❝Prólogo❞
Puedo sentir que el frió ya se está adentrando en mis huesos. Hace tiempo que perdí la poca ropa que me quedaba, y el invierno en Japón no es algo simple de sobrellevar con un simple vestido roto y sucio.
Había llegado al parque en el que suelo dormir, pero me di cuenta de que esta noche no voy a estar sola. Un grupo de tres sin hogar estaban sentados cerca de la casita, el único juego con algo de techo que me cubra la cabeza durante la noche.
Me acerque a paso lento al grupo de hombres que estaban cubiertos hasta el cuello, incluso con gorros que le tapan las orejas. ¿Cómo consiguen tanta ropa?
Los tres hombres voltearon a verme cuando me acerque lo suficiente a ellos.
– ¿Qué tenemos aquí? – Los hombres se levantaron del suelo y empezaron a acercarse a mí con un paso mucho más veloz que el mío. Mierda – ¿Eres nuestro regalo de navidad, muñeca?
– No, yo no...
– Yo me imaginaba un regalo un poco más limpio, – el hombre que esta tras de mi paso su mano por mi intimidad tan rápido que ni siquiera fui capaz de detenerlo – Pero con que tenga un coñito lindo me doy por satisfecho.
– Por favor. Suelo venir aquí todas las noches a dormir, pero si les molesta me iré. – Empecé a desesperarme, ni siquiera soy capaz de moverme con suficiente velocidad por lo frías que están mis extremidades.
Los tres hombres se acercaron al mismo tiempo a mí, empezando a tocar con brusquedad mis pechos, mis nalgas y empezando a tocar mi intimidad con fuerza.
Duele, duele mucho.
No puedo correr. No tengo donde ir, no puedo huir.
Entre los tres rompieron mi vestido, dejándome completamente desnuda ante ellos, y ante la nieve que empieza a caer por las calles de Japón. Uno de los hombres se agacho un poco y empezó a morder mis zona más sensible en mis pechos, siento como si me los fuera a arrancar.
Uno de los hombres que estaba tras de mi empezaron a tocar mi intimidad. Se atrevió a entrar en mi sin siquiera un aviso antes.
Los tres se están riendo, se ríen de mí. Se ríen de la basura débil e indefensa que soy.
Mire hacia el cielo, ignorando lo que los tres hombres estaban por hacerme y lo que ya estan haciendo.
Hasta las estrellas se ocultaron esta noche. Nadie quiere ver lo que esta apunto de pasar en un simple parque para niños, mi única acompañante es la luna.
Perdóname por hacer que veas esto.
Yo también siento asco por mí misma, Lunita.
Si de alguna manera es posible, déjame morir esta noche y convertirme en una de tus estrellas, hermosa luna. Así volveré a brillar y a ser tan pura como lo era hace tan solo unos años.
Empecé a cerrar mis ojos. Esta era la manera como me tocaba morir.
Siendo el juguete de tres hombres que corrieron con mi mismo destino.
Mi cuerpo no aguanta más, cerré mis ojos sin intentar volver a abrirlos, y me deje caer al suelo.
Antes de perderme a mí misma, pude escuchar el sonido de tres detonaciones. Y volví a sentir calor, un calor que llevo más de tres años sin sentir.
¿Eres tú, mi luna? ¿Me aceptas como una estrella más a pesar de estar rota y manchada?
– ¿Me aceptas contigo?
– Estuve años buscándote, claro que te acepto, pequeña estrella.
[Próximamente]