Capítulo 1: Casi
Un niño perdido tiene un significado totalmente diferente cuando se trata de tu propio hijo. La única manera de tolerarlo era distraerme por las peleas entre la madre de mi hijo y mis padres, todo era una completa causa de discusión y yo tenía que jugar el papel de réferi; sumado a eso estaba la desilusión de descubrir que las personas que había creído que eran mis amigos, en realidad no lo eran, pero su ayuda en la búsqueda se sentía como una posibilidad extra para encontrarlo cuanto antes.
Al darme cuenta de que Chloe se estaba quedando atrás en lugar de discutir una vez más, me quedé a esperarla. Tuvimos una breve conexión en la que hablamos como dos personas civilizadas. Me senté a su lado, en el tronco que ella había elegido para descansar, y sonreí ante el recuerdo de lo que fue una de las mejores aventuras que he tenido. Noah era un niño ingenioso, me había obligado a creer en lo imposible, y no solo eso, había hecho de mí una mejor persona, recordar todo sobre nuestro hijo nos hizo siempre sonreír.
—El plan de Noah, suena bastante bien. Me gusta —dije. Ese era el nombre que ella utilizaba para referirse a la operación de búsqueda establecida por la policía—. Creo que va a encantarle cuando le contemos.
Chloe suspiró, sus manos acomodaron su cabello, y la vi torcer sus pies un poco. Creo que solo hasta ese momento caí en cuenta que debía estar más cansada que yo, después de todo por lo que había pasado era increíble que estuviera en medio del bosque corriendo de un lado a otro para encontrar a nuestro hijo.
—Tienes que seguir, estás perdiendo el tiempo —dijo ella.
—No voy a dejarte atrás.
—Acabamos de hablarlo. No quiero hacer algo que predisponga a Elizabeth para no ayudarnos.
—No me importan sus problemas del pasado, es su jodido trabajo. Y Noah no me perdonaría si te dejo y algo te pasa. —Me levanté y le ofrecí la mano—. Vamos. Ya descansamos suficiente.
—Tú nunca escuchas. Tienes que seguir sin mí. Intentaré encontrar a Noah por mi cuenta.
—No lo harás.
—¿Perdón? —Usó ese mismo tono enojado que conocía muy bien.
—Somos un equipo.
—Fue lo que te dije y tú preferiste escuchar a tu novia.
—Ella no es mi novia. Y si tú y Elizabeth no tuvieran un pasado problemático serías la primera en correr a buscarla y obligarla a ayudarnos. Así que levántate y empieza a caminar.
—No voy a hacerlo —dijo cruzándose de brazos—, puede que seas una idiota incapaz de pensar por ti misma, pero yo no voy a arriesgar nuestra posible única oportunidad de salvar a Noah.
—No necesitas insultarme para ocultar que la única razón por la que te niegas a continuar es porque tus pequeños pies no pueden más.
—Realmente eres una idiota.
—Di lo que quieras, pero si no te levantas voy a…
—¿Vas a obligarme? —Se burló con ironía.
—Tienes razón, debería dejar de perder el tiempo y seguir adelante, pero no lo haré. Nos guste o no, le prometí a mi hijo cuidar de ti, así que perdóname por no querer dejarte atrás para que termines en alguna zanja o en la cajuela de un auto.
—No uses a mi hijo como una excusa. Eres tú quien necesita una niñera en este lugar. Puedo cuidarme perfectamente.
—Perdón. Olvidé lo buena que eres haciendo absolutamente todo.
—Acepto tus disculpas.
Eso colmó mi paciencia. Cada vez que había intentado ser amable con ella, o se quejaba o se burlaba de mí. Era como un don especial que no dudaba en usarlo para exasperarme y volverme loca. Entre el cansancio y la frustración que sentía, no podía pensar con claridad.
—Te lo advertí.
Me acerqué y rápidamente tomé una de sus manos para halarla hacia mí, haciendo una especie de llave que me permitió sujetarla por detrás para físicamente obligarla a seguir caminando. Fue de mucha ayuda mis diez centímetros de ventaja de estatura y mi excelente condición física.
—¡Qué demonios crees que estás haciendo! —Gritó indignada.
—Si no quieres caminar voy a obligarte a hacerlo.
Empujé, levantándola a ratos del piso, lo cual solo hizo que me gritara y me clavara las uñas en los brazos. Chloe podía ser pequeña, pero sabía cómo dar una buena batalla, se movía tanto que seguro iba a terminar con mis senos estropeados al apretujarlos contra su espalda.
—¡Suéltame! —Se movió frenéticamente—. ¡Te exijo que me sueltes ahora mismo!
—No te muevas tanto. Nos harás caer.
—¡Eres una salvaje! ¡Has perdido por completo la cabeza!
—¡Basta! —La apreté con fuerza entre mis brazos y le hablé al oído en un intento por calmarla—. Si te comportas como una niña malcriada voy a tratarte como tal.
—¡Esto es el colmo! —Volvió a protestar—. Mi hijo está perdido y tú te comportas como una psicópata.
Nuestras peleas siempre fueron intensas, una explosión sin sentido que dejaba caos a su paso porque ella era incapaz de hacer las cosas fáciles, todo tenía que ser siempre una lucha que al final le diera la razón. Por una sola vez me gustaría que dejara de comportarse como una niña, ya no teníamos diecisiete años, se suponía que debíamos aprender de nuestros errores y crecer, comportarnos como las adultas que éramos.
—¡Erin! —Gritó Meredith horrorizada. Mis ojos debieron ampliarse un poco, porque definitivamente no esperaba verla, ni a David, ni a Katy; me había olvidado por completo de ellos—. ¿Qué estás haciendo?
—Quería quedarse atrás. —Fue lo primero que se me ocurrió decir.
—Esas no son formas de mostrar quién está al mando, amor. —Katy me dio una de sus miradas astutas, remarcando el apodo cariñoso que insistía en repetir para que todos creyeran que éramos algo más que una relación de cama. Por suerte, David se dio cuenta que nadie estaba muriendo y la distrajo para seguir adelante.
La verdad, hubiese preferido que él se quedara en lugar de Meredith, de mis fastidiosos padres él era el más tolerable. Ella parecía más que dispuesta a darme un regaño absolutamente innecesario, debería decirle que el mirarme fijamente no tiene ningún poder en mí, soy una adulta.
—¡Erin! —Usó su voz de madre.
—¿Qué?
—Deja de tocarla inapropiadamente.
Ni siquiera me había dado cuenta de que mis brazos seguían alrededor de Chloe.
—Suéltala de una buena vez.
La dejé ir lo más suavemente que pude. No sirvió de nada, apenas estuvo libre me dio el empujón más fuerte que me había dado alguna vez y se fue en la misma dirección que David y Katy.
—Erin. —Insistió Meredith.
—¿Qué? ¡Ya la solté! Sabes cómo es. No podemos simplemente dejarla atrás, esto es tierra de nadie.
—¿Te acuestas con ella?
—¡Qué! ¡No!
—No hemos hablado mucho desde que volviste… y dado tu historial con ella…
—¿Mi historial con ella? ¿Desde cuándo somos amantes y no me he dado cuenta? Nos odiamos, bueno, yo no la odio, ella me odia, siempre anda haciendo mi vida difícil, y… ¿Por qué rayos estamos hablando de esto? Es a ella a quién deberías reclamarle por querer quedarse atrás, yo soy la única razonable aquí.
—La estabas agarrando, eso no me parece muy razonable de tu parte.
—Por favor, hablas como si fuera a dejarla embarazada nuevamente, han pasado seis años, supéralo. —Reí, era lo más ridículo que había escuchado en mucho tiempo.
—Fuiste tú quien me dijo que se sentía una chica, y acepté que mi niño perfecto era mi niña perfecta. —Una vez más usó en mi contra su discurso preferido—. Imagina mi sorpresa cuando trajiste a casa a esa chica embarazada.
—Perdóname, madre, por los problemas de confianza que te he generado. Si me disculpas, tengo un niño pequeño al cual buscar, mi hijo, tu nieto, la razón de tus problemas existenciales.
Cualquier cosa era mejor que aguantar los ojos juzgadores de Meredith, hacía que aguantar a Chloe fuera un paseo por las nubes. Por suerte no me fue difícil alcanzarla, así que, mientras los demás se acercaban a los policías para recibir nuevas instrucciones, me acerqué a Chloe.
—¿Estás enojada? —No contestó, al parecer prefirió optar por ignorarme—. Siempre logras volverme loca, y no es que sea tu culpa ni nada. Es mi culpa… lo siento.
Se arrimó contra un árbol, en completo silencio y sin mirarme.
—Oh vamos. He hecho peores cosas y no me has dado la ley del silencio. En serio lo siento, pero por nada del mundo iba a dejarte.
Sus ojos se fijaron en los míos, siempre con el mismo fuego.
—Siempre has sido una salvaje.
—Con las mejores intenciones.
—Sí, claro. Siempre has tenido las mejores intenciones.
No iba a dejarla utilizar mis propias palabras en mi contra, ese era otro de sus grandes talentos; así que me acerqué, mirándola a los ojos fijamente y le ofrecí la mano, esperando que la tome como una señal de tregua.
—Estoy aquí para ayudar. Noah también es lo más importante para mí. Podemos hacer esto juntas como amigas, sin peleas ni discusiones, por amor a nuestro hijo.
—Casi pareces la persona de la que me enamoré.
Sus palabras me tomaron por sorpresa, el tono de su voz, la mirada en sus ojos, el mechón de cabello rebelde que estorbaba en su rostro. Ella también casi parecía la misma persona de la que yo me enamoré. La única razón por la que no retrocedí fue porque seguro me hubiese caído si intentaba dar un paso.
Se alejó del árbol, dio unos pasos hacia mí, y eso solo me hizo temblar más las piernas. Su mano delicada tomó la mía y mirándome a los ojos me dio una pequeña sonrisa de tregua.
—Encontremos a nuestro hijo —dijo.