El Diario De Las Mil Vidas

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Summary

He pasado mi vida entera escuchando. "Eres una gran persona, cualquiera sería afortunado de estar contigo" Pero si fuera así, entonces ¿Por qué nadie se queda a mi lado? Entiendo que a veces los destinos son diferentes y que muy probablemente nos alejemos al final, pero siempre me abandonan antes de iniciar el viaje, cuando enciendo el auto y espero por mi copiloto. Ciertamente, no todos tenemos el mismo destino, pero pensé que al menos podríamos disfrutar del viaje, antes de que nuestros caminos se separaran. Primer libro de la trilogía: "Las Palabras No Dichas"

Genre
Romance/Other
Author
Javier
Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1

Y otra vez me encontraba ahí, viendo hacia todos lados sin prestar demasiado atención, admirando la vista a través de los inmensos ventanales que dejaban ver el paisaje de la ciudad y las imponentes montañas.


—Jared — Llamó la mujer frente a mi  la la cual he evitado ver en los veinte minutos que llevaba en sesión.


— Jared — reiteró, esta vez llamando mi atención.


— Doctora.


— ¿Sabes por qué estás aquí?


No dejaba de mirarme, en este punto me había acostumbrado a eso, tengo la sensación de que estudiaba mi rostro en busca de una expresión que no sea de desagrado y resentimiento, aunque una mirada burlesca era todo lo que le daba la mayoría de las veces.


— No tienes que hablar si no lo deseas, estás aquí y eso es lo que cuenta. Admitir que necesitas ayuda y buscar ayuda son dos cosas que no siempre están relacionadas, el que estés aquí es un gran paso.


Aún no lo olvido, dudo que sea capaz de hacerlo, sus miradas de asco y decepción, los golpes recibidos que aún se reflejan en mi piel y aún así tienen el descaro de enviarme a una psiquiatra.


— Estás aquí para recibir ayuda


— No deseo su ayuda.


— Todos necesitamos ayuda alguna vez y el hecho de aceptarla no te vuelve débil.


— Había dicho que no debía hablar si no quería así que supongo que puedo pasar el resto de la hora en silencio.


— Sí puedes hacerlo, pero estoy obligada a llevar un informe sobre tu progreso y eso no lo puedo hacer si no hablas.


Mi estómago se retuerce debido al hambre que tengo, pero desde hace tres días no he comido y no lo he hecho por gusto, pero simplemente no logro digerir absolutamente nada, siempre lo termino vomitando.


— Mejor una pregunta más sencilla, ¿Cómo estuvo tu día?


No era una pregunta sencilla en realidad, nada lo era desde hace mucho, este tipo de preguntas las odio pues no hay una respuesta incorrecta, no se conforman con un “normal” o un “bien” desean cosas más específica y dependiendo de lo que digas puedes durar más o menos tiempo aquí.


— No deseo hablar sabiendo que todo lo que diga les será informado a mis padres.


— Jared no sé si estás enterado, pero existe algo llamado confidencialidad doctor-paciente, eso quiere decir que nada de lo que digas saldrá de aquí, el informe se basa en los avances que hemos logrado desde esta primera cita.


— ¿Cuántos doctores o en su caso psiquiatras realmente respetan la confidencialidad?


— ¿Crees que apenas te vayas llamaré a tus padres para decirles todo lo que hablamos?


— ¿Usted siempre responde una pregunta con otra? — Estaba hastiado, llevamos más de veinte minutos de sesión.


— ¿Tú siempre intentas desviar la atención hacia otros?


— Disculpe doctora, pero creo que no llegaremos a nada.


— No llegamos a nada porque tú lo deseas así ¿O me equivoco?


— No se equivoca del todo, simplemente dígales a mis padres que estoy curado o mejor aún, no le diga y así sigue cobrando.


— ¿Piensas realmente que esa es mi labor? — Bajó un poco sus lentes de montura cuadrada para verme por sobre ellos.


— ¿Por qué no seguirles el show? — Pregunté — Para eso le pagan ellos, para curarme, mientras más tiempo este aquí más gana usted.


— ¿Confías en alguien, Jared?


La pregunta me tomó por sorpresa, no pensé que cambiaría el tema tan radicalmente.


— Aprendí hace mucho tiempo que no se puede confiar demasiado en las personas.


El silencio se extendió entre nosotros, parecía haber ganado esta batalla, pero nunca podría bajar la guardia con la doctora, un paso en falso y podría llegar más lejos de lo que nadie jamás lo haría. Nada rompía el sepulcral silencio hasta que sonó la pequeña alarma del reloj de mesa.


— Me temo que nuestro tiempo se ha acabado Jared, te veré en nuestra próxima cita.


Me levanté y salí de allí sin ánimos, simplemente con ganas de poder respirar tranquilamente, un descanso. Mis auriculares reproducen una canción de Stray Kids apenas me los pongo y le subo el volumen a tope para evitar escuchar el ruido que me rodea, “Venom” suena con su estridente bajo y logro ver a mi padre a un par de cuadras más adelante. Quisiera poder alargar el tiempo a mi antojo para evitar el momento de hablar con él.


Tiene una particular forma de hablarme que me causa repulsión, enojo e impotencia, un tono cargado de condescendencia disfrazada de cariño de un padre amoroso, cada vez que estoy con él evito hablar más de lo estrictamente necesario.


Está estacionado en una esquina, él habla con una chica que parece estar entre los veinte y veinticinco años, desde mi lugar veo cómo coquetea y ella le sigue el juego.


Subo al auto y me quito los auriculares para leer un poco, me gusta leer y escuchar música al mismo tiempo, pero a mi padre le parece escandaloso porque debo escuchar cuando me estén hablando.


Ignoro los intentos de coqueteo de la chica y me enfoco en el libro, entendí que en esta clase de situaciones yo tomo el papel de ciego, sordo y mudo.


«Parezco hermano de Shakira» Pensé.


El enojo de mi padre es evidente al ver que la chica dejó de fijarse en él, así que sube la ventanilla y enciende el auto para ir camino a casa.


— ¿De qué hablaron?


—... De nada.


— El que no me quieras contar no significa que no estás obligado a hacerlo, hijo.


— Según entiendo existe algo llamado confidencialidad doctor—paciente. Lo que hablemos en las sesiones se debe quedar en las sesiones según la ley.


— Yo soy el que paga esas malditas sesiones con esa loquera, uno de los dos está obligado a decirme algo.


— No es así, esa “loquera” como bien dices, no tiene ninguna obligación moral o legal de decirte nada, además si como dices tú es una loquera, no entiendo la razón de traerme con ella.


No dijo nada, solo me miraba como si realmente estuviera jugando con él, como si fuera obvia la razón de mi ida al psiquiatra. No es obvio, los únicos que tienen problemas con ello son ello.


— Jared, baja el libro y mírame a los ojos — Habló al notar que no lo estaba mirando — ¡Mírame a los ojos o tiraré el maldito libro por la ventana! — Exigió colérico esta vez.


Marqué la página en la que iba para guardar el libro dentro de la mochila al ver que había bajado la ventanilla del auto como advertencia.


— Que te quede muy claro, estás con esa maldita loquera porque estás enfermo, fue tú decisión ser un maricón, estás a tiempo de arrepentirte.


— No es mi decisión ser bisexual, nací así y son mis gustos, no le hago daño a nadie, no tengo por qué arrepentirme de nada.


— Ah, cierto, no eres maricón, solo maricón y medio, deja ya las estupideces, mientras más tiempo estés con ella, más rápido se te irá esa tonta idea de la cabeza.


Dejé de mirarlo y me límite a mirar el paisaje que cambiaba conforme llegábamos a casa, fuimos atravesando la ajetreada ciudad para llegar a un barrio bastante exclusivo y según muchos, uno de los más seguros del país.


Estacionamos frente a la casa y salgo rápidamente del auto para entrar a casa, hace un tiempo no entendía por qué constantemente se molestaban conmigo, sobre todo mi padre, parecía que con solo respirar era motivo suficiente para una golpiza, fueron años de malos tratos, comparaciones y una gran cantidad de gritos de auxilio suprimidos en mi garganta, todo por ser algo afeminado en comparación con mis compañeros de clases. Ahora solo son exigencias disfrazadas de favores, cumplidos envueltos en hipocresía y comentarios igual de ofensivos e hirientes que un cuchillo.


El olor a comida me lleva directamente a la cocina pero me mantengo oculto al ver a mi hermana cocinar, debí suponer que ahora que mamá llegó al quinto mes de embarazo le iban a prohibir muchas cosas.


— No esperaba verte, supuse que estarías con tu esposo — Entro en la cocina para buscar algo agua y salir.


— A diferencia de tí hermanito, yo sí pretendo ayudar en casa, mamá no puede hacer mucho esfuerzo por el embarazo.


— Sí ayudo en casa, solo que gran parte de las tareas son en la calle — Debatí.


— Gran parte de tu tiempo se reduce a hacerte la víctima y a hacer las cosas mal.


— Hago mucho más que tú en esta casa, tú solo vienes un par de veces a la semana y ya te crees la única que apoya en las tareas del hogar.


— Dile eso al loquero, cierto que tú tienes es una loquera, a veces olvido que estás mal de la azotea, te hizo falta carácter.


— Me importa poco lo que creas, Norori —


— Te importa poco, pero sabes que tengo razón, por eso estás como estás, enfermo y espero que algún día mis padres se den cuenta de que cometieron un error al tenerte.


— Tranquila, Norori, seguramente ya se arrepienten de haberme tenido.


Olvido el agua, salgo de la cocina y me encierro en mi habitación al sentir mi garganta y ojos arder. Odio sentirme así, tan... Patético.


Crecí aquí y aún me siento como un extraño en mi propio hogar, rodeado de una amplia lista de prohibiciones y lugares que nunca visité de esta ciudad. Una ciudad solo conocida por su gran cantidad de lagos y amplios bosques.


No tengo idea de quién quisiera vivir aquí, nadie conoce esta ciudad realmente, las personas de otras ciudades solo vienen por la universidad  y debido a su estricto código de conducta mucha gente termina odiando no solo la universidad sino también la ciudad.


El que nace aquí, aquí se queda.


Alejandro y yo solemos bromear mucho con eso, bueno, bromeamos sobre eso y sobre nuestras propias desgracias también.


La noche cae lentamente y como siempre, veo la luna subir y las estrellas aparecer en el cielo y es de las pocas cosas que amo, el silencio de la noche y el amparo de la luna que a veces es más que suficiente para los malos días.


Aunque este no parece ser el caso.