Capítulo 1
Un día descubrí que no era odio lo que sentía sino amor.
Cuando era niña la conocí, era tan joven que apenas podía diferenciar malicia de amabilidad. Al principio eran comentarios, los cuales me hacían sentir extraña. Estuve ahí escuchando todo, mas sin embargo, eso no permitió que entendiera sus palabras.
Estudié tres años con ella, lo cual me permitió conocer sus diferentes facetas. Luego llegó el momento de entrar a la primaria, ahí comenzó una nueva realidad. Me comporté como siempre había hecho, no podían culparme de llorar cuando algo me dolía. Tampoco cuando no podía entender lo que sentía al escucharlos hablar. Ahí me enamoré, al menos así le llame. Todos sabían de ello, la discreción no estaba en mi sistema. Y aun así eso no hizo más que atormentarme.
Ese año sucedió algo extraño detrás del salón de clase con una compañera más sucedió un “accidente” en donde un palo me golpeó la cabeza, ya no puedo recordar con claridad el momento, tras años del suceso ocurrido pero puedo decir que ese fue el principio.
El siguiente año pasó algo curioso, un trabajo en equipo que no pude hacer porque no había un lugar donde encajar, pero nadie entendía mi sentimiento y solo sabían regañar. La emoción que sentía de hablar con quien estuvo ahí para mí era suficiente para vivir en una burbuja de fantasía.
Ese mismo año las críticas se volvieron más intensas, sabía que provienen de ti, era demasiado obvio pero era ignorada mi incomodidad al respecto.
El siguiente año tras sucesos inesperados como accidentes y problemas, decidí acercarme a ti para poder comunicarse y evitar más situaciones problemáticas, pero siendo sincera ni siquiera fue buena idea.
Cuando un año más sucedió, intenté escuchar los consejos que recibí en donde me decían que me defendiera de esas cosas. Así lo hice, el resultado fue peor. Intenté llamar la atención de quien tenía mi atención pero todas eran más atractivas que yo.
Un año lleno de cambios fue el que le siguió, tras años conviviendo contigo entendí que me detestaban por eso hacías lo imposibles, por burlarte de mí, e incluso por ponerme en situaciones desesperadas. Intentaste hablar, pero la respuesta de mi parte fue un silencio y una mirada.
La culpa por no poder agradar, por cometer errores por no hacer las cosas bien e incluso por no estar al pendiente de mi entorno provocó el enfado de mis maestros. No conforme con ello inventaba excusas para no llegar al colegio, la razón tenia nombre y apellido. La cabeza detrás de las palabras hirientes, del rechazo, e incluso de la exclusión del grupo. Por suerte ese año se quedó con el recuerdo de estar esperando que pase el tiempo rayando mi cuaderno o viendo las hormigas pasar.
Un año que dolió como nadie imagina nunca fue saber que mi “Mejor amiga” dejó de serlo, fue sorprendente al principio, pero el recuerdo de como me criticaba inundó mi cabeza, la traición se sintió tan espantosa que no pude evitar sentirme triste. Aprendí a desconfiar más, a pesar de tener a mi lado a una persona que fue el significado de cambio, se que jamás estuve tan presente en su cabeza como ella en la mía.
Me hiciste llorar con lo que provocaste, ¿Qué daño real te había hecho? Pero nunca pude enfrentarme, era una niña a ojos de los adultos. No puedo evitar equivocarme soy humano, pero yo conozco el arrepentimiento y el remordimiento eso que tú nunca conocerás, la razón fue esa sonrisa cínica que en tu rostro se enmarca como una firma personal.
Las amistades van y vienen ese fue el aprendizaje que tuve durante esos tres años donde pude descansar de tu hostigamiento directo.
Pero no todo es por siempre y el siguiente año nos encontramos una vez más en el mismo salón de clase en la misma preparatoria. Tu estabas con los mismos de siempre, tus amistades no difieren mucho de cómo fueron desde el principio, rodeada de personas que se ocultan tras una máscara de mentiras. Llegamos a tener problemas a la semana de haber ingresado, nuestra relación siempre tensa sin posibilidad estuvo ahí presente. No podíamos estar de acuerdo en nada, tu simpatía no llegaba a ser sincera. Siendo el opuesto perfecto, y al mismo tiempo iguales. Tu manipulabas para conseguir algo, yo lo hacía para liberarlos de la falsedad en la cual se encontraban. Tu les agradaba, yo les disgustaba. Podrías convencerme con una sonrisa, yo usaba la verdad. Fue un año lleno de traiciones, buscábamos tener a la mayor cantidad de nuestro lado, la balanza se inclinó a tu favor porque tu sabias hacerlo de manera perfecta, yo por el contrario no tenía tanta experiencia.
El siguiente año conseguí convencerlos a todos, ahora era yo quien te tenia aislada en un grupo reducido, me gane a todos a base de emociones reales. Ese año fue el mejor, por primera vez en años podía estar feliz de ver como eras tú la que se encontraba en las sombras, después de todo, siempre fui una luz brillante que no estaba dispuesta a morir en la oscuridad de tus mentiras.
Eso es lo que me hizo tu enemiga el no ser manipulable se volvió tu objetivo de vida eso lo se muy bien. Es demasiado obvio ahora.
Todos te odiaban porque los usaste y los desechaste, yo los reconstruí y los ayudó a encontrarse. Ese paralelismo es tan encantador de ver a través de mis ojos.
Siempre me pregunte porque nunca pudimos aliarnos, pero recordé lo que provocaste en mí, entonces encontré la respuesta a mis dudas. Tu tenias envidia de mi luz.
Al final después de esos tres años escolares pude liberarme de ti. El tiempo pasó y nuestros caminos se volvieron a unir. Fue alucinante verte, eran sentimientos de nostalgia, clavados con dolor y miedo pero eso no impidió que pudiéramos conversar. Hablamos por horas y ahí lo descubrí. Tus sentimientos hacia mi no era odio, era amor.
Por primera vez en años sentí paz, sentí que no tenía miedo y acepté seguir mi camino, dejando atrás aquel amargo recuerdo que me atormentó durante años y gran parte de mi vida. Por primera vez entendí que no podría odiarte.