El oscuro deseo de Alexander

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Summary

Allison Dollister había crecido en una familia demasiado creyente y conservadora. Sus padres la habían educado para que en el futuro fuese una mujer prudente y juiciosa. Dos cosas que estaba más que dispuesta a cumplir. Sin embargo, antes de graduarse de la carrera de leyes había conocido la parte oscura de la ley y de lo que la mafia rusa era capaz, puesto estuvo a punto de morir en sus manos. Pero Allison no contaba con que en el futuro conocería al hombre que pondría su vida de cabeza. Él no conocía la prudencia y mucho menos era conservador. A Alexander Rizzo le gustaba reinventarse y por eso odiaba la monogamia. Una parte de su vida que nadie conocía y que él mismo trataba de mantener en la oscuridad. Pero en uno de sus viajes a Estados Unidos para acompañar a su jefe Alessio, choca de frente con la última mujer con la que pensaría involucrarse en su vida. Allison es demasiado pura e ingenua para arrastrarla con él a su infierno, sin embargo, aquella ingenuidad suya comienza a convertirse en su más grande deseo.

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44
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4.7 20 reviews
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18+

Prefacio

Prefacio

Miraba los cuerpos desnudos danzando frente a mí mientras me daba placer frotándome el pene con las manos empapadas en aceite. La mujer se arrodillo sobre la cama, me aparto las manos y comenzó a meter mi miembro en su boca mientras con su lengua lamia mi longitud. El tipo la penetro mientras ella me lo chupaba y podía escuchar sus gemidos entre cada succión. Disfrutaba del sexo sucio y los tríos mixtos me enloquecían. Ni siquiera pensaba en la monogamia como opción en mi vida eso era demasiado aburrido.

Tome a la chica del cabello con brusquedad y le propine una suave bofetada. Ella sonrió con malicia y yo frote mi pene sobre su boca con intensión de otra mamada, pero había llegado mi turno de penetrarla. El tipo se quedó de pie frente a ella acaricio sus labios y luego le metió su longitud en la boca; deje caer el lubricante sobre sus nalgas y luego lo frote por su ano. Comencé a deslizarme dentro de ella y sentí la tensión de su estreches solo por un segundo. Deje una nalgada sobre su culo y luego tome el estimulador para frotarlo sobre su clítoris.

Sus gritos llenaron la habitación y me deje cegar por la lujuria que me invadió en aquel momento, mientras observaba al tipo derramarse sobre la boca de la mujer. Dejé un fuerte mordisco sobre su espalda y salí de su interior para venirme sobre sus nalgas. Solo necesitaba unos minutos para recomponerme y así volver a tener otra sesión. Porque disfrutaría esta última noche de ocio al máximo.

***

Mis malditas vacaciones se habían terminado y regresaba a la locura de ser el asistente del señor Lombardi. El primer encargo de Alessio fue que fuera a Nueva York porque las cosas volvían a tornarse oscuras para la señorita Genave Stevens y ahora su compañera también se encontraba en el foco de la familia Patrovick. Allison; que así se llama la susodicha, no podía arriesgarse a estar sola, así que me tocaba convertirme en su maldito niñero.

Mire el edificio de manera despectiva y busque el número de local en los datos de mi tableta. Subí las escaleras procurando no ensuciarme el traje, porque realmente aquel lugar estaba lleno de suciedad. La puerta estaba abierta cuando al fin llegué al piso correspondiente y me encontré de frente con un gran trasero inclinado sobre el piso.

—Buenos días—Salude con distinción. La persona se puso recta, se giró hacia mí y me miro de forma extraña.

— ¿Y usted quién es? —inquirió con desconfianza.

Sus mejillas estaban rojas por el esfuerzo y su frente sudorosa, quizás me había equivocado de puerta porque la mujer frente a mi parecía todo menos una abogada respetada de Nueva York. Aquel overol no le favorecía para nada a su gran cuerpo y el pequeño suéter debajo de este se le enrollaba dejando ver más de lo deseado.

—Busco a la señorita Dollister, soy Alexander Rizzo el señor Lombardi me envía para ayudarle durante algunos días—se quitó los guantes y me extendió la mano.

—Un placer. Allison Dollister—dijo y dude por un segundo en tomar su mano. Y al final lo hice por pura decencia—disculpa la facha y el desorden, hoy no trabajo así que aproveche para organizar. Las cosas aquí están algo locas desde que Genave no está—la observé acomodarse la blusa con disimulo y yo di un paso más dentro del local.

Los documentos se encontraban en pilas sobre los escritorios y comencé a sentirme abrumado. Estaba acostumbrado a que todo fuera perfecto, a tener el control absoluto de todo a mí alrededor y no podía imaginarme trabajando en un ambiente como este, mucho menos con semejante compañera. Había tolerado a Gina por el simple hecho de que al final ella me había librado de seguir limpiando el desastre de Alessio, pero no sabía si podría soportar compartir el mismo espacio con la mujer frente a mí.