones.
Escucho risas adelante. Demonios, aún quedaban compañeros en el salón. ¡Qué vergonzoso!
La puerta se abre de golpe y choco miradas con el alto estudiante parado en el umbral.
—Aquí estabas, Toby. —Sonríe el bastardo de Patrick.
Vuelvo a derretirme sobre mi carpeta, sin ganas de prestarle atención. Yo solo quiero ir a casa y jugar videojuegos con Bratt.
—Creí que estarías vaciando el quiosco. —Parece que se ha sentado en la carpeta vacía de adelante—. Vamos, comamos algo, muero de hambre. —Juega con un mechón de mi cabello.
Tch, solo viene cuando quiere que le compre comida. Es un bastardo convenido.
—Ahora no estoy de humor, Patrick. —Cierro los ojos, fingiendo que tomaré una siesta para que me deje en paz y se largue.
—¿Estás aburrido? ¿Quieres jugar conmigo un rato? —Su mano se desliza a mi rostro y acaricia mi oreja.
Y luego ya no siento su tacto.
Abro los ojos y encuentro a Bratt con una intensa seriedad agarrando el brazo de Patrick.
—Regresa a tu salón —su voz suena amenazadora—, el receso ya está por terminar.
Me enderezo y veo la lucha de miradas que ambos están teniendo. Sé que no se llevan tan bien que digamos, pero ahora parece que se odian.
Patrick sacude su brazo para quitarse de su agarre y ladea su sonrisa. Se levanta de la carpeta, da dos pasos hacia mí, y se inclina para darme un beso en la parte alta de la cabeza.
Me levanto de un tirón, asqueado por su comportamiento, listo para darle su merecido. Pero como si supiera lo que haría sale corriendo y solo deja una brisa que refresca mi rostro.
—Idiota —gruño.
Por eso he dejado de juntarme con ese tipo, porque le encanta molestarme y con el tiempo se tornó agotador. Por más veces que le advertía que no me gustaba que invadan mi espacio personal parecía que hablaba con una pared porque al rato se me pegaba como chicle y se ponía demasiado meloso conmigo. Idiota.
Regreso a la realidad en cuanto Bratt se levanta.
—¿A dónde vas?
Me da una mirada que no logro entender y la desvía hacia la puerta.
—Al baño. —Se aleja.
También me levanto y lo sigo.
—Iré contigo. —Sonrío, de mejor humor porque al fin ha soltado ese molesto libro—. Quiero ir a remojarme la cabeza.
No dice nada, como suele hacerlo ya que es un adolescente de pocas palabras. Tal vez sea por eso que somos buenos amigos desde la primaria, porque su personalidad tranquila y silenciosa me ha llegado a resultar cómoda. Además, siempre me escucha sin importar las tonterías que diga.
—Hola, Toby —saluda un tipo cuyo nombre no recuerdo.
—Hola. —Sonrío de forma amigable.
—Qué tal, Toby —saluda una antigua compañera de clase.
—Oye, estás más alta, ya casi me alcanzas —bromeo.
Se ríe y sigue su camino.
Es sencillo tener cortas conversaciones con mis compañeros de escuela, solo se necesitan de unos minutos para mostrarse agradable y compartir algunos chistes ocasionales. Y eso es todo.
Hacer amistades me resulta agotador porque no siempre estoy de humor para socializar, así que prefiero estos cortos encuentros en donde puedo disimular que soy alguien sociable cuando la verdad es que disfruto más pasar el tiempo a solas. O con Bratt.
Es que él es tan silencioso que no noto la diferencia.
—¿Viste a esa chica? —Le codeo y miro atrás por encima de mi hombro—. No la había visto antes, ¿será nueva? —Veo de reojo a la muchacha—. Es linda.
Mi amigo se vanagloria de su silencio, aunque su seriedad se ha intensificado, lo que me indica que está algo fastidiado.
Con el tiempo aprendí a reconocer sus gestos por más diminutos que sean. Para el resto puede parecer que siempre anda serio, pero la verdad es que, si lo miras más de cerca y con mayor atención, notarás lo expresivo que es.
Llegamos a los baños y abro el caño para mojarme el cabello. Uso un poco del jabón líquido y me lo sobo especialmente en la parte que ese bastardo besó.
—Qué desagradable —murmuro con molestia de solo recordar lo que hizo.
Como ven que sonrío seguido no suelen tomarme en serio cuando les digo que no me gusta el contacto físico, hasta lo toman como un reto por ver qué tanto pueden hacerme enojar.
—Por eso prefiero no hacer más amigos. —Remojo el cabello para quitarme el jabón.
Bratt se coloca a mi lado para lavarse las manos.
—Contigo me basta y sobra. —Sonrío de buenas por haber encontrado a mi amigo ideal.
Callado y alguien a quien tampoco le gusta que invadan su espacio personal.
Cierro la llave y me miro al espejo para comprobar qué tal quedó mi cabello. Entonces una mariposa se posa en el espejo justo delante de mí.
—¡Aah! —chillo de terror y pego un salto para huir del terrorífico insecto.
Este se va volando tranquilamente, como si hubiera cumplido su misión de pegarme un gran susto.
Exhalo de alivio en cuanto se esfuma y me relajo. Vuelvo a tensarme al darme cuenta recién que estoy abrazando a Bratt y nuestros rostros están demasiado cerca.
Me aparto de él de golpe, como si me quemara, y mantengo las manos arriba, listo para ser entregado a las autoridades.
—Lo siento, me asusté tanto que no me di cuenta.
Sé que lo entenderá porque sabe lo mucho que me aterran los insectos voladores. Después de todo estuvo presente la vez que una cucaracha voladora se posó en mi hombro y me asusté tanto que me desmayé. Desde entonces le he agarrado un trauma a esas cosas.
Se cubre parte del rostro con el brazo y no consigo ver sus ojos ya que tiene la cabeza levemente inclinada hacia adelante.
—¿Estás bien? —Demonios, debo haberlo sorprendido demasiado al abrazarlo de ese modo—. Te juro que no fue intencional.
Si reacciona así por un abrazo debe resultarle aún más molesto que a mí el que le toquen.
—Estoy bien.
—¿Seguro?
Se limita a asentir con la cabeza.
Exhalo en rendición. Mejor no insistirle y darle espacio para que se tranquilice.
—Yo me adelantaré. —Me vuelvo—. Regresa al salón cuando estés listo.
Doy apenas dos pasos y soy retenido por una mano que me sujeta del brazo. Dirijo la mirada a la persona que me ha detenido, entre sorprendido y confundido de que Bratt lo haya hecho.
He quedado demasiado perplejo de que me sujete de este modo porque deben haber pasado años desde que nos habremos tocado. Cuando éramos niños solíamos jugar seguido a las peleas así que en ese tiempo era normal, pero en cuanto pasamos la pubertad nos volvimos más... respetuosos.
—¿Qué pasa? —consigo recomponerme para hacerle la pregunta.
Tal vez está tan mal que quiera que lo acompañe a la enfermería.
—¿Te sientes mal?
Sacude la cabeza.
Miro su mano que aún se aferra a mi brazo. No lo encuentro particularmente molesto porque se trata de Bratt, más bien me preocupa que no se sienta bien ya que su rostro no luce tan bien que digamos.
—¿Quieres ir a la enfermería?
Vuelve a sacudir la cabeza.
Exhalo y ladeo la boca. Sé que le cuesta pedir ayudar porque prefiere hacerlo por su cuenta por más tedioso que le resulte, así que mi trabajo es prestarle la suficiente atención para ayudarlo así sea a la fuerza ya que para eso están los amigos.
Coloco mi mano sobre la de él que aún sigue impregnado en mi brazo y nuestras miradas se encuentran.
—A decir verdad, yo no me siento muy bien, ¿me acompañarías a la enfermería?
—No pareces enfermo.
—¿Como que no? ¿No has visto lo pálida que luce mi cara? —dramatizo.
—Tu cara siempre luce pálida.
Me miro al espejo y veo que sí está pálida.
—Tal vez tengas razón. —Lo miro y sonrío—. ¿Será que me estoy convirtiendo en vampiro?
—Si es así te clavaré mi estaca sin dudarlo.
Me carcajeo.
—Vamos. —Sujeta mi mano y me arrastra a la salida.
—¿A-a dónde? —me entran los nervios porque no me ha soltado la mano.
—Si dices que estás mal iremos a que te revisen.
No sé qué más decir ya que mi mente se ha nublado debido a que estamos tomados de la mano.
Y lo raro es que no me resulta molesto.
Ya en el pasillo, él lidera el camino. Todo lo que puedo hacer es dejarme llevar y mirarle la nuca en silencio.
Qué curioso, no sabía que tenía las manos cálidas. No se siente tan mal. Hasta me resulta algo reconfortante.
Llegamos a la enfermería y vuelvo a ponerme nervioso ya que olvidé pensar en la excusa por la que vine.
—¿Qué hacen aquí? Sus clases ya están por empezar —nos advierte la doctora.
—No se siente bien. —Bratt me da un leve empujón hacia adelante.
—Bueno, yo... —Callo en cuanto la mano de la mujer me cubre la frente.
—Parece que tienes algo de calentura. —Se aparta.
—¿En serio? —Me toco la frente, sorprendido de que mi mentira se haya vuelto realidad.
No quiero estar enfermo de verdad, es aburrido y no podré jugar videojuegos.
—Acuéstate en una de las camas y descansa por este periodo, si empeoras tendrás que ir a casa.
Exhalo y me encojo de hombros, desanimado por tener que tomar una aburrida siesta.
—Tú vuelve a tu salón —le ordena a Bratt.
Sentado en la cama, sacudo la mano en el aire para despedirme de mi amigo. Se supone que vinimos por él y fui yo el que terminó en esta situación.
Me recuesto y miro el aburrido techo blanco. Es tan aburrido que termino quedándome dormido.
Qué cálido se siente. ¿Me habrán puesto un calentador en la frente? No me digas que empeoré.
No, espera, no te vayas. calentador.
Abro los ojos y descubro que el calentador en realidad es la mano de Bratt. Nuestras miradas se encuentran.
—¿Cómo te sientes?
—Mucho mejor. —Sonrío ya que me siento renovado por la estupenda siesta que tomé.
—La doctora dijo que en cuanto despiertes puedes volver a clases.
—¿A dónde fue ella? —Reviso la enfermería y no veo rastros de la mujer.
—Salió hace un momento.
—Ya veo. —Asiento.
Con razón está tan tranquilo el lugar ya que no se escuchan sus quejas.
—Toby.
—¿Sí, Bratty? —bromeo ya que me encuentro de buen humor.
—¿Cuánto tiempo más vas a sostenerme la mano?
—¿Qué? —Bajo la mirada y compruebo que mi mano está aferrada a la suya.
Lo suelto de inmediato.
—Lo siento, es que tu mano es tan cálida que se siente bien tocarla. —Me rasco la mejilla, algo avergonzado por de nuevo haberlo tocado sin permiso.
Espera, ¿acabo de decir que se siente bien tocar su mano?
—A lo que me refiero es que... —me apresuro en explicárselo, pero la verdad es que no se me ocurre qué decir.
Su mirada fija y seria me obliga a guardar silencio. No luce molesto, pero me siento algo intimidado de que me mire tan fijamente.
—Puedes seguir.
—¿Ah?
—Mi mano. —Me la enseña—. Puedes seguir tocándola.
—¡¿Qué?! ¿¿Por qué haría eso?? —me escandalizo y siento que la cara me arde.
Creo que otra vez me ha dado calentura.
—Dijiste que se sentía bien —simplifica como si no fuera la gran cosa.
—Sí, eso dije, pero... —Demonios, es mi culpa por ser demasiado honesto.
—¿No quieres?
—¡No lo digas de ese modo!
—¿Decir qué? Si no quieres tocarlo no lo hagas. —Baja su mano.
—¡Sí quiero! —La sujeto, exasperado por lo desesperante que me resulta su relajado comportamiento.
¿Cómo es que puede decir esas cosas y no sentirse avergonzado? ¿¿Por qué soy yo el que tiene que sentir vergüenza??
Bueno, es cierto que se siente bien la calidez de su mano, pero por cómo lo ha dicho lo hizo sonar raro.
—Tienes la mano fría.
—¡No es cierto! ¡Tu mano es demasiado caliente!
¿Por qué estoy gritando? No debería reaccionar así por su comentario, pero no puedo evitarlo.
—Toby.
Exhalo para calmarme. No tiene sentido desquitarme con él por algo que es obvio solo me está afectando a mí. Somos mejores amigos y no quiero provocar una pelea por algo así de tonto.
—Lo siento, supongo que me tomó por sorpresa que no te molestaras por haberte tocado de improvisto. Sé que te desagrada el contacto físico y debí ser más cuidadoso.
—Sí, me desagrada.
Lo hizo bastante obvio, aunque nunca lo haya comentado.
—Pero no si tú lo haces.
—¿Ah? —Lo miro.
Se inclina un poco hacia mí.
—No me desagrada que tú me toques. —Me toca el rostro con su mano derecha ya que aún tengo sujeta la izquierda.
—¿En serio? —Elevo las cejas, sin saber qué más decir.
—Sé que a ti tampoco te gusta que te toquen y por eso me contuve, pero ahora que sé que te gusta tomarme la mano...
Otra vez lo está diciendo de un modo extraño no propio de amigos. Aunque qué se yo, si él es el único amigo que he tenido no es que sepa mucho de esto. ¿Será que los amigos pueden decirse estas cosas con normalidad?
—Es que es muy cálida...
Si esto es normal entre amigos supongo que no tiene nada de malo. Será cosa de acostumbrarme.
—Significa que mientras sea cálido... ¿seguirás tocándome?
¡Ay, no puedo acostumbrarme! ¡Es tan extraño!
¡¿Por qué te sientas conmigo en la cama?! ¡No te acerques tanto!
—Toby... —Se inclina hacia mí y siento su respiración en mi cuello.
Cierro los ojos al no saber qué hacer o decir. No quiero ofenderlo ni hacerlo sentir mal ya que se trata de mi mejor amigo. Si fuera otra persona ya lo habría golpeado, pero a él no quiero lastimarlo.
Contengo la respiración en cuanto su boca toca mi piel. Siento un escalofrío que me recorre el cuerpo y contraigo los dedos ante la extraña sensación.
Su húmedo beso me obliga a suspirar. No se siente mal. A decir verdad, se siente demasiado bien.
¿¿Esto es lo que hacen normalmente los amigos??
Me tenso en cuanto su mano se posa sobre mi muslo, y se va deslizando todo el camino hasta mi...
—Espera. —Me levanto de un salto.
Me cubro a mi amigo de ahí abajo y acuso con la mirada al pervertido amigo que me mira de un modo extraño.
—Lo-los amigos no hacen eso.
—¿Cómo sabes? Soy tu único amigo.
—Hemos sido amigos hace años y nunca actuamos tan... cariñosos.
¿Esa sería la palabra correcta? Vaya que soy nuevo en esto.
—¿Te desagradó?
—Bueno, no...
A decir verdad, se sintió muy bien. ¡Pero ese no es el punto!
—¿Entonces qué tiene de malo?
—¿Ah? —Enarco una ceja, perdido por su raciocinio.
—Si a ambos nos gusta... —Se levanta— ¿Qué tiene de malo?
—Nunca dije que me gustó. —Desvío la mirada al sentirme nervioso de nuevo.
—Tu amiguito opina lo contrario.
¿De qué rayos está...? ¡¿En qué momento se me paró?!
—Entonces... —Se sigue acercando, y por reflejo retrocedo—. ¿Seguimos?
¿Quién es esta persona y qué hizo con mi callado y serio mejor amigo?
—Espera. —He sido acorralado con una pared así que lo único que puedo hacer es detenerlo con la mano para que deje de acercarse—. Eres mi mejor amigo, y no creo que sea correcto hacer esto porque luego podría resultar incómodo para ambos.
—Está bien. —Da un paso hacia atrás.
Exhalo de alivio. Me alegra que lo haya entendido o esto habría terminado muy mal para ambos.
—Volvamos a clase antes de que nos regañen.
Asiente.
Sí, ese es el amigo de pocas palabras que tanto aprecio.
El resto del día transcurre con normalidad. O sea, súper aburrido.
Bratt no ha mencionado lo ocurrido en la enfermería y actuó como siempre. Hasta parece que nunca ocurrió y todo fue parte de mi imaginación.
—¡Al fin! —celebro con los brazos estirados en el aire.
Hoy más que nunca ansío llegar a casa y pasar el resto del día jugando videojuegos.
Miro a mi querido amigo y bufo al ver que sigue leyendo ese libro. Ni siquiera se ha dado cuenta que somos los últimos que quedamos en el aula. ¿Tan bueno será ese libro?
Noto que sus gafas se le han deslizado y se le están por caer. Así que se lo acomodo ya que él sigue inmerso en la lectura.
Voltea a verme y sonrío.
—¿Te distraje?
—Sí.
—Genial. —Me levanto—. Ya que saliste del trance vayamos a casa, que hoy toca maratón de COD.
—Hoy no iré a tu casa. —Va guardando sus cosas.
—¿Qué? ¿Por qué no?
—Tengo que estudiar.
—Pero si aún falta meses para los exámenes. Vamos. —Lo sujeto del brazo—. Te dejaré elegir las misiones.
Se me queda mirando así que le enseño mi poderoso rostro suplicante.
—De acuerdo.
—¡Sí! —Camino a la puerta.
—Pero me quedaré a dormir.
—Claro claro, como mañana es sábado podremos amanecernos jugando.
Será la mejor pijamada de videojuegos.
—Tomemos un descanso. —Me recuesto sobre la alfombra—. Ya no siento los dedos.
No hemos parado de jugar desde que llegamos y ya empiezo a sentir los achaques del vicio.
Bratt ha estado muy activo con las misiones que apenas y me dejaba ir al baño cuando veía que llegaba a mi límite.
—¿No estás cansado? —Lo miro desde abajo ya que mi cabeza está junto a él.
Tiene la espalda apoyada en mi cama y se ha quitado las gafas.
—Un poco. —Se restriega los ojos.
—¿Tomamos una siesta y luego le seguimos? —Le doy un leve golpe a su pierna.
—Sí. —Se recuesta de tal modo que su cabeza queda a la altura que la mía.
Aprecio su perfil y noto la linda nariz que tiene. Como siempre lleva gafas son pocas las veces que la he visto.
Y sus labios...
De repente recuerdo lo que le hizo a mi cuello con ellos.
Trago saliva y miro el techo.
—Quien se levante primero despierta al otro. —Cierro los ojos.
Mejor dormiré antes de seguir pensando en cosas raras.
¿Mmm? ¿Qué es esta familiar calidez?
¿En dónde...?
Abro los ojos y me encuentro con el rostro de Bratt a centímetros del mío.
—¿Qué haces?
Aparta su mano de mi cara.
—Intentaba despertarte.
—Ah. —Sonrío—. Ya sabes que soy de sueño pesado.
Me incorporo y bostezo un poco.
—¿Seguimos jugando?
—No podemos.
—¿Por qué no? —Frunzo el ceño.
Señala en dirección a la televisión. Me exaltó al ver que el play cuatro ha desaparecido.
—Tu hermana mayor nos encontró dormidos y se lo llevó, iba a decirle algo, pero me aseguró que lo traería mañana temprano.
¡Esa desgraciada!
Exhalo en rendición. Si voy a reclamarle me dará una paliza.
—Bueno, supongo que mañana le seguimos. —Me estiro al sentir el cuerpo adormecido—. ¿Sabes qué hora es?
—Las dos.
—¿Recién? Aún es temprano. —Me encojo de hombros.
Se levanta del suelo y camina hacia mí. Me tenso de inmediato.
—Ve a cepillarte los dientes, no quiero que tu mal aliento me despierte.
—¿Tengo mal aliento? —Me cubro la boca.
—Sí. —Me empuja a la puerta.
—¿Tú no te cepillarás?
—Ya lo hice.
Con razón huele a menta.
Voy rápido al baño y me cepillo con ganas. Hasta uso enjuague bucal e hilo dental.
—Vamos a ver si aún sigues diciendo que me apesta la boca —me vanaglorio de mi brillante sonrisa.
Regreso a mi habitación y la encuentro con las luces apagadas.
—¿Bratt?
La linterna de su teléfono me indica que ya se ha metido a la cama.
—Oye. —Lo empujo del brazo—. ¿Qué haces en mi cama?
—Me duele la espalda. —Se gira de tal modo que me da la espalda.
Exhalo en rendición.
Bueno, no es que sea la primera vez que compartimos la cama, de niños solíamos dormir juntos casi a diario.
Trepo encima de él y me lanzo en el espacio vacío.
—Qué cómodo. —Miro el techo.
A diferencia de la dura alfombra el colchón se siente muy blando.
—¿Ya te dormiste? —Lo miro.
No oigo respuesta.
Por su apaciguada respiración y su rostro relajado confirmo mi duda.
Bien por él que puede dormirse tan rápido. Como lo envidio.
—¿Sabes? —Vuelvo a mirar el techo—. Aún no estoy seguro de a qué quiero dedicarme cuando me gradúe, pero solo espero vayamos a la misma universidad, contigo cerca sé que mi futuro será divertido. Por eso... —En cuanto volteo a verlo me encuentro con su fija mirada.
—Sigue.
—¿No estabas dormido?
—¿Qué más ibas a decir?
—Solo estaba diciendo incoherencias. —Sonrío.
—Quiero escucharlo.
Siento su mano rozando mi brazo.
—En realidad olvidé lo que iba a decir. —Me rasco la mejilla y miro a otro lado, un tanto nervioso por tener su mirada encima.
—Toby.
—En serio lo- —Me cierra la boca con la suya.
Sus labios son suaves y saben a menta. Se mueve tan lento que apenas y lo percibo. Así que decido ser yo quien lo haga.
Sus manos se deslizan por mi abdomen y se meten por debajo de mi camiseta. Al sentir su cálido tacto recupero la consciencia y lo aparto de inmediato.
—No creo que...
—Yo también quiero seguir a tu lado en el futuro. —Su mano se posa en mi cintura—. Quiero ir a la misma universidad contigo. —Su mano se desliza a mi estómago—. Quiero que vivamos juntos. —Su mano desciende hasta mi pantalón. —Quiero que durmamos juntos. —Restriega su mano justo en donde anda dormido mi amiguito.
Trago saliva, medio hipnotizado por sus palabras y sus roces.
Sé que no es correcto porque somos amigos, pero... quiero que me siga tocando.
—¿No quieres...? —Desliza su mano dentro de mi pantalón— ¿Lo mismo?
Su cálida mano toca mi miembro y cierro los ojos por la corriente eléctrica que me recorre el cuerpo.
Se me pone dura en segundos, y su mano se vuelve más activa mientras me masturba.
Su boca me devora y me aferro a su hombro mientras disfruta de ambas sensaciones.
Se siente tan diferente que cuando me masturbo yo. Se siente tan malditamente bien que ya he olvidado las razones por las que no debemos continuar.
Mi mano desciende a su pantalón y noto que también está duro. Lo acaricio por encima del pantalón de pijama, excitándome cada vez más.
Bajo su pantalón y atraigo su erecto miembro hacia el mío, y nos vamos masturbando uno pegado al otro.
Su lengua juega con la mía de un modo que me vuelve loco, y la velocidad de su mano está por llevarme al límite.
Me aferro a su hombro y me vengo con fuerza. Mi cuerpo se tensa por unos segundos y luego se relaja. Nos separamos y observamos en silencio.
Eso fue... increíble.
—¿Vamos a lavarnos?
Asiento, sintiéndome tímido de repente.
Quisiera preguntarle si lo disfrutó tanto como yo, pero temo volverlo incómodo. Así que nos lavamos y nos fuimos a dormir como si nada hubiera pasado.
—Otra vez lunes. —Me derrito sobre mi carpeta—. Qué aburrido.
De todos los días de la semana, los lunes siempre me resultan los más aburridos.
—Bratty. —Lo miro leer un nuevo libro—. Cómprame una gaseosa.
Cierra el libro y se levanta. Me enderezo en cuanto se aleja.
—¿A dónde vas?
Se detiene y me mira por encima de su hombro.
—¿Cuál gaseosa quieres?
Sonrío y voy hacia él. Rodeo sus hombros con mi brazo.
—Una de cereza.
—Qué mal gusto tienes.
Pasé un fin de semana estupendo con Bratt. A veces, cuando teníamos ganas, volvíamos a masturbarnos en silencio para que no nos oigan, y cuando terminábamos continuábamos jugando videojuegos.
Así que digamos que eso nos ha vuelto más unidos y no sentimos incomodidad por invadir el espacio personal del otro.
Nos sentamos en la banca del patio trasero de la escuela, un sitio lo suficiente apartado que casi nadie suele venir por aquí excepto una que otra pareja.
Bratt abre el paquete de las galletas con chispas de chocolate que tanto me encantan, y me mete a la boca la mitad de la galleta que mordisqueó.
—No seas tramposo, dame una entera.
—Comes como cerdo. —Me limpia la boca con su mano.
Sonrío al sentirme bien que me consienta.
—¿No me vas a invitar? —Extiendo la mano a su galleta.
Pero el tramposo la aleja al otro lado.
—¿No me vas a dar? —Hago un puchero.
—¿Qué me darás a cambio?
Bueno, la gaseosa ya me la terminé y no compré nada porque no tenía tanta hambre.
—¿Qué quieres? —Me cruzo de brazos, listo para escuchar el costoso pedido que me hará.
—A ti.
—¿Ah? —Me río—. Yo no soy comida.
En cuanto se acerca entiendo lo que quiso decir.
—No creo que debamos hacerlo aquí. —Me alejo un poco—. Alguien podría vernos.
Mira a los lados, me toma de la mano y me arrastra hasta los arbustos del fondo. Son lo suficientemente altos que parecen una pared improvisada.
—Ya entiendo por qué este lugar es el favorito de las parejas. —Aprecio el pequeño espacio privado que la naturaleza ha creado—. Aquí pueden hacer sus cochinadas y nadie los verá.
Me tenso en cuanto se acerca.
—¿Puedo besarte?
—Algo tarde para andar pidiendo permiso —bromeo.
Esta vez yo tomo la iniciativa y saboreo sus deliciosos labios y su húmeda lengua.
Sus manos descienden a mi trasero y puedo sentirlas con claridad debido a que estamos usando buzo. También puedo sentir cómo se le está poniendo duro. Al igual que a mí.
Tal vez sea porque estamos en un lugar medio público que me he excitado más rápido se lo usual. La emoción de hacerlo en un lugar diferente me ha prendido bastante.
Baja a mi cuello y lo llena de besos mientras me apretuja el trasero, con nuestras pelvis frotándose cada vez más ansiosos por aumentar la intensidad. Mete su mano dentro del pantalón y la ropa interior y su dedo desciende justo en medio.
—¿Puedo entrar aquí? —Toca justo en mi...
—¿Qué? —Lo sujeto de los hombros para mirarlo a la cara— ¿Quieres penetrarme?
Ya ni siento vergüenza en decirlo después de todas las perversiones que hicimos el fin de semana.
Bratt asiente.
—¿Lo has hecho antes? —Enarco una ceja, curioso de que de repente pida algo así.
Sacude la cabeza en negación.
—Pues yo tampoco. —Lo suelto—. Pero creo que me dolerá —digo con una honesta preocupación.
O sea, si a veces hasta me cuesta ir al baño y debo pujar para que salga, no imagino si pudiera entrar algo más grande por ahí.
Todo esto es tan nuevo para mí que solo me he dejado llevar porque era divertido, pero no estoy seguro de si quiero ir tan lejos.
—Saliendo de clases ven a mi casa. —Me toma de la mano.
—Pero tu padre casi nunca está y solo tienes libros ahí.
Por eso solemos ir a mi casa ya que su padre es tan aburrido que no le permite tener juegos ni nada que pueda resultarle divertido a un adolescente promedio.
—Por eso.
—Ni siquiera tienes televisión —sigo con mis quejas—. ¿Qué se supone que haremos? ¿Leer?
—No. —Se apega a mí—. Algo mejor. —Me da un pico.
Quedo con la boca entre abierta al entenderlo al instante.
¡Me quiere penetrar el hoyito!
El resto de las clases apenas y pude enfocarme en prestar atención. Lo único en lo que podía pensar es en que mi hoyito será profanado por mi mejor amigo.
Para la hora de gimnasia logro distraerme gracias a que el profesor decidió que juguemos un par de rondas de vóley. De todos los deportes este sin duda es mi favorito.
Es mi turno de ser relevado por otro compañero y aprovecho en beber agua y descansar en las gradas.
—¿Viste? —dice una de mis compañeras que están sentadas adelante—. Bratt se ve tan guapo sin lentes.
—Lo sé. —Suspira la otra compañera—. Y luce tan sexy con ese buzo sudado que quisiera ser su toalla.
La primera le codea y ambas se ríen mientras continúan contemplando a mi amigo.
Coincido con ellas en que luce bien con ropa deportiva, además que también es bueno jugando y da unos saltos increíbles cada vez que quiere impedir que la pelota entre.
Pero lo que estas muchachas nunca sabrán es que él luce aún más sexy cuando está excitado. Digamos que solo yo tengo ese privilegio como su mejor amigo.
—¿Tendrá novia?
Me tenso.
—No creo, se la pasa leyendo en los recesos.
—Cierto, hace tan difícil acercarse a él.
—Pero es muy cercano a Toby.
—¿Y si le decimos que nos ayude a acercarnos a él?
—No, qué vergüenza. Mejor contemplarlo de lejos.
—Sí, tal vez tengas razón. Igual dudo le interese salir con alguien.
—Cierto, saldría con un libro si pudiera.
Se vuelven a reír.
Son tan ruidosas que escuché todo lo que dijeron, aunque no quisiera.
El profesor me llama para que vuelva a entrar y paso por el lado de las muchachas. Nuestras miradas se encuentran y les hago señas con los dedos de que las voy a estar observando si intentan acercarse a mi amigo. Ellas no parecen entender, pero sí lucen sorprendidas porque saben que escuché su nada privada conversación.
Voy hacia Bratt y lo abrazo del cuello por atrás gracias a que soy más alto que él. Como el profesor está coordinando algo con su asistente aprovecho en pasar un rato con mi amigo de paso que les muestro a esas niñas que solo yo puedo estar así de cerca de él.
—Eres tan bueno jugando que no entiendo por qué usas gafas.
—Son de descanso, debo usarlas para leer.
—Cierto. —Asiento al recordar que ya me lo ha dicho varias veces.
—¿No te gusta que las use?
—Al contrario, me encanta. —Sonrío—. Te ves muy intelectual con ellos.
Sin mencionar que apartas la molesta atención de las chicas.
—Oigan. —Volteamos al mismo tiempo—. Vayan a sus posiciones.
Suelto a mi amigo y le doy una suave nalgada antes de ir a mi lugar. Escucho gritos a la derecha y veo que son las mismas chicas de antes que por alguna razón lucen muy entusiasmadas.
Vuelvo a mirar a Bratt y noto que sus orejas están enrojecidas.
—Qué lindo —murmuro para mí.
No puedo creer que ese chico avergonzado por haberlo nalgueado quiera profanar mi hoyito.
¡No! ¡Volví a pensar en eso!
Al fin es salida, y me siento mitad entusiasmado y mitad nervioso.
—¿Vamos? —Bratt ya está parado en el umbral del salón.
—¡Sí! —Me apresuro a llegar a él.
Caminamos con calma el pasillo y no se me ocurre de qué hablar. Estoy tan nervioso por ir a su casa que mi mente no puede pensar en un tema de conversación.
—¡Toby! —El molesto de Patrick se me cuelga del cuello—. ¿Qué tal pasaste el fin de semana? ¿Te amaneciste jugando?
—Sí. —Quito su molesto brazo de encima—. Nos la pasamos jugando COD.
—¿Tú y Bratt? —Se coloca en medio de ambos y coloca sus brazos sobre nuestros hombros— ¿Solo se la pasaron jugando? ¿O hicieron algo más?
Me tenso al recordar las sesiones de masturbación.
Bratt se saga de su agarre, se pasa a mi lado, y coloca mi brazo sobre sus hombros.
Este chico me llena de orgullo... y de otras cosas difíciles de explicar.
—Hoy Mathias hará una fiesta en su casa, ¿quieren venir?
—Ya sabes que no me gustan las fiestas. —Quito si brazo—. Prefiero los videojuegos.
—¿Qué hay de ti? —Se inclina un poco para mirar a Bratt.
—Igual.
—¿Y si mañana jugamos cooperativo? Hace mucho que no juego.
Lo miro con nuevos ojos. Aunque es divertido jugar solo con Bratt hace mucho que no juego en equipo.
Patrick se ríe al notar mi mirada suplicante por jugar cooperativo.
—Bien, le diré a un amigo para hacer equipo. —Se adelanta—. Mañana coordinamos. —Se va corriendo para alcanzar a un grupito de estudiantes.
—¿Escuchaste eso? —Miro a Bratt— ¡Vamos a jugar cooperativo!
—Sí...
Aunque no lo demuestre sé que también está entusiasmado.
Pellizco sus mejillas por lo lindo que luce.
Llegamos a su casa y me sorprendo por lo grande que es. Hace tanto que no vengo aquí que había olvidado que son gente con harto dinero.
—¿Tu papá está?
—Salió de viaje esta mañana.
Abre el refrigerador y saca dos botellas de jugo de mango. Abre una y me la entrega.
—Gracias. —La bebo con ganas que la caminata me dejó sediento.
—¿Quieres bañarte primero?
Me atoro con el jugo.
—¿Bañarme? —Me limpio la boca con el dorso de la mano— ¿Para qué me bañaría?
Me barre con la mirada y de repente me siento desnudo.
—Apestas a sudor.
Ah cierto.
—¿Puedo usar tu baño?
—Sígueme.
Subimos las escaleras y empuja la puerta del baño.
—Te traeré ropa.
—No creo que tu ropa me quede. —Le revuelvo el cabello.
Sonrío ya que no dice nada.
—Te traeré ropa de mi padre. —Se va.
—Lindo. —Arrugo la nariz, cautivado por su ternura.
Me abofeteo para salir del trance.
No sé qué me pasa que ando diciendo cosas que no suelo decir.
O sea, si es lindo y todo, pero no tengo por qué decirlo a cada rato.
—¿Siempre ha sido lindo? —Me rasco la barbilla ante la nueva duda que me embargue.
Creo que nunca lo había pensado y solo daba por sentado su lindura. ¿Entonces por qué últimamente tengo el impulso por decirlo en voz alta?
—No sé, solo me bañaré rápido.
Me quito la ropa y me meto bajo la regadera en cuanto la temperatura del agua se gradúa a mi gusto.
—Oh sí. —Sonrío por lo bien que se siente.
Tenía el cuerpo tenso porque no dejaba de pensar en lo que le pasará a mi hoyito, pero gracias al agua tibia puedo sentir cómo mis preocupaciones se van difuminando.
Termino la aseada y me envuelvo la cintura con la toalla que Bratt debe haberme traído mientras me bañaba. Por suerte tenía la cortina cerrada o me habría visto hasta el alma.
—Aunque nos hemos masturbado juntos la última vez que nos vimos desnudos fue cuando éramos unos niños.
Y al menos debo prepararme mentalmente para mostrarle mi trasero sin sentir pena.
Hablando de traseros, pronto el mío será corrompido.
—Espero no duela mucho. —Me acaricio la zona que pronto será profanada.
Me seco el cabello con otra toalla y busco la secadora, pero no la encuentro. Así que voy a la puerta y me asomo por esta.
—Oye, Bratty, ¿tienes secadora?
—Ya te dije que no me llames así. —Se aparece por atrás y me espanto.
La puerta se abre por completo y Bratt se me queda mirando. Entonces recuerdo que sigo en toalla.
Me agarra del brazo y me jala.
—Espera, aún no me cambio —protesto mientras soy llevado a quién sabe dónde.
—¿No querías secarte el cabello?
Entramos a su habitación. Difícil no reconocerla ya que muestra su pulcra y seria personalidad.
Me sienta en una banca negra y al rato vuelve con la dichosa secadora.
—Yo puedo...
—Quédate quieto. —Me agarra del hombro impidiendo que me levante.
Cierro los ojos en cuanto los enciende y solo dejo que me seque.
—Eres bueno en esto. —Sonrío ante las suaves caricias que le da a mi cabeza.
Abro los ojos de golpe al sentir sus dientes clavándose cerca de mi cuello.
—¡¿Qué haces?!
—No pude evitarlo, hueles muy bien. —Continúa secándome.
—Pero si huelo a ti.
Roza si nariz por mi cuello, y mi piel se eriza.
—Por eso.
Me rodea hasta colocarse delante de mí, justo entre mis piernas abiertas, y continúa secándome desde esa posición.
—¿Ahora qué tramas? —Entorno los ojos, sospechando de su actuar.
—Solo estoy secándote el cabello.
—Ajá. —No le creo nadita.
Bajo la mirada y noto que su amiguito sobresale por encima de sus shorts.
Trago saliva y me muerdo el labio.
—¿Ya te bañaste? —pregunto en un intento por distraerme.
—Sí.
Con razón tiene puesta ropa de casa.
Demonios, siento que su miembro me está llamando.
—¿También te bañaste...? —Pongo mi mano justo sobre su erecto amigo— ¿Aquí?
—Sí.
Ladeo mi sonrisa.
—Tendré que comprobarlo.
Bajo su cierre y lo desabotono. Me sorprendo en cuanto su paquete sale disparado.
—¿¿Por qué no traes ropa interior??
—En casa no suelo usarlo —responde con tranquilidad, aún concentrado en la tarea de secarme el cabello.
Remojo mi boca con la lengua y paso saliva. Y le agarro el pene con ambas manos.
No sé qué rayos estoy haciendo, pero es demasiado tiempo para ser razonable.
Ya no me importa si esto es algo que hacen o no los amigos, lo único en lo que puedo pensar ahora es en lo mucho que deseo metérmelo a la boca.
No sabía que podía ser tan pervertido.
Me inclino hacia él y dudo por unos segundos antes de hacer lo que estoy por hacer. Y le chupo la punta.
Escucho su gruñido bajo y profundo, lo que solo me prende más. Me agarra de las greñas, insistiéndome en que introduzca el resto de su miembro.
Ya que insiste...
—¿Seguro que es tu primera vez haciendo esto? —su voz suena rasposa y demasiado erótica.
Me ofende que lo dude, pero estoy bastante excitado para empezar una pelea.
Llevo una de mis manos a mi amigo, lo libero y juego con este. Quién diría que tendría tantas ganas de venirme mientras le chupo el miembro a mi mejor amigo.
Aunque no sé si después de esto debamos seguir considerándonos mejores amigos. Pero ya pensaremos en eso más adelante.
Bratt empieza a moverse con lentitud mientras se aferra a mi cabeza. Y yo acelero en la frotada a mi amiguito.
—Espera. —Intenta que me detenga en la chupada, pero solo la intensifico.
Y que el bastardo se viene en mi boca. Como venganza me vengo sobre su suelo.
Me lo trago y me limpio con el brazo.
—No te dije que podías venirte en mi boca —me quejo.
—¿Te la tragaste? —Frunce el ceño.
—¿Qué más podía hacer? ¿Escupirla?
—Pues sí.
Pues tiene razón. Pero no sé, quería ver a qué sabía.
—A la próxima la escupo. —Me lamo los labios ya que aún los siento algo pegajosos.
—¿Tanto te gustó chupármela?
—Para ser mi primera vez... no estuvo tan mal.
No sabe asqueroso, diría que es pasable. O tal vez estoy demasiado excitado que no puedo distinguir la diferencia.
—¿Vamos a la cama?
Asiento.
Toma mi mano y me lleva a su amplia cama. ¿Por qué es tan grande? Aquí fácilmente puede caber una familia.
Me siento en el borde y Bratt se me abalanza. Ambos quedamos recostados, con él encima de mí, y me besa con intensidad, mostrándome que no soy el único excitado.
Me devora el cuello y me muerdo el labio al sentirme tan caliente que ya se me empieza a nublar la mente.
—¿Puedo llegar hasta el final?
—¿Con final te refieres...?
—Aquí. —Su dedo acaricia mi hoyito— ¿Puedo entrar aquí?
Intercambiamos miradas, y hasta sus ojos los siento cálidos.
—No sé si estoy listo —musito.
—Seré gentil.
No creo que importe qué tan gentil sea, de que habrá profanación la habrá.
—Si no te gusta nos detendremos.
Sí, probablemente no me guste, pero como está siendo amable lo aceptaré.
Asiento ya que me da vergüenza decirlo con palabras.
Se levanta y me siento.
—¿Qué es eso? —Miro la botella que parece de shampoo, pero no reconozco la marca.
—Lubricante.
—¿¿De dónde lo sacaste?? —me exalto.
—Lo compré ayer de camino a casa.
—¿No te dio vergüenza comprar algo así? —Elevo las cejas aún sorprendido ya que es mi primera vez viendo uno.
Me empuja y caigo de espaldas sobre la cama. Y que me abre las piernas.
—¿Qu-qué haces?
—Según mi investigación primero debo aflojarlo.
—¿Investigación de qué? ¿De profanación de hoyos?
Se empapa los dedos con el líquido transparente y acuoso. Como el jabón líquido, pero sin color.
—¿Huele a cereza? —Elevo la nariz.
—Ya que es tu sabor favorito...
—¿Crees que también me gustará porque me profanes con algo que huele a mi sabor favorito? —ironizo.
—Probaremos.
Sí, con Bratt todo se trata de probar. Y hasta ahora me ha gustado todo lo que hemos hecho juntos. Tal vez por eso me siento tranquilo, porque si se trata de él no tengo por qué temer.
Aprieto los dientes al sentir algo frío en esa parte virgen. No puedo creer que estoy por ser invadido por mi mejor amigo.
—Debes relajarte o te dolerá más.
—¿Más? —Lo miro— ¿Aun así me dolerá?
—Al principio.
—Demonios —Miro al techo.
Aun así, respiro hondo e intento relajarme. Tal vez si estoy súper relajado no me dolerá nada. Sí, mejor pensemos positi...
Clavo mis uñas en el colchón y contengo el aliento ante la repentina invasión. Más que sentir dolor me resulta demasiado incómodo, como si algo estuviera fuera de su lugar.
—¿Cómo se siente?
—Extraño.
—Estás muy estrecho, solo he metido un dedo y me lo estás exprimiendo.
—No digas esas cosas raras y solo sigue. —Me muerdo el labio.
—Relájate más.
—Lo intento... pero es muy... —Me quedo sin oxígeno en cuanto la invasión se intensifica.
Ahora sí que me está doliendo.
—Me duele... quítalo...
—Trata de respirar.
—Te estoy diciendo que due...
Suelto un gemido sin querer. ¿Qué rayos fue eso y por qué se sintió tan bien?
—¿Es aquí?
Siento otra descarga de placer que me recorre desde la punta del pie hasta la cabeza.
—Aquí es. Voy a meter otro dedo, dime si te sigue doliendo.
—¿Cuántos dedos piensas...?
Oh por todos los cielos.
Y me vengo sobre mi abdomen. He expulsado tanto que me dudo me haya quedado algo en los huevos.
—Parece que estás listo.
—Sí, ya estoy listo para descansar en paz... ¿Qué crees que estás haciendo? —Se ha bajado el short y su gran miembro me saluda—. Idiota, acabo de venirme.
Me ignora y se embarra el amigo con harto lubricante.
—Estás loco si crees que esa cosa va a entrar en mi virginal hoyo.
—¿Probamos?
Exhalo y miro el techo.
—Solo hasta que te vengas.
Las cosas que tengo que hacer por mi amigo.
Cierro los ojos y respiro hondo, que no quiero volver a ser sorpren... ¡¿Qué carajos es eso?! ¡Duele demasiado!
—Para... —mi voz no quiere salir—. Duele... —Intento empujarlo con las manos.
Pero el movimiento provocó que su pene llegue a un lado que me hace quebrar la espalda debido a la ráfaga de placer que me ha golpeado.
—¿Lo saco?
Trago saliva, ansioso por volver a sentir esa vaina.
—Puedes moverte... pero lento... aún duele un poco...
Y aunque duela la otra sensación es tan intensa que la opaca casi por completo.
No puedo controlar los gemidos que salen de mí mientras su miembro entra y sale y golpea aquel punto que me hace enloquecer. El chapoteo que produce el choque de nuestros cuerpos me hace sentir avergonzado y excitado al mismo tiempo.
Ya no siento nada de dolor, solo puro placer.
Bratt acelera, lo que me hace perder la razón.
—Tu interior se siente demasiado bien... estás succionándome...
—No... hables...
No tengo fuerzas ni para hablar. No puedo sentir las extremidades debido a la inmensa ola de placer que me produce cada vez que me penetra.
Vuelvo a venirme, pero Bratt no se detiene.
Ya vente de una vez, bastardo, que estoy por desmayarme.
Acelera las clavadas, me vengo mentalmente porque ya no me sale ni una gota de semen.
Como si me leyera el pensamiento, mi interior recibe toda su descarga.
—Bastardo...
Y me duermo.
Abro los ojos y no veo nada.
—¿Que rayos...? —Me incorporo de golpe.
Siento un gran dolor en la espalda baja que me hace retorcer.
—Sigue durmiendo. —Bratt me jala y me obliga a echarme.
—¿Qué hora es? —Veo su rostro y tiene los ojos cerrados— ¿Cuánto dormí?
—Deben ser como las diez.
—¡¿Las diez?! —Vuelvo a incorporarme—. Debo ir a casa, mi hermana me va a matar.
Sé que mis padres lo entenderán, pero mi hermana no.
—Ya les dije que te quedarías a dormir. —Me jala de nuevo, y esta vez me abraza para que no me levanto otra vez.
—Pero no puedo quedarme a dormir, no tengo mi uniforme ni mis libros.
—Los pase a recoger mientras dormías.
Me quedo mirándolo. Vaya, eso fue muy amable de su parte.
—Es lo menos que puedo hacer luego de clavártela hasta que te desmayaras.
Con razón me duele la espalda. Mi hoyo ahora descansa en paz.
—Se sintió tan bien que si no te duermes ahora mismo volveré a hacerlo.
Cierro los ojos de golpe.
—Estoy dormido, estoy dormido.
Abro los ojos y miro su rostro.
No soy tan despistado, sé que lo que hicimos fue tener sexo. Una cosa era masturbarnos, pero ahora que lo hemos hecho tengo esta necesidad por saber si seguiremos actuando como mejores amigos o...
Me sorprendo en cuanto abre los ojos.
No dice nada, se limita a observarme de ese modo diferente que sigo sin entender lo que significa.
No tengo idea de lo que está pensando, pero lo que más quisiera saber es qué piensa de todo lo que hemos hecho.
—¿Quieres hacerlo de nuevo?
Ladeo mi boca, divertido por su pregunta.
Supongo que mientras disfrutemos de estos momentos el resto es lo de menos.
Ya más adelante tendremos tiempo para pensamientos complicados.