DILF

Summary

Jungkook un chico de 18 años lucha por mantener en secreto la atracción que siente hacia el rector de la universidad en la que estudia, un hombre mayor de 45 años, sin embargo será inevitable su acercamiento cuando descubra el secreto que este guarda recelosamente.

Status
Ongoing
Chapters
15
Rating
4.7 3 reviews
Age Rating
18+

Un - Primer encuentro

—¡Jungkook! —gritó Somi desde la cocina—. ¡Se te hace tarde para la universidad!

—¡Ya voy, noona! —respondió el adolescente mientras terminaba de empacar su mochila, el corazón latiéndole rápido de emoción.

Era su primer día en la Universidad Nacional de Seúl, donde estudiaría Arquitectura. Se había mudado desde Busan para vivir con su hermana mayor, Somi, una mujer de 26 años con un título en Administración de Empresas y un buen puesto en una empresa reconocida. Aunque le agradecía por recibirlo, Jungkook ansiaba independizarse. Le gustaba tener su propio espacio. Se consideraba autosuficiente.

Mientras caminaba hacia su facultad, recordó que a primera hora habría una charla de bienvenida dirigida por el rector. En ella, se explicarían las normas institucionales y algunos puntos clave del funcionamiento de la universidad. Ya conocía el campus gracias a la visita guiada que recibió al inscribirse, así que llegar al auditorio no sería problema.

Lo que sí le preocupaba era su escasa habilidad para socializar. Era tímido, reservado. En la secundaria solo había tenido un amigo, quien ahora estudiaba en Italia. Pensar en eso le hizo suspirar. Estaba realmente solo.

Al llegar al auditorio, se sorprendió de lo lleno que estaba. Aún así, decidió sentarse en las primeras filas, queriendo prestar atención. Mientras esperaba, su mente empezó a divagar... hasta que un malestar inesperado comenzó a crecer en su abdomen. Al principio fue una simple molestia, pero pronto se convirtió en una presión persistente y dolorosa.

Se levantó, decidido a salir de la sala.

—Una vez que la charla ha iniciado, no se permite salir del auditorio —dijo una voz grave, firme pero aparentemente tranquila.

Jungkook se congeló. Giró lentamente hacia quien lo había detenido, con la cabeza baja, sintiendo las miradas clavarse en su espalda.

—Puede regresar a su asiento —ordenó la voz.

Levantó la vista y se encontró con el rostro más impactante que había visto en su vida. El hombre era alto, de piel morena y músculos marcados bajo un impecable traje negro. Su rostro tenía facciones duras, simétricas; su cabello estaba peinado con una raya al costado, dejando al descubierto una frente amplia. Ojos marrones, nariz perfilada, labios carnosos... intimidante y magnético al mismo tiempo.

—¿Me hará caso? —preguntó el rector, clavando en él una mirada que le hizo temblar por dentro.

A pesar del dolor, Jungkook asintió en silencio y volvió a su asiento.

—Bien. Comencemos. Soy Kim Taehyung, el nuevo rector de esta institución. Deben saber que tengo cero tolerancia hacia la mala conducta. No habrá segundas oportunidades. Y si alguien incurre en acoso o falta de respeto, será expulsado sin apelaciones. Dicho esto, iniciamos.

Durante la charla, Jungkook apenas pudo concentrarse. La presión en su abdomen no cedía, y lo hacía sentirse confundido y febril. No sabía cuánto tiempo pasó, solo que cuando todo terminó, se levantó tambaleante y salió del auditorio.

Caminaba por los pasillos como en trance, chocando con otros estudiantes sin disculparse.

—¿Se siente bien? —preguntó alguien detrás de él.

—Sí, gracias —respondió de forma automática.

—Lo veo pálido, puedo llevarlo a la enfermería.

—No... estoy bien —insistió, aunque su voz sonó débil.

Un mareo lo sacudió. Todo se volvió borroso. Cayó... pero no tocó el suelo.

Se desmayó en un pecho firme y cálido.

...

Despertó en lo que parecía una enfermería. Una enfermera lo observaba con expresión tranquila.

—Me alegra que haya despertado, señor Jeon. Llamé a su apoderada, está en camino para llevarlo al médico.

—No era necesario... estoy bien —protestó, incorporándose con dificultad.

—El rector lo trajo. Dijo que se desvaneció en el pasillo y que ya lo había notado pálido en el auditorio. Sería prudente que un médico lo evalúe.

—¿El rector? —repitió sorprendido.

—Sí. Kim Taehyung —confirmó la enfermera.

Minutos después, Somi llegó apresurada.

—Soy Jeon Somi, la apoderada de Jungkook.

—Bienvenida. Su hermano sufrió un desmayo. Recomendamos que lo lleve a un centro médico para descartar cualquier problema de salud.

—Lo haré. Gracias por avisar. ¿Puedo retirar a mi hermano?

—Claro, ya está todo listo.

—Vamos, Jungkookie —le dijo su hermana, ayudándolo a incorporarse.

—Gracias, noona.

Ya en el auto, ella rompió el silencio:

—Vamos al hospital. Necesitas que te revisen.

—Sabes que odio esos lugares...

—Esta vez no hay opción.

—Estoy bien ahora. Solo fue un mareo...

—No lo discutiremos —sentenció Somi—. Es por tu bien.

Jungkook bufó y cruzó los brazos, molesto. Poco después llegaron a la clínica.

—Buenas tardes —saludó Somi—. Tengo una cita con el doctor Park para mi hermano.

—Jungkook, ¿cierto? —dijo el médico al salir a recibirlos—. Vamos a sacarte una muestra de sangre para hacer unos análisis.

—Está bien —asintió el menor, obedeciendo.

Treinta minutos después, el doctor les entregó los resultados.

—Todo está en orden. No hay señales de anemia ni infecciones. Sus niveles son normales.

—¿Ves, noona? —dijo Jungkook, triunfante—. Te lo dije. Solo fue una baja de presión.

—Prefería estar segura —replicó Somi.

—Gracias, doctor. ¿Podemos irnos? Estoy muriéndome de hambre.

...

Esa noche, ya en su habitación, Jungkook no podía dejar de pensar en lo ocurrido. El dolor extraño, la sensación abrumadora... y el rector. Todo comenzó cuando él apareció en el auditorio. ¿Podía tener alguna relación? No, eso era absurdo.

«Solo estás delirando...», se dijo. «Además, fue amable contigo. Te ayudó».

Sin embargo, algo no encajaba.

A la mañana siguiente, despertó incómodo. Había algo húmedo y pegajoso en su ropa interior. Al revisar en el baño, encontró un líquido transparente, viscoso, con un olor dulzón... proveniente de su trasero.

—¿Qué... mierda? —murmuró, horrorizado.

No sabía si contarle a su hermana. ¿Cómo explicarle eso?

Decidió buscar respuestas en internet... sin éxito. Nadie hablaba de algo así. Ningún foro, ninguna mención. ¿Y si iba a un hospital? Lo mirarían como un fenómeno.

«Ok. Deja de exagerar», se dijo.

Optó por ducharse, cambiarse, y fingir que nada había pasado. Aunque en el fondo... algo había cambiado. Y él lo sabía.