Capítulo 1: Llegada Inesperada
La niebla londinense se cernía sobre la mansión Carfax, un manto gris y húmedo que ocultaba sus secretos tras gruesas paredes de piedra. Dentro, el Conde Drácula, recién llegado de Transilvania, se enfrentaba a una realidad muy diferente a la que había imaginado. Olvídense de aldeanos aterrorizados; su principal preocupación era la carta de su hijo, Vlad Jr. En el interior de la mansión Carfax. Drácula, elegante pero cansado, lee una carta con expresión de incredulidad.
— ¡Vlad Jr.! ¿De regreso en Inglaterra? Y… ¿prometido? Este joven… siempre tan… impredecible —. Habló Drácula para si mismo.
En ese momento entra Ren, el mayordomo del Conde Drácula, un hombre muy delgado y nervioso, casi como un muerto viviente.
— Conde, la cena está servida… aunque temo que la sangre de pollo no sea de su agrado. He intentado conseguir algo más… sustancioso —. Dijo Ren.
— Ren, mis gustos han cambiado. Mucho ha ocurrido desde mi… ausencia. Lee esto —. Contesto Drácula con un suspiro mientras le entregaba la carta a Ren quien la lee en voz alta, con creciente asombro.
"Querido Padre, te escribo para anunciarte mi regreso a Inglaterra… con mi prometido, Nigel. Es un chef maravilloso, y estoy seguro de que apreciarás sus pasteles de sangre… aunque insiste en usar betún rojo. Con amor, Vlad Jr."
— Pasteles de sangre… betún rojo… Esto es… inaudito —. Dijo Drácula entre dientes.
— ¿Debería preparar una estaca, Conde? Por si acaso —... Contesto Ren.
— ¡No!, No necesito una estaca, además es un humano. Necesito… un vaso de agua. Y quizás… una taza de té. Este viaje ha sido agotador —. Dijo Drácula irritado, mientras caminaba a paso lento, luego termino por sentarse pesadamente en un sillón al fondo de la habitación. Mientras que Ren lo miraba con una mezcla de miedo y curiosidad.
— ¿El… el betún rojo, Conde? ¿Es… peligroso? — pregunto Ren.
— Peligroso… No sé, Renfield. Peligroso es una palabra muy relativa. Mucho más peligroso que el betún rojo es la posibilidad de que mi hijo haya encontrado la felicidad… con un humano y peor, un chef de pasteles —. Contesto Drácula al llevarse las manos a la cabeza, derrotado. Mientras que la niebla londinense golpea contra las ventanas con fuerza, un presagio de los extraños acontecimientos que están por venir.
La llegada de Vlad Jr. y Nigel a la mansión Carfax no sería un simple reencuentro familiar. Sería el comienzo de una mezcla de tradición vampírica y moderna repostería, donde el Conde Drácula se enfrentaría a su mayor desafío: la aceptación de un amor que jamás imaginó. Y todo, aderezado con una buena dosis de betún rojo.
Dos días después, la mansión Carfax se preparaba para una llegada. No era la llegada silenciosa y furtiva de un vampiro sediento de sangre, sino la llegada ruidosa y alegre de Vlad Jr. y su prometido, Nigel. El Conde Drácula, aún en shock por la noticia, se encontraba en una situación inesperada: tenía que ser un buen suegro.
En el vestíbulo de la mansión Carfax. Drácula, con una expresión forzada de amabilidad, esperaba junto con Ren la llegada de su hijo.
— Ren, ¿estás seguro de que todo está en orden? Las cortinas, las candelabros… ¿Y el aroma a ajo es… mínimo? —. Preguntó Drácula mientras se ajustaba su corbata.
— Conde, he intentado disimularlo con esencia de lavanda… pero temo que Nigel sea… muy sensible a los olores —. Un poco nervioso contesto Ren.
— ¿Sensible?… Como si un chef de pasteles pudiera ser más sensible que un vampiro de siglos de antigüedad —. Dijo Drácula con sarcasmo.
De pronto… Se escucha el sonido de un carruaje que se detiene. Vlad Jr. y Nigel entran, radiantes.
— ¡Padre! —. Se escuchó una voz a lo lejos.
Vlad Jr. Corre y abraza a su padre con entusiasmo. Y de pronto, Nigel baja del carruaje con una bandeja, luego de ver al conde sonríe tímidamente.
— Conde Drácula, un placer. Le he preparado un pastel… Espero que le guste. Es de sangre… pero con un toque de frambuesa —. Dijo Nigel
Nigel le presenta el pastel al Conde. Es un pastel impresionante, con una decoración intrincada y un color rojo intenso.
— Sangre… y frambuesa… Una combinación… inusual no? —. Mencionó Drácula observando el pastel con cautela.
— Nigel es un genio de la repostería, Padre. Deberías probarlo —. Dijo Vlad Jr.
Drácula, con una mezcla de curiosidad y aprensión, toma un pequeño trozo del pastel. Lo prueba y sus ojos se abren con sorpresa.
— Esto es… es delicioso. ¿Este es el betún rojo?… es… es… es sorprendentemente bueno —. Dijo exaltado Drácula con un suspiro de satisfacción en su rostro
— Gracias, Conde. Me alegra que le guste —. Dijo Nigel sonrojado.
— ¿Ves, Padre? Nigel es maravilloso. Y sus pasteles… son legendarios —. Mencionó Vlad Jr.
Drácula sonríe, es una sonrisa genuina, por primera vez en mucho tiempo. Ren, aliviado, observa la escena desde un rincón.
El pastel de Nigel no solo fue un éxito culinario, sino que marcó el inicio de un cambio en la vida del Conde Drácula. Un cambio que, aunque inesperado, podría ser… delicioso. El camino hacia la aceptación de su hijo y su peculiar prometido apenas comenzaba, pero el primer paso, dulce y sangriento, había sido dado con total éxito.

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