1. Player One
Únicamente dejando entrar a extraños, podemos encontrar nuevas formas de ser nosotros mismos.
The World Ends With You

Pierdo fácilmente la percepción del tiempo cuando estoy concentrado en algo que me apasiona. Sea lo que sea.
Un videojuego.
Un diseño de paisajes.
Una carrera de autos.
Las horas pasan y yo puedo seguir en lo mío sin que nada ni nadie me afecte. Por eso suelen ignorarme la mayor parte del tiempo; en el instituto, universidad y ahora en el trabajo. No es algo que me moleste. Soy sociable, me llevo bien con todos y puedo recordar hasta el nombre de la cacatúa que mi compañera de curso adoptó cuando tenía 5 años y escapó una noche que dejaron la jaula abierta. Se llamaba Amapola.
Me importan las personas a las que estimo, me preocupo por ellas, me intereso por sus vidas y sus familias, pero por algún motivo me cuesta que un lazo de amistad perdure más allá de un par de años. Para qué hablar de una relación romántica. Pfffff.
Una vez se una etapa de mi vida concluye, todo queda atrás. Por más que lo he intentado, no logro mantener relaciones de ningún tipo y, no sé por qué.
Y no es que pretenda aislarme en mi mundo, simplemente nadie quiere entrar en el.
—¿Sigues aquí? —interrumpe una voz. Alzo la mirada y veo a mi socio, jefe, compañero, colega… ya no sé cómo llamarlo—. Son las 12 de la noche Borja.
—Tú también sigues aquí —me defiendo volviendo a mi dibujo.
—Liderar una empresa nunca ha sido fácil. Tengo mucho trabajo pendiente y solo puedo hacerlo cuando todos los demás se van —explica—. ¿Cuál es tu excusa?
«Mi mejor amigo está en el departamento con su novia luego de reencontrarse después de varios meses de estar lejos», pienso.
No es que me molesten los ruidos ni nada de lo que hagan, lo que me incomoda es verlos felices, como se sonríen mutuamente y ser testigo de lo enamorados que están…
Sabía cuál era mi lugar en su historia, y aun así, no puedo quitarme esta sensación de desdicha cada vez que los veo juntos. Por más que me repetí incontables veces que solo estaba teniendo un crush inocente y pasajero, ahora que soy consciente que esa posibilidad nunca tuvo futuro, está machacándome el corazón.
Y no hay nada más cruel y tonto en esta vida, que quien te rompe el corazón seas tú mismo.
—Estos diseños no se harán solos —murmuro sin mirarlo—. Me falta poco y me iré a
—Deberías descansar. Desde que empezamos esta empresa no has dejado de trabajar a tiempo completo, incluso más.
—Encontré mi lugar en el mundo —murmuro, sonriendo ampliamente—. De no haber conocido a tu hermana, no sé qué edificio aburrido estaría diseñando en este momento.
Sebastian me observa de brazos cruzados desde el umbral de la puerta de su oficina, analizándome con interés.
—La echabas de menos.
—Bastante. No solo es la novia de mi mejor amigo, también es mi mejor amiga.
«Y ese es el otro problema», pienso.
Soy un hijo de puta al estar guardando estos sentimientos cuando ambos son mis amigos. Soy de lo peor.
Pero no quiero perderlos. A ninguno de los dos.
Ahora que terminé la universidad, el miedo de que esta etapa finalice y se lleve todo lo que construí me tiene aterrado. Me niego a perderlo todo otra vez y por eso prefiero callar.
—No te desanimes. Max pronto se irá de gira y mi hermana tendrá tiempo para ti, de seguro ella también te extraña.
—No estoy desanimado. —Lo digo tan rápido que la mentira queda en evidencia—. Ya sé que ellos necesitan su tiempo a solas.
—Y por eso estás aquí —recalca lo obvio. Se aclara la garganta y se separa del umbral—. Espero que puedas dejarlo atrás, Borja. No es sano vivir así.
—Me iré pronto, no te preocupes.
Sebastian hace un ruidito con su garganta a modo de comprensión.
—No te vayas muy tarde y conduce con cuidado —murmura, alejándose hacia la salida.
—Sí, jefe —bromeo, volviendo a mi dibujo.
El sonido de sus pasos se pierde en el eco de la pequeña oficina vacía. Es apenas una planta de no más de 50mt2 en el que solo hay un espacio cerrado que ocupa Sebastian, y el resto está situado en algunos escritorios repartidos en toda la planta.
Yo acostumbro a trabajar en un rincón junto a la ventana frente a la puerta de Sebastian. Me gusta este sitio, está lo suficientemente alejado para tener algo de privacidad, pero no tanto como para que crean que me aíslo de todos.
Además, le facilita las cosas a Sebastian cuando tiene que llamarme a su oficina. Solo abre su puerta y con un gesto entiendo que debo ir hasta allá sin interrumpir al resto del equipo.
Continúo con el dibujo para un nuevo nivel que estuvimos desarrollando con Álex. Mis estudios de arquitectura y especialización en paisajes lograron que pudiera complementar este trabajo con mi pasión con los videojuegos, aunque a mi familia no le parezca un trabajo real.
Cuando termino el último sombreado y el diseño queda listo para digitalizar, ya son las 3 de la mañana. Perdí la noción del tiempo una vez más. Me levanto y luego de estirar los músculos del cuello y mis brazos, tomo mi chaqueta y salgo de la oficina.
Al entrar al departamento, me sorprendo al ver la televisión encendida en una pantalla en negro. Max y Álex se han quedado dormidos en el sofá, cubiertos por una manta, ambos tan abrazados que no se distingue donde empieza uno y termina el otro. Una fuente con pop-corn a medias y unos cuantos refrescos están repartidos en la mesa de café.
Me acerco en silencio y apago la televisión, dejándolos a ambos en su mundo perfecto.
Voy hasta mi habitación y me dejo caer en el colchón, con la vista fija en el techo. Me duele el pecho, la garganta, los ojos… todas señales de un dolor que intento esquivar porque me siento muy egoísta al estar deshecho cuando ellos son tan felices juntos.
Necesito sacarme esto de la cabeza.
Cuando Max buscaba compañero de piso, solo intentaba tener un buen gesto con él. Era amable, buena persona y agradable, además se notaba a kilómetros que estaba desesperado por ayuda, y algo a lo que nunca he podido negarme, es tender una mano a quien lo necesite.
Nunca creí que con el tiempo pasaría a interesarme de una manera confusa hasta darme cuenta demasiado tarde que se había transformado en mi mejor amigo y yo estaba enamorado de él.
Y aunque nunca se lo dije, era obvio que ese sentimiento jamás sería correspondido, así que deseché la idea por completo y traté de olvidarme de esta locura buscando a alguien que pudiera opacar este sentimiento tan arraigado. Pero la esperanza siempre estaba ahí, hasta que Álex llegó a su vida y rápidamente supe que cualquier posibilidad, por muy imposible que fuera, se había esfumado cuando ella llegó.
Por eso me jode sentirme así cuando son tan felices, porque yo también quiero esa felicidad, también quiero encontrar a alguien a quien abrazar y quedarme dormido en el sofá viendo televisión, o jugando videojuegos, o lo que sea que hacen las parejas enamoradas.
Quiero dejar de ser el que siempre observa a lo lejos.
También quiero vivir mi propia historia de amor.
—¡Despierta!
El golpe en mis piernas cae con tanta fuerza que intento removerme sin conseguirlo. Abro los ojos y Álex está a horcajadas sobre mis rodillas, picándome el estómago, intentando hacerme cosquillas.
—Llevas 3 días aquí y ya estás colmando mi paciencia —me quejo.
Alex se lanza a mi cuerpo y la rodeo instintivamente con mis brazos. Dejo un beso en la parte alta de su cabeza, volviendo a cerrar los ojos, sin dormirme del todo.
—¿Me extrañaste?
—¿Cómo podría hacerlo cuando estabas constantemente dándome órdenes por teléfono? —bromeo, apretándola un poco más—. Obvio que te extrañé Rubia, todos lo hicimos.
—Yo también te extrañé.
Que lo diga así de abiertamente, sin titubeos ni dudas, me sorprende gratamente. Álex siempre fue reservada y todo este tiempo lejos le ha servido mucho para solucionar todos sus problemas, no solo el motivo por el cual estuvo lejos.
—¿Estás bien? —pregunto—. ¿Y Max?
—En la ducha. Lo dejé en paz un momento para venir a verte a ti. —Se incorpora y me observa con sus ojos azules, iguales a los de su hermano.
—Mmm… ya. ¿Y qué quieres?
—¿Por qué crees que quiero algo más que venir a abrazar a mi mejor amigo?
—Porque te conozco. ¿Qué quieres?
Álex suspira y se sienta a un costado del colchón liberándome. Acomoda un mechón de su cabello tras la oreja con actitud nerviosa.
—¿Crees que pueda quedarme aquí? —pregunta de improviso—. Ahora que Max se va, su habitación quedará libre y yo creí que…
—Mmm… —Revuelvo mi cabello sin saber cómo continuar—. Pensé que irías a vivir con tu hermano. ¿Qué sentido tiene que te quedes aquí si no está Max?
—Estarás tú.
—Álex… —advierto.
—¡Aaaghh! —se queja rodando los ojos—. No quiero ir a vivir con él, ¿ok? Se ha puesto muy pesado, sobreprotector y excesivamente preocupado, y no me agradan todas estas restricciones que está poniéndome.
—Es tu hermano. Se preocupa por ti.
—¡Ya lo sé! Pero necesito tiempo para acostumbrarme también. ¿Podría quedarme aquí unos días?
Si bien Sebastian y yo no somos totalmente amigos, lo he visto hacer planes los últimos meses para vivir con Álex cuando ella regresara y no sé cómo reaccionará a esta noticia.
—Bien… pero tienes que hablar con tu hermano, estaba muy ilusionado con tu regreso.
—Sí, sí. Hablaré con él. —Álex se acerca y deja un rápido beso en mi mejilla—. ¡Eres el mejor!
—Ya. Vete de aquí. Que te mueres por meterte a la ducha.
De un salto se levanta del colchón y sale de la habitación.
Hoy empieza la gira de Apolo77, la banda de Max. Estarán un mes recorriendo el país y esta situación me tiene muy nervioso. Tantos cambios en su vida y en la mía me hacen temer que poco a poco empecemos a alejarnos, y a pesar de mis sentimientos no puedo perderlo. No quiero. Tengo que poner en orden toda esta confusión antes que me explote en la cara y pueda perder a mi mejor amigo.
Después de una ducha, salgo de la habitación a preparar el desayuno. Ninguno de los dos tortolos ha salido de la habitación aún, así que me tomo mi tiempo mientras me bebo mi infaltable café expresso de la mañana.
A los minutos, Max sale con su guitarra al hombro y arrastrando una maleta grande tras él.
—¡Tu primera gira, hermano! —comento al verlo—. ¿Cómo te sientes?
—Como si pudiera vomitar los pulmones aquí mismo.
Me rio en una carcajada ligera. Lleva meses haciendo presentaciones en distintos lugares de la ciudad. Sus canciones están en el top nacional y las redes sociales explotan cada vez que hace alguna publicación.
Y él aún está ansioso con su primera gira.
—La gente te ama, les irá bien —intento animarlo.
Me volteo distraído hacia la cocina para sacar unas tortitas que estaban en el sartén. Al girarme, Max está junto a mí, observándome con los ojos llenos de emoción.
—Max, ¿qué…?
—Voy a extrañarte demasiado.
Y sin decir nada más, me estrecha en un abrazo apretado. Yo me quedo clavado en el piso con un plato con tortitas en una mano y con una espátula en la otra. Aun así, me las arreglo para devolverle el abrazo.
—Creo que nunca seré capaz de devolverte todo lo que hiciste por mí, Borja.
—Max, ya sabes que el dinero…
—No me refiero al dinero.
Se separa y me observa un momento casi al borde del llanto y yo siento que mi mundo se desencaja.
Mi mejor amigo, mi único amigo, estará lejos durante un mes después de vivir juntos casi 4 años y es cuando me doy cuenta de que el riesgo de perderlo está más presente que nunca. No quiero perder esto que tenemos.
—No seas idiota. No me debes nada en ningún sentido.
Me fuerzo a poner una sonrisa que él corresponde y cualquier emoción negativa queda fuera.
—¿Puedo unirme a su grupito de sentimentalismo? —se burla la novia de mi amigo entrando a la cocina.
Se acerca y ambos la abrazamos como un sándwich haciéndola reír.
—Bien. ¿Listos para el desayuno?
—¡Sí! —responden al unísono.
Luego de comer y recordar varias anécdotas de Max en la banda, de contarnos historias secretas de sus comienzos que ni Álex ni yo habíamos oído aún y de todas las expectativas que tiene en esta gira, la hora de irnos se acerca y en silencio nos levantamos y salimos del departamento.
Cargamos la maleta en el asiento trasero del Audi y como regalo extra, lo dejo conducir una vez más. Siempre le gustó mi auto y yo no tenía reparos en prestárselo cuando lo necesitaba, si lograba hacer que sonriera de esa forma.
Al llegar a la discográfica, nos encontramos con el resto de la banda y sus familias que vienen a despedirlos. Hace un rato que no los veía a todos reunidos y parecen igual de nerviosos que mi amigo, incluso tal vez más.
Sebastian aparece a los minutos después. Él y Max se volvieron muy cercanos cuando Álex tuvo su… problema. Ambos formaron una relación muy fraternal y era obvio que vendría a despedirlo aquí también.
Mientras Max y Álex tienen su momento despidiéndose antes de subirse al vehículo que los llevará al aeropuerto, Sebastian se para a mi lado y se cruza de brazos.
—¿Cuántas horas dormiste? —pregunta.
—¿Tan mal me veo?
—Evades la pregunta.
—Dormí lo suficiente para verme tan guapo como siempre —respondo, alzando el mentón con orgullo.
—Eres un egocéntrico.
—Sincero, nada más.
Max se acerca a nosotros con Álex de la mano para despedirse antes de subirse al vehículo. Su sonrisa no cabe en su cara, cualquier malestar ya quedó atrás y ahora solo puedo ver la emoción de esta nueva aventura.
—Cuídala por mí —susurra en mi oído al darme un último abrazo—. ¿Vale?
—No tienes que pedirlo.
Se despide de Sebastian, mientras el resto de la banda se acerca y entre abrazos, besos y gestos de despedidas, se suben al vehículo y nosotros nos quedamos abajo, viendo cómo se van a cumplir su sueño.
Álex se abraza a mi torso mientras sigue despidiendo a Max con el vehículo en marcha.
Me quedo con la vista clavada en la parte trasera del auto. Me duele el pecho, el corazón. No quiero perder su amistad y tampoco quiero seguir sufriendo toda la vida por un amor no correspondido. Esta es mi oportunidad para encontrar a alguien que me haga olvidarlo.
A mi lado, Sebastian suelta una pequeña risa contenida llamando nuestra atención.
—¿De qué te ríes? —se queja su hermana.
—Nada… solo acabo de darme cuenta de algo.
—¿De qué?
Sus ojos caen en mí, y una repentina sensación de nerviosismo me invade. Sus labios se curvan en una sonrisa ladina mientras me mira.
—Mis sospechas eran ciertas, pero estaba sospechando de la persona equivocada.
—¿De qué hablas? —pregunta Álex.
—Nada, nada… Vámonos. Tienes que preparar tus cosas para irte a casa.
—¡Ah! Sobre eso…
Ambos se alejan hablando y poco a poco empiezan a discutir. Me quedo en mi sitio mientras el resto de las personas que nos acompañaban empiezan a dispersarse.
Me siento más ligero y menos presionado.
No creo que pierda a Max solo porque está haciendo su vida, así como no perderé a Álex ni a Sebastian ni a ninguna de las personas que me rodean.
Ahora con él lejos, tengo el tiempo que necesito para enfocarme y buscar a esa persona con la que compartir lo que todos parecen encontrar y yo no.
Llegó el momento de dejar de estar solo.
