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Summary

Sukuna recibe fotos de números desconocidos, en las que se muestra a Yuuji en situaciones comprometedoras.

Status
Ongoing
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
18+

1.

“¡Despierta, mocoso, o llegarás tarde al colegio!” Los fuertes golpes sobre su puerta, retumban en su cabeza dolorida.

Le toma un par de segundos incorporarse sobre la cama, frotando con ayuda de sus índices, los párpados que intentan a toda costa mantenerse cerrados, y gruñendo con suavidad por la abrupta interrupción de su sueño.

Los rayos del sol, que se escurren por sus delgadas cortinas, lastiman sus ojos, y pareciera que un grito más provocará que su cabeza estalle.


“¡Mocoso!”

Deja salir un gruñido nuevamente, antes de responder. “Ya, ya, estoy despierto.” Y lo último que resuena, son los pasos de su hermano alejándose.


Un poco más despierto, pero con el dolor persistente, retira la sábana que cubre su cuerpo y no le gusta lo que ve; su piel está manchada por varios hematomas morados y verdes, y algunas marcas de mordidas que se perciben como recién hechas. Recuerda haberle dicho que no quería que dejara marcas esta vez, pero ese bastardo no le había hecho caso en absoluto.

Con las yemas de sus dedos, roza las heridas, decepcionándose cuando el ardor se hace presente. Está seguro que ensuciarán su piel por varios días.


No tiene ganas de inventar una nueva excusa sobre ello, no confía que vuelvan a creerse que aquellas marcas eran causadas por los inexistentes mosquitos en su dormitorio o por alergias que jamás había experimentado. Así que, llevará una camiseta de manga larga y cuello alto, y aunque tenga que soportar el calor infernal del mes de noviembre, bien vale la pena. Adiciona unos jeans y una chaqueta de mezclilla para equilibrar su look de invierno y no parecer un completo bicho raro.


Después de alistarse, sale de su habitación en cuclillas y va hacia la cocina, rogando no chocarse con su hermano mayor y su mal humor matutino, pero, tal y como siempre, la suerte no está de su lado.

Sukuna está sentado, en el comedor, tomando una taza de café amargo y una tostada.


Contiene su respiración y pasa por su lado sin cruzar miradas, esperando no ser notado. “Me voy.” Fallando, cuando su voz nerviosa se percibe en sus dos palabras.

Aun así, tiene la esperanza de que Sukuna no lo detenga. No está de ánimos para comenzar el día con una pelea, por lo que apresura sus pasos hacia la puerta, sintiendo la brisa fresca de la calle rozar su piel.

“Mocoso.”

Frena de un solo golpe, viendo como ese paraíso de colores se aleja, y queda una oscuridad a su alrededor. Inhala, exhala y suelta un resoplido suave, no va a ser quien comience el día con una discusión, por lo cual se limita a obedecer.

“Siéntate y come algo.”

Una sonrisa falsa se dibuja en su rostro, y se gira a tiempo para mostrársela a Sukuna. “Pero…”

“Hazlo.”


No hace falta que Sukuna diga algo más, para que haga caso, y que, en segundos, se encuentre en la mesa, con un plato de leche y cereal frente a su rostro.

Odia la leche, y Sukuna lo sabe, pero parece que, a propósito, la compra con el fin de disgustarlo, conociendo que prefiere el yogurt.


Ninguno de los dos inicia con una plática, creando un silencio incómodo.

“Saldrás cuando termines de comer.” Que Sukuna corta, cuando se pone de pie, y sin mirarlo ni una sola vez, toma sus cosas y sale de la casa.


Todo su cuerpo se desploma sobre la silla, un poco más relajado. Al menos, Sukuna no había hecho preguntas sobre su vestimenta, avergonzándolo, como solía hacerlo.

Termina con su comida, mientras usa su celular, revisando desinteresadamente sus redes sociales. Deja la vajilla sucia sobre el fregadero, ya luego se hará cargo de ella, y sale del lugar.


No han discutido, y por alguna razón, eso lo hace sentir bien.


Un par de cuadras antes de llegar al colegio, el celular en su bolsillo trasero, vibra. Lo toma y sin tomarse el tiempo de revisar de quién se trata, responde. “¿Sí?”


Ese tipo…



Encerrado en el estrecho cubículo del baño, Sukuna maldice y lleva su mano libre hacia sus cabellos, tirando hasta que empieza a doler.

Otra vez ese imbécil.

Otra maldita foto de Yuuji siendo ultrajado.


Aún desconoce quién es la persona que está con él, pues apenas y se alcanza a ver su miembro introducido en el menor, y parte de su vientre.

Las ganas de estallar su teléfono contra el piso, lo abruman; y las de golpear su cabeza contra el muro, para eliminar esas imágenes de su mente, le dan náuseas.


¿Por qué ese idiota estaba enviando eso?

¿Por qué Yuuji dejaba que lo usaran de esa forma?

Además, cada foto parecía subir de nivel, conforme iba enviándolas.


Ha pasado apenas una semana, desde que empezó a recibir esas fotos, en las que su hermano era el protagonista, siendo ahora, la cuarta imagen que observa en su celular.

Todo comenzó con una dónde el rostro de Yuuji se encontraba con una venda negra cubriendo sus ojos, ligeramente humedecida por sus propias lágrimas. Un sonrojo se extendía desde sus mejillas hasta la punta de su pequeña nariz, y sus labios rosados, se entreabrían, mostrando la esponjosa lengua que yacía fuera, cómo exigiendo más de ese líquido blanco que manchaba su piel.


Aquello, claro que lo desconcertó, pero quiso creer que todo se trataba de una broma de pésimo gusto de Yuuji. Sin embargo, al encontrarse frente a frente, e intentar engañarlo con preguntas implícitas, éste no dijo nada ni expresó burla o incomodidad, como si no tuviera conocimiento sobre el asunto.


Pero ahora era mucho peor.

Yuuji estaba completamente desnudo sobre una cama, con uno de sus brazos cubriendo parte de su rostro, con sus piernas flexionadas contra su pecho y abiertas de par en par, mientras ese tipo se introducía en él. Su miembro estaba erguido al igual que sus pezones, lo que indicaba que estaba excitado, que disfrutaba ser follado por ese imbécil.


Observa por unos segundos más, la fotografía, intentando reconocer alguna parte del lugar, pero no lo consigue, suponiendo que debe tratarse de algún hotel aleatorio.

No elimina la foto y guarda su teléfono. Ha borrado las anteriores, en un arrebato de ira, pero gracias a una aplicación, pudo recuperarlas, y no porque fuera algún morboso o pervertido, sino porque necesitaba reunir esas pruebas para encontrar a ese tipo.


Con las mejillas calientes y sonrojadas, sale del cubículo, y deja que el agua corra y humedezca su piel. Está molesto, furioso por no poder saber quién está haciéndole esto.


Durante el resto de sus clases, no puede evitar enfocarse de lleno en las fotos, y en por qué Yuuji deja que ese sujeto se burle de esa forma, en por qué le permite usar su cuerpo.

Yuuji aún es menor de edad, en dos años cumplirá los dieciocho, y aunque fingiera que no le importaba un carajo lo que hiciera con su vida, con tal de que regresara a casa a salvo cada tarde, mentía.

Ese hombre lo tenía en sus manos, podría hacer cualquier cosa con esas fotografías, desde humillarlo públicamente hasta sobornarlo pidiendo dinero; y el mocoso idiota, no parecía saber nada de ello, pues las fotos eran recientes, lo que indicaba que, seguía encontrándose con él.


Sukuna no era tonto, se había dado cuenta de las marcas en el cuerpo de su hermano, desde la primera vez, cuando éste ni siquiera intentó ocultarlas, poniendo la estúpida escusa de tener alergias, cuando era como un ser inmune que raramente se enfermaba.


Apenas y se escucha la campana, anunciando que sus clases han terminado, sale de la universidad, evadiendo las despedidas de sus amigos. Necesita llegar a su casa y hurgar en su laptop, la manera en cómo poder rastrear un número de teléfono, para dar con algún dato de ese tipo. Aunque por dentro, lo duda; el hombre no era ningún idiota y se había asegurado de usar diferentes números para enviar las fotos, de esa forma, sería mucho más difícil dar con él.


Aún, con la molestia en el estómago, pero más tranquilo, ralentiza sus pasos, con un plan en mente; sin embargo, la vibración de su celular en su bolsillo, arruina el ambiente calmado que empezaba a formarse.

No hay ninguna foto esta vez.

Es un vídeo.

La portada es negra, y lo hace temer por lo que pueda encontrar, no está preparado para oír a su hermano, para verlo nuevamente, para presenciar casi en vivo como es tomado por ese tipo.

Se contiene, apretando una de sus manos en un puño, para evitar reproducir el video en medio de la calle, aunque los deseos de hacerlo, le quemen la sangre.


Guarda el aparato, usando casi toda su fuerza de voluntad, y corre la poca distancia que queda desde donde está hacia su casa. Al llegar, ingresa, azotando la puerta, y puede percatarse de que está vacío. Yuuji ya debería encontrarse allí, está oscureciendo y no tiene otra cosa más que hacer, además de ir a la escuela, o, tal vez sí que la tiene.

Enojado, ignora eso, en este momento, sólo quiere saber que hay en el video. Tal vez esta ocasión no es lo que piensa, tal vez ahora están lastimándolo, tal vez están abusando de él, tal vez esa sea la razón por la que Yuuji aún no llega a casa.

Pero intenta convencerse al mismo tiempo, de que no es así.


Con la manos temblorosas por la ansiedad, sube hasta el segundo piso, saltándose algunos escalones, y se encierra en su habitación. Coloca el seguro, no sabe por qué lo hace si está solo, pero no le importa.

Se recarga sobre la puerta y se deja caer sentado sobre el piso de madera. Saca el teléfono de su bolsillo y revisa los mensajes, dando con el vídeo. Su estómago se contrae, haciendo que sienta temor, y las náuseas no se hacen esperar. ’Maldito mocoso, ¿qué has hecho ahora?’, piensa.

No se detiene a discutirlo y lo reproduce.


“¡Ah!” Gemidos suaves y rotos inundan el lugar. “P-para, ¡ah!, d-detente.”

Yuuji está en cuatro sobre unas sábanas grises oscuras, mientras ese tipo lo penetra de manera ruda y constante.

Su miembro entra con fuerza, abriéndolo y desapareciendo en su estrecho agujero, para luego, retirarse hasta dejar solo la punta presionando contra su entrada, y volver a hundirse, provocando que suelte un grito. “¡Ah! D-dijiste q-que serías gentil.” La voz apenas y sale de sus labios, incoherente.

Ese hombre está marcando un ritmo rápido, provocando un sonido obsceno cuando el trasero redondo, ahora de color rojo por los golpes, choca contra sus caderas. “No puedo si gimes de esa forma.” Y se ríe, haciendo que Yuuji voltee y lo miré con el ceño fruncido, mientras aún empuja dentro de él, sacudiendo su cuerpo y provocando que pierda el equilibro, y su pecho, esté contra el colchón.

“¿Q-qué haces ¡ah!?” Una de sus mejillas se recarga sobre las sábanas mientras mira directamente hacia la cámara del celular. “¿Por qué...?” Pero las fuertes embestidas se aceleran, impidiéndole hablar. “¡Ah, espera! ¿Por qué grabas?”

Sus mechones rosas son tomados con fuerza por una gran mano, jalándolos hasta que pueda incorporarse.

“¡Auch!” Y sus quejidos parecen querer calentarlo, aún más.

Acerca sus cuerpos y ahora, la espalda de Yuuji está pegada al pecho del sujeto.


El celular cae de las manos del hombre, y deja de verse el cuerpo de Yuuji, sólo para enfocar parte de las sábanas, pero el vídeo, aún continúa reproduciéndose, dejando el sonido pornográfico de los gemidos entrecortados del menor, mientras ese tipo folla su boca con su lengua, y el golpeteo de la cama contra la pared, cuando zarandea su cuerpo por la dureza de las penetraciones.


Sukuna odia aceptarlo, pero puede imaginar la escena.

Furioso, golpea su cabeza contra la puerta. Esta vez, el imbécil había sobrepasado los límites, y encima, el maldito mocoso no aparecía.

Se incorpora, y va hacia el baño de su habitación, abre el grifo y deja correr el agua. “Mocoso idiota.” Susurra con la voz temblando de ira.

Sus mejillas sonrojadas, queman su piel; su entrepierna dolorida, se aprieta contra sus jeans, formando un bulto evidente, y odia eso.

“¿Así que te gusta jugar a ser una…” Lo piensa dos veces. “Una p…” Pero no finaliza su oración, no puede degradar a su hermano.

Con ayuda del agua fría, humedece su rostro, calmando el calor de su cuerpo. No sabe cómo reaccionará cuando llegue Yuuji, si es que llega, pero no será de una buena forma.


A los pocos segundos, después de secar su rostro, escucha el sonido de la puerta siendo abierta, y sonríe frente al espejo.

Intenta calmarse por completo, respirando con profundidad, pero sus manos no dejan de temblar, y las imágenes de hace un momento, no se borran de su mente, torturándolo.

“¡Ya estoy aquí!” La voz de Yuuji se escucha alegre. Maldita sea.


Aún sin saber cómo reaccionar, sale de su habitación y baja las escaleras, llegando hasta la sala, a pocos pasos de dónde está el menor. “¿Dónde has estado?”

Yuuji, quien reposa sentado sobre el sofá, se pone de pie y se acerca con una sonrisa relajada. “En casa de Fushiguro.”

Lo piensa por unos segundos, ese mocoso de cabello negro nunca se separaba de su hermano. Pero, ¿realmente era él quien le estaba enviando esas fotos? No parecía ser ese tipo de persona. “¿Sólo con él?”

Sin embargo, la forma en la que Yuuji desvía su mirada y sonríe, es más que suficiente para darle una respuesta. “Y con Nobara.”

Yuuji es pésimo para mentir, y mucho más a Sukuna. “Dame tu celular.” Debería actuar con más cautela y cuidado, pero le importa un carajo todo, no va a ser suave con Yuuji, no si sabe que ha estado revolcándose con un tipo, que ni siquiera lo respeta y es lo suficientemente pervertido para hacérselo saber a su hermano.

El menor frunce el ceño, desconcertado. “¿Q-qué? No.”

Sin darle tiempo a reaccionar, se acerca, acorralándolo contra la parte posterior del sofá, y toma el celular de su bolsillo trasero.

“Devuélvemelo. ¡Sukuna!” Yuuji bate ambas manos, intentando luchar sin éxito. Pues, a pesar de que es fuerte, muy por encima de los chicos de su edad, nunca podría enfrentarse a él, ya que lo supera ampliamente en estatura y fuerza.

Con una mano sobre su pecho, impide su movimiento, y busca el número del tipo en el celular. “Veremos si dices la verdad.”

Marca y tarda sólo una timbrada para que conteste. “¿Yuuji?”

“Soy su hermano. Yuuji quiere saber si puede recoger el libro que olvidó hoy en tu casa.”

Yuuji palidece. “¿Eh? Pero si hoy no ha venido.” Y su expresión cambia a una atónita, con los labios entreabiertos, asustado y avergonzado, mientras niega con la cabeza. “¿Él está…”

Sonríe de manera enfermiza, mirándolo fijamente, mientras cuelga la llamada. “¿Dónde has estado?” Tira el celular hacia el sofá. “No me hagas repetir la pregunta.