Juegos peligrosos - Ella es Mía

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Summary

Mía, una joven que tras recibirse de psicóloga acepta ir de viaje a España para hacerle compañía a su mejor amiga Ana. La cual está pasando un momento difícil. Dos hermanos se ven interesados de manera romántica en nuestra protagonista.  Cristóbal y Jeremías comienzan una batalla campal en tratar de conquistarla, ya que ninguno de los gemelos se dará fácilmente por vencido al enterarse de que ella también siente algo por ellos. 

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45
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4.5 2 reviews
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18+

I y II - Un nuevo jugador

Capítulo uno - Un nuevo jugador

Me llamo Mía Carballo y tengo veintidós años. Acabo de recibirme de psicóloga y mis padres me pagaron un viaje a Europa para que vaya de vacaciones sola. Como regalo de graduación y porque quieren mitigar culpas, claramente.

La verdad es que este viaje estaba planeado que lo hiciera con mi hermano mayor Miguel, pero él prefirió quedarse por trabajo y porque está de novio con un chico maravilloso. Lo que me lleva a contarles que lamentablemente ese chico del que se enamoró mi hermano es mi exnovio.

Mi hermano me confesó que era gay hace mucho. No me sorprende que decidiera formalizar con alguien en algún momento. Pero me acaba de decir que está de novio hace seis meses con mi exnovio. De hecho, perdí mi virginidad con ese chico y si me pongo a hacer cálculos, creo que él la perdió con mi hermano. De todas formas, no es la única razón por la cual necesito alejarme de mi casa.

Mi padre me presentó a su novia, una adolescente. Perdón, como dijo mi padre. Ella es mayor de edad. Tiene veintiún años. Es un descaro, él sale con una chica más joven que yo. Y cabe destacar que mucho más sexi. También estudia psicología y pienso que hemos tomado un par de clases juntas. Trato de no pensar en eso porque sinceramente

me siento una tonta. Todos me ocultaron las cosas por miedo a como fuera a reaccionar, pero, aun así, se enojan al no ver la reacción que esperaban al por fin decirme la verdad.

Amo a mi hermano, ¿pero habiendo tantos hombres en el mundo justo tuvo que terminar enamoradísimo de mi ex? Me encanta que mi padre trate de ser feliz al lado de otra persona que no sea mi madre. Porque es obvio que debe rehacer su vida, ¿pero tenía que ser más joven que yo? Me siento como un extraterrestre alejándose de la catástrofe que le profesa su hogar.

Sé que Ana, mi amiga, está pasando un mal momento por lo que me parece bueno viajar a España a acompañarla. No quiero preocuparla, por lo que no le he contado nada de lo que me viene pasando. Ella tiene demasiados problemas. Su prometido está en coma después de sufrir un choque con su auto. Sé que ella lo ama, ya que jamás vi a nadie querer a alguien de una manera tan intensa y por tanto tiempo, así que espero que se recupere pronto.

Al bajar del avión busco mis cosas y me dirijo a la entrada esperando a Ana. En su lugar veo a uno de sus amigos con un cartel con mi nombre. Ya me he puesto de mal humor. Ella me prometió venir por mí, pero, aun así, no lo hizo. Lo saludo de mala gana y me dice que Ana no podía venir porque debía hacer unos trámites. Traté de entenderla y no dije nada. Cristóbal, era uno de los amigos de la pareja de Ana y se habían vuelto muy cercanos. Ella siempre me hablaba de él, al parecer era un chico gracioso, un payaso seguramente.

—¿Qué tal anda Argentina? Hace tiempo que no viajo —me preguntó tratando de hacer conversación.

—Para serte sincera me duele mucho la cabeza y no tengo ganas de hablar —le dije y me dedicó una sonrisa.

Llegamos al departamento de Ana y vi que era pequeño pero muy moderno para ser solo un mono ambiente. Miré a mi alrededor, pero no encontré la cama. Me dio curiosidad y al parecer Cristóbal se dio cuenta y me señaló el sillón.

—Si buscas donde dormir, es aquí —comentó y vi cómo se volvía una cama después de que él empujara una repisa hacia delante.

—Increíble. Muy moderno —dije sorprendida.

—Sí, Ana no tenía como para alquilar algo más grande, por lo que Lau buscó los mejores muebles para este espacio. Coloca aquí tus cosas —me indicó y movió un espejo. Detrás había un armario vacío. En verdad era muy moderno.

—Cuando termines vamos a ir a lo de Lau. Ana nos va a ver ahí —dijo él y tuve que darme vuelta para responderle.

—Prefiero esperarla —recalqué tratando de rechazar su oferta.

—Como quieras. Pero Ana no está durmiendo aquí. Maxi está en la última planta en la casa de Lau. Ahí tiene todo el equipo que lo mantiene… —me explicó, pero se detuvo.

—Entiendo —dije sintiéndome mal por Ana. Me estaba comportando como una mala amiga.

Así que fuimos hasta la casa de Laura. Ella me caía bastante bien, siempre estaba de buen ánimo y era muy buena con Ana. Aunque a veces me hacía sentir celosa. Ya que veía que su amistad había crecido mucho durante estos años y la nuestra se había estancado. Esperaba que en este viaje Ana y yo volviéramos a ser las de antes. Unirnos un poco más.

Llegamos a lo que prácticamente era una mansión, no podía creer que esa fuera la casa de su amiga Laura. Al entrar por la puerta alcancé a ver a Ana con unos globos.

—¡Feliz cumpleaños! —gritaron todos.

Con tantas cosas que me pasaron me había olvidado completamente de mi cumpleaños. Ana y sus amigos me habían organizado una fiesta. Ella vino hasta donde yo estaba y me abrazó fuerte y se puso a llorar. Según me refirió, me había extrañado mucho. Yo le devolví el abrazo y le agradecí por lo que había hecho. Ella no lo sabía, pero ese abrazo fue más para mí de lo que podría pensar. Lo había necesitado por meses. Los demás me saludaron y Cristóbal volvió a sonreírme.

—Juan, baja un poco la música que a Mía le duele la cabeza —pidió Cristóbal y me sorprendí.

—Está bien, gracias por todo. No es necesario —dije para minimizar la preocupación de Ana.

Me contaron sobre los hijos que Ana había llevado en su vientre para Lau y Juan. Fue una sorpresa para mi ver a los niños. Eran muy parecidos a ella. Sobre todo, la pequeña Jazz. Yo estaba segura de que mi mamá tenía alguna foto en la que Ana estaba conmigo y se veía igual a la niña.

***

Capítulo dos - La situación de mi amiga

Me contaron sobre los hijos que Ana había llevado en su vientre para Lau y Juan. Fue una sorpresa para mi ver a los niños. Eran muy parecidos a ella. Sobre todo, la pequeña Jazz. Yo estaba segura de que mi mamá tenía alguna foto en la que Ana estaba conmigo y se veía igual a la niña.

—Estos son tus… —dije y me interrumpí. No quería ofender a Laura.

—Son como mis sobrinos, son hijos de Lau —comentó Ana y me dio a la pequeña Jazmín.

—Los felicito, tienen dos pequeños hermosos y llenos de vitalidad —le aseguré a Laura y Juan.

Todo era tan extraño. Que mi amiga tuviera un bebé que no era suyo me sorprendía, no voy a mentirles. Ella me había mencionado algo. Pero no era lo mismo que verlo en persona. Y no solo eso, sino la relación que tenía con ellos. Si yo no supiera la verdad pensaría que solo son sus sobrinos. En cambio, Laura se comportaba como su madre.

Después de charlar un rato en la sala de planta baja, debajo de esa gran araña de cristal, la cual no podía dejar de mirar. Ana me tomó de la mano y nos despedimos de todos. Ella me llevó a la planta alta. Ahí entramos en una habitación y me comentó que podía dormir ahí esa noche. Le pregunté por Máximo y me dijo que iba a ir a verlo. Que si yo quería podía acompañarla, pero decidí no molestarla.

Me di una ducha y me puse uno de los pijamas que había en su placar. Me recosté y me quedé dormida. Al despertar me di cuenta de que aún no era de día, ya que las bellas cortinas de seda eran trasparentes y se veían las estrellas. Salí del dormitorio buscando la cocina, tenía algo de hambre.

Vi una luz y entré, me quedé en la puerta, al ver a Ana sentada en una silla apoyada sobre una cama. Había muchos aparatos que hacían mucho ruido y estaban llenos de luces. Un hombre estaba recostado. Y una enfermera monitoreaba los aparatos.

—Ella siempre se queda dormida a su lado —susurró Jeremías hablando detrás de mí.

—Lo siento. No quise —dije asustada por entrar sin permiso.

Él me miró a los ojos y después de eso me dio una manta.

—Sostén esto unos minutos —me pidió y fue donde estaba la enfermera.

Habló algo con ella y luego fue con Ana. La sostuvo en sus brazos y la sacó de esa habitación que parecía la terapia intensiva de un hospital. Me pidió que lo acompañara y fuimos hasta mi dormitorio. La recostó sobre mi cama y la tapó. Me pidió la manta y se la puso a Ana.

—Gracias por la ayuda. Buenas noches —se despidió y salió del cuarto.

Me aseguré que Ana estuviera dormida y fui a la puerta para hablar con Jeremías.

—¿Qué es todo esto? —le pregunté cuando llegué a alcanzarlo.

Lo que acababa de hacer era… Todo esto era mucho para mí. Era tan extraño como todos se comportaban y las cosas que hacían.

—Ana está trabajando mucho para mantener vivo a Máximo. Ella participa de todas las actividades musicales que puede para pagar la internación domiciliaria y sus medicamentos. Nosotros cuidamos de ella porque no nos deja colaborar con dinero.

—Pero, pensé que él tenía una empresa exitosa —dije y Jeremías me miró con preocupación.

—La tiene, pero ellos no están casados, por lo que Ana no puede tocar el dinero. Nosotros le ofrecimos ayudarla con los gastos, pero sabes cómo es ella, no nos deja.

—¿Cuánto más va a tener que hacer esto? Ella se está desviviendo por él, se va a enfermar —espeté enojada.

—Tranquila, solo le quedan seis meses. Si Maxi no despierta en ese tiempo, su testamento autoriza a su madre a desconectarlo —dijo con algo de tristeza.

No me di cuenta de que estaba hablando de su mejor amigo. Fui irrespetuosa; sin embargo, Ana era mi mejor amiga y estaba muy preocupada por ella. Pese a que la vi bien en la fiesta, conocía a Ana y su comportamiento era fingido. Trataba de hacer todo lo posible para que yo no empezara a preocuparme y le hiciera las preguntas que ella sabía que venían después de eso.

—Por dios. Que peso carga ella —susurré y me puse la mano en la boca. Me sentía terrible por Ana.

—Por eso la estamos acompañando. Nos da gusto que vinieras. Ella necesita de ti —me comentó y puso su palma sobre mi hombro y sentí un escalofrío. Sabía que no era momento aún, pero mi cuerpo reaccionaba al volver a sentir el contacto con su calor corporal. Había pasado tanto tiempo que estaba segura de que no me recordaba.

—Gracias por contarme. Voy a hacer todo lo que pueda —le dije y lo saludé antes de volver al dormitorio. No quería estar demasiado cerca de él en este momento.

Me recosté al lado de Ana y la vi llorar. Pensé que estaba despierta, pero solo era un sueño. Al parecer soñaba que se despedía de Máximo. Me partió el corazón verla así. Ella por teléfono no me decía estas cosas. Supongo que tampoco quería preocuparme.

Al día siguiente la desperté con un almohadazo. Ella primero se sorprendió y luego me lanzó la otra almohada. Era nuestro juego favorito de cuando éramos pequeñas, ella y yo nos conocemos desde toda la vida. Después de un rato de reírnos mi estómago hizo ruido y ella me pidió que bajara a desayunar.

Le pedí que me acompañara, pero me dijo que no podía, ya que tenía cosas que hacer. Aunque me prometió que una vez que terminara iba a ir. Mientras me preparaba para bajar las escaleras la vi entrar en la habitación donde se encontraba Máximo. Al pasar por ahí me di cuenta de que no estaba triste. Se la veía feliz conversando con alguien.

—Sus músculos van mejorando —comentó la voz de un hombre que no podía reconocer.

—Eso es gracias a ti —indicó Ana contenta. Desde mi llegada no la había escuchado tan alegre.

—No puedo llevarme el crédito por todo. También es por el gran equipo que contrataste —dijo el tipo y empezó a reír.

—Si fuiste tú quien me lo recomendaste —aseguró ella divertida.

¿A caso estaban coqueteando? Yo sabía de eso, y Ana no era ese tipo de chica. Sin embargo, parecía que ambos se gustaban. Había mucho que yo no sabía y que me había perdido desde que Ana se vino a vivir a España. Por lo que necesitaba ponerme al día.

Autora: Osaku