La oveja negra

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Seguir al rebaño nunca fue divertido.

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Escape

Una noche de luna llena, en una pequeña granja cerca de un parque nacional en Gir, nació un pequeño rebaño de ovejas, el granjero se puso muy feliz pues después de un crudo verano de calor extenuante que había cobrado la vida de varios de sus animales, este otoño le ofrecía una nueva ilusión con sus recién nacidas ovejas.

Todas eran de un color blanco inmaculado pero había una que por azares del destino nació completamente negra y el granjero se dijo que quizás nunca lograría vender a esa oveja y tal vez ni siquiera llegara a la edad adulta ya que ni las otras ovejas parecían quererle.

La oveja negra creció en su pequeño corral pegada a su madre que trataba de criarla y explicarle cómo se manejaba la granja pero la ovejita era inquieta y estaba cansada de estar encerrada en ese granero así que a escondidas se salía por una madera que no estaba bien clavada y se ponía a explorar.

La granja no era muy grande pero estaba justo al lado de un bosque que se encontraba cercado y protegido.

-¿Por qué alguien querría encerrar un bosque?

Pensó la ovejita

-Quizás lo que guardan ahí es muy valioso… o muy peligroso.

Se estremeció con solo pensarlo.

La oveja no se caracterizaba por ser miedosa a pesar de que todo el rebaño si lo era, la oveja más vieja le había dicho que ellas eran la presa y que allá afuera cualquiera podía ser su enemigo ya que los humanos comían ovejas, los tigres, los leones, los lobos… todos los carnívoros serían felices con un bocado de su deliciosa carne.

La ovejita negra respetaba las creencias de su rebaño pero pensaba que sus hermanas eran bastante tontas y que no pensaban por sí mismas. Siempre que tenían que tomar una decisión, volteaban a ver a la oveja más vieja para que les dijera qué debían hacer y al final, siempre había un día del mes en que ya no encontraban a una o dos ovejas pues habían muerto de la manera más tonta posible…. Habían caído en una zanja o se habían atorado en una cerca eléctrica o un auto las había atropellado por que se quedaron paradas en medio del camino.

La oveja negra se prometió a sí misma que ella no dejaría que alguien le explicara el mundo, que ella lo recorrería para conocerlo y ya si se moría, prefería eso a una existencia vacía comiendo paja dentro de una caja.

Las demás ovejas pensaban que estaba loca pero lo atribuían a su extraño color ya que era evidente que ella no era como las otras.

La joven oveja se volvió muy astuta y para sorpresa de sus hermanos y hermanas, era la que mejor conocía la granja y sus alrededores y pocas veces el granjero la encontraba en su camino pero pensaba:

“Esa oveja negra nadie la va a querer, no me sirve como comida ni para venderla… que ande libre… igual y un día de estos ya no amanece”

Pero la oveja amanecía todos los días en su corral.

Las aves que se posaban en la cerca le hablaban a la oveja de un lugar no muy lejos de ahí donde había un estanque lleno de peces y que tenía un prado con hermosas flores y unos árboles que daban una sombra deliciosa y despertaron la curiosidad de la oveja y una vez que la idea se instaló en su cabeza, no hubo vuelta atrás.

Al día siguiente muy temprano, pateó la madera de siempre para poder salirse del rebaño antes que todos despertaran y emprendió su caminata.

Todavía estaba obscuro pero el amanecer llegaría en cuestión de minutos así que apretó el paso y cruzó una carretera que atravesaba un poblado, puso cara de mala para que si se topaba con alguien, pensarán que era una oveja descarriada o algo por el estilo pero a esa hora la vida en Gir aún no había comenzado… en el camino se cruzó con un lobo y una gatita que iban platicando animadamente y ni siquiera le prestaron atención, luego tuvo que pasar por un pantano lodoso del cual su instinto le dijo que se alejara pero su obstinación la hizo intentar cruzarlo y quedó atascada una de sus patas… de pronto vio unos ojos que brillaban frente a ella y pensó lo peor:

-ya está… voy a morir de manera estúpida como mis hermanas… Justo lo que no quería.

Sintió que el animal se deslizaba sobre el barro en su dirección y de pronto escuchó una voz profunda y gutural que le decía:

-vaya vaya… una borrega en mi pantano… se lucieron los humanos… si tan solo recordaran que ya no tengo dientes, me hubieran traído pollo como todos los días.

No te preocupes… no puedo comerte aunque quisiera… eres demasiado grande para mí que soy una vieja cocodrilo…


La zafó del lodo y la ovejita todavía asustada pero queriendo disimular trató de sacudirse pero temblaba, no sabía si de miedo o de frío pero le agradeció a la señora cocodrilo.

-te doy las gracias, pero debo irme de inmediato pues estoy buscando un lugar donde hay un estanque muy bonito y unas flores y árboles tan grandes que dan sombra y ahí la vida es más bonita.

-jajajaja ¿quién te dijo tal cosa?

Preguntó la cocodrilo entre entretenida y sorprendida

-unas aves que van a la granja vecina

Respondió apenada la oveja

-ahhh… las aves creen que todo es hermoso por que ellas pueden volar… mi niña este es el lugar que buscas pero al igual que tu granja, aquí hay rejas aunque claro no me quejo pues aquí los humanos nos cuidan de otros humanos… es algo muy raro

Hay humanos que nos matan y nos venden y estos humanos nos cuidan para que los otros no nos encuentren… puedes quedarte si quieres ovejita pero aquí hay muchos depredadores y aunque les dan de comer, no se si se vayan a resistir a un bocadillo tan esponjoso como tú.

La oveja se erizó… y no sabía qué decir.

-¿Qué tipo de depredadores?

Preguntó.

La vieja cocodrilo levantó sus ojos con añoranza y le contó las historias de la reserva ecológica, le habló de los tiempos donde ella cuidó unos leones y de cuando coronó al mismísimo rey del bosque y la ovejita fascinada e intrigada, le escuchaba y se imaginaba todos los sucesos.

-¿y por qué ya no vives allá?

-me fuí cuando el león pardo abandonó la reserva porque me di cuenta que ya no me necesitaban y estaba cansada, sin dientes y medio ciega de un ojo… los humanos lo platicaron y me trajeron a este extremo del bosque para que pudieran alimentarme con facilidad ya que por mi tamaño de casi 3 metros, les da miedo… nunca se me han antojado esos humanos apestosos jajajaja

La oveja no lo pensó dos veces y le dijo

-me voy a quedar contigo… te vez muy feroz y sé que cualquier depredador lo pensará 2 veces antes de intentar hincarme el diente sabiendo que estoy contigo y la verdad yo ya no quiero volver a la granja pues temo que si vuelvo, me van a vender a alguien que me hará su próxima comida.

La cocodrilo accedió sin estar muy convencida pero lo cierto es que necesitaba la compañía y no podía hacerle mal tener a su lado una oveja tan ocurrente.

Y así fue como la ovejita negra se quedó a vivir con la cocodrilo en el otro extremo del pantano donde había un pasto tan verde que parecía que nunca se acabaría y había un tronco enorme y hueco donde la borreguita hizo su pequeño hogar lejos de la granja y de aquellas ovejas que nunca congeniaron con ella.



“Si eres la oveja negra de tu rebaño,

buscar tu camino no hace daño”

-proverbio inventado por mí