Prólogo
«Dante, amor mío.
Nunca ha habido secretos entre nosotros y menos ahora que vamos a ser padres ¿Puedes creerlo? Tú, todo gruñón vas a ser papá, espero sea una niña. Me encantaría verte rendido por una princesa.
¿Sabes algo? Hace poco me enteré en la escuela que hay un señor que fabrica muebles y fui a verlo, ya sabes, hay que preparar el cuarto del bebé. El señor se llama Mariano Ricci y su historia es muy triste, tienen una hija de 14 años que sufre del corazón, se desmaya, le falta el aire y hace tan solo unos meses su corazón se detuvo y tuvieron que reanimarla ¿Puedes creerlo? ¡Qué triste! Es solo una niña que no ha podido vivir como tal por culpa de su enfermedad. Me siento muy mal por esa niña y su familia, ella necesita cirugía y su papá ha trabajado durante años para reunir el dinero y aun así no les alcanza.
Por favor no vayas a molestarte ni a decirme que soy ingenua por querer ayudar a todos, aparte de pagarle los muebles (Porque he visto su trabajo, y es precioso) el dinero que me has dado para comprar las cosas del bebé, se lo he dado al Sr. Ricci para que puedan hacerle la cirugía a su hija. Vamos a tener un bebé y no me gustaría que nuestro hijo o hija pasara por algo así y que nadie nos ayudara. Lamento si te molestas conmigo, pero ¡Culpa a las hormonas del embarazo! Soy mejor escribiendo que hablando, lo sabes. Te amo, Dante. Amor mío.
Siempre tuya,
Sienna».
Había algo diferente en él... Peligroso. Pero no de manera que me asustara. Era excitante, él me hacía sentir como si todo fuera posible...
Y ahí estaba él, mirándome. Con esos ojos marrones y esa sonrisa ladeada que hace cosas locas en mi corazón.
—Mia regina... —Mueve su índice en una señal para que me acerque, lo hago. Todos los caminos me han conducido a él.
—Amore mio...