El arte de lo incomprensible
Cuarenta y siete son los años que mi esposa y yo nos fugamos de nuestra ciudad natal. Cuanto más lo pienso más difícil me resulta creer. Ha pasado tanto tiempo…
Ella es dos años mayor… De hecho recuerdo que estuvimos esperando a que yo cumpliese la mayoría de edad para escaparnos.
Es la hija del fundador de la ciudad donde vivíamos, aunque no todo era bueno ya que… Llegaron… malos tiempos por decirlo de alguna manera.
Su tío empezó un negocio muy poco ético y la economía de la ciudad se desplomó hasta el punto de recibir amenazas de muerte diarias.
Ahh… Aún recuerdo ese día como si fuese ayer. Mi esposa Sarah y yo solo éramos pareja en aquel entonces, aunque he de reconocer que ambos sabíamos muy bien lo que queríamos.
Nuestro matrimonio no llegó mucho más tarde. Fue un año y tres meses más tarde y aunque no fue una boda a lo grande puedo decir que ha sido la mejor boda a la que he ido jamás… Aunque ahora que lo pienso puede ser que sea porque fue la mía.
Sarah venía de una familia de bien y aún así lo dejó todo para ir conmigo. Al principio fue complicado, sobre todo con los gastos de la boda… Aunque está claro de que no me arrepiento en absoluto.
Solíamos soñar con formar una familia. La familia Porlor. Heredé ese apellido de mi abuela. Por desgracia todo quedó en un sueño, por mucho que lo intentáramos… Nada parecía funcionar.
Conseguimos ahorrar una suma importante de dinero gracias a los trabajos que íbamos encontrando. Apenas unos meses antes de cumplir diez años casados, compramos una granja alejada de la mano de dios que ha sido autosuficiente hasta el día de hoy. Y sinceramente espero que siga siendo así durante muchos años.
Me pongo nostálgico cada vez que veo la señal de “Bienvenido al rancho Porlor”.
Aunque esta vez es diferente… Hubo una pequeña tormenta hace unos días, no fue nada grave pero una de las esquinas de la señal se partió.
Esa señal significa mucho para nosotros ya que simboliza el futuro. O al menos era así cuando la pusimos.
Sigo el camino principal de tierra desde la entrada hasta nuestro pequeño cobertizo con la señal en la mano, pero un silbido detrás mío hace que me detenga. Es como si alguien me estuviera echando un piropo.
El silbido se ve acompañado por el sonido de un caballo acercándose lentamente.
Mi rostro se cubre por una sonrisa de oreja a oreja al girarme y ver que se trata de mi esposa Sarah tirando de un caballo blanco.
— Veo que has ido a dar una vuelta con Dexter. — Doy un paso hacia adelante.
— ¿Dexter? Prometiste que no lo llamarías así…
— De acuerdo. — Digo arrastrando la voz ligeramente. — Es que Dexter me suena mejor que Martin, no sé por qué…
Ambos nos reímos.
— Bueno… No podemos aplazar la reparación del establo, podemos pasar sin las verjas interiores ya que basta con cerrar la puerta, pero los caballos no pueden seguir durmiendo en un establo con un agujero en el techo… Sabes que por las noches refresca mucho. — Se lleva la mano al pecho. — ¿Eso es…?
Asiento sin decir nada.
Sarah lleva el caballo al establo mientras llevo la señal al interior del cobertizo, mañana le echaré un vistazo.
Ahora tengo cosas mejores para hacer, la cosecha ya está lista.
No solemos cultivar mucho, al menos lo suficiente para los dos y un poco extra. Lo que si tenemos plantaciones un poco más grandes para alimentar a nuestros animales. Contamos con gallinas, vacas y un par de caballos que nos ayudan a movernos por la granja.
Entre los animales y la cosecha, hemos conseguido ser autosuficientes… Aunque tuvimos que aprender por las malas… Nuestro segundo año aquí llegó una plaga y lo destrozaron todo… Aún no se como salimos de esa.
Después de una larga tarde de recolecta, mi esposa me está esperando en el interior de la vaqueriza. Siempre solemos dar de comer a las vacas los dos juntos, así nos damos más prisa.
La noche cae por encima nuestra y parece que no terminaremos nunca… Este año hemos criado muchas vacas y hay demasiados terneros para alimentar…
A poco tiempo de terminar, oímos un ruido muy extraño aunque no le hacemos mucho caso, aunque al abrir la puerta todo se ha sumido en una especie de luz.
Seguimos la luz hasta un pequeño lago al cual no solemos ir muy a menudo y para nuestra sorpresa, la fuente de luz está levitando a escasos metros sobre el agua sin moverse.
La luz se extingue dándonos una vista mejor de lo que está sucediendo. Sarah y yo nos miramos cuando descubrimos una especie de cilindro gigantesco aparentemente de metal.
Alcanzo la mano de Sarah tras varios minutos inmóviles. Este pequeño acto parece ser suficiente como para que el cilindro lo vea, bajando rápidamente y sumergiéndose bajo el lago.
— No sabía que ese lago era tan profundo… — Digo en voz baja.
El cilindro vuelve a emitir luz en todas direcciones, aunque esta vez bajo el agua y de forma intermitente en lugar de continua como antes.
Algo se está moviendo rápidamente por el agua.
— ¿Está viniendo hacia nosotros? — Pregunta Sarah asustada.
— Cr.. Creo que sí.
Ese algo se detiene a escasos metros de la orilla.
El agua llega hasta nuestros pies.
Cuatro puntos se iluminan en el agua, cada uno tiene un color diferente siendo rojo, azul, amarillo y verde.
Vuelven a acercarse de nuevo aunque esta vez, parte de lo que parecen sus cabezas asoman por encima del agua dejando al descubierto sólo sus ojos, acechándonos cautelosamente.
Damos un paso hacia atrás sin saber lo que hacer… Pero ellos también se acercan un poco más dejando descubierta lo que parece ser su cabeza.
Es complejo de explicar, sus cuerpos siguen brillando mientras sus cabezas han dejado de hacerlo al salir del agua. Tienen tres ojos muy grandes, uno a la izquierda y dos a la derecha.
Ligeramente debajo de sus ojos tienen unas aperturas, de ahí sale una especie de gas de un color rosado.
De su boca sale un líquido muy espeso de color morado que parece ser un exceso de saliva.
— No me gustaría que ese líquido morado me tocase. — Exclama Sarah con voz temblorosa.
Dejan escapar un grito muy fuerte.
— ¡Ahora¡ — Grito mientras me doy la vuelta — ¡Corre hacia casa!
Sin pensarlo dos veces, Sarah se gira y empezamos a correr hasta casa sorteando los árboles como podemos… Aunque siendo unos vejestorios como somos… esas cosas son más rápidas que nosotros.
Dos de las criaturas nos pasan por el lado muy rápido, desvaneciéndose entre los árboles enfrente nuestra. Nos detenemos de inmediato al verlo.
Todo está extrañamente silencioso. Puedo notar las pulsaciones de Sarah a través de su mano.
Un cervatillo se acerca corriendo en la dirección por la que se han ido las dos criaturas y se detiene enfrente nuestro.
De la nada, el de color amarillo aparece embistiendo árboles, arbustos y al cervatillo con su enorme cuerpo. Pero se detiene enfrente nuestra.
Con uno de sus dos tentáculos levanta el cuerpo del cervatillo sin problemas hasta el punto de estar por encima de su cabeza.
No hay mucha luz, aunque esta vez puedo ver mejor lo que son.
Parece mucho más grande que un humano, tiene cuatro tentáculos a cada lado… Supongo que son sus brazos… Aunque esos tentáculos no tienen las ventosas que tienen los pulpos.
Sus dos piernas parecen muy fuertes, las rodillas se doblan hacia dentro en lugar de hacia fuera y son enormes en comparación al resto de su cuerpo.
Su boca es también muy grande, aunque sin dientes.
— ¡¿Qué queréis de nosotros?! — Grita Sarah.
Con muy poca delicadeza, introduce el cervatillo dentro de su boca tragando lo por completo sin esfuerzo y al cabo de unos segundos regurgita solo los huesos.
Los otros tres se acercan a nosotros en todas direcciones, rodeándonos por completo.
— No imaginé que nuestro final sería así. — Confieso a Sarah mirándola a los ojos.
Un tentáculo rojo se adhiere delicadamente a la cara de Sarah y se mueve por el resto de su cuerpo como si la estuviera cogiendo.
Con todas mis fuerzas intento separar a Sarah pero no es suficiente. De un tirón seco la arrebatan de mi lado.
Lágrimas caen lentamente de mis ojos al darme la vuelta y ver a la criatura roja levantando a Sarah del suelo.
Sus ojos se iluminan de un color que no podría describir… Es como marrón, pero muy brillante.
Los otros tres empiezan a producir un sonido tan irritante que me obliga a cubrir mis orejas. Cierro los ojos a consecuencia de la rabia e impotencia que siento ahora mismo y a los pocos segundos puedo notar algo apoyándose sobre mi hombro izquierdo. Para mi sorpresa, al abrir los ojos veo a Sarah enfrente mía.
— Esta es la oportunidad que siempre habíamos soñado. — Exclama Sarah.
— ¿Estás bien?. — Pregunto tocando su cara y escaneando su cuerpo en busca de algún golpe.
— No te preocupes por eso ahora… Solo buscan un hogar…
— ¿Qué estás diciendo?
— Me lo han contado todo.
— Sarah no digas tonterías, te lo ruego… No han podido contarte nada. — Hago una breve pausa para señalar a una de las criaturas. — Solo te han cogido unos segundos, y el único sonido que han producido es ese…
Sarah acaricia mi cara, la expresión de su rostro es como el de una persona que está ida por completo, tiene una gran sonrisa y los ojos muy abiertos.
— Deja que me encargue yo de esto, sé exactamente lo que necesitan… Y lo que hemos querido siempre.
— ¿A qué te refieres con eso? — Pregunto confuso.
— Siempre hemos querido tener hijos John… ¿Acaso no lo recuerdas?
Doy un paso hacia atrás.
— ¿Te estás oyendo?
— Tu solo… Confía en mí…
No digo nada, no se que estoy pasando y el corazón parece que va a salirme del pecho.
— ¿Crees que puedes confiar en mí?
— No se que te han hecho, pero mi esposa jamás me preguntaría eso.
— Entonces confía en mí… deja que te enseñen lo que me han enseñado, deja que te hablen.
Doy un paso hacia adelante y le susurro al oído.
— ¿De verdad me lo estás pidiendo?
Asiente aumentando su sonrisa.
Las criaturas empiezan a correr de nuevo y desaparecen de nuestra vista.
Sarah coge mi mano y me dirige hasta casa.
— Haz el favor de cerrar la puerta. — Dice con una voz dulce.
Esa frase es muy normal en nuestras vidas, llevamos muchos años viviendo aquí y siempre se me olvida cerrar el pestillo de la puerta principal… Aquí nunca viene nadie, ni pasa nada… Supongo que por eso me olvido siempre.
— Pero mira como te has puesto… Tienes manchas de barro por todas partes y tienes los pantalones. — Expresa como si no hubiese sucedido nada.
— Quítalos y ponlos junto al montón de ropa a lavar. — Señala una pequeña cesta.
— Sarah…
— ¿Dime?
— Tú también estás empapada.
— Ohh, tienes razón…
Nos cambiamos de ropa rápidamente cuando Sarah colapsa y cae al suelo rendida.
Asustado, llevo una de mis manos a su cuello para ver si tiene pulso… Por fortuna sigue con vida.
Sitúo la otra mano debajo de su nariz para comprobar que aún respira.
Abre los ojos.
— ¿Qué ha pasado? — Pregunta confusa.
— Hemos tenido un encuentro con…
— ¿Con…?
— No lo sé, unas criaturas muy grandes y de colores.
— Anda ya… No digas tonterías John… ¿También me dirás que bigfoot es real?
Para ser sincero, me cuesta creer lo que hemos visto… Seguro que no ha sido más que una alucinación… Eso espero.
Ayudó a Sarah a incorporarse.
— ¿Estás bien? — Pregunto preocupado — ¿Te has hecho daño?
— No te preocupes por mí… Vamos a dormir y mañana será un nuevo día.
Nos acostamos y Sarah me da un beso de buenas noches como de costumbre.
Al poco tiempo, mi esposa se ha dormido, aunque yo soy incapaz… ¿Realmente hemos visto esas criaturas? Y si es así... ¿Porqué Sarah ha reaccionado así? O bueno, mejor dicho ¿Por qué actúa como si no hubiese pasado nada?
No hablamos sobre el tema durante los próximos tres días, aunque tengo la extraña sensación de que nos vigilan.
Hoy me he despertado antes que Sarah para darle una pequeña sorpresa. Hemos trabajado demasiado en la granja estos últimos días para arreglar todo lo que la tormenta destrozó… Sobre todo ella.
Por ese mismo motivo he creído oportuno hacerle un desayuno especial.
No tengo muy claro lo que hacer, pero tengo una idea… A Sarah le encanta la fruta, por ello voy a recoger sus frutas preferidas y hacer una especie de pinchos morunos con ellas, aunque no sin antes cubrir unas fresas con chocolate líquido para ponerlas en la punta.
Y de acompañamiento un poco de jugo de aloe vera.
Puede no parecer mucho, pero teniendo en cuenta de que casi nunca desayunamos… Creo que le encantará.
Oigo el sonido de la puerta de nuestra habitación al abrirse, justo al mismo tiempo que completo el plato.
— ¡Buenos días querida! — Sonrío.
— ¡Ohh! — Exclama sorprendida. — ¿Qué estamos celebrando?.
— Celebramos que tengo la mejor esposa del mundo.
Sus mejillas se enrojecen rápidamente.
Hago una señal para que se siente y le sirvo el desayuno.
Pasamos una hora charlando y comiendo pero nos interrumpe un sonido.
Alguien está llamando a la puerta.
— ¿Cuánto hace que no viene nadie por aquí? — Pregunto confuso.
— No te preocupes, seguro que alguien se ha perdido, ya voy yo.
Escucho atentamente mientras recojo la mesa.
Sarah está de vuelta.
— Mira William, ¡Los niños están de vuelta!
— ¿Qué niñ… — Me quedo sin palabras al darme la vuelta.
Parece que las criaturas con las que nos encontramos aquella noche no eran una alucinación…
— No me habías dicho que iban a venir. — Intento actuar lo más convincente que puedo para que no haya problemas.
— Yo tampoco lo sabía, ha sido una grata sorpresa.
Mi corazón se acelera.
La criatura amarilla se acerca a la mesa y acerca las sillas con la intención de que esté más recogido. Seguido de este gesto, las cuatro criaturas se arrodillan frente a Sarah. Como si de alguien superior se tratara.
Solo se marchan por las noches durante las próximas dos semanas. Creo que regresan al lago pero tampoco estoy muy seguro.
Durante las catorce horas de luz diarias no nos dejan solos ni un solo minuto, y en el caso de que Sarah y yo nos separemos por algún motivo, dos vienen conmigo y dos se quedan con ella.
Tampoco nos dejan hacer nada, si cojo un martillo y un tablón de madera, uno de ellos me lo arrebata y hace exactamente lo que iba a hacer yo sin decírselo.
Estoy empezando a pensar que tienen algún tipo de habilidad para leer mentes.
— Sarah, creo que va siendo hora de que hablemos de lo que está sucediendo.
— ¿Qué está sucediendo exactamente?
— ¿Por qué tratas a estas … Criaturas de esa manera? — Pregunto señalando a la criatura de color rojo.
— No llames así a nuestros niños. — Dice enfadada.
— ¿Niños? No son nuestros niños. Nunca hemos podido tener hijos. ¿Acaso no lo recuerdas?
— Me estás asustando William.
— Da igual… Mejor déjalo.
Salgo de casa y me dirijo al granero. Para mi sorpresa no me están siguiendo.
Me detengo a la mitad del trayecto y centro mi vista en la ventana de la cocina.
Puedo ver a Sarah por ahí.
Las criaturas fuerzan a Sarah para que se siente, aunque de una forma extrañamente delicada. Seguido de eso, la criatura de color azul se lleva lo que parecen ser unos alimentos a la boca y al masticarlos un tiempo los escupe en un plato que después se lo ofrece a Sarah.
Asqueado por lo que acabo de ver, corro de nuevo hasta la casa para detener esta locura pero al abrir la puerta me encuentro directamente con la criatura de color verde. Esta vez produce un sonido muy extraño, es como si estuviera rugiendo y su cuerpo ha empezado a brillar.
Con uno de sus tentáculos me levanta y me saca de la casa, deja de rugir y cierra la puerta.
Aterrorizado y sin saber que hacer, voy hacia el granero y espero a que sea de noche para que se marchen.
Uno de ellos me ha amenazado claramente y no quiero que haya más problemas. A pesar de todo, no parece que le hagan daño a Sarah y lo más extraño es que ella parece a gusto con esta situación.
De todas maneras, hoy me han hecho una declaración de guerra y estoy dispuesto a ponerle fin a esto.
Espero un par de horas en el granero, mirando por la ventana y esperando a que anochezca. Pero el tiempo pasa muy lento. Estoy aterrado y muy nervioso.
Han cerrado las ventanas para que no pueda ver lo que sucede en el interior.
Al fin cae la noche y oigo cómo se marchan, pero a pesar de haber estado toda la tarde mirando por la ventana, esperando a que se marchase, ahora no me atrevo ni a acercarme.
Barajo mis posibilidades y trazo varios planes mentalmente por si alguno no es posible.
Tras obtener el valor, destapo la vieja escopeta que nos regaló el tío de Sarah antes de escaparnos. No tengo ni idea de porque la hemos guardado tanto tiempo pero al menos ahora nos servirá.
Espero que los años no hayan hecho que se estropee.
Logro acercarme lentamente hasta el lago sin ser detectado.
El cilindro que bajó hasta el fondo del lago está levitando de nuevo, aunque esta vez está a pocos metros del agua.
Hay una especie de rampa que conduce directamente al interior del vehículo.
Vacilo durante un par de segundos, acobardado por el pensamiento de lo que podré encontrar ahí dentro. A pesar de mis temores, subo rápidamente.
El interior del vehículo es como un laberinto de pasillos totalmente simétricos que todos parecen conducir a una habitación central, es muy extraña la forma en la que todo está situado, aún así creo que se trata de una sala de mandos. Hay luces por todos lados y varias pantallas para vigilar los alrededores del vehículo.
Me temo que si había alguien o algo aquí mientras yo subía… Me habrán visto seguro.
Un vistazo rápido me permite ver una puerta con un diseño peculiar.
El marco es rojo sangre y tiene unas inscripciones que no reconozco de color amarillas.
Al cruzar la puerta me quedo paralizado, perplejo ante semejante hallazgo.
Esta sala es inmensa, debe medir unos cuarenta metros de altura y está repleta de vitrinas transparentes. Aunque hay un humo gris dentro impidiendo así la vista.
Me acerco a una de las vitrinas y sin saber que hacer, aprieto un botón azul.
El humo se disipa rápidamente, revelando una atrocidad en el interior.
Un hombre está sentado en un sillón, su mandíbula está totalmente desencajada y su vientre ha reventado. De su boca salen los pies de una mujer.
A juzgar por el estado del cadáver, diría que esas criaturas con las que Sarah ha estado tan obsesionada últimamente, forzaron el cuerpo de la mujer dentro de la boca del hombre, destruyendo así a ambos durante el proceso. Las piernas de la mujer están encadenados al techo y sus brazos están tirados por el suelo.
Asqueado y atemorizado caigo hacia atrás mientras una cortina de humo vuelve a aparecer en el interior, cubriendo por completo la vista.
Lo cierto es que a pesar de todo, parecía estar orquestado como si fuera una obra de arte y ahora que lo pienso, si todas las vitrinas contienen algo similar, es muy posible que esté en una especie de museo de torturas.
Repito el proceso para mirar dentro de una vitrina adyacente, revelando un hombre encadenado por el torso, su cuerpo ha sido vaciado por dentro, dejando sus huesos y piel como si fueran una urna, en su interior… el cuerpo de una mujer, su cabeza asoma por el pecho del hombre y uno de sus brazos por la barriga.
La próxima vitrina contiene una mujer sentada con una mesa enfrente, hay un plato sobre ella con carne picada y la cabeza de un hombre encima. La barriga de la mujer parece que ha reventado también y de ella está saliendo una carne similar a la del plato. Es como si la hubieran alimentado a la fuerza hasta literalmente reventarla.
Me desplazo rápidamente hacia la próxima vitrina pero el sonido de una de las criaturas me detiene. Está justo detrás mío.
Es el de color amarillo y está estático, sin hacer nada, simplemente observándome fijamente.
Levanto la escopeta de forma amenazadora pero la criatura sigue sin moverse.
La criatura comienza a rugir, aunque creo que es para atraer al resto. Sin pensarlo dos veces, le disparo directamente al pecho, esto le impulsa hacia atrás y a pesar de el agujero que le ha hecho, vuelve a levantarse como si nada.
Con uno de sus tentáculos, palpa el interior de su pecho y se ríe. Como si de alguna forma disfrutase el dolor.
Uno de sus tentáculos me agarra sin darme tiempo a reaccionar y me acerca a su cuerpo.
Disparo de nuevo antes de que pueda hacer algo, aunque esta vez le doy en la cabeza… Terminando con su vida de una vez.
El sonido de las otras criaturas corriendo hacia la escena me hace huir tan rápido como puedo, aunque el dolor de huesos me retrasa bastante.
Consigo despistarlos y salir de la nave, sabiendo que no pararán hasta encontrarme.
El grito de las tres criaturas me hace correr aún más rápido.
Lo cierto es que donde estoy ahora no debería poder escuchar un grito de dentro del vehículo, eso quiere decir que están cerca.
Mi visión se nubla pero eso no me detiene.
Dos de las criaturas me pasan cada una por un lado a gran velocidad y de repente algo me golpea por la espalda dejándome inconsciente.
Al despertar, no puedo moverme, estoy sentado en la cocina y mis manos están encadenadas al suelo.
Justo delante hay una mesa y Sarah está sobre ella, tumbada a pesar de estar consciente.
Seguramente le hayan hecho algo pero no se que, sigo pensando que tienen algún tipo de poder mental y eso la ha bloqueado o algo.
La criatura roja aparece detrás de mí y se acerca hasta Sarah.
Por mucho que quiera hacerlo, no sale sonido de mi boca para gritar, estoy completamente paralizado por el miedo.
Sitúa sus tentáculos sobre Sarah y de un tirón seco le arranca el brazo derecho… Pero ella no se inmuta y sigue calmada.
Su sangre cae directamente sobre mi cara.
La criatura de color verde entra por la puerta principal y al ver lo que ha hecho el rojo le da un empujón, parece enfadado.
Por último aparece la criatura de color azul y me pone los tentáculos sobre las piernas.
A pesar de saber lo que está a punto de pasar, no me muevo ni un ápice… Acabo de asumir que este será mi final.
Por suerte, la criatura de color rojo se enfada y lo empuja sobre mi, liberándome de las cadenas.
Parece que no pueden ponerse de acuerdo.
Cojo a Sarah en brazos y la llevo hasta la habitación. A través de la puerta puedo ver como el azul y el verde se alían para acabar con la vida del rojo, quien es el más grande, y justo a continuación empiezan a pelearse entre ellos.
Me giro para atender a Sarah, quien parece haber salido del trance y no para de gritar. No puedo ni imaginarme el dolor que debe sentir.
— Tranquila Sarah, todo va a salir bien. — Digo con voz temblorosa.
— Lo siento William… Esto ha sido culpa mía…
— No digas eso. — Rompo a llorar. — Esto no ha sido culpa tuya.
Sarah ha perdido mucha sangre y no tarda mucho en morir.
— N..Noo.
No puedo creer que ya no esté.
— No me dejes… Por favor te lo pido.
Abrazo su cuerpo sin vida con todas mis fuerzas.
Todo sonido de pelea cesa por completo, y puedo oír unos pasos viniendo hacia mí, supongo que el vencedor viene a terminar conmigo.
Cojo a Sarah en brazos y me giro para ver quien viene.
Es el de color verde, pero está muy mal herido, le faltan los tentáculos y sus piernas están destrozadas, cae rendido al suelo y se arrastra hacia mi y me mira pidiendo clemencia.
Pero no le hago caso y camino hacia el exterior de la casa.
Cuestionando mi próxima acción, voy lentamente hacia el establo y subo a Sarah al remolque para poder tirar de él con su caballo preferido… Martin…
Subo sobre el caballo y pongo rumbo a la ciudad más cercana.
Me detengo para observar la casa, que ha sido parcialmente destrozada por la pelea entre las criaturas. Continúo a trote durante días hasta llegar a la ciudad.
Al ver el cuerpo de Sarah, las personas cercanas vienen a ayudarme.
Pero es demasiado tarde… Lo he perdido todo… He perdido a Sarah que era mi mundo… Y no quiero regresar al rancho…