Capítulo Uno
Eloisa Moore.
—Ser tan bello debería ser un delito —murmure, sin despegar los ojos de la nueva foto que había subido mi hermanastro, Basil a su perfil de instagram.
Basil King es mi hermanastro, mi mayor obsesión y el hombre que más ha logrado calentarme las bragas sin llegar a tocarme.
—¡Oh, mi Dios! —escuche un grito que me hizo saltar y que mi teléfono saliera volando a no se donde.
No. No. No. No. No. No. Por favor, no. No.
Había olvidado que Harriet estaba en la casa, y en mi habitación. ¿Cómo es posible?
—¡Eloisa Moore está babeando por un chico! —grito.
Harriet corrió, tan rápido como si se tratará Flash en versión mujer, de la mesa de la computadora —donde estaba— a la orilla de la cama. El golpe sonó, pero a ella no pareció afectarle en absoluto.
Sentí los latidos de mi corazón en mi caja torácica. Harriet Valentine es la persona y mujer más chismosa que he conocido en mis veintiún años de vida. Y no solo eso, ella tenía una especie de súper poder porque parece oler las mentiras. En serio, nunca le he podido mentir, siempre me atrapa.
Suspire —para poder calmarme— aún sabiendo que eso solo haría que me insistiera más, porque sí, le voy a mentir.
—No es nadie —susurre.
Harriet rio entre dientes.
—¿Y quién es nadie? —cuestiono.
La fulmine con la mirada y ella solo me sonrió, de manera afilada y arqueo una ceja. Eso no significa nada bueno.
—Harriet, es en serio, solo era un modelo —mentí —Ya sabes que todos ellos parecen hechos únicamente por la diosa Afrodita.
Su sonrisa se amplio.
—Eso lo sé, primita —concedió —Pero... Me estás mintiendo, no estabas viendo la foto de un modelo. Estabas —extendió su brazo y su mano toco una parte de mis labios, solo entonces me di cuenta que tenía un poco de baba. No era una metáfora, de verdad había babeado por una foto de Basil —Viendo la foto de alguien que te mueve los pensamientos, las emociones, los sueños y tu mundo entero.
Se limpio la mano con la sabana de la cama y volvió a mirarme de manera inquisitiva.
—¿Quién es?
Me mordí el labio.
—Se llama Omer, es un compañero de clase —volví a mentir.
Está vez no vi ninguna reacción en su rostro. No sonrió, no arqueo una ceja. Ella solo bostezo. Lo que significaba que ella no me creía.
—De acuerdo —asintió —Será así entonces.
Sus palabras se repitieron en mi mente.
«Será así entonces», ¿a que se refiere?
Harriet miro en distintas partes de la habitación antes de proceder a ponerse de pie y sacudirse los pantalones.
Harriet tiene otro súper poder, su oído. Es la única persona capaz de encontrar un grillo por su sonido o de escuchar una conversación a una distancia considerable. Por eso no me sorprendió cuando la vi encontrar mi teléfono.
Mis alarmas sonaron. De la nada entendí todo, porque según la lógica de Harriet ahí seguía la foto de ¨mi modelo¨ y sí tenía razón iba a saber de mi obsesión por Basil. Y no, yo no podía permitirlo.
Me levante de la cama justo cuando sus manos tocaron mi teléfono y salte encima de ella, el teléfono se le volvió a caer y cuando quiso agarrarlo nuevamente la jala del pelo y me eche hacia atrás.
—¡Eloisa, sueltame! —exclamo y me dio un cabezazo que me hizo soltarla.
Harriet y yo habíamos sido entrenadas por la mamá de Basil, Keily Valentine. Sin embargo, Harriet era mejor defendiéndose que yo, porque ella fue entrenada desde una niña pequeña y Basil me llevo con ella después de cumplir mis quince y solo seguí acudiendo a sus entrenamientos durante un año y medio.
Intente nuevamente irme encima de Harriet. Fracase totalmente. Con una sola mano Harriet me inmovilizo y...
—Por favor, no la veas —suplique.
Harriet, siendo ella, me ignoro completamente y cuando me soltó supe que ya lo sabía.
—Basil —susurro y me miro con incredulidad —¿Basil, Eloisa? —está vez fue una pregunta y supe que ella quería una confirmación.
Asentí suavemente con la cabeza. Sus labios se entre abieron en respuesta.
Harriet me devolvió el teléfono y camino hasta sentarse en la cama, estirando las piernas y poniendo las manos en su vientre.
—Estoy sorprendida —dijo y giro su rostro hacia mí —¿Cómo no me di cuenta de..? digo, ¿desde cuándo? creí que lo odiabas.
—Pues, esa es la idea.
—¿Disculpa?
Suspire, sabiendo que tenía que explicárselo todo.
—Nunca tendría algo con alguien que me guste, que me guste de verdad —junte mis manos y me senté junto a sus pies —De esa manera en la que piensas que hasta los errores de dicha persona son maravillosos, que con solo mostrarte una sonrisa te quita tus problemas o solo por verlo feliz, pero al mismo tiempo te calienta cada parte de tu cuerpo como si en ves de nadar en lava ardiente estuvieras con cubos de hielo alrededor de tu cuerpo.
«Soy experta en controlar mis emociones, pero ese es un fallo cuando un chico me gusta de la manera en que lo hace Basil.
«Por otro lado, nunca tendría nada con Basil. Es Basil, por el amor a horror.
Un pequeño nudo se empezó a formar en mi garganta.
—Es mi hermanastro. Debería de verlo como mi hermano mayor, y puede que la única razón por la que no lo vea así es porque lo conocí en esa etapa de la pre adolescencia y las hormonas están por las nubes. Entonces, me prive, para protegerme, no solo porque Basil es el hijo de mi padrastro.
Un sollozo se me escapo, uno que no pude detener. El dolor del porque sello mis emociones estaba ahí, atravesándome el pecho y aunque mis ojos no brotaran las lagrimas que tenía mi alma estaba sintiéndolas todas y cada una.
—Es mi padre. No podía confiar las emociones en nadie más porque él era mi héroe, la persona que debía de protegerme siempre y fue la que más me daño. ¿Y sí el me daño así, que no podría hacerme el chico que me gusta o mis amistades, todos?
Mire fijamente a Harriet, ella tenía la mandíbula desencajada, su rostro mostrando la clara expresión de la incredulidad y trago saliva, recuperando la compostura, pero sin poder ocultar la sorpresa. Claro, nadie se espera que esa sea la razón de que no sea expresiva, ni siquiera sé sí mi madre lo ha dicho a alguien más allá de Kaleb y tal vez Basil.
—Yo...
Le sonreí y me recosté acomodando mi cabeza en su abdomen, no necesitaba un consuelo, ni lástima. Eran dos cosas que odiaba y no quería. Solo esperaba, rogaba que no delatará mis emociones por Basil.
Harriet y Basil son primos, y aunque Harriet yo nos queramos como si fuéramos primas, como si lleváramos la sangre de la otra, no era cierto. No podía jugar con esa lealtad, pero tampoco pedirle que no dijera nada. Porque más allá del cariño qué guarda Harriet por mí está la lealtad y su lealtad está con su familia, la familia de su padre, los que la criaron; los Valentine.
Pocas cosas permito que me sorprendan en la vida. Por ende, que me asusten porque para mí la sorpresa y el miedo van juntos de la mano.
Sin embargo, recibir un vídeo musical por vía correo cuando el mío es privado debería ser capaz de sorprenderme, ¿no?
Y sí, me sorprendió.
Pero no era solo eso, también estaba el asunto, la música y el correo en contexto.
El asunto era; voy a cazarte y me darás tu dulce o te atendrás a las consecuencias. La música, la versión en español de Hide and seek —porque me tome la molestia de investigar—.
Ding dong ya estoy entrando, tienes que correr.
Es el juego del escondite.
Ding dong ya estoy entrando, ve y escóndete.
Juntos vamos a divertirnos.
Puedo oír tus pasos, que se alejan mur...
—Sí tu misión es hacer que nos cegáramos del susto déjame decirte que está completada —escuche la voz de mi hermana pequeña a la vez que la música empezó a sonar en alta voz. Había desconectado mis audífonos.
La mire. ¿Asustarlos?, pero sí ella está muy normal. Además, esa no era mi misión, aquí no había ninguna...
—¡TRAECY! —grito mi padrastro y yo no pude evitar estremecerme por el grito. Había gritado como sí estuviera en plena tortura —¡NI SE TE OCURRA DEJARME! ¡HAY UN VIOLADOR PSICOPATA ALLÁ AFUERA QUE NOS ASESINARÁ A TODOS!
¿Qué, donde?
—Se refiere a ti —me aclaro Candy.
—¡KALEB! —grito mi madre devuelta —¡Sí es el caso nos matarán igual y nuestras hijas están afuera!
Escuche un golpe y de nuevo silencio.
—Mamá, la que estaba cantando era Eloisa —informó Candy cuando mamá apareció por la entrada que daba a la cocina, donde estábamos Candy y yo —Ya yo le dije que su misión de asustarnos.
Mi madre cerró los ojos y suspiró. La mire y me di cuenta que estaba sudada. ¿De verdad los asusto una simple canción?
—Eloisa —se acarició la cien antes de abrir los ojos —¿Cómo se te ocurre cantar una canción como esa a las tres y media de la mañana? ¿te has vuelto loca? Kaleb se orino y a mí casi me da un infarto.
—¿De verdad? —no fui capaz de ocultar mi sorpresa. Para empezar, ¿quién se asusta por una canción?
—Cariño... La canción te habla sobre jugar al escondite, correr, que abran la puerta. Dime si eso no te parece una persecución.
Hice un puchero ante su explicación. Viéndolo de esa manera sí tenía algo de sentido que se asustarán.
—De todas maneras, ¿qué haces despierta a está hora? —cuestionó. Posiblemente, se estaba haciendo de paciencia por... ¿Tener una hija temeraria? ¿para no regañarme como me lo merecía? quien sabe.
—¿No es obvio? —le cuestione devuelta y señale el horno microondas con mis galletas, que era lo único faltante para mi desayuno —Estaba haciendo el desayuno.
Ella abrió los ojos y me miro como si estuviera loca, y quizás sí lo estaba.
—¿A las cas..? —no pudo continuar porque una risa la ataco, y luego otra hasta que se convirtió en una sonora carcajada —Eloisa, es domingo —dijo cuando se calmo y yo asentí con la cabeza.
—¡TRAECY, ¿SIGUES VIVA?! —se volvió a escuchar la voz de Kaleb.
Mi mamá negó con la cabeza mientras me miraba, con una sonrisa que la hacía ver tierna.
—Por cosas como estás agradezco que tú y Basil se odien —dijo y mi corazón se detuvo antes de volver a latir —Siempre he pensado que sí llegarán a enamorarse los tendríamos que echar a su propia casa o comprarles una para ustedes porque si no está sería la casa del miedo.
Me dio un beso en la frente y se fue devuelta a su habitación, chocando a medio camino con Kaleb, quien cargaba un bate en sus manos. ¿Ahora venía a defendernos? ¿tanto ocasionaba una canción? y de todas maneras, para lo que se tardo ya estaríamos muertas.
—Yo quiero un poco de los experimentos que llamas desayunos —pidió mi hermanita. Asentí y ella se sentó en el desayunador con mi teléfono en las manos mientras yo seguía en lo mío.
La canción My Enemy de Tomme Profitt empezó a sonar y mi mente viajo hacia el contexto del vídeo. Eran unas manos tocando la puerta, en la izquierda justo siguiendo la parte donde está el dedo corazón se ubicaba un pequeño tatuaje, era un Saturno, pero en vez del anillo que lo rodea estaba un infinito y tenía la letra E incluida en el planeta. No solo eso, era la sombra de un hombre y seguía a un cuyo, y al final mostraba dos regalos, uno mostraba la mitad de una manzana y...
No, no, estoy siendo muy supersticiosa y eso no es lo mío. Todo es una casualidad.
Pero ¿por qué justamente tenía que ser la letra E? ¿por qué un cuyo? ¿por qué la manzana?
Sí yo fuera supersticiosa pudiera decir que la persona me conocía muy bien, que debería cuidarme, que la letra E es por mi nombre y se refería a mí como un amor prohibido, que el cuyo es mi animal favorito, el que deseaba de pequeña y mamá nunca me dejo tener porque según es igual a una rata y la manzana representaría una señal de querer tener sexo.
«Definitivamente alguien se tomó el inició del mes de Octubre muy en serio».
Pero más que todo, ¿por qué mi mente insistía en el nombre de Basil? ¿y sí..? no. No es posible, él me odia.
Hay dos opciones disponibles, o yo me estoy volviendo loca o mis pensamientos tienen la razón.
«—Saludos, hermanita. Es un placer verte de nuevo».
Basil King Valentina en vivo, guapo y a todo color después de dos años enteros sin verlo.
—Basil —mis labios pronunciaron su nombre, mis ojos entrecerrados mientras él cargaba una sonrisa arrogante.
—Yo ya me voy —Candy que estaba pegada de la pierna de mi hermanastro y su medio hermano salió de la sala como si Basil y yo nos fuéramos a meter a pelear en un ring de boxeo.
Me di el lujo de apreciar a Basil de arriba a abajo y de abajo hacia arriba, lo mire fijamente y mis labios se abrieron para preguntar:
—¿A qué se debe tu visita?
Su sonrisa se ensancho y me repaso casi de la misma manera que yo a él, porque él no oculto la lujuria en su mirada o eso me pareció apreciar. Sí, de seguro ya estoy loca.
—¿No puedo visitar a mi hermosa familia? ¿mi papá, la mujer que quiero como una segunda madre, a la leal hermana que compartimos y la dulce modelo de hermanastra que tengo en frente?
Dio dos pasos, entro en mi espacio personal y aunque yo quise retroceder nunca mostraría esa debilidad, porque él era mi debilidad y su colonia en este momento mi droga, pero nunca se lo mostraría.
—¿Después de dos años?
—Oh, ¿querías que te visitará?
Arquee mis cejas. ¿Estaba bebido o qué?
—Hablaba de nuestros padres, imbécil —dije y cometí el error de avanzar, quería mostrarme intimidante, pero yo no me espere que me sujetará de la cintura y me pegará a él.
Mis labios se entre abrieron sin poder evitarlo. Su mirada se suavizó, para mí, a la vez que su mano viajo a mi mejilla. Pero yo solo pude concentrarme en cada parte de mi cuerpo, porque estaba pegado al suyo y lo sentía.
No me di cuenta de mis acciones, podría estar pegada a él por horas y no me importaría. Hasta que sentí sus labios en mi mejilla, muy cerca de mis labios y el deseo de agarrarlo y besarlo estaba ahí.
«No pasará», mis manos viajaron a su pecho y lo empujaron hacia atrás.
Suspire y volví a mi actitud de fabrica.
—Te recomiendo que cuides donde pones tus gruesas manos y tus lindos labios si no quieres que te los arranque —advertí —No soy la mujer para ti, Ba-sil.
Me di la vuelta y empecé a caminar hacia mi habitación, dando por terminado nuestro encuentro.
—¿Gruesas manos y lindos labios? ¿significa eso que te gusto estar entre mis brazos y que hubieras deseado que te besara en la boca?
No le respondí.
«Me encantó», pensé después de cerrar la puerta de mi habitación la respuesta que nunca podría darle.
«Me encantó estar entre sus brazos, me encantaría besarlo en la boca y desearía poder tener una noche con él», pero esas son solo cosas que pasan en mi mente y sueños.