Parte I
—Oye, ¿acaso estás sordo? —JiMin resopló cruzado de brazos viendo al pelinegro actuar como si él no estuviera allí de pie a un lado de la barra queriendo llamar su atención —. Te estoy hablando, es tu deber como barista atenderme, idiota.
—Señor —el pelinegro levantó la mirada hacia él, sus ojos oscuros se veían hoscos y molestos en su dirección —. Creo que está siendo inconsciente de su alrededor, pero por si no lo ha notado hay una fila a un lado suyo esperando por ser atendida. Por favor, fórmese, de ese modo podré atenderlo cuando sea su turno.
JiMin frunció los labios volteando la cabeza hacia el lado notando la fila de no más de siete personas, las miradas de los comensales en la fila eran de desagrado y malestar total hacia él. A JiMin no le importaba, esas personas eran insignificantes a su lado. Soltando un suspiro peinó sus cabellos rubios con dedos dulces ignorando las palabras del pelinegro.
Decidió quedarse allí mismo, esperaría a que las siete personas fueran atendidas y luego haría que el pelinegro llamara al gerente para quejarse por el mal trato para con él; sonrió. Su parte favorita del día era siempre poner en su lugar a aquellos que se atrevían a contradecir sus órdenes como si no supieran quién era él.
¿Quién demonios no lo conocía?
Exactamente, todos sabían quién era él.
Park JiMin.
Aun así, en el fondo sabía que era una vaga excusa para desquitar todo su enojo contra alguien; estaba mal, él era consciente de eso. Sin embargo, desde que despertó había tenido un mal día, iniciando por el hecho de haber discutido con su padre —de nuevo—, teniendo un desayuno amargo, llegando tarde a una reunión de trabajo y luego, siguiendo con su cafetería favorita cerrada.
Había entrado de casualidad a aquella cafetería notando que estaba justo en frente de su sitio habitual. Sin opciones y sin tiempo, decidió que le daría una oportunidad, total, había notado desde el otro lado de la calle que tenía buen movimiento de clientela, no estaba de más probar algo nuevo, claro si él fuera la clase de persona a la que le gustaba innovar en su diario vivir. Realmente estaba bastante malhumorado al no tener su dosis de cafeína regular. En su cafetería favorita ya sabían cómo le gustaba su café.
¿Por qué demonios Hoseok tendría cerrada la cafetería aquella mañana?
Ugh, le preguntaría después, además de reprenderle por no haberle avisado con anticipación.
—Ahora si —la voz tosca del pelinegro llamó su atención, se había sumido lo suficiente en sus pensamientos para no percatarse que, las siete personas ya habían sido atendidas. JiMin lo miró —. Buenos días y bienvenido a Choi’s Coffee, ¿qué desea ordenar?
La voz del pelinegro fue sistemática, casi como si estuviese programado para decir aquella frase a todo aquel comensal que ingresara a la cafetería. Su gesto se torció mirando el menú sobre la cabeza del chico, los diferentes tipos de café no llamaban su atención y no veía el regular que él solía consumir.
Soltó un suspiro cansino regresando la mirada al chico, el pelinegro permaneció con su mirada sobre él totalmente imperturbable.
—¿No tienes latte de vainilla? —preguntó en tono aburrido ladeando la cabeza, el pelinegro arqueó una ceja —. No lo veo en el menú y es un café clásico.
Él resopló. —Como puede ver en el menú, no servimos café clásico; pero puedo preguntarle al gerente si es el caso —declaró en el mismo tono aburrido, JiMin asintió un par de veces —. En ese caso, hágase a un lado en lo que esperamos al gerente, debo atender al resto de clientes.
JiMin frunció el ceño. —Oye, quiero que soluciones primero mi situación en vez de seguir trabajando.
—Señor —su voz sonaba impaciente, el ceño de JiMin se pronunció aún más —. Hay fila tras usted, es mi deber como trabajador dar un buen servicio. Por favor, espere a un lado de la fila.
—Mira idiota —gruñó malhumorado inclinándose sobre la barra cuando apoyó sus palmas sobre ella, el pelinegro volvió a arquear una ceja manteniendo una mueca desinteresada en su rostro —. Será mejor que llames a tu gerente ahora y resuelvas mi pedido antes de que decida hacer una llamada y clausurar este maldito local, ¿me entiendes?
El pelinegro alzó ambas cejas con incredulidad por un par de segundos, su mirada se dirigió tras de él a los posibles clientes que esperaban ser atendidos. Soltando una sonora exhalación que demostraba toda la irritabilidad que seguramente estaba sintiendo en ese momento giró hacía su compañero que tenía una pequeña mueca de preocupación en su rostro.
—Oye, Sunwoo, cuida la caja por mí —dijo sin tono.
Sunwoo saltó en su lugar asustado, asintiendo repetidas veces. —Claro JK, será mejor que te apresures.
JK…
¿Sería un simple sobrenombre? Pensó JiMin cruzándose de brazos sin moverse un centímetro de su lugar.
JK asintió dándose media vuelta caminando hacia la parte trasera del negocio, JiMin suspiró mirando sobre su hombro a las personas tras él que cuchicheaban como si él no fuese consciente que la conversación trataba de él. Sonrió divertido.
—¿Quieren decirme algo? Soy todo oídos —retó de manera burlona, las dos chicas se sobresaltaron nerviosas, sonrojándose avergonzadas mirando en cualquier dirección que no fuera él —. No muerdo.
—N-no, lo sen-sentimos, señorito Park —musitó una de ellas haciendo una reverencia —. Sólo que-queremos ordenar.
JiMin rodó los ojos. —Háganlo.
El rubio se movió a un lado de la barra golpeando sus dedos en una melodía desordenada sobre ella mientras Sunwoo atendía a las dos chicas; una chica apareció al lado de Sunwoo ayudando a hacer los diferentes pedidos mientras esperaban el regreso de JK. Suspiró con impaciencia mirando en la dirección en la que el pelinegro había desaparecido.
¿Cuánto iba a tardar en traer al maldito gerente?
Su malhumor estaba empeorando.
Unos minutos después JK apareció caminando con la cabeza baja tras un hombre robusto y alto de cabellos castaños y sonrisa de comercial que poco o nada impresionaba a JiMin. El hombre abrió los ojos por un par de segundos que supo disimular —al menos para cualquiera que lo hubiera visto, pero no para JiMin— en cuanto su mirada recayó sobre él.
JiMin sabía que causaba esa impresión, sobre todo si llegaban a reconocerlo.
—Joven Park, es un placer tenerlo en mi negocio —dijo el hombre cuando estuvo frente a él del otro lado de la barra, JiMin arqueó una ceja —. Oh, disculpe, soy el gerente del lugar, mi nombre es Jaebeom.
—Genial —asintió con desinterés —. ¿Le ha dicho su empleado cuál es la situación?
Jaebeom se tensó ligeramente en su sitio manteniendo su sonrisa de comercial girando un poco para mirar sobre su hombro al pelinegro, el chico se había mantenido en silencio con la cabeza baja y los puños apretados a los lados de su cuerpo, parecía molesto.
—Por supuesto, no tenemos esa clase de café simple debido a que manejamos otras bebidas más elaboradas, sin embargo, podemos hacer la excepción si todavía quiere su café, joven Park —la mano del hombre se dirigió a la nuca de JK halándolo hacia adelante, obligándolo a hacer una pequeña reverencia —. Mis más sinceras disculpas, joven Park, haré que Jungkook reciba su merecida reprimenda por esta situación tan desfavorable para usted.
JiMin sonrió con satisfacción. —Está bien.
Jungkook, ese sí debía ser su nombre. Pensó.
JiMin lo escaneó con la mirada viendo su cuerpo completamente tenso seguramente y debido a la cólera o la humillación del momento, tal vez ambas.
Su sonrisa se amplió. —Haré la orden, necesito mi café.
—Claro que sí, joven Park, enseguida —Jaebeom soltó su agarre sobre Jungkook dándole una mirada asesina cuando el pelinegro se enderezó —. Haz tu jodido trabajo, atiende bien al joven Park, Jeon.
Jeon Jungkook. Anotó en su mente aquel nombre.
—Enseguida, gerente —musitó entre dientes Jungkook.
—Cualquier cosa que necesite, puede volver a llamarme. Vendré de inmediato, joven Park —Jaebeom sonrió ampliamente en su dirección, JiMin asintió con su mirada fija sobre el pelinegro.
—Sí, gracias. Sólo quiero mi café.
El gerente asintió dándole una palmada en el hombro a Jungkook, giró en su sitio alejándose de allí dejando al pelinegro para atender al rubio. Jungkook le dio una mirada completamente hosca viendo la sonrisa divertida en aquel atractivo rostro; era un dolor de culo lidiar con personas así, pero aparentemente, éste tipo era un dolor de culo diferente. Parecía ser alguien importante, Jungkook no podía saberlo.
No es que tuviese tiempo para estar pendiente de la vida de los famosos, por más bonitos que fueran.
—¿Cómo desea su café, señor? —murmuró Jungkook cruzándose de brazos.
JiMin observó los músculos de la zona contraerse ante el movimiento, se relamió los labios levantando su mirada al pelinegro, éste arqueó una ceja, dubitativo, en su dirección.
—Un latte frío con dos pumps de vainilla, sin azúcar, con leche de coco y que el café sea amargo —específico, Jungkook asintió —. Poco hielo, hazlo rápido.
—Enseguida, señor —mordió entre dientes empezando a moverse en su sitio para conseguir lo que necesitaba —. Puede esperar en una mesa cercana, lo llamaré cuando su pedido esté listo.
—Oh no —JiMin apoyó el codo sobre la barra recostando su rostro en la palma de su mano, Jungkook blanqueó los ojos —. Te observaré, no quiero que escupas en mi café.
Jungkook resopló. —Lamento decirle que no haría algo tan bajo como eso, incluso si la persona se lo mereciera.
JiMin sonrió, observó en silencio todo el proceso de preparación de su bebida enfocándose de más en las perfectas manos del pelinegro que se movían con gracia y velocidad realizando todo orgánicamente, no lo iba a negar, el chico se le hacía sumamente atractivo con su rostro pétreo y sus miradas hoscas.
Siendo mucho más alto que él, JiMin apostaba a que le llegaba al mentón. Mordió su labio inferior con el pensamiento de empinarse en las puntas de sus pies para tomarlo de la nuca y besarlo; aparte de eso, se veía fuerte, como alguien que entrenaba puesto que, su espalda parecía más ancha que la del otro barista de cabellos rosas. Sunwoo en comparación a Jungkook se veía delicado y bonito, Jungkook era sexy como el infierno con su uniforme de barista y sus cabellos negros cayendo sobre su frente.
—Aquí tiene su latte frío de vainilla, señor —Jungkook dejó el vaso plástico sobre la barra deslizándolo lentamente hasta que estuvo frente a él, JiMin parpadeó saliendo de su ensoñación —. Corre por cuenta de la casa, por el malentendido —aclaró sin mirarlo limpiando la barra con un trapo húmedo —. Que lo disfrute, ojalá no vuelva.
JiMin rio. —Volveré, gracias por mi café Jungkookie.
Jungkook levantó la mirada, estupefacto hacía él, JiMin le guiñó el ojo coquetamente tomando su bebida para salir de la cafetería ignorando el resto de las miradas sobre él. Sonrió después de darle un largo sorbo a su café, no estaba seguro de si era porque Jungkook lo había hecho o algo por el estilo, pero le sabía mucho mejor que el café de su cafetería favorita.
Lo siento, Hoseok. Pensó mientras caminaba calle abajo de regreso a su oficina.
Volvería a esa cafetería sólo por ver al pelinegro y sus ojos hoscos mirar en su dirección. Incluso su malhumor se había despejado después de tremendo espectáculo.
Definitivamente volvería.
Jungkook soltó un gemido molesto viendo al pequeño rubio salir de la cafetería caminando con un encanto natural como si fuera el jodido dueño del mundo.
Probablemente lo es. Pensó malhumorado despeinando sus cabellos negros, suspiró mirando el desastre que había hecho queriendo entregarle pronto el café a don “atiéndeme primero”.
—Hey, ¿estás bien? —su mirada se trasladó a Sunwoo y Yongsun que le miraban con preocupación, el pelirosa se acercó apretando su brazo —. Ese chico da miedo.
—No da miedo —Jungkook rodó los ojos, malhumorado —. Es un idiota pretencioso, seguro es hijo de papi y mami.
—Hijo de papi si es —tarareó Yongsun, Jungkook miró a la rubia arqueando una ceja en su dirección. Yongsun bufó —. ¿Acaso no sabes quién es el rubio?
—No tengo idea, no ando pendiente de la farándula —se encogió de hombros, Sunwoo sonrió divertido —. Entonces, ¿qué es? ¿actor, idol, modelo?
—Ninguna de esas —renegó la chica sacando su teléfono del bolsillo para teclear algo en la pantalla —. Aquí, mira.
Extendiéndole el pequeño aparato, Jungkook lo tomó leyendo brevemente el artículo que allí había.
“Park JiMin, segundo hijo del matrimonio entre Park Minhyun y Park Hana… un empresario en ascenso conocido por ser un total capricho”
Lo es, jodido caprichoso. Pensó todavía enojado.
—Hijo de empresarios —murmuró regresándole el teléfono a Yongsun, ella asintió —. No estoy seguro de haber escuchado esos nombres antes, lo siento.
Sunwoo suspiró. —Park Hana es dueña de una empresa de moda, diseñan ropa JK. Su padre por el contrario creo que es dueño de una cadena de hoteles. ¿Has visto los Park’s Hotels?
—Oh, sí, los he visto —asintió, cerca de su apartamento había uno de ellos —. ¿Es de ellos?
—Si —asintieron los dos chicos, Yongsun se alejó de ellos cuando un nuevo cliente apareció en la caja —. Incluso, el hermano mayor, Park Namjoon tiene una multinacional, creo que sus empresas están enlazadas, no lo sé, pero es una de las familias más ricas de toda Corea.
—Ya veo —Jungkook se apretó el puente de la nariz sintiendo el dolor de cabeza empezar a palpitar en su sien —. Maldición, con razón el imbécil de Jaebeom reaccionó así cuando lo vio.
—JK… —Sunwoo apretó su brazo de nuevo, Jungkook alzó la mirada notando al pelirosa mirar tras él con preocupación —. Jaebeom está de pie en la entrada de su oficina mirando hacía aquí.
Jungkook giró, Jaebeom estaba cruzado de brazos con mueca seria, en cuanto sus miradas se encontraron el hombre le hizo una seña antes de ingresar a la oficina.
Jungkook hizo una mueca. —Sigue trabajando, no te preocupes por mí.
—¿Quieres que le llame a Seung? —preguntó con su mueca de preocupación aun marcada en su rostro ignorando sus palabras —. Todavía le queda una hora para entrar a turno.
—No —negó con la cabeza comenzando a alejarse —. Ni un comentario sobre esto, no lo preocupes.
Sunwoo hizo otra mueca viéndolo ir.
Jungkook ingresó a la oficina cerrando la puerta tras de él cuando Jaebeom le indicó, se mantuvo de pie frente al escritorio esperando a que el regaño llegara a él por su descuidada actitud para con el joven Park.
Tendría que aguantárselo.
—¿Le diste el pedido al joven Park? —Jungkook asintió —. ¿Se fue satisfecho?
—Supongo —murmuró, Jaebeom ladeó la cabeza —. Dijo que volvería.
Jaebeom asintió con una sonrisa de suficiencia, sus manos se movieron por los objetos que decoraban su escritorio. Jungkook se abstuvo de blanquear los ojos, no entendía cuál era el misterio que le ponía el hombre a una simple reprimenda. De por sí, lo había regañado brutalmente cuando se percató de que era Park JiMin quién solicitaba su presencia, Jungkook realmente no había tenido idea de lo importante que era el chico hasta que Yongsun se lo mostró, aun así, creía estúpido tener que arrodillarse a lamerle los pies a un idiota adinerado, los artículos que catalogaban al chico como caprichoso estaban en lo correcto.
Podría tener todo el dinero del mundo, pero era un idiota que no tenía idea de cómo ser un buen ser humano. No es que Jungkook fuera la cúspide de la bondad o la humildad, pero al menos, no trataba al resto como si él fuera superior a ellos.
Le enfermaba esa actitud prepotente y absurda.
—Ah, Jeon… —exhaló después de varios minutos de silencio, Jungkook le miró —. Me siento realmente mal por esto dado a que eres un gran barista, sin embargo, esto es algo que no puedo dejar pasar.
Jungkook frunció el ceño confundido, prefirió mantenerse callado hasta el final. Algo en su estómago se retorció con preocupación.
—Dadas las circunstancias y si es verdad que el joven Park puede estar queriendo volver a esta cafetería, creo que es mejor que el motivo de su malestar no esté cuando eso suceda.
El ceño de Jungkook se pronunció aún más. —Bueno, puede acomodar mis turnos de modo que no tenga que encontrarme con el joven Park.
—Eso no es posible, no sabemos cuándo pueda volver ¿o sí? —Jaebeom sonrió burlón, Jungkook apretó la mandíbula —. Por favor, espera tu cheque de liquidación junto a tu mensualidad que te haremos llegar la siguiente semana. Es mejor que no regreses a trabajar, Jeon.
Jungkook gruñó. —¿Es una puta broma?
—¿Parece que bromeo? —la burla desapareció del rostro contrario, Jungkook se mordió la lengua, irritado —. Puedes terminar tu turno, pero a partir de mañana no se te ocurra volver. No quiero que el joven Park tenga que lidiar contigo nuevamente.
Jungkook suspiró. —Como sea.
Salió de la oficina cerrando de un portazo, Sunwoo y Yongsun le dieron una mirada de preocupación, sin embargo, Jungkook los ignoró dirigiéndose a la parte trasera del local para poder fumar un cigarrillo. Estaba enojado hasta la mierda, gracias a ese imbécil caprichoso había perdido su trabajo.
¿Realmente le estaba sucediendo aquello? Bufó incrédulo.
Recostándose contra la pared, sacó su cajetilla encendiendo prontamente un cigarrillo. Inhaló hondo soltando lentamente el humo tratando vanamente tranquilizarse, no podía creer la ridiculez de la situación, lo único positivo que le veía es que no tendría que lidiar con aquel príncipe pretencioso de nuevo.
Esperaba no verlo otra vez en su vida.
Jodido Park JiMin. Pensó fumando su cigarrillo con la pesadez de la situación haciéndole un doloroso nudo en el estómago.
—Joder —JiMin miró de reojo a su padre mientras éste atendía una llamada telefónica ignorando por completo su presencia en la habitación, sus manos apretaban con fuerza la carpeta que sostenía entre ellas —. Uh, ¿padre?
El hombre le dio una mirada de reojo haciéndole una seña tosca con la mano pidiéndole de ese modo que se silenciara, JiMin blanqueó los ojos con impaciencia levantándose de su asiento. Su padre le dio otra mirada de reojo concentrándose en la conversación ignorando sus movimientos.
Simplemente genial. Pensó con amargura.
Dejó caer la carpeta del nuevo proyecto sobre el escritorio del mayor antes de caminar fuera de la oficina prescindiendo de los susurros de su padre que trataban vanamente de llamar su atención. Al salir, vio a su guardaespaldas sentado cómodamente sobre uno de los sillones de la sala de espera chateando animadamente en su teléfono.
JiMin de algún modo sintió envidia de que, el hombre tuviera una maravillosa relación con un chico dulce y agradable. Él, por el contrario, no había encontrado un buen candidato que aparte llamara su atención. Aunque, si lo pensaba bien había un alguien que sí que llamó su atención varios días atrás.
Incluso había pedido a su secretario que lo investigara.
Sin embargo, había estado tan ocupado con el trabajo creando la propuesta del nuevo proyecto que no había tenido tiempo de visitar la cafetería. Las últimas ocasiones Taehyung se encargó de comprar su café en el sitio de siempre; como JiMin lo había sospechado, el café de Jungkook le gustaba más que el que Hoseok preparaba en su cafetería. Se había sentido malhumorado por el hecho, pero no podía decirle nada a Taehyung debido a que, no sabía que se le había escapado en aquella ocasión al sustituto que le había enviado cuando estuvo de permiso por su quinto aniversario con Seokjin.
—¿Ya terminaste, Jim? —JiMin asintió vagamente alejándose de allí, Taehyung inmediatamente le siguió —. ¿Qué sucedió?
Taehyung era la única persona que conocía la verdadera personalidad de JiMin, había luchado demasiado para ganarse ese privilegio. Era la única persona importante para el rubio, y el único al que consideraba amigo, aparte de Jake quién era su estilista y Yoongi quién era su mano derecha.
—Dile a Yoon que esté pendiente por si mi padre lo llama, será mejor que él trate con las críticas del programa propuesto —murmuró sin responder realmente a su duda.
Taehyung asintió. —Enseguida, pero, ¿te encuentras bien?
—Si —JiMin suspiró peinando sus cabellos, le dio una mirada de reojo al castaño cuando ingresaron al ascensor —. Te veías muy feliz chateando. ¿Era Seokjin hyung?
Taehyung se sonrojó. —Uh sí, me anda comentando que encontró una cafetería genial cerca de la de Hobs.
—¿Enserio? —JiMin le prestó más atención —. ¿Qué piensa él de la cafetería?
—Está bien, es bastante exótica. No sirve bebidas tradicionales, son bebidas más… reveladoras —tarareó sonriendo al teléfono cuando una notificación le llegó —. ¿Quieres ir a verla? Apuesto a que te gustaría algo de ahí —se burló sin mirarlo respondiendo el mensaje que su pareja le había enviado.
JiMin no estaba seguro de si se trataba de la misma cafetería, pero dado a que quedaba cerca de la de Hoseok no estaba de más echarle un vistazo a ver si era o no el lugar de trabajo de Jungkook. Sonrió.
—Está bien, vamos, tengo ganas de algo diferente —Taehyung le dio una mirada confundida levantando la mirada del teléfono cuando salieron del ascensor en el sótano para tomar el auto, JiMin le regresó la mirada —. ¿Qué?
—A ti no te gusta nada nuevo, Jim. Estaba seguro de que me mandarías al demonio y me exigirías que te lleve a casa.
—¡Yo no te exijo! —gruñó cruzándose de brazos esperando a que el menor le abriera la puerta, Taehyung alzó las cejas deteniéndose a unos pasos de él —. ¿Qué esperas? Ábreme la puerta.
—Y dices que no —se quejó haciendo lo pedido, JiMin subió al auto —. Deberías aumentarle a mi sueldo.
—Hace un mes le aumenté a tu sueldo, llorón —JiMin se recostó en su asiento cerrando los ojos esperando pacientemente mientras Taehyung se hacía cargo de movilizarlos —. Además, es tu deber como mi mejor amigo aguantarme.
—Sí, sí… Jim eres un dolor de culo.
JiMin sonrió sin agregar algo más a la conversación sumiendo el auto en un silencio cómodo. Treinta minutos después, JiMin sintió que se detenían, abrió los ojos mirando por la ventana que, efectivamente, estaban frente a la cafetería donde Jungkook trabajaba.
Su estómago se contrajo de emoción esperando esta vez con impaciencia a que Taehyung se bajara y le abriera la puerta. En cuanto lo hizo saltó fuera entrando inmediatamente al lugar escuchando los pasos apresurados del castaño tras él.
—¿Jim? Oh… ya vi a Seok —Taehyung intentó llamar su atención siendo olímpicamente ignorado cuando el rubio continuó su camino hacia la barra —. ¿JiMin?
JiMin observó fijamente la espalda del pelinegro, algo en él se veía diferente, no obstante, estaba seguro de que era Jungkook. El pelirosa de la vez pasada estaba a su lado sonriendo divertido y de algún modo coqueto apretando su brazo mientras platicaban, aquello no le gustó a JiMin.
Se apoyó sobre la barra una vez cerca carraspeando para llamar la atención de los dos hombres, Sunwoo fue el primero en mirarlo borrando su sonrisa con una mirada de completo terror mientras el pelinegro se giraba de perfil. En ese momento, JiMin se dio cuenta de que no era Jungkook, eso sí, se veía muy parecido a él.
—Joven Park —murmuró Sunwoo acercándose inmediatamente a la barra —. ¿Qué puedo ofrecerle?
—¿Joven Park? —repitió el pelinegro girando ahora sí en su dirección dándole una mirada desapasionada y completamente hostil. JiMin arqueó una ceja —. Así que este es el idiota aquel del problema de JK.
JiMin bufó. —¿Idiota yo? Parece que no sabes con quién demonios hablas.
Taehyung se posicionó a su lado de inmediato dándole una mirada asesina al pelinegro de ojos oscuros, éste lo ignoró manteniendo su pesada mirada sobre él; mientras más lo miraba más parecido le hallaba con Jungkook.
—¿Es así? Que yo sepa, hay modos de proceder en un lugar lleno de comensales, principios básicos sociales que seguramente un niño rico como tú no tiene idea o desconoce —por alguna extraña razón su modo de hablar le hizo sentir estúpido —. ¿O me equivoco, su alteza?
—Seunnie… —Sunwoo se inclinó hacia el pelinegro apretando su brazo, el pelinegro le miró —. No hagas esto, JK dijo que no quiere más problemas, lo sabes.
—¿Dónde está Jungkook? —JiMin agradecía que Taehyung se mantuviera en silencio, aunque estaba seguro de que sería interrogado cuando tuviera la oportunidad —. Quiero que él me atienda.
—JK no está disponible —murmuró Sunwoo removiéndose incómodo sobre su lugar —. Puedo atenderlo yo, si gusta.
—No, quiero que sea Jungkook quién me atienda. Llámalo y dile que venga, ahora —ordenó golpeando la barra mirando lejos de allí hacia el alrededor, estaba poco concurrido.
—Que jodido descarado —gruñó el pelinegro, molesto. JiMin le miró, su oscura mirada se veía aún más odiosa en su dirección —. ¿Cómo te atreves a exigir eso, bastardo?
—¿Disculpa? —JiMin levantó su mano evitando que Taehyung saltara la barra para golpear al pelinegro, los ojos de él no lo abandonaron en ningún momento ignorando el claro temor que el pelirosa a su lado estaba sintiendo —. Repite eso, imbécil.
—Eres un puto cínico, haces que despidan a JK y ahora exiges que lo traigan como si su persona no valiera nada. ¿Te crees el dueño del lugar, niño rico?
JiMin se congeló en su lugar, su expresión en blanco desconcertó a todos allí. Pues hasta hace unos segundos atrás su mirada ardía enojada, listo para soltar a Taehyung y permitirle golpear al pelinegro bocón.
—¿Qué? —jadeó sorprendido, el pelinegro ladeó la cabeza, confundido con su reacción —. Repítelo.
—Jungkook fue despedido por el gerente el mismo día que estuviste aquí —musitó Sunwoo con una sonrisa triste cuando el pelinegro se negó a decir algo —. Heeseung es su hermano mellizo —señaló al pelinegro.
JiMin negó con la cabeza. —¿Por qué?
—¿Por qué? —se burló Heeseung inclinándose sobre la barra, JiMin le sostuvo la mirada, no dispuesto a dejarse intimidar —. Porque un jodido príncipe vino aquí a hacer lo que le vino en gana, molestando a los clientes y a los baristas. Mi hermano sólo hizo lo que hubiera hecho con cualquier otro cliente nefasto, pero resulta que este cliente nefasto tiene mucho dinero. El gerente creyó mejor que su cara no fuera vista por este ricachón, así que lo despidió sin más.
JiMin frunció el ceño. —En ningún momento pedí que lo despidieran, quiero que él sea el que me atienda. Dije que volvería aquí sólo para ser atendido por Jungkook.
Heeseung retrocedió en su sitio mirando a JiMin como si le hubiese salido una segunda cabeza. Taehyung a su lado le miró con asombro empezando a reír entre dientes, el rubio le dio un golpe en el brazo empujándolo lejos de sí.
—Vete con tu novio, voy a resolver esta mierda. ¿Quién demonios se cree ese gerente para despedir a Jungkookie? Quiero su atención exclusiva para mí —gruñó JiMin sacando su teléfono para extenderlo en dirección a Taehyung —. Busca al dueño de este local y llama a Yoon, lo compraremos.
—Enseguida, Jim —Taehyung tomó el teléfono todavía riendo para alejarse del mayor —. Suerte lidiando con él —murmuró en dirección a los dos baristas que estaban congelados en su sitio incrédulos por la anormal situación.
—¿Qué demonios crees que…?
—Llama al gerente, ahora —interrumpió JiMin con una orden, su rostro era totalmente mortal mirando fijamente a Heeseung sin una pizca de amabilidad en sus ojos.
Heeseung suspiró. —Mira, no sé qué crees que vas a solucionar con esto, pero JK no desea…
—No me interesa, llámalo. Ahora —puntualizó interrumpiendo de nueva cuenta sus palabras.
El pelinegro rodó los ojos dándole una breve mirada a Sunwoo, el de cabellos rosas se encogió de hombros sin saber cómo proceder. Finalmente, Heeseung se alejó de la barra hacia la oficina del gerente insultando entre dientes al rubio caprichoso que le había ordenado como si él fuera una de sus tantas mascotas.
JiMin peinó sus cabellos rubios hacia atrás dándole una mirada penetrante a Sunwoo, el pelirosa saltó en su sitio nervioso por tan intensa mirada.
—¿Eres novio de Heeseung?
—Oh —Sunwoo se sonrojó furiosamente bajando la mirada a sus manos que jugueteaban entre sí —. Uh, no debería…
—¿Lo eres? —gruñó impaciente.
—¡Si señor! —chilló encogiéndose en su sitio, JiMin sonrió divertido —. Llevamos dos años juntos.
—Ya veo —tarareó, ladeó la cabeza inclinándose sobre la barra. Sunwoo le miró con amplios ojos asustadizos —. Escribe mi número, quiero que me informes de cada cosa que mi Jungkookie haga.
—¿Su Jungkookie? —susurró confundido, JiMin asintió —. ¿Le interesa JK, joven Park?
—Puedes decirme JiMin —JiMin alejó su mirada del pelirosa tratando vanamente de que su sonrojo no fuera notable, Sunwoo sonrió conmovido al notarlo —. Sí, he decidido que Jungkookie será mío.
—JK no es gay, oh bueno, nunca lo he visto con una pareja —admitió en voz baja rascándose la punta de la nariz, JiMin regresó su mirada al pelirosa —. Sé que ha salido con chicas en el pasado, pero desde que lo conozco no ha tenido ni siquiera un ligue.
JiMin sonrió. —Sabía que podía contar contigo, anda, anota mi número.
Sunwoo sacó su teléfono rápidamente para hacer lo pedido, consciente de que JiMin había ignorado por completo sus palabras con respecto a que Jungkook no era gay.
—¿Cómo debería agendarlo, joven JiMin? —preguntó en voz baja viendo por el rabillo del ojo a Heeseung acercarse en compañía del gerente.
—Ponme JiMin, así a secas. Trátame sin formalidades, las odio —Sunwoo asintió —. Y no le digas sobre esto a Heeseung, es un secreto entre tú y yo. ¿Entendido?
—Sí, señor —asintió guardando su teléfono una vez el contacto quedó registrado —. Me retiro, tengo que atender.
—Ve —JiMin hizo un ademán con la mano dándole permiso de alejarse, Sunwoo sonrió cortamente haciendo una reverencia para volver a su trabajo, los ojos de JiMin se encontraron con los de Jaebeom quién sonreía ampliamente en su dirección —. ¿Este es el gerente?
Jaebeom se tensó. —Joven Park, que bueno tenerlo de nuevo aquí. Nos presentamos la vez pasada.
JiMin se encogió de hombros, por supuesto, lo recordaba. JiMin rara vez olvidaba un rostro, no obstante, quería que aquel tipo se sintiera insignificante justo como seguramente él había hecho sentir a Jungkook cuando lo despidió sin justa causa. El sólo recuerdo le hizo apretar la mandíbula, molesto.
—¿Ha tenido un problema con Heeseung? —preguntó cuándo JiMin no dio alusión de decir algo más, el rubio le miró —. Será reprendido inmediatamente, parece que los Jeon son problemáticos —rio falsamente.
Heeseung se tensó en su lugar dándole una mirada poco animosa a su gerente, el hombre lo ignoró manteniendo su mirada fija sobre el rubio, JiMin resopló.
—En realidad, quiero quejarme de ti —aclaró con un vago movimiento de mano, su mirada se alejó de ellos buscando entre las mesas el rostro de Taehyung, lo vio al fondo sentado junto a Seokjin hablando por teléfono —. Has hecho algo que definitivamente me ha enojado, hombre.
—¿Lo he hecho? —su voz sonaba estupefacta y temerosa, JiMin regresó la mirada a él asintiendo —. Uh, discúlpeme que lo contradiga, pero estoy seguro de no haber hecho nada para enfadarlo, joven Park.
JiMin suspiró. —Vine aquí con la esperanza de encontrar a mi barista, y ¿qué crees que encontré? Exacto… no a él.
—Me… temo que no le entiendo, joven Park —JiMin blanqueó los ojos —. ¿No le gusta la atención de los baristas en turno?
—Joder —JiMin tomó al tipo de la camiseta inclinándolo sobre la barra dejando sus rostros cerca —. ¿Dónde está Jeon Jungkook?
El rostro del hombre pasó de la confusión a la consternación y luego al temor absoluto.
—Uh, hoy… bueno, él no… —tartamudeó sin decir nada en concreto, JiMin lo miraba con impaciencia y enojo quemando en su avellana mirada —. Hoy es su día libre.
—¿Lo es? —preguntó entre dientes dirigiendo su mirada a Heeseung —. ¿Es eso cierto, Heeseung?
El gerente se removió. —¡Por supuesto! ¿no es así, Jeon?
Heeseung se cruzó de brazos mirándolo fijamente antes de negar con la cabeza.
—El gerente lo despidió hace varios días atrás, específicamente desde el día que estuviste aquí —aclaró sin tono ignorando los murmullos entre dientes del gerente que intentaba vanamente soltarse del agarre de JiMin —. Según el gerente era para no disgustarte con su presencia.
—¿Disgustarme? —se burló soltándolo bruscamente, el gerente retrocedió un par de pasos tomando amplias bocanadas de aire. El fuerte agarre había logrado cortarle un poco la respiración, no podía creer que alguien del tamaño del rubio pudiera tener tal fuerza —. La única razón por la que volvería a este sitio de porquería es por ver a Jungkookie, le devolverás su trabajo.
—Uh, joven Park me temo que… —trató de negar Jaebeom acariciando su cuello con malestar.
—No es una sugerencia, es una orden —interrumpió.
Jaebeom sonrió tenso. —Tengo que hablar primero con el dueño, él no se encuentra aquí justo ahora y es posible que…
—¡Tae! —giró en su sitio ignorando las palabras del gerente, Heeseung inevitablemente sonrió al ver al gerente tan frustrado —. ¿Ya hiciste lo que te pedí?
Taehyung se levantó de su sitio acercándose a él con el teléfono extendido en su dirección y una sonrisa prepotente y cuadrada clavada en su bello rostro.
—Por supuesto, Jim. Enviará los documentos dentro de poco, oficialmente este lugar es tuyo —su mirada se dirigió al gerente que parecía perdido en su sitio, Heeseung por el contrario intentaba disimular la estupefacción que lo llenaba por dentro —. Yoongi está haciendo los trámites finales, él se encargará del resto como siempre.
—Excelente —girando en su sitio sonrió cínicamente al gerente —. Estás hablando con el dueño, haz lo que te he dicho.
—¿Qué? Pero…
—¿No me escuchaste? —gruñó malhumorado golpeando la barra, algunos clientes que estaban cerca se sobresaltaron ante su arrebato —. Quiero que llames a Jeon Jungkook, le pidas disculpas, lo remuneres por lo sucedido y le regreses su trabajo. Hasta entonces… —la mirada de JiMin se trasladó a Heeseung, el pelinegro alzó ambas cejas por tan fiera mirada —. Heeseung será el nuevo gerente a cargo, ya que el negocio es mío ahora elevaremos este sitio mucho más. ¿Entendido?
—Pero… ¿qué? Joven Park, aguarde un momento, usted no puede… —intentó renegar el hombre, con sus manos temblando a sus lados completamente anonadado por los hechos acontecidos.
—Ya lo hice —declaró tosco en su dirección, su mirada regresó a Heeseung —. Encárgate de que Jungkook vuelva, puedo hacer muchas cosas con tal de obtener lo que quiero.
Heeseung asintió. —Hablaré con él.
JiMin sonrió. —Bien, dile que quiero verlo.
—De acuerdo —Heeseung suspiró, su mirada se alejó del rubio ambos ignorando olímpicamente al hombre que balbuceaba lamentablemente sobre su lugar —. Escucha Park, gracias por esto, pero mi hermano no es tu nuevo juguete. Déjalo en paz.
—Creo que estás equivocado en algo, Heeseung —el pelinegro le miró, JiMin sonreía con un brillo significativo en sus ojos —. Jungkook es mío, lo he decido desde el día en que lo vi, así que, acostúmbrate a mí porque de ahora en más, me verás muy cerca de él.
Sin más, el rubio giró sobre sus pies empujando con su mano a Taehyung para encaminarlos a la mesa dónde otro hombre de cabellos lilas estaba sentado. Heeseung suspiró apretándose el puente de la nariz con impaciencia consciente de que su hermano pegaría el grito en el cielo cuando se enterara de la situación.
Ahora resulta que el niño rico se ha encaprichado con él.
Sunwoo apareció a su lado con una mueca entre preocupada y divertida, Heeseung lo tomó de la mano apretando sutilmente sus dedos antes de soltarlo.
—¿Estás bien? —susurró el pelirosa acercándose un poco más a su espacio personal —. ¿Qué te dijo el joven JiMin?
—¿Joven JiMin? —Sunwoo se encogió de hombros, sacudió la cabeza ignorando eso de momento —. Quiere a JK.
—Eso parece —ambos miraron al hombre que seguía de pie cerca de ellos con mirada ausente —. Pobre Jaebeom, parece que le arrancaron el alma de un golpe.
Heeseung sonrió. —Oye, Jaebeom, puedes ir desocupando la oficina del gerente. Ya escuchaste al dueño.
Jaebeom se sobresaltó reaccionando finalmente dándole una mirada llena de odio, giró sobre sus talones caminando con pasos pesados para encerrarse en la oficina azotando la puerta con rudeza. Heeseung no sentía ni una pizca de pena por él, se lo merecía por idiota.
—¿Crees que sea buena idea que Park sea el dueño del lugar? —musitó en voz baja dándole una mirada de reojo a la mesa.
El rubio hablaba por teléfono ignorando a la pareja melosa que parecía compartir un postre entre ellos mientras se hacían mimos. Heeseung se sintió un invasor del momento por lo que, alejó la mirada, tímido, de la situación.
—Si lo creo —admitió, Heeseung miró a su novio —. He leído sobre Park JiMin, tiene grandes proyectos que no creerías que están a su nombre, su asesor y mano derecha Min Yoongi lo tiene en cientos de inversiones impresionantes. Si compró el negocio tan drásticamente es porque de algún modo le ve futuro a este lugar.
—Es una simple cafetería —Sunwoo se encogió de hombros —. Me puso a mí de jodido gerente, debió de ponerte a ti o a Ryujin.
—No conoce a Ryu, sólo a Yongsun noona —aclaró manteniendo la diversión en su tono de voz el pelirosa; apoyó su mano sobre el bíceps del pelinegro, Heeseung hizo una mueca —. Estará bien, Seunnie, tú eres muy inteligente y apuesto a que JK podrá ayudarte.
—Eso es otra cosa que me preocupa —dijo llevando su mirada una vez más al rubio, su rostro era serio y mortal mientras seguía platicando por teléfono —. No quiero que tome a JK como su nuevo juguete personal.
—Dale una oportunidad, tal vez nos sorprenda —murmuró golpeando juguetonamente su mejilla —. Ahora, a trabajar gerente.
—Sí, si… —rodó los ojos escuchando la melodiosa risa de su novio —. Sigue con lo tuyo, iré a revisar a Jaebeom.
—Muy bien —Sunwoo le sonrió ampliamente, Heeseung le guiñó un ojo dirigiéndose a la oficina.
Esperaba que Sunwoo tuviera razón, definitivamente no quería que ese tipo jugara con su hermano.
Jungkook miró la cafetería por fuera apretando con fuerza la correa de su maleta, a su lado se encontraba Heeseung observándolo con una mueca de preocupación en su rostro. Lo último que deseaba es que su hermano se sintiera en la obligación de trabajar allí porque al rubio le apetecía, después de todo, él había sido la razón número uno por la que había dejado de trabajar allí en primer lugar.
—JK… puedes irte si quieres, no estás obligado a esto —musitó Heeseung apretando el hombro del pelinegro.
Jungkook suspiró. —No, en realidad estoy feliz de regresar. Sólo es extraño pensar que ese rubiecito es ahora el dueño de este sitio, no sé qué demonios tiene en la cabeza.
Jungkook no iba a negar lo mucho que lo había sorprendido cuando Jaebeom había llegado a su casa con una carta de disculpas de parte del anterior dueño, una disculpa verbal de su parte y un sobre lleno de dinero que —honestamente— consideraba rozaba lo ridículo ante la cantidad que había dentro. Jaebeom le había explicado que, había sido su error asumir que Park JiMin no lo quería en la cafetería, el mayor había hecho todo un escándalo en el local cuando se enteró que Jungkook ya no era parte del personal; le rogó que regresara a trabajar asegurándole que él ya no sería un problema, JiMin le había quitado su cargo poniendo en su lugar —de manera temporal— a nadie más ni nadie menos que su mellizo, Heeseung.
Cuando Heeseung le confirmó lo sucedido la estupefacción lo había dejado en completo silencio. Al principio, pensó que Park JiMin sólo quería burlarse de él, pero viendo todo lo que había hecho no más para devolverle su trabajo se sentía extrañamente en deuda; de todas maneras, necesitaba el trabajo. Heeseung y él vivían solos y claramente, no se mantendrían sólo con el sueldo de su hermano. Había estado buscando trabajo y aunque tuvo un par de entrevistas ninguna de ellas dio frutos, no iba a negar que se sentía aliviado de regresar al trabajo y en especial a uno que le agradaba.
Todavía sospechaba sobre las intenciones del rubio.
—Sí, bueno… —Heeseung hizo una mueca; según Min Yoongi, el negocio sería administrado por un hombre llamado Jung Hoseok quién era dueño de la cafetería de en frente. JiMin sería el patrocinador económico mientras que Hoseok se encargaría de hacer crecer el sitio de manera estable y segura —. No aparecerá mucho por aquí.
—Si claro —se jactó Jungkook mirándolo. Heeseung se veía sumamente preocupado, sonrió —. Estoy bien, venga, hay que entrar.
Palmeando la espalda de su hermano retomó su paso ingresando al establecimiento, allí sentados en fila estaban todos los trabajadores de la cafetería con dos hombres en traje de pie frente a ellos. Jungkook reconoció rápidamente al hombre rubio de la derecha.
Park JiMin.
—No vendrá seguido —susurró en dirección a su hermano escuchando su suspiro cansino.
JiMin se giró observándolos a ambos con su rostro completamente serio, sus ojos avellanas lo recorrieron lentamente de pies a cabeza regalándole una pequeña sonrisa que prontamente desapareció. No estaba seguro de si había sido su imaginación, había sido demasiado breve el gesto para haberlo estudiado a detalle.
—Llegan tarde —informó el otro hombre, su cabello era absurdamente negro y largo, sus ojos rasgados le hacían parecer un gato enojado —. Acérquense rápido, estamos platicando.
Ambos hermanos asintieron, tomando un par de sillas libres las ubicaron al lado de sus compañeros sentándose prontamente. La mirada de JiMin se mantuvo fija sobre Jungkook siguiendo sus movimientos hasta que sintió el ligero codazo de Yoongi, carraspeó alejando su mirada del menor para mirar a su secretario.
El hombre le sonrió divertido, JiMin resopló.
—Como iba diciendo… —continuó con su voz firme tratando de retomar sus palabras —. No voy a cambiar el estilo de la cafetería, hemos hecho un estudio y notamos que, la clientela fluctúa bastante bien, tiene un buen rango de entradas y ventas, sin embargo, queremos hacerlo aún mejor.
—Si tienen alguna sugerencia de cómo podemos mejorar el establecimiento serán escuchadas, hagan una carta con sus opciones y déjenselas al gerente —señaló Yoongi a Heeseung quién levantó la mano —. Para los que no sepan, de todos modos, es posible que sea un cargo temporal. Si vemos que se maneja bien, lo dejaremos.
—Es posible que cambiemos el diseño interior del lugar —dijo JiMin mirando el alrededor —. Es un sitio acogedor, pero queremos que también se vea lo suficientemente decente para que incluso al aumentar los precios de los comestibles no haya queja alguna. La experiencia de la cafetería debe ser completa, desde la atención, el sitio y por supuesto, la comida.
—¿Habrá algún cambio en el menú de alimentos? Tal vez mantenga las bebidas, pero usualmente sólo servimos postres —murmuró una chica de cabellos azules, JiMin la miró —. Algunos de nosotros tenemos conocimiento en otras áreas que vendrían bien.
—Me gusta tu manera de pensar linda, ¿cómo te llamas?
La chica se sonrojó. —Ryujin, señor Park.
—Ryujin, ¿qué crees que le hace falta al menú?
—Bueno, siempre hay comensales que preguntan por platillos de sal, como dije, la mayoría de los platillos en el menú son postres. Creo que podríamos hacer un menú de sándwiches que vayan con el mismo estilo de las bebidas, algo excéntrico pero delicioso —volvió a murmurar.
JiMin asintió. —Trabaja en eso, si puedes desarrollar un menú convincente lo tomaremos y se te darán los créditos.
—Si, señor Park.
JiMin volvió a mirar a los presentes, sus ojos se encontraron con los de Jungkook. El pelinegro apartó la mirada removiéndose en su asiento, JiMin mordió su labio inferior tratando duramente de no sonreír.
—Por ahora eso es todo, si alguien tiene alguna duda o sugerencia pueden decirle a Heeseung, él se comunicará con Hobs o con Yoon —señaló JiMin al pelinegro a su lado —. Prepárense para abrir.
—Si señor.
Los trabajadores se levantaron de sus asientos reorganizando las sillas en sus sitios correspondientes.
—Jeon Jungkook, tú quédate. El resto vayan a cambiarse —murmuró sin mirarlo prestando atención al documento que Yoongi le mostraba en su Tablet.
Jungkook hizo una mueca deteniéndose cerca de la barra en silencio, los chicos pasaron a su lado palmeando su hombro en señal de apoyo, sonrió a un par de ellos incluyendo a Sunwoo y Heeseung quiénes fueron los últimos en retirarse de la sala.
—Cambia la cláusula tres, estoy seguro de que debatirán sobre la relación precio y beneficio. Si es posible acude a Hoon, pídele que encuentre un vacío legal para nosotros sin que afecte las ganancias del cliente y llama a Nam, quiero almorzar hoy con él —Yoongi asintió.
—Enseguida, por cierto, Jake llamó. Dijo que le ha llegado una nueva colección de trajes Dior, justo los que pediste. ¿Agendo un espacio para ir a verlos? —preguntó el hombre tecleando rápidamente en la pantalla de su Tablet.
—Si, oh y ordena una canasta de su fruta favorita —Yoongi volvió a asentir —. Haz un espacio en el horario de Jungkookie, irá conmigo.
Yoongi detuvo sus movimientos por unos segundos arrastrando su vista hasta el pelinegro quién frunció el ceño confundido. Suspiró con una suave sonrisa en su rostro, como era lo usual, JiMin sólo daba órdenes sin tener en cuenta al resto. Era una terrible costumbre que tenía, pero lo peor es que siempre se salía con la suya.
—De acuerdo, me retiro. Tu padre…
—Sigue con ello, Yoon —le interrumpió, su rostro se endureció ante la mención del hombre. Jungkook quién los observaba fijamente admiró aquello con atención —. Si pregunta por mi…
—Estás ocupado, yo atenderé los asuntos de la nueva propuesta —respondió automáticamente Yoongi, JiMin sonrió besando las dos mejillas del pelinegro —. Quiero un descanso para mañana en la noche, Hobs me invitó a salir.
JiMin arqueó una ceja. —Claro, puedes tomar la tarjeta negra si la necesitas y, lleva un chofer. Hablaré con Tae, no los quiero sin seguridad.
—Bien, adiós, Jim.
Yoongi le dio una pequeña sonrisa a Jungkook antes de salir del local, un auto negro que no había notado estaba estacionado en frente. Un hombre de traje lo esperaba abriéndole la puerta de atrás rodeando el vehículo una vez el pelinegro estuvo dentro.
—¿Necesitaba algo de mí, señor? —preguntó Jungkook regresando su mirada al rubio, JiMin lo había estado mirando intensamente.
—El anterior gerente, ¿habló contigo? —JiMin se acercó lentamente reclinándose delicadamente sobre la barra con sus brazos apoyados en ella.
—Así es —asintió girando su cuerpo hacia el mayor, su mirada avellana parecía estudiarlo —. Me dio un sobre de dinero ridículo y una disculpa verbal junto a una disculpa escrita de parte del anterior dueño.
—Oh, ¿Baek también se disculpó? Le dije que no era necesario —JiMin suspiró —. Se siente responsable por tu despido, pero no fue por él.
—No, no fue por él —recalcó amargamente.
JiMin sonrió tímidamente. —Quería… hablar contigo.
—¿De qué quiere hablar, señor?
—Puedes decirme JiMin, Jungkookie —JiMin movió su mano por la barra jugueteando con sus dedos —. No me gusta que me trates tan formalmente.
—Usted es mi jefe, no puedo faltarle el respeto ¿verdad? —su tono fue presumiblemente rudo, JiMin hizo un puchero —. Entonces, ¿de qué quería hablar?
—No hablaré contigo hasta que dejes las formalidades, y si es el caso, irrumpiré en tu trabajo —se quejó pisando fuertemente en el suelo. Jungkook suspiró —. Vamos, dime JiMin.
—JiMin —musitó entre dientes, el rubio sonrió satisfecho —. ¿Qué ocurre?
—Bueno… —hizo una mueca peinando sus cabellos de forma incómoda, Jungkook arqueó una ceja analizándolo con la mirada. Parecía nervioso si es que podía decirlo de ese modo —. Tae dijo que lo mejor que puedo hacer para cambiar una primera mala impresión es disculparme, aunque honestamente, nunca lo he hecho.
—No me imagino al increíble Park JiMin pidiendo perdón.
—¿Verdad? —JiMin resopló ignorando que el comentario del menor estaba empapado en sarcasmo —. Pero como estamos hablando de mi lindo Jungkookie, puedo hacer una excepción.
¿Lindo Jungkookie?
Jungkook frunció el ceño, su estómago se contrajo extrañado por el absurdo mote.
—¿Así que…?
—Así que… —repitió JiMin tomando una profunda inhalación —. Lo siento, Jungkookie.
—¿Por qué lo lamenta, JiMin? —preguntó, quería cerciorarse de que el hombre supiera porqué se estaba disculpando y no que le estuviera dando una disculpa vacía.
Si se daba cuenta de que no tenía idea, no aceptaría su disculpa.
—Por los problemas que te ocasioné —murmuró, sus mejillas se sonrojaron evitando su mirada. Jungkook lo observaba fijamente —. Sé que mi carácter es complicado, ese día no fue un buen día y también sé que no es excusa, el caso es que... quiero disculparme.
Jungkook se quedó en silencio por unos largos segundos estudiando al rubio a su lado. JiMin se removió impaciente atreviéndose a mirarlo, la oscura mirada del pelinegro era profunda e intensa sobre él. Un escalofrío lo recorrió ante el escrutinio, finalmente Jungkook sonrió.
—Bien, acepto tus disculpas JiMin.
La sonrisa de JiMin fue diferente en esta ocasión, Jungkook parpadeó consternado viendo como la amplia sonrisa hacía de sus ojos dos finas líneas dándole luz a su precioso rostro. JiMin era hermoso, eso no podía negarlo.
Carraspeó apartando la mirada, peinando los cabellos de su nuca con timidez.
—Tengo que irme, pero pasaré después por el café —comentó JiMin mirando su reloj —. Me están llamando en la oficina, es probable que Tae venga a recoger mi café, ya sabes cómo hacerlo.
—¿Cómo se dice, JiMin? —preguntó arqueando una ceja, JiMin se encogió con un pequeño puchero —. No puedes disculparte y seguir en las mismas.
—Bien, bien, lo siento —se quejó con un resoplido, Jungkook se cruzó de brazos —. ¿Puedes por favor encargarte de mi café diario, Jungkookie? Me gusta como lo preparas, y te aseguro que me daré cuenta si no lo haces tú.
Jungkook suspiró. —Si puedo, ¿en qué horario pasará?
—Todas las mañanas, le diré a Tae que le pase mi horario a Heeseung para que puedas tenerlo listo —JiMin le guiñó un ojo, coqueto —. Te veré después, Jungkookie. Te avisaré luego para que me acompañes a mirar los trajes que Jake me trajo, los pedí especialmente para ti. Se te verán increíble estoy seguro.
JiMin comenzó a caminar hacia la salida sacando su teléfono del bolsillo de su traje cuando comenzó a sonar. Jungkook abrió los ojos amplios.
—¿Qué? ¿cómo que trajes, JiMin? ¿JiMin? ¡JiMin! —llamó varias veces, el mayor le miró con una sonrisa divertida ignorando sus llamados hablando por teléfono mientras salía del local.
El auto que lo esperaba estaba allí junto a un hombre castaño que le sonrió divertido cuando sus miradas se encontraron después de que JiMin ingresara al vehículo. Saludó graciosamente en su dirección con una burlona reverencia subiendo en el asiento conductor arrancando para alejarse de allí.
Jungkook resopló. —Increíble.
Decidió no tomar en cuenta las palabras del rubio y prepararse para el trabajo, probablemente no era nada o le estaba tomando el pelo. Al menos, eso quería creer.
¿Para qué necesitaría él un traje? Y de marca Dior.
No, debía estarle tomando el pelo.
Sí, eso era seguro.
—¿Bueno? —murmuró somnoliento al teléfono, alguien estaba llamando insistentemente interrumpiendo su preciado sueño.
—¡Jungkookie! —la animada voz de JiMin llegó desde el otro lado del aparato, Jungkook se sentó de golpe en la cama alejando el teléfono observando el número privado en pantalla —. ¿Estás ahí?
—JiMin, ¿cómo conseguiste mi nuevo número? —peinó sus cabellos carraspeando, su voz se escuchaba grave gracias al sueño.
—Soy dueño del local donde trabajas, cualquier cambio en la información de los empleados llega a mí, duh —recalcó graciosamente, Jungkook suspiró —. ¿Te he despertado?
—Sí, así es, es mi día de descanso —aunque, si se ponía a pensarlo. Estaba seguro de que el rubio sabía eso —. ¿Por qué me llamas?
—Lo sé, yo organicé tu horario —comentó, Jungkook frunció el ceño —. Alístate, iré por ti en veinte minutos.
—¿Qué? —Jungkook volvió a alejar el teléfono de su oreja mirando la hora —. Joder, JiMin, son las ocho de la mañana.
—¡En veinte minutos, Jungkookie!
La llamada se cortó, sus quejas siendo olímpicamente ignoradas. Cayó sobre la cama de nuevo haciendo una pequeña pataleta, quería dormir tan mal, aprovechar su día de descanso. La cafetería iba viento en popa, pero eso era únicamente porque estaban trabajando arduamente con los cambios que JiMin le había hecho al lugar.
Había sido remodelado como anteriormente el rubio había advertido, se había agregado un nuevo menú que Ryujin y Yongsun crearon en conjunto y, además de eso, estaban planeando hacer más sucursales notando el boom que estaba teniendo el sitio.
No le molestaba estar ocupado, después de todo, incluso sus sueldos habían aumentado debido a la cantidad de horas extras que todos habían tenido que realizar. Aun así, su cuerpo clamaba por un verdadero descanso.
Suspirando, retiró las sábanas de su cuerpo dirigiéndose con paso adormilado hacía el baño privado de su habitación. Incluso se había mudado con ayuda de Heeseung y Sunwoo. La pareja había decidido irse a vivir juntos, Jungkook no quería estorbar en su nido de amor, por lo que, buscó apartamentos encontrando uno relativamente económico para la zona en la que se hallaba, una buena zona que aparte quedaba cerca del trabajo.
A veces pensaba que probablemente JiMin tenía que ver con el tema, puesto que, fue Sunwoo quién le envió el link del lugar comentando como alguien se lo había recomendado. No le creía mucho, pero tampoco tenía pruebas para señalar a su cuñado como el informante del rubio.
Sacudió la cabeza tratando de despejar su mente del tema, tomó una larga ducha caliente alistándose brevemente, para cuando salió de su habitación en dirección a la cocina el timbre sonó repetidas veces. Jungkook blanqueó los ojos caminando a la puerta, al abrirla, el rubio estaba allí de pie.
Jungkook lo estudió, eran pocas las veces en que veía al rubio fuera de los trajes formales que usaba. Aunque los trajes le sentaban de maravilla, igual podía admitir que vistiendo un poco menos formal se veía espectacular; JiMin difícilmente se vería mal con algo.
—Buenos días, Jungkookie —JiMin sonrió ampliamente extendiendo una bolsa hacia él, Jungkook la recibió frunciendo el ceño —. Son panecillos de Hobs, son los mejores.
—Buen día, JiMin —saludó finalmente haciéndose a un lado, JiMin pasó sacándose los botines —. Definitivamente te ves tan diferente sin traje.
—¿Diferente mal? —preguntó ladeando la cabeza.
Su boina se afianzaba a su cabello rubio que traía un par de ondas, también se percató del ligero difuminado que había en sus ojos.
Maquillaje.
Había visto a Sunwoo usarlo, su cuñado solía verse más salvaje cuando lo usaba. JiMin inspiraba sensualidad de ese modo, con pantalones negros ajustados y un suéter rojo.
—No, diferente bien —admitió cerrando la puerta, miró el interior de la bolsa. Sintió que su boca se hacía agua con el olor —. Los panecillos de Hoseok hyung son buenísimos, gracias.
—Me dijo que te gustan bastante, por eso traje de tus favoritos —JiMin volvió a sonreírle —. ¿Estás listo?
—Si, ¿quieres desayunar primero? Puedo hacerte un café.
Sus ojos avellanas brillaron, asintió un par de veces.
—Vamos a la cocina —JiMin le siguió de cerca, en ese momento se percató de un detalle —. ¿Cómo sabías donde vivo? No he actualizado esa información en mi hoja de vida.
—Oh —JiMin jugueteó con sus dedos —. Le pregunté a Sunwoo y Heeseung —su sonrisa fue un poco más juguetona —. ¿Te molesta que lo sepa?
¿Honestamente? No.
Se había percatado en esas semanas que JiMin siempre terminaría saliéndose con la suya, pero no sólo eso. Era casi placentero verlo salirse con la suya, Taehyung solía decir que esa era la magia de JiMin. Al principio podía irritarte como la mierda su actitud caprichosa y altanera, pero luego, simplemente terminabas enamorándote de ella y aceptándolo tal cuál era. Todavía había cosas en las que trabajar, pero al menos, cada vez que lo corregía JiMin prestaba atención e intentaba cambiar aquello que a Jungkook no le parecía.
Hoseok incluso le agradeció por hacer sonreír tanto a JiMin, le sorprendió la primera vez que se lo dijo. Jungkook juraba que era usual, pero los cinco hombres —incluyendo a Seokjin, el novio de Taehyung— que rodeaban constantemente al rubio le afirmaron que, sólo sonreía así con él.
—Pudiste preguntarme a mí —decidió no responder a su duda, si aceptaba que no le molestaba entonces JiMin se tomaría más libertades —. No te negaría esa información, jefe.
—No me digas jefe —JiMin hizo un mohín con sus labios observando a Jungkook moverse por la cocina —. Dime amor.
Jungkook se congeló en su sitio girando la cabeza para encontrarse con la sonrisa coqueta del rubio. Esa era otra cosa, JiMin todo el tiempo le estaba coqueteando, invadía su espacio personal, lo tomaba de la mano e incluso en una ocasión llegó a sentarse sobre sus piernas. Si era sincero no sabía cómo sentirse con esa clase de atenciones y actitudes, nunca antes había estado interesado en un hombre, pero era lo suficientemente maduro para admitir que JiMin era demasiado hermoso como para no fijarse en él, aun así, le parecía extraño, pero no malo.
—Amor —murmuró, JiMin borró su sonrisa enderezándose en su sitio abriendo su boca en una perfecta O, sus mejillas adoptaron un sonrojo furioso que le hizo sonreír con satisfacción —. ¿Qué pasa, jefe? Tú mismo me dijiste que te llamara así.
—¡Jungkookie! —se quejó ocultando su rostro tras sus manos, Jungkook rio —. Mejor apúrate para que desayunemos y podamos irnos, Jake nos está esperando.
—¿Otra vez? —arqueó una ceja preparando el café del mayor —. Hace unas semanas atrás me probé los trajes que pediste.
—Y ya llegaron —sonrió amplio aplaudiendo con ilusión —. Te quedarán maravillosos, los usaremos en el evento de unos días.
—¿Evento? ¿qué evento? —terminó de preparar el café acercando el vaso al mayor, para él se sirvió un americano simple —. No me has dicho nada sobre un evento, JiMin.
JiMin hizo una mueca. —Le dije a Tae que te avisara, parece que lo olvidó.
—Entonces, ¿qué evento?
—Es un evento benefactor en uno de los hoteles de mis padres —aclaró —. Puedo llevar un invitado, te llevaré a ti.
—Pensaría que tendrías que ir con Yoongi hyung.
—Yoon tiene su propia entrada, él llevará a Hobs y Tae es mi guardaespaldas, siempre va a donde yo voy —aclaró, Jungkook asintió lentamente —. También le pedí un par de trajes a tu hermano y a Sunwoo.
—¿De verdad? —JiMin asintió sacando los panecillos de la bolsa, le ofreció uno —. Gracias, eso quiere decir que los has invitado también.
—Le conté a Nam sobre ti y dijo que quería conocerte —admitió en voz baja y tímida, Jungkook dejó su taza de lado prestando atención a sus palabras, sabía del hermano mayor del rubio, pero aún no lo conocía en persona —. Como pensé que podrías ponerte incómodo estando solo, Yoon me dio la idea de invitar a tu hermano y cuñado. ¿Está bien?
—Está perfecto, pero ¿cómo sabes que los trajes les quedarán?
JiMin sonrió. —Envié a alguien a por ellos, nos encontraremos en la Boutique de Jake.
—De acuerdo, es hora de irnos.
Cuarenta minutos después ya estaban en la Boutique de Jake, el peligris estaba arreglando su traje cuando Heeseung y Sunwoo aparecieron acompañados de varios hombres en traje. Heeseung se veía consternado e incluso confundido mientras que Sunwoo parecía emocionado.
—¡JiMinnie! —el pelirosa corrió hacia el rubio abrazándolo con emoción —. ¡Te ves genial con ese outfit!
—Tú eres un genio de la moda, debo llamarte más seguido para que me ayudes a vestirme —se jactó JiMin peinando los cabellos rosas del menor, Sunwoo rio.
—¡Oye! Tu estilista te está escuchando —JiMin le guiñó un ojo juguetón —. Pero debo admitir que el rosita tiene talento.
—Oh por Dios, ¡tú eres Jake el diseñador! —chilló Sunwoo admirando con ojos grandes al peligris, Jake sonrió complacido de ser reconocido —. ¡Yo amo tu trabajo! Siempre veo tus vídeos de YouTube.
—¿Enserio? Bueno, gracias, me alegra inspirar a la gente a conocer sobre la moda —su sonrisa fue más amplia —. Si estás interesado, podría darte unas pasantías en mi Boutique.
—¿Qué? —volvió a chillar aún más emocionado, de repente se detuvo mirando hacia JiMin —. Pero la cafetería…
—¿Qué pasa con ella? Si quieres trabajar con Jake puedes hacerlo, es el mejor de los mejores, Sunoo —JiMin apretó su mejilla cariñosamente.
—Guau, recién llegamos y ya ha pasado de todo en unos minutos —musitó Heeseung resoplando, los presentes le miraron —. ¿Qué?
—Ignórenlo, está de mal humor porque lo desperté temprano —se encogió de hombros —. En cuanto a la propuesta, lo pensaré y se lo comunicaré a JiMin. ¿Es posible?
—Claro que sí, lindura —Jake asintió, se alejó un par de pasos mirando a Jungkook —. ¿Qué te parece, Jim?
JiMin se acercó observando detenidamente al pelinegro, Jungkook lo miró esperando algún comentario de su parte. Cuando sus miradas se encontraron un profundo brillo deslumbraba en los ojos del rubio, parpadeando alejó la mirada de su cuerpo sonriendo a Jake.
—Lo has dejado increíble, me encanta —Jake hizo una pequeña reverencia en agradecimiento —. Ahora, haz lo mismo con ellos.
—¿Por qué estás comprando trajes? —preguntó asustado Heeseung, sus ojos oscuros miraron hacía su mellizo —. No me digas que te convenció de casarse.
—¿Qué? —Jungkook giró la cabeza hacia Heeseung —. No es nada de eso, idiota, JiMin quiere que vayamos a un evento benefactor con él.
—¿Evento benefactor? —Heeseung hizo una mueca —. ¿Qué haríamos nosotros ahí?
—En realidad, quería que Jungkookie fuera conmigo, pero no quiero que se sienta incómodo por eso he pensado en que vayan con él —admitió JiMin cruzándose de brazos, alzó el mentón altanero en dirección al pelinegro. Heeseung frunció los labios —. Si no quieres ir, puede ir Sunwoo, él si quiere. Pero te advierto que lo pondré tan malditamente lindo que será admirado por cualquiera que esté presente en el evento.
—Bien, dame un maldito traje, pequeña porquería caprichosa —mordió entre dientes, JiMin sonrió triunfante —. Siempre se sale con la suya, joder —murmuró mientras seguían a Jake tras vestidores.
Sunwoo les regaló una sonrisa divertida antes de que la cortina se cerrara tras ellos. JiMin regresó la mirada a Jungkook, el pelinegro se observaba desde todos los ángulos aparentemente sorprendido de su propio reflejo, sonrió acercándose tras él, sus miradas se encontraron a través del espejo.
—Te queda genial, Jungkookie —susurró, Jungkook sonrió —. Estoy seguro de que deslumbrarás a más de una en el evento.
Jungkook lo admiró, su mirada avellana se opacó por un par de segundos. JiMin lo tomó de la corbata deshaciendo lentamente el nudo, tal vez se vería mejor sin ella.
—Me interesa más que mi pareja se deslumbre —susurró de regreso, JiMin alzó la mirada, sorprendido —. ¿Te deslumbré, JiMin?
—¿Tu pareja? —Jungkook sonrió —. Oh, tu pareja del evento…
Se encogió de hombros. —No has respondido.
—Por supuesto que sí, te ves más guapo de lo que eres —retiró la corbata dejándola a un lado en el mueble, sus manos se deslizaron suavemente por su pecho abriendo los primeros dos botones de la camisa de vestir —. Así te ves mejor, pareces más tú.
—¿Cómo me prefieres? ¿con este traje o con mi uniforme de la cafetería? —preguntó juguetón, rara vez JiMin parecía tan cohibido, debía aprovecharlo.
—Con tu uniforme de la cafetería —admitió con un sonrojo ligero en sus mejillas, Jungkook no esperaba esa respuesta —. Me enamoré de esa versión de ti, Jungkookie, pero esta versión también me gusta. Cualquier versión tuya va a gustarme porque se trata de ti.
Jungkook se quedó en silencio, su mano subió a la mejilla del rubio acariciándola con delicadeza. JiMin cerró los ojos, abochornado por la tierna caricia, pero sin intención alguna de apartarse o detenerlo.
—Tengo algo que decirte el día del evento —murmuró, JiMin abrió los ojos notando que el pelinegro se había inclinado ligeramente sobre él —. ¿Estás bien con eso, JiMin?
—Si —asintió —. Con lo que sea, Jungkookie.
El día del evento…
Tendría que ser paciente.
El día del evento Jungkook le confesaría algo.
Hola, ¡Buenas!
¿Cómo estamos?
Este Os había quedado pendiente antes de que mi antigua laptop se dañara, les había prometido un Os y lástimosamente no logré subirlo a tiempo, por eso, he decidido terminar de editarlo y dividirlo en dos partes. Si esta parte recibe varias reacciones y me gusta entonces la próxima semana subiré la segunda parte cumpliendo con mi palabra de regarlarles un extenso Os.
Espero les guste tanto como a mí me gusta escribirles.
Eso es todo, ¡gracias por leerme!
Hee♡