Parte uno: al dormir
¿Qué haces cuando despertás en un cuarto con goteras en el techo y en las paredes de papel blanco hueso y con pequeños charcos en ella? ¿qué pasa cuando en el fondo de tu mente sabés que eso es un sueño pero no podés creértelo?
Sabés tu nombre, tu edad, de dónde venís, que donde estás ahora no es el mundo en el que naciste pero, aún así, a su vez sabes que estás en tu casa, que estás en tu presente donde ahora existís, sabes que estás en peligro porque el corazón late de miedo golpeándote las costillas. Y por qué de alguna manera reconoces el peligro detrás de las puertas en ese pequeño cuadrado de estilo cuarto japonés.
Yo sé quién soy y sé que estoy en peligro aún en este cuarto donde no recuerdo nada antes de parpadear, luego de haberme quedado dormida en mi otra casa en donde suelo vivir. Tampoco es que pienso en eso ahora el único que pienso es en que sé que esta soy yo ahora y que tengo que correr tengo que escapar tengo que irme de este lugar porque sé que si no no voy a salir con vida Y de alguna manera también sé que hay otros acá adentro no soy la única no soy solamente yo y ese peligro ahí ese que corre como una aire denso y frío que se cuela desde el cuello de mi remera y va bajando lentamente por la columna haciéndome quedar sin aire y temblando
Ahora puedo escuchar los latidos de mi corazón en mis oídos, el tic... tic... tic... de las gotitas de agua que van cayendo y la respiración entrecortada cada vez que siento que ese frío que sé, es el peligro, va corriendo por mi columna. Y además de todo eso... después de ese segundo de comprensión de que soy y no soy quien está en este cuarto puedo escuchar el ruido, puedo escuchar ese sonido de algo desgarrándose y un gorgoteo muy cerca de donde estoy yo. Solo me separa una pared que parece tan frágil como el papel que utilizo para escribir pero no generaba ninguna luz.
Así que no lo pienso, simplemente abro la puerta y en ese pasillo en donde pareciera que se está llenando de agua y encuentro lo que parece ser una especie de humanoide de masa arrugada en color gris con una boca demasiado grande y varios trozos de piel y carne en los dientes. Se que son de la mujer que está debajo pero no quiero pensar en eso, tampoco quiero recordar la sangre que goteaba y cómo parecía que esa sangre hacía globitos a través de la carne y la saliva que goteaba de entre sus dientes cuando me gruñó. Simplemente corrí, corrí lejos porque yo no quería ser esa mujer que ahora estaba muriendo.
Y porque de alguna manera sabía, que yo no estaba ahí para ser devorada o desmembrada. Estaba ahí para salvar a alguien, para salir viva, por más que de alguna manera sabía que solo era un sueño. Así también, sabía que algo muy malo pasaría si me quedaba, yo no iba a dejar que esa cosa me gane.