Capítulo 1
Emma cerró la puerta de su habitación, tras un largo y tedioso día de trabajo en la oficina.
el reloj en su habitación marcaba las 11:38 pm.
— ¿cómo?, no falta casi nada para que den las 12:00 pm. – decía con la espalda apoyada en la puerta, mientras miraba el desorden de su habitación, la cama destendida, ropa regada por el suelo, montones de papeles y material de oficina en su escritorio.
— Supongo, que será otro cumpleaños igual a los anteriores. – dijo después de un largo suspiro. — Debí al menos comprar un Muffin para cenar.
Arrastrando los pies, empezaba a quitarse todo lo que le incomodaba para relajarse en su cama.
— 22, en 22 minutos dejaré de ser una veinteañera, ¿cómo fue que el tiempo devoró mi mejor época tan rápido?. – dijo mientras se hallaba recostada, con la mirada hacia el blanco y vacío techo.
— …
— No soy tan diferente a este techo. – dijo al suspirar. — blanco y vacio, sin nada en el, sin nada de color.
— ¿Mi vida será así a partir de ahora?, ¿vacía como un techo blanco?.
Quitándose sus gafas, masajeo sus ojos mientras suspiraba nuevamente.
— Debería plantearse al menos adoptar un gato o un perro, tal vez así, puedan llamarme la dama de los gatos, sería estupido, pero al menos podrían decirme un apodo más amigable en la oficina, a diferencia del que tengo ahora.
Emma se levantó para sentarse en su cama y miró a su alrededor, un cuarto desordenado, con cuadros de pintura del romanticismo en las paredes.
— ¿ah?. — noto con su vista borrosa una amarillenta hoja de papel pegada en su corcho de pared.
se puso nuevamente los anteojos. — ¿pero qué es… — dijo mientras se levantaba.
— Espera, ya lo recuerdo. — se dirigió a la pared donde tenía pegada la hoja mientras se quitaba los zapatos de la oficina.
— Es ese extraño “regalo”, que me dieron el otro día en aquella tienda de antigüedades.
Quitando la hoja del corcho, noto que se trataba de una página arrancada de un libro aparentemente viejo, pues la hoja tenía una textura parecida a una tela fina.
— ¿Pero qué significa esto?. — dijo mientras sostenía la página con ambas manos.
“En el oscuro abismo de la existencia, donde el sentido se desvanece y el destino traza un vacío despiadado, acoge el deseo del demonio, permite que tus anhelos florezcan en la penumbra y danzan al compás de las sombras.”
— Lo que más anhelo, deseo, demonio… — susurraba Emma con una expresión cansada y a la vez, pensativa.
“Si tu anhelo es un fuego ardiente, traza sobre la plana superficie el dibujo del pentagrama que despierte la magia de tus sueños más profundos.”
— …
Tras leer, Emma tiró la página en un bote de basura al lado de su escritorio y se dirigió a la puerta.
— (Deseo, Deseo, ¿Desear lo que más anhelo?, ¿ y qué es lo que más anhelo?). — Pensaba mientras estaba quieta y tenía su mano en la manilla de la puerta.
— Al demonio. — Se alejo de la puerta, tomo un marcador grande de color negro de su escritorio, limpio el piso lleno de ropa y basura de comida instantanea.
En una mano tenía la página del supuesto conjuro, mientras que en la otra dibujaba algo parecido a un pentagrama extraño.
— ¿qué estoy haciendo?. — se preguntaba al mismo tiempo que seguía dibujando.
— ¿Es así como pasaré mis últimos minutos de juventud?, ¿intentando invocar a un demonio?.
El tiempo pasaba como los vientos fríos que soplaban a las afueras de su casa, silbando entre los pinos a espaldas de su casa, a las afueras de su hogar, no había personas ni autos en la calle, todo estaba vacío, acompañado de un profundo silencio.
— Creo, que está hecho.
Emma contemplaba lo que había hecho, un dibujo de un pentagrama inusual que medía 1.5 metros por cada lado, como indicaba la página.
El reloj indicaba las 11:59 pm.
— Bueno. — dijo acompañado de un suspiro. — asi es como voy a empezar mis 30 años, intentando invocar a un demonio, ahora siento mas lastima de mi misma, pero que mas da, terminemos este tonto juego de una vez.
“Con el dibujo consumado, en voz alta recita las palabras que desatarán el poder de lo oculto...”
— Daemonium, invoco te. — dijo Emma con una voz fuerte pero avergonzada.
— …
El silencio ahogaba en una habitación donde Emma se encontraba parada al lado del pentagrama lo único que lograba escuchar era el fuerte viento que soplaba a las afueras.
— Bueno… — encogió los hombros. — Supongo que al menos fue un poco entretenido, como sea, necesito sentirme menos idiota, creo que tengo guardado la mitad de un emparedado en el…
Un humo de color purpura paso frente a sus ojos mientras se dirgia a la puerta, de pronto, noto la presencia de mas humo en su habitacion.
— ¡¿ah?!, ¿Un incendio?.
Del suelo desprenden humos de tonos azules, púrpuras, rojos, verdes y dorados, y la luz de la habitación comenzó a ser engullida por una oscuridad que parecía brotar en toda la habitación.
— Que está, ¡¿qué está pasando?!. — decía Emma mientras los nervios la hicieron derrumbarse en el suelo bruscamente.
Extrañas sombras oscurecen toda la habitación, y lo único que la ilumina son las extrañas luces que salían alrededor del pentagrama.
Sentada en el suelo y con la mano en el pecho, el frío sudor que le recorría la cara le hizo darse cuenta de lo que había hecho.
— Esto, -n-no puede estar pasando realmente.
El pentagrama se iluminó con luces de todos los colores, vientos arremolinados alrededor del pentagrama empezaban a agitar toda la habitación, del centro del pentagrama, una figura humanoide, oscura y misteriosa, empezaba a asomarse.
Emma solo logró distinguir lo que tenía enfrente una vez el humo empezaba a despejarse, era un demonio, un demonio con apariencia de un hombre joven.
— …
Una vez el demonio salió por completo del pentagrama, el viento helado se paró, lo que quedaba de humo desapareció, y la única luz que había en la habitación provenía del pentagrama que emite una luz que mezclaba tonos carmesí y púrpuras.
Emma logró distinguir el rostro del demonio que comenzaba a verse con mayor claridad,
alto, un cabello rubio tan claro que parecía blanco, y una piel de tono gris, sus brazos emitían un extraño brillo apagado de tono azul, y a sus espaldas veía como se movía una cola de diablo del mismo color, todo reflejaba su origen sobrenatural.
— Oh, así que, ¿tu eres la persona desdichada que desea lo que puedo darle?.
Dijo el demonio, con un tono tranquilo con un toque refinado en su manera de hablar.
— y-yo… — Con las palabras en su cuello negándose a salir.
— Vaya, que no he dado mi nombre aun, ¿verdad?, disculpa mi falta de tacto al presentarme; Mi nombre, es Frey.
Frey salio del circulo para ir junto a Emma, ella noto con mayor claridad, que el demonio llevaba una vestimenta elegante, un traje con gabardina de color oscuro.
— ¿Con quien tengo el gusto?.
Preguntó a Emma que aún se hallaba en el suelo sentada, de cercas, notaba como su cabello claro y ondulado, contrastaba con el color Naranja de sus ojos.
— E-Emma…
— Emma, el gusto es mío por conocerte, a estas alturas ya debes de saber lo que prosigue, pero déjame recordarte para que quede claro.
Frey la miraba desde abajo, miraba a Emma como quien mira a su adorable mascota, acompañada con una ligera sonrisa en su rostro.
— Te concederé un deseo, te daré lo que tu quieras, lo que más anhelas, será tuyo, y solo tuyo. — Decía con un tono tan relajado que su voz comenzaba a tranquilizar a Emma.
— Pero, como está escrito en el contrato, osea, la página que te permitio invocarme, deberás entregarme algo del mismo valor, lo que yo quiero de ti, Emma.
— Es tu alma, si aceptas mi deseo, me estarás permitiendo devorar tu corazón, dejando un hueco en tu interior, pero con la promesa de disfrutar de tu deseo, hasta que consideres oportuno, “irte’’.
La mirada de Emma se hallaba hipnotizada por el brillo antinatural de los ojos de frey, escuchaba, pero su rostro aparentaba confusión por la situación.
— Entonces, ¿aceptas mi deseo, Emma?.
— Si. — dijo Emma sin pensarlo dos segundos.
— Bien, entonces, ¿cual es tu deseo?. — dijo frey con una sonrisa coqueta en su rostro entre cerrando los ojos, lo que le dio un aura enigmática a su rostro.
— Yo, deseo…
— (¿Lo que más anhelo?, ¿qué es lo que más anhelo?, ¿qué es lo que más deseo en mi vida?, ¿qué es lo que quiero para mi vida?).
Los pensamientos dentro de su cabeza comenzaban a girar como un tornado.
— Deseo… — dijo mientras apretaba los puños en sus piernas.
— D-Deseo... — Frey no le apartó la mirada en ningún momento.
— De-De-Deseo que… — El sudor de su rostro recorría toda su cara, sus ojos miraban en todas direcciones y su estómago estaba a punto de estallar.
— ¡¡DESEO QUE TE CONVIERTAS EN MI ESPOSO!!.
Un silencio apabullante envolvió la habitación, el viento a las afueras era el único sonido que se podía escuchar, otra vez.
Emma estaba petrificada, con la boca abierta y los ojos en blanco mirando a frey desde abajo, y frey…
Frey estaba petrificado y con los ojos en blanco…