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Summary

Experiencias puercas de diversas realidades, en mis momentos de soltería. 🔞Contenido explícito y erótico. ⚠️Leer bajo su propio riesgo. 🍒Si eres moralmente delicado, éstas obras no son para tí. Si no te gusta, solo abandona la lectura y no reportes.

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18+

REGALO A DOMICILIO | WAKASA

Senju había tenido una discusión con su novio, por lo cuál fué una excusa perfecta para tomar alcohol junto a ella aquella noche.

Caprichosa e infantil fué a quejarse a mi casa queriendo mi atención y palabras que la reconfortaran. Aunque había sido ella quien comenzó la bendita pelea que desencadenó el efecto mariposa, donde yo me vería afectada de manera ¿positiva?

Fuí empática con ella y le dije lo que quería escuchar.


—No es tu culpa, es que Manjiro no te entiende —acaricié su cabello tan blanco como la nieve y le dí una palmadita en el hombro, mientras se abrigaba en mis brazos.


—Es un orgulloso —chilló.


—Tú también lo eres, ambos son unos tercos.


La llevé al sofá y limpié sus lágrimas.


—Esta vez se terminó.


¿Cuántas veces había escuchado esa desición desde que empezaron a salir? Ya había perdido la cuenta, siempre era lo mismo, peleaban, se alejaban y luego volvían. Me recordaba a una relación que tuve en el pasado con...

<<No, no voy a pensar en eso>>

sacudí mi cabeza alejando tal recuerdo.


—¿Estás segura que esta vez será definitivo?


Me levanté dejándola cuestionar su desición, rumbo a la cocina para traer dos copas y una botella de ese elixir delicioso que nos hace en ocasiones perder la dignidad.


—Hay que relajarnos y disfrutar la soltería de hoy, yo digo que critiquemos a los hombres.


—¡Sí! —se anima brincando sobre el sofá —, hay que alcoholizarnos y hablar de esos idiotas.


—¿Te quedarás a dormir? —La invité.


—No, tengo planes para mañana temprano con mi hermano —tomó su copa y serví para ambas.


—Yoo A-MO a Man-jiro —escupió lento en balbuceos después de la tercera botella que llevábamos.


No es que ella fuera tan débil para el alcohol, era yo que tenía demasiada resistencia como para embriagarme demasiado, a pesar que el líquido era añejo y muy fuerte.

Sin embargo sí me sentía menos sobria.


—Emma y tú no tienen remedio.


Solté un suspiro y estiré todo mi cuerpo.

Las botellas se iban acumulando en la pequeña mesita y me dolía el trasero de estar tanto tiempo sentada sobre la alfombra.


Propuse seguir tomando en mi habitación y nos fuimos hacia el segundo piso.

Senju se tambaleaba y casi gateaba al subir, sería mentirosa si dijera que yo no me sentía un poco afectada también.

A penas llegamos nos tumbamos en mi cama y seguimos conversando cosas sin sentido, la idea de hablar de los hombres se esfumó.


—Ya no te daré más.


Me negué ante su petición de darle más bebida, a penas era poco entendible lo que balbuceaba.

Pataleó como bebé cuando no obtuvo lo que quiso y le pasé su celular para que le llamara a su hermano. No iba a permitir que se fuera sola y se puso terca cuando le dije que se quedara.


—Al fin conoceré a tu hermano —dije encaminándome al lavabo de mi baño para refrescar mi rostro y despejarme un poco.


No hubo respuesta de su parte, se había quedado dormida.

La idea de conocer a Takeomi me resultaba interesante por haber sido parte de Black Dragons, no había tenido la oportunidad de coincidir con él a pesar de ambos compartir cierto círculo social. Quizá algún día podría conocer a los otros ex-miembros de aquella legendaria pandilla, había uno en especial que me daba curiosidad. Pero hoy, me conformaba con ver al Akashi mayor.


El timbre sonó un rato después y casi salí corriendo, bajando las escaleras y abriendo la puerta de mi casa.


—Buenas noches, Senju me envió esta dirección ¿está aquí?


Me quedé helada, pensé que la bebida me había afectado más de lo que yo creía cuando frente a mí estaba Imaushi Wakasa. Apenas y pude asentír a su pregunta, pues me quedé inmersa en su adormilada mirada cuando hizo contacto visual conmigo.

Poco me faltó para descolgar la mandíbula y babear por él.


—¿Puedo pasar? —se inclinó hacia mí con una pequeña sonrisa —, disculpa la intromisión.


Bueno, literalmente acabo de mojarme por la sonrisa de un hombre.

No cualquier hombre, el famoso líder con fama de mujeriego que era mi único crush desde hace años. Ese al que quise conocer siempre pero nunca creí que fuera posible.


—Sí, pasa adelante —Me aparté para que entrara y cerré la puerta.


<<Vamos Mabel, solo actúa normal que por más que te tiemblen las piernas, no debemos ser evidentes>> 


—Senju está arriba —señale las escaleras —, te llevo.


Me siguió sin decir nada hasta mi recámara donde se empezó a reír cuando encontró a la albina dormida, con el rímel corrido por haber llorado anteriormente.


—No tiene remedio —susurró.


—Sí —Me crucé de brazos sonriendo.


Se giró a detallarme con más atención y no aparté mi mirada de él tampoco.


—¿Vives aquí tu sola? —hizo la pregunta que no debía.


—¿Quieres tomar algo antes de llevártela? —omití responderle devolviéndole una pregunta con otra y siendo informal como él lo estaba haciendo.


—Sí, ¿por qué no?


Le serví una copa y le propuse bajar al primer piso, para no despertar a Senju.


—Como tú desees —aceptó luego de ver el trago y sonreírme.


Mientras bajábamos volvió a repetir la misma duda que antes sobre vivir sola y volví a evadir su curiosidad invitándolo a tomar asiento.


—Pensé que vendría su hermano. —descendí acomodándome.


—Soy como uno para ella.


Llevó sus brazos sobre la pequeña mesita y me observó curioso.

<<¿Se me nota que estoy nerviosa? Espero que no>>.

Pensé.


—Ya lo creo —dije también apoyando mis brazos en la base de madera.


—Soy Imaushi Wakasa, mucho gusto —inclinó un poco su cabeza —, puedes llamarme Wakasa, lamento presentarme hasta ahorita. Tu nombre seguro es tan lindo como tú.


Jugueteaba con su copa y sonrió ladino enviándome una clara señal de coqueteo.


—Soy Mabel —No mencioné mi apellido —. El gusto es mío, Wakasa.


—Me disculpo por los problemas que Senju pudo ocasionarte, aún no se comporta como debería porque Takeomi, Benkei y yo la consentimos mucho —dijo incando su brazo en la mesa —, si puedo ayudarte en algo hazmelo saber.


<<Yo también quiero que me consientas papi>>


—Para nada, ella es mi amiga y sólo se desahogaba conmigo —Le resté importancia y bebí de mi vaso.


Cada coqueteo que implementaba, se lo cortaba, aunque por dentro estaba que se me revolvían las emociones.


—Al menos puedo ayudarte a limpiar antes de llevarme a mi hermanita.


Se tomó todo lo que tenía en su copa.


—Quieres más? —le mostré la botella y asintió.


A este punto, ya me sentía algo ebria, le serví su trago y me serví otro yo.

Cuando colocaba la botella en la base de la mesa, lo hice mal provocando así que se derramara la bebida.

Morí de vergüenza por mi torpeza.


—Parece que ya te hizo efecto la bebida a tí también. —observé como se desplazaba el líquido en la mesa y alfombra.


—No es el alcohol —solté sin pensarlo—, eres tú.


—¿Yo?


Su mirada se tornó oscura y esbozó una sonrisa llena de satisfacción.


—¿Te puse nerviosa o te doy miedo? Tengo fama de malo pero soy inofensivo. —se levantó—, dame algo para limpiar.


Me incorporé casi al mismo tiempo que él y fuí por papel toalla a la cocina y me siguió.

Mientras tomaba aquello, se me acercó por detrás rodeándome con ambos brazos.


—Damelas, yo lo limpiaré —rozó su pecho en mi espalda y tomó de mis manos las toallas.


Qué perfecta excusa para abrazarme y ponerme más nerviosa, le funcionó claro está. Se apartó de mi lado y fué a la sala a limpiar aquel desorden.

Claramente no iba a permitir que él hiciera eso. Tomé más de aquel papel y fuí casi corriendo a hacerlo yo.


—Puedo hacerlo —limpié rápidamente.


—Eres igual de terca que Senju.


Se quedó ahí agachado junto a mí sin dejar de observarme.


—No puedo dejar que un invitado limpie mi casa —me detuve—. Y no soy como Senju, yo sé lo que quiero.


—Vaya... una chica de carácter fuerte ¿eh? Eso es sexi —Me tomó la mano y se inclinó invadiendo mi espacio personal —¿qué haces cuando no consigues lo que quieres?


—Yo... siempre obtengo lo que quiero. —Me incliné igual, quedando cerca de su rostro blanquecino.


Un beso se aproximaba a suceder, sin embargo giré mi rostro y me incorporé rápidamente dejándolo con la gana.


—Qué mala suerte no ser yo lo que quieres. —dijo con su voz grave y varonil.


—¿Qué podría yo querer de tí? Apenas te conozco.


Me apresuré a dejar aquellos trapos sucios al basurero de mi cocina y empecé a lavarme las manos.


—Pero puedes conocerme, ya lo estás haciendo.


Me llegó nuevamente por la espalda y me tomó la cintura por segundos, al mismo tiempo que me susurraba tales palabras.

Su siguiente acción fué volver a jugar conmigo y llevar sus manos al agua que caía de la llave.


—Vaya que eres como pensaba.


Cerré la llave y me volteé quedando frente a él, tan cerca que podía sentir su respiración. Todo el alcohol que tomé estaba haciendo efecto y me cuestionaba si tener a este hombre en mi casa, a solas y con todas las señales de coqueteo no era un regalo del universo y de Senju. Asumí que sí.

Después de todo ¿cuando volvería a tener al único hombre que creí alguna vez imposible de atraerle? La moral sobraba aquí.


—¿Eso es bueno o malo?


Me sujetó nuevamente de mi pequeña cintura y al notar que esta vez no lo evadí, me tomó cargada subiéndome a la mesa de cocina que se encontraba atrás de él. Sujetó mis mejillas y le otorgué el poder de marcar mis labios con los suyos en lo que fué un beso intenso, el de un hombre que sabía cómo mover sus labios y lengua. 


—Dices que sabes lo que quieres —usó mis palabras a su favor —¿qué es lo que quieres justo ahora?


—Quiero que me folles.


Declaré sin una pizca de duda, dándole toda la libertad sobre mí.


—Qué chica tan decidida —lamió y besó mi mejilla —me gusta.


Sacó un condón de su cartera y luego de abrirlo lo puso en mi mano.


—Ponmelo. —pidió con malicia en su voz.


Desabrochó su pantalón y bajó la cremayera del mismo, sacando así su miembro firme y grueso acercándolo a mi entrepierna.

¡Mierda! ¿Eso cabría dentro de mí sin causarme algún desgarre?

Coloqué aquel preservativo y tomé con ambas manos su ancho miembro, estimulandolo con movimientos suaves y delicados.


Echó su cabeza hacia atrás por varios segundos mientras mordía su labio ante el toque de mis manos.

Quitó prontamente mi blusa y el pequeño short que llevaba.

Desabrochó con rapidez mi sostén y se prendió de uno de mis pechos, masajeaba mi otro pezón con su mano a la vez.


Su caliente boca me hizo sentir nuevas sensaciones, la manera en la que jugueteba con su lengua me estaba demostrando por qué la experiencia de un madurito como él valía tanto la pena y el riesgo.

Me hizo perder la razón cuando sentí su mano acariciar mis pliegues y empezar a masturbarme como yo lo hacía con él.


—Mira lo mojada que estás —sacó sus dedos de dentro de mí mostrándomelos, húmedos por mis fluidos.


—Olvida los juegos previos, Wakasa.


Me abrí más para él, lista para recibirlo. Yo quería ya el premio mayor.

Estaba lo suficientemente excitada y ansiosa por tenerlo dentro de mí.


—Como desees —lamió mis pechos una vez más y me tomó de la cintura.


Al momento de empezar a meter su falo, dolió de una manera notoria pero deliciosa, un grosor como el suyo jamás había estado dentro mío.

Llevé mis manos sobre sus hombros mientras él entraba más y más. 

Ambos soltamos un gemido al mismo tiempo cuando me penetró por completo. 


—Ahh... tu interior... es increíble.


Gimió.


Podía sentir como me llenaba totalmente la paredes interiores de mi pelvis.


—Rico. —solté entre gemidos a medida comenzó a moverse dentro de mí.


Las embestidas rápidas alternadas con las lentas y los movimientos circulares que hacía, me tenían a un nivel máximo de placer.

Sentía romperme al sentir todo aquel prominente miembro entrar y salir de mí. 


—Aah... hmm.


Su respiración agitada sobre mi cuello y su mano viajando a mi busto para estrujarlo y lamerlo como solo él podría hacerlo.

Mis piernas rodeando su espalda baja sin querer soltarlo y aferrándose cada vez más a él.


—Estás...demasiado com-patible para mí. —se aferró a mi pecho.


Mordió mi pezón y llevó su mano a mi vientre mostrándome como se veía de lleno por tenerlo dentro de mí.

Descendió aún más hasta mi botón de placer presionandolo provocándome más estimulacion que me hizo retorcer, con la electricidad placentera que corría por mi cuerpo.


—¡Aah!


—Haa.


—Sí que eres... como el... buen vino.


Gemí y me plantó un beso nada delicado casi cortando mi respiración.

Tomé su cabello suelto gris con mechones negros y morados, mientras empezó a moverse más rápido y me dediqué a disfrutar todo el placer que aquel hombre que alguna vez pensé que era imposible de tener cerca, me daba en ese momento.


—¿Te gusta? —Se apartó un poco sin dejar de marcar el ritmo que mantenía con cada embestida, haciendo contacto visual conmigo.


—Me... aah... me gusta. —emití un gemido mordiendo mi labio sin dejar de observar sus ojos.


—Dí mi nombre —pidió. —quiero escucharte decirlo mientras disfrutas como te lo hago.


Tomo mi muñeca acercándome más y dándome una lamida en la comisura de mis labios.


—Dilo —ordenó sin dejar de mirarme en ningún momento y moviéndose más rápido dentro de mí.


—Wakasaa...


—Dí mi nombre de nuevo.


Siguió embistiendome con más intensidad.


—Wakasa —obedecí presa del placer, de la adrenalina del momento y de lo prohibido de la situación.


Se aferró a mí, soltando gemidos suaves y entrecortados que lo hacían ver tan sexi, la respiración más agitada y llegando más profundo mientras me penetraba me disparó los niveles de oxitocina, podía sentir como pronto llegaría mi orgasmo.


—Estás apretando más —notó como mis paredes se dilataban y llegaba casi al clímax. —princesa pelirroja.


Mi orgasmo llegó, me aferré a su cuello durante la explosión de placer se apoderaba de mí, sus movimientos firmes y experimentandos me hicieron echar la cabeza hacia atrás y aprovechó para chupetear nuevamente mis pechos y lamer mi clavícula.

En el instante que llegó su momento de eyacular, salió de mí y quitó aquel preservativo derramando sus jugos en mi abdomen.


El ritmo cardíaco de ambos estaba a tope, temblaba todavía de placer.

Rodeo su mano por detrás de mi cuello y me acercó a su rostro dándome un beso suave, casi consentidor.


—Te dije que puedo ayudarte a limpiar —conectó su mirada adormilada a mis verdes ojos —, déjame hacerlo ahora.


Sonrió señalando sus fluidos en mí.

Se separó para alcanzar papel toalla y me limpió.


Me ayudó a bajar y vestirme de nuevo. No tardó mucho en llevarse a Senju pues Takeomi lo llamó para saber porqué tardaban tanto. Intentó saber un poco más de mí, sin embargo le dí poco o nada de información.


En algún punto, Senju se despertó porque días después que volví a verla me comentó que tenía un vago recuerdo de mi voz y la de Wakasa mezcladas.


—Me ayudó a limpiar.


—¿Wakasa?


—Sí.... —evadí su mirada.


—Por cierto... me preguntó por tí y si podía pasarle tu número de teléfono.


—¿Le hablaste de mí? ¿Se lo diste? —casi me infarté.


—No, le dije que te lo consultaría. —su aclaración me devolvió el alma al cuerpo.


—No le cuentes NADA de mí. Prefiero mantener cierto misterio, mi número puedes dárselo.


Obviamente, no tardó en volver a buscarme para invitarme a una salida. ¿La acepté?