Los cultivadores dragones

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Summary

Se rumoreaba desde hace años la historia trágica de amor de los dragones humanizados. Por culpa de los guerreros malévolos ellos se materializaron en estrellas del firmamento, y quedaron en silencio hasta que pudieron encarnar en los entes espirituales de dos muchachos tan atractivos como opuestos. El destino haría de las suyas para que se encontraran. Pero ¿su amor trascendería a pesar de no poseer el cuerpo y el alma en su totalidad de los jóvenes elegidos, Jiahao y Zheng? ¿Y por qué reencarnó el general líder que los mató? ¿Su destino se repetiría, o habría una salvación? Se rumoreaba desde hace años la historia trágica de amor de los dragones humanizados. Por culpa de los guerreros malévolos ellos se materializaron en estrellas del firmamento, y quedaron en silencio hasta que pudieron encarnar en los entes espirituales de dos muchachos tan atractivos como opuestos. El destino haría de las suyas para que se encontraran. Pero ¿su amor trascendería a pesar de no poseer el cuerpo y el alma en su totalidad de los jóvenes elegidos, Jiahao y Zheng? ¿Y por qué reencarnó el general líder que los mató? ¿Su destino se repetiría, o habría una salvación? Disclaimer: Tanto la portada como la historia me pertenecen y queda estrictamente prohibido su circulación en cualquiera de sus formas.

Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+

1. El espíritu almístico

Las almas gemelas existen desde hace mucho tiempo atrás. El dragón negro y el dragón gris lo eran, y no cabía duda de ello. Eran tan compatibles que su química desbordaba por los poros de su piel. Se sentía en el aire que el sólo estar cerca de ellos hacía que las personas no encontraran su sitio. Y por ello, tanta miel sobre hojuelas disgustaba a los guerreros de ese entonces, generando así una incomodidad irremediable. Por el mismo motivo, y al no saber cómo contrarrestar el amor de los dragones, los guerreros decidieron matarlos. En una noche sin estrellas en el vasto firmamento fueron asesinados bajo la intensa luz de la luna. Al verlos muertos, los guerreros se fueron celebrando que los habían matado. Sin embargo, ignoraron que en el cielo se distinguieron dos constelaciones de dragones, que estaban uno al lado del otro.

Era una mañana en la cual predominaba la brisa marina, estaba tan fresca la playa que los cabellos grisáceos de Jiahao se movían sin vergüenza alguna. Él tenía los ojos cerrados, pues inspiraba el aire en sus pulmones en la eterna tranquilidad de dicho lugar. La paz y la armonía eran invaluables y la calma era el toque que le daba más poderío al bienestar de Jiahao. Sus ropas daban a indicar que provenía de una familia acomodada. Con túnicas elegantes de seda de tonos sepia y unas sandalias franciscanas él lucía cómodo e imperturbable. Se notaba que estaba aumentando su poder espiritual. Los paisajes así y la tranquilidad eran la clave para desarrollar ese tipo de poder.

Los pasos no se hicieron esperar y era Yijun. Un joven de unos traviesos dieciocho años, con cabellos rubios y ojos saltones del color de la miel. Él, quien vestía túnicas de lonas de tonalidades amarillas ocre y unas sandalias franciscanas, se acercó sin más a Jiahao.

—Jiahao, ya es la hora —dijo Yijun.

—Que manera de interrumpir mi paz, Yijun —dijo Jiahao.

Aún mantenía sus ojos cerrados y al abrirlos se notó que tenía ojos vivaces de tonalidades grises. Se levantó de la pose de loto en la que estaba y se fue caminando junto a Yijun. El camino que debían tomar era un atajo para llegar a su destino. Sabían que detrás de los aposentos de la casa de instructores espirituales se encontraba un camino que colindaba con la playa. Tuvieron que atravesar senderos arbolados que le permitían refrescarse, porque era bien sabido que donde había árboles habría viento. Se limpiaron sus ropas cuando pasaban bajo éstos, porque los dejaban llenos de hojas caídas de tonos naranjas. Y una vez cercanos a la casa, Yijun miró a Jiahao. Éste lo miró también, ambos asintieron y entraron al recinto. Las fachadas de la casa eran de madera blanca, era típico encontrar este tipo de madera en los árboles dentro de los bosques del pueblo de Xianyao. Se notaba un deje que brillaba con la luz del sol, y esto se debía a que las tablas estaban barnizadas. Los dos chicos subieron por los dos escalones que estaban bajo la entrada de la casa. Al ingresar por la puerta, vieron a otros chicos de su edad sentados en posición de loto ubicados en una ronda. El instructor espiritual los vio y les indicó que se sentaran en los lugares vacíos del círculo, ellos obedecieron. El instructor, que tenía una edad avejentada y que sus canas blancas hablaban de ello por él, al igual que sus arrugas en su frente de su rostro, les dijo que hicieran el ejercicio de la respiración espiritual. Esto, permitiría que cada uno de los muchachos, que no eran más que cinco muchachos, pudiesen contactar con lo más interno de su espíritu almístico. Todos siguieron sus órdenes. Tomaron una profunda inspiración y luego exhalaron con lentitud.

—Yong, revela a tu espíritu almístico, ya —dijo el instructor.

—S-Sí.

Se notaba que el muchacho estaba nervioso y no era porque fuera novato. Es sólo que el instructor lo intimidaba con su tono de voz, tan serio y demandante.

El chico hizo una inspiración lenta y después exhaló. Luego pronunció palabras intrigantes y de sus manos juntas salió un ente. A juzgar por la forma de éste, se sabía que él estaba inundado del espíritu de la naturaleza, ya que, la forma del ente simulaba una hoja de árbol de alerce.

—Muy bien, ya sabes que espíritu posees, te tocará ir a la misión del resguardo de la naturaleza. Partirás en tres días.

—-C-Claro.

Así, los muchachos fueron revelando al espíritu almístico que poseían, a algunos les tocaba ser dueños del ente de los cuatro elementos, otros del ente de las armas de combate, otros del ente de los metales y piedras preciosas. Luego, tocó el turno de Jiahao.

—Bien, Jiahao, muestra lo que posees —dijo el instructor.

Jiahao inspiró, luego exhaló.

—Fluvom de drakoness.

Jiahao susurró su lema para liberar lo que llevaba dentro. Él creía que gritarlo a los cuatro vientos era una locura y prefería la privacidad por sobre todas las cosas. Así que sólo fue eso un leve murmuro. Juntó sus manos y se dio cuenta de que en sus manos se veía un ente con forma de dragón que liberaba fuego.

—¡El dragón gris!

—No puede ser, el espíritu almístico del hijo del terrateniente es esa criatura.

—Pobrecito.

Jiahao escuchó los comentarios de sus compañeros y sus mejillas se sonrojaron sin saber muy bien el motivo de su reacción, su cuerpo se contrajo y luego, cerró sus manos. Su mandíbula se tensó sin más y agobiado, salió corriendo de ahí. Con la respiración agitada por haber hecho esa carrera se detuvo en un lugar, pues corría sin rumbo fijo para olvidar todo lo que había pasado y tropezó. Por fortuna se cayó en un lugar deshabitado y se dio la vuelta para mirar el cielo coloreado que le regalaba el atardecer. Él no podía creerlo. Cómo él, el hijo del terrateniente iba a tener dentro de sí a ese espíritu. Era el hijo del terrateniente con más poder en el pueblo, era distinguido, y muchos lo envidiaban por ser atractivo y porque las mujeres lo seguían por todas partes. Sin embargo, ahora no, no podía volver a su casa o siquiera a acercarse al pueblo. Había sido humillado y todo por la criatura espiritual que poseía en su interior. Así mismo, con la frente en alto tomó una decisión apresurada. Se arregló sus túnicas y partió sin mirar atrás bajo ningún concepto.

El camino por el cual se fue lo llevaría a un muelle y como estaba bien equipado de dinero, ¿qué podía salir mal? Siguió el camino de ripio en pleno ocaso, sin embargo, una sombra pasó cerca y se materializó en frente de él. Vestía una túnica negra con un capuchón que le tapaba su rostro en todo su esplendor, como arma tenía una hoz.

—Vaya, eres la encarnación del dragón gris.

—Cállate —dijo Jiahao con un aire de ira inconfundible.

—Si tanto te molesta, sé de un cultivador que te podrá exorcizar de ese ente que amas.

Las pupilas de Jiahao se dilataron y su respiración se entrecortó de forma momentánea. Quería saber, debía saber cómo deshacerse de ese mal ente en su interior. Sacrificaría lo que sea con tal de que lo anterior ocurriera.

—¿Quién?

—El cultivador Zhong.

El hombre con ropas fúnebres se inmaterializó en la sombra y se fue sin dejar ni un rastro en el camino. Al menos ya tenía un punto de partida, un nombre. Algo era algo después de todo. Jiahao siguió su camino y trepó un árbol. La noche había caído y como sólo había árboles por doquier y una brisa que éstos mismo brindaban, junto a pastizales. Debía pasar la noche en algún lugar y escogió el árbol alto de alerce que encontró frente a él. Él era ágil, porque de niño aprendió el arte de la espada y artes marciales. Así que trepar nunca sería un problema. Posicionó un pie sobre una rama, luego sobre otra y así fue subiendo hasta escalar hasta una de las ramas más altas. De esta forma no sólo nadie lo vería, sino que era poco probable que le robaran sus pertenencias. Sacó su espada de su cinturón y la posicionó sobre su pecho, siempre debía estar alerta. Sin embargo, el día había sido agotador, así que cayó rendido en el mundo de Morfeo con sólo tres pestañeos.