Capítulo 1
A Gulf le encantaba el olor a carne a la parrilla. Olfateó el aire mientras ayudaba a su mejor amigo Kenny a sacar los platos de la cocina y colocarlos en una larga mesa de plástico.
La atronadora música lo hizo mover el pie mientras miraba a Jesse voltear las hamburguesas. El compañero de este, Corky, había querido ir a la ciudad a cenar, pero estaba contento de que Kenny hubiera hecho esta sugerencia en su lugar.
Sonrió cuando Corky salió con su hijo atado con uno de esos abrigos de Boba, con sus pequeñas piernas colgando. Cuando este se acercó a Jesse, el alfa besó a su hijo en la cabeza, y luego le dio un rápido beso a Corky.
Lo que no daría por tener eso, alguien que lo mirara como si fuera el mundo entero de esa persona.
Incluso Kenny tenía alguien con quien compartir su vida. Estaba embarazado del hijo de Rider, y parecía que este quería agarrarlo y entrar corriendo a la casa para poder tener relaciones sexuales.
El, por otro lado, estaba allí con un plato de ensalada de papa, mirando a los hombres ardientes que lo rodeaban. Simplemente no le gustaba el hecho de que eran shifters lobos. Se comportaba, actuando con valentía, pero en realidad, todos lo asustaban.
Eran depredadores y él era una presa. Algunos lo miraban de vez en cuando, como si lo evaluaran como si fuera su próxima comida.
O como posible compañero de cama, y le gustaba esa opción mucho más que ser comido. Aun así, no podía dejar de mirar la forma en que las dos parejas interactuaban. La forma en que se tocaban, las miradas que se daban el uno al otro, y cómo parecían tan perfectos juntos. Suspiró, deseando tener un cariñito también.
Mientras dejaba el cuenco sobre la mesa, faros iluminaron el oscuro bosque. Había escuchado a los otros hombres hablando antes, y por lo que había averiguado, los humanos estaban invadiendo estas montañas, en busca de los shifters.
Se puso tenso al contemplar a los hombres que lo rodeaban, pero no parecían desconcertados por el recién llegado. De hecho, siguieron hablando y comiendo como si la camioneta no se hubiera detenido.
Excepto Jesse que miró hacia allí, con un movimiento de sus ojos. Decidió que, si el alfa estaba tranquilo con respecto al recién llegado, debería estarlo también.
La camioneta se detuvo y la puerta del pasajero se abrió. Un tipo grande se deslizó y se volvió hacia el conductor.
—Gracias por el aventón —, dijo, mientras cerraba la puerta.
Se quedó boquiabierto, mientras su corazón se aceleraba como loco.
Miró al hombre más hermoso que jamás había visto. El tipo lucía una sonrisa sexy, del tipo infantil, resplandecientes ojos verdes y una cabeza llena de negro, brillante cabello.
Cuando Corky pasó, lo agarró del brazo. — ¿Quién es ese?
Este miró por encima del hombro. —Es Mew. —Se volvió hacia él y movió sus cejas. — ¿Por qué, te gusta?
Gustar no era la palabra que hubiera usado. Lujuria. Esa era una mejor descripción. Soltó el brazo de Corky y parpadeó un par de veces, asegurándose de que no estaba viendo cosas.
—Juro que a veces no te comprendo—, le dijo Jesse a Mew mientras se acercaba. —Te sigues quedando varado.
—Sí, pero me deshice de ese camión. —Heath parecía orgulloso de sí mismo. —Lo vendí por un par de grandes.
Jesse frunció el ceño. — ¿Cómo diablos lo hiciste cuando ni siquiera te pertenecía?
—Soy así de bueno—Mew se rió entre dientes y su corazón dio un vuelco. No pudo dejar de mirarlo embobado. Su camisa de franela estaba desabotonada, mostrando un pecho cincelado que quería lamer.
—Cierra la boca antes de que atrapes moscas —dijo Kenny con una risita, mientras se movía para pararse junto a él. Kenny había ido a las montañas después de que un alimentador había invadido su casa, y lo había seguido, sin que nadie lo supiera. Rider no había estado feliz al encontrarlo en su balcón, pero al menos no lo había echado.
Se encogió de hombros, mientras seguía mirando a Mew.
—¿Qué puedo decir? Es ardiente.
—Realmente no lo conozco —, dijo Kenny. —Se va mucho, haciendo cosas para Jesse.
No le molestaría conocer a Mew mejor. Preferiblemente mientras estaban en forma horizontal y desnudos. Le gustaría montar ese lobo hasta que estuviesen demasiado cansados para respirar.
—Voy a controlar a Pops —, dijo Kenny. —Se niega a salir, porque su programa favorito está en vivo.
—Sabe que puede grabarlo y verlo más tarde, ¿verdad? —Amaba a Pops. Era el abuelo de Kenny había criado a este desde muy joven después de que su padre lo había abandonado.
Eso lo hizo hizo pensar en el suyo propio. Había tenido una discusión con él días atrás, porque quería que actuara como un adulto, él todavía estaba tratando de descubrir que quería hacer con su vida. Todavía no podía entender por qué eso era algo malo.
Tal vez debería llamar a su papá. Nunca se había ido por tanto tiempo, y sus padres probablemente estaban preocupados por él. Amaba a su padre a de forma abrumadora, simplemente no lo veía a los ojos la mayor parte del tiempo.
Pero eso no era nada inusual. Su padre y el siempre discutían. Era duro con él, pero sabía que era porque le importaba mucho.
—¡Pops!
Se volvió para ver al abuelo de Kenny caminando hacia ellos, vistiendo nada más que sus boxers holey y un par de zapatillas maltratadas.
Jesse gruñó. —Lo juro, si tengo que ver sus bolas una vez más.
Rió disimuladamente cuando Kenny corrió hacia su abuelo, persuadiéndolo para que volviera a la casa. Rider se apresuró y ayudó, cuando Pops trató de apartar las manos de Kenny.
Le encantaba ver cómo interactuaban Rider y Kenny, como si Kenny fuera el mundo entero de Rider. Sabía a ciencia cierta que si hubiera sido un extraño el que había aparecido en lugar de Mew, todo el grupo habría descendido sobre la persona.
Los Shifters eran súper protectores con su pareja, especialmente cuando esta estaba embarazada. No sabía que los hombres pudieran cargar con un niño. La idea le resultaba extraña, pero no era un tipo prejuicioso. Si Kenny estaba feliz, eso era todo lo que le importaba.
Cuando se dio media vuelta, saltó. Mew estaba tan cerca, que prácticamente podía sentir el calor que salía del cuerpo de este.
—¿Y quién eres tú? —Preguntó Mew, dando un paso más cerca, haciéndolo retroceder un paso. La mirada de Mew era intensa mientras lo miraba de arriba y abajo con hambre en los ojos.
—¿No la cena? —Su corazón latió como loco, mientras miraba las dos puntas afiladas que sobresalían de la boca de Mew. ¿Por qué sus caninos se alargaron? Si planeaba comerlo, ¿los otros chicos lo salvarían o dejarían que Mew se lo tragara?
El lado de la boca de Mew se curvó en una seductora sonrisa.
—Quise decir tu nombre.
—G-Gulf. —Quería huir y acurrucarse en el hombre al mismo tiempo.
—Y retrocede antes de que me hagas patear tu trasero.
Mew se rió entre dientes. —Me gusta tu fuego.
El humor huyó de la expresión de Mew. Sus cejas se hundieron mientras lo olfateaba. ¿Qué demonios estaba pasando? ¿Por qué él? Sus ojos se abrieron de par en par cuando el aroma fuerte, masculino y almizcleño llenó el aire entre ellos.
Mew era su compañero.
Este debió haberse dado cuenta de esto, también. Lo agarró cuando gritó. Un dolor agudo le cortó el hombro donde Mew acababa de morderlo.
Aturdido por lo que Mew había hecho, cambió y se dirigió hacia el oscuro bosque.
Mew estaba parado allí un segundo, aturdido de que su lobo se hubiera apoderado de él tan rápido, tan fácilmente, y al siguiente, estaba en el piso con Avery golpeándolo.
Por el rabillo del ojo vio a Gulf cambiar y despegar, pero no pudo apartar al beta lo suficiente como para perseguir a su compañero.
—No le diste una maldita elección —gruñó Avery. Que lo golpeó con el puño en la cara una y otra vez hasta que logró alejar a Avery. Los puños volaron, los gruñidos estallaron y la sangre salpicó mientras luchaban.
Finalmente, Jesse y los otros hombres los separaron.
—No le diste opción—Avery lo apuñaló con su dedo, sus facciones oscuras, sus caninos desnudos. Nunca antes lo había visto tan enojado.
—Mi lobo no me dio otra opción —argumentó. — ¡Ni siquiera sabía lo que estaba haciendo hasta que sucedió!
Avery giró en círculos, frotándose la cabeza, gruñendo mientras le lanzaba miradas furiosas Sabía por qué Avery estaba tan lívido. El padre de este había forzado a su madre a aparearse, había abusado de ella y terminó matándola.
Era un tema malditamente doloroso para él. ¿Cuántas veces escuchó a Avery hablar sobre los Risings? ¿Cuántas veces Avery dijo que los detestaba por morder a sus parejas antes de explicarles una maldita cosa? Los compañeros de los shifters oso estaban felices, pero eso no le importaba a este. Y ahora había apuntado ese odio hacia él.
—Ve—Jesse lo empujó. —Ve a buscar a Gulf.
Con el labio curvado de Avery, cambio y fue al bosque donde había visto correr a Gulf. Pronto el cuerpo de su compañero pasaría por el cambio, permitiéndole a este llevar a su cachorro. Y después de eso, entraría en calor. Cualquier shifter que oliera a Gulf lo sabría e intentaría impregnarlo.
Gruñó ante la idea mientras se movía más rápido, empujándose hasta los límites mientras rastreaba a su compañero. Si alguien estuviera lo suficientemente loco como para acercarse a Gulf, los mataría.
Perdió el olor de su pareja unas cuantas veces, cuando llegó a un par de arroyos que Gulf había atravesado, pero volvió a levantarse treinta minutos después de despegar de la casa. Encontró al zorro acurrucado dentro de un árbol ahuecado, con la cola alrededor, temblando, mientras escondía su rostro con sus patas. Cambio y buscó al zorro y se sorprendió cuando el animal trató de morderlo.
—No tienes que ponerte irritable conmigo—dijo. —No te mordí a propósito.
Grandes ojos de amatista llenos de furia lo miraban.
—¿Qué, crees que estoy mintiendo? —Permaneció encorvado, manteniendo su mano cerca de Gulf, esperando que esa expresión furiosa abandonara sus ojos.
—Está bien, sé que lo arruine. Aun así, no lo hice a propósito. Era mi lobo. Lo juro. ¿Ahora podemos ir a casa? No quiero quedar atrapado aquí si pasa un alimentador. Puedo luchar por mí mismo, pero te tengo a ti y me gustaría mantenerte a salvo. Todavía puedes estar enojado conmigo.
Eso lo tengo. Pero prefiero que estés enojado conmigo en casa.
La cabeza del zorro se disparó, sus ojos se abrieron de par en par.
Corrió hacia él y saltó a sus brazos.
—Supongo que sabes sobre los alimentadores.
El zorro le mordió el dedo. No muy fuerte, pero lo suficiente como para hacerle saber que no iba a salirse con la suya.
—La forma más rápida de llegar a casa es si cambio y corremos juntos.
Dejó a su compañero y cambio, pero en lugar de que Mew corriera junto a él, le saltó sobre la espalda. No estaba seguro de qué tan bien funcionaría esto, pero fue hacia su casa mientras Gulf le clavaba las garras en la espalda.
Soportaría el dolor, pero cuando llegaran allí, iba a tener una larga discusión con Gulf acerca de huir corriendo hacia la oscuridad.
Estaban a medio camino a casa, cuando una luz brillante lo cegó. Se paró en seco, desalojando a Gulf de su espalda. Su compañero salió volando y chocó contra un árbol antes de desplomarse en el suelo.
Gruñó, apresurándose hacia Gulf, pero fue bloqueado por un hombre con un rifle.
—Creo que le di uno—gritó el hombre. —Llevaba un zorro en la espalda. Los animales normales no hacen eso.
Cuando miró hacia donde Gulf había caído, su compañero se había ido. Rezo rezó para que Gulf corriera a casa y no que tratara de escapar de él.
El humano lo apuntó con su rifle, quien giró y corrió lo más rápido que pudo para escapar. El sonido del disparo de la pistola hizo eco en el bosque y algo caliente cortó en sus cuartos traseros. Cayó, aullando, pero se obligó a levantarse y salió disparado, luchando por ignorar el dolor mientras trataba de alejarse lo más posible de esos bastardos.
Cuando finalmente disminuyó la velocidad, cojeó hacia el árbol más cercano y colapsó. No podía quedarse allí mucho tiempo. Necesitaba encontrar a Gulf. Pero tenía que descansar y dejar que la bala saliera.
Cuando sanara, regresaría después por esos humanos y les arrancaría la garganta.
Gulf estaba completamente en pánico. Había huido, pero había intentado dar la vuelta para encontrar a Mew. Cuando regresó, Mew se había ido y esos humanos lo habían apresado.
Ahora se encontraba en un trasportín de gatos en la parte trasera de un camión. Esto era demasiado embarazoso y aterrador. No tenía idea de qué iban a hacer con él.
Lo único que podía hacer era esperar que Mew lo siguiera y lo encontrara a tiempo.
Ahora lamentaba haber intentado morderlo. Se había sentido asustado y molesto, pero eso no significaba que no quisiera conocer mejor a su pareja.
Tampoco que estuviera en contra de su apareamiento. Vio lo feliz que estaba Kenny, y él también quería ese tipo de felicidad. Pero cuando el camión redujo la velocidad en la carretera y dobló, se dio cuenta de que tal vez no tendría esa oportunidad.
Lo que le asustaba más ahora era que había escuchado un disparo resonar en el bosque. ¿El humano había dado en el blanco? ¿Mew estaba muerto? No quería creer que eso fuera posible, así que dejó de pensar y se rehusó a entrar en pánico al respecto.
Mew tenía que estar vivo. Tenía que estarlo. Si no lo estuviera, ¿quién lo rescataría?
Cuando la camioneta frenó hasta detenerse, se empujó lo más atrás que pudo en el trasportín, incluso sabiendo que eso no le haría ningún bien. El portón trasero cayó, y el tipo que lo había agarrado en el bosque hizo una mueca.
—Vamos a hacer que cambies. Mi jefe quiere saber cómo funciona, y lo vas a mostrar.
El pelirrojo metió la mano en la jaula, le hundió los dientes en el dedo del hombre.
— ¡Hijo de puta! —Retiró la mano y la acunó mientras la sangre manaba de la herida.
—No te atrevas. —Un rubio se acercó al portón trasero y agarró la muñeca del pelirrojo. Creía que el pelirrojo estaba listo para dispararle.
—De todas formas, ¿por qué diablos tratas de sacarlo de la jaula?
—Encárgate de él—ladró el pelirrojo. Lo miró con desdén. —Si te vuelvo a ver otra vez, te voy a despellejar y usar tu pelo como un sombrero.
Si hubiera sido capaz de levantar el dedo medio y sacar la lengua, lo habría hecho. También le habría dicho al pelirrojo que se muera. Pero no iba a cambiar para ninguno de ellos, sin importar lo que le hicieran.
Continuaría actuando como un zorro salvaje, como si no tuviera idea de lo que estaban diciendo y estuviera asustado. Que era como estaba.
El rubio levantó al transportador de la parte trasera del camión. Ahora podía ver dónde estaba. Sin embargo, su entorno no le decía mucho.
Todavía estaban en el bosque, como si ya no hubiera una tonelada de árboles rodeando Howling Cavern.
Si, estaba en Howling Cavern.
El hombre lo llevó hacia un sencillo edificio de ladrillos y podía notar más detalles cuanto más se acercaba. Como por ejemplo las cámaras montadas alrededor del exterior y el teclado electrónico al lado de la puerta.
Este no era un edificio ordinario. Tenía la sensación de que lo llevaban a un laboratorio. Si tuviera forma de llamar a Kenny por ayuda. No es que su mejor amigo pudiera hacer nada, pero podía decirles a los lobos dónde se encontraba y así podrían rescatarlo.
Pero no tenía su teléfono celular con él. Ni siquiera podía cambiar y encontrar un teléfono para usar.
Justo dentro de la puerta había un largo pasillo blanco. El hombre que lo llevaba, dobló en una esquina, luego usó una tarjeta de identificación para entrar en la habitación frente a la que estaba parado. El sonido de las cerraduras electrónicas hizo que sus entrañas se congelaran.
La habitación estaba llena de filas y filas de jaulas. Al pasar, vio dos leones de montaña, un lobo, unos conejitos y... ¡no!
Dos zorros estaban en una de las jaulas de la izquierda. Los reconocería en cualquier parte. ¡Los humanos habían capturado a sus padres! Su madre estaba acurrucada detrás de su padre, que mostró sus afilados dientes cuando los humanos los pasaron.
El rubio abrió una jaula en el lado derecho, luego abrió la puerta del trasportín, lo arrojó a la celda de la prisión y la cerró con llave.
El tipo bajó el trasportín y se alejó. Se dirigió a la puerta, mirando a sus padres, que estaban justo al otro lado de la pasarela. No podía decirles nada ni preguntarles cómo habían terminado allí. La jaula era demasiado pequeña para que cambiara.
Su padre lo miró, sus ojos ligeramente redondeados. Su madre gimoteó mientras se movía hacia el frente de su jaula.
¿Qué diablos estaba pasando aquí? Había oído que los militares estaban fuera para matar a los shifter, no para capturarlos. Por supuesto, estaba agradecido de no haber sido asesinado, pero no estaba tan seguro de que fuera una bendición. No cuando estaba a punto de convertirse en un experimento de laboratorio.
Por favor, Mew. No te rindas conmigo. Por favor rescátame y a mis padres.
Había comenzado a acostarse cuando sintió un dolor en el estómago.
Gimió cuando se tambaleó hacia atrás. Su piel se calentó demasiado y quiso arrancarse el maldito pelo solo para poder enfriarse.
Una ola de mareo lo hizo tambalear. Se derrumbó en el suelo de la jaula, jadeando cuando sintió que un cuchillo le cortaba el vientre.
¿Qué mierda loca en el infierno esta pasándole?