ᜊ ָ࣪ uno
Hyunjin era vecino de Seungmin desde que el contrario tenía diez años, el a pesar de llevarle doce años se llevaron bien desde el inicio, siendo amigos, compartiendo lindos ratos juntos hasta que la necesidad ganó a Hyunjin y lo único que quería era a aquel lindo niño de ojitos de cachorro llorando por su polla.
Al principio se sentía mal con todos estos pensamientos, pero pronto los olvidó y prefirió dejarse llevar con su propia imaginación.
Aunque Seungmin no se quedaba atrás, cuando cumplió los catorce años sintió por primera vez esa necesidad tan primitiva de tocar sus partes íntimas, cosa que hizo pensando en esas largas manos que poseía su vecino.
Ambos se contaron eso en una noche lluviosa donde el mayor había recibido a su menor en casa para ayudarle a dormir.
— ¿así que tocaste tu coñito pensando en mi? — preguntó el más alto acariciando el muslo izquierdo de Seungmin, este asintió con las mejillas rojas y empezó a disculparse, pero Hyun lo detuvo cuando posicionó su mano en su florecita.
Y ese fue el inicio de una relación bastante enfermiza, al principio fue bonita pero pronto los celos, la obsesión, la necesidad por parte de hyunjin fue mucha, esto duró dos años antes de que el menor decidiera ponerle una especie de fin a su novio.
Cosa que no sirvió de mucho.
— h-hyun, para... — gimió agarrando la cabeza de su chico con su mano derecha mientras intentaba cerrar sus piernas, el contrario estaba devorando su coño y aunque quisiera apartarse no podía, le gustaba y mucho.
— cállate, zorra. — exclamó el pelinegro.
Seungmin calló colocando la mano en su boca, estaban en su propia casa. Hyunjin tenía una copia de las llaves de la puerta y había aprovechado que los padres del menor saldrían por toda la noche para entrar y abusar del rico pollo de su chico.
Seungmin era suyo, nadie más podría tocarlo.
— eres mío, seungmin. — dijo escupiendo en su bolita de nervios para empezar a frotar dos dedos ahí, haciendo que el menor suelte un grito ahogado en su mano. — ¿por qué me terminaste? si sabes que solo yo puedo darte esto.
Hyunjin había abusado en un par de ocasiones a Seungmin, este terminaba llorando pero era consolado con dulces y rosas, esas cosas que el pelinegro sabía que le gustaban a su lindo niño castaño.
El mayor sacó de su bóxer su polla y se posicionó entre las piernas de su bebé y empezó a frotar la punta contra la entrada del coño.
— hyunjin, no quiero, basta... — dijo con la voz agitada, en realidad quería, llevaba dos semanas sin sexo y con las hormonas de un adolescente necesitaba una polla jugando con su coño todos los días. — hyunjin...
El mencionado le miró a los ojos unos segundos antes de adentrar toda su extensión de una sola estocada, haciendo que Seungmin gima con fuerza, este sintió sus piernas temblar ante la rica sensación de ser llenado.
— ¡s-sí, hyunjin! — gimió cuando este de nuevo toco su clítoris, ya no importaba rogar por detenerse, tenía el pene dentro y eso lo convertía en una zorra deseosa del pene de su no novio.
Hwang empezó a moverse con rapidez, era un animal en celo moviendo sus caderas, quería liberar todo su semen en la florecita de su bebé, suyo y de nadie más. Alzó las piernas de Seungmin y las llevo a su pecho, porque era esa la diferencia de altura, no llegaban a sus hombros.
Se inclina haciendo que los muslos de Seungmin toquen su propio abdomen mientras Hwang aprovechaba esta situación para chupar esas ricas tetas de Kim, las lleno de marcas para volver a la posición de antes y admirar el desastre que estaba haciendo en ese lindo, pequeño y caliente cuerpo.
— gime para mi. — ordena Hwang.
Seungmin cumple, gimiendo y jadeando, de forma tonta, incluso cuando Hyunjin lo coloca de lado para llegar más lejos en su interior, no puede controlar su saliva o sus reacciones faciales, por lo que su lenguita colgaba de sus labios.
— j-jinnie, me voy a correr... — susurró Seungmin jugando con sus pechos, estos eran un poco más grandes de lo normal, cosa que también le encantaba a su mayor.
— suelta tus jugos de zorra, minnie, a papi le gustan. — dijo con su voz agitada, Hwang sonrió al ver como su pequeño dejaba liberar todos sus jugos contra su polla, inmediatamente sintió como el interior lo atrapaba con una estrechez perfecta y finalmente pudo soltar todo su esperma en la vagina de su bebé.
Después de un rato de recomponer sus respiraciones, Seungmin miro a Hyunjin y negó con la cabeza.
— está es la última vez... — advirtió.
— claro que no. — respondió hyunjin.