1.Amigo Imaginario
Era hermosa, era perfecta, era...
Un lugar donde su familia sería feliz y viviría tranquila después de una larga lucha de su heroico ejército contra esa horrenda gentuza...
Hubo muchas bajas pero finalmente triunfaron y la tierra prometida era suya, toda suya.
Cada mañana se levantaba y escuchaba el mar con su taza de café en la mano y se sentía dentro de un anuncio de televisión.
Pensar qué solo hacia un año atrás eso estaba lleno de indeseables...
Se hizo justicia finalmente.
El vuelo de la taza, que tenía en la mano y que se hizo añicos en el piso, interrumpió si placentero momento.
Al principio creyó que había sido su hijo que a veces correteaba entre juegos, pero aunque juró verlo, recordó que en ese momento estaba en la escuela.
Más grande que al principio, el país seguía extendiéndose en territorio cada día, apartando a los molestos pobladores originales. Pero así eran las cosas, el pez mayor engullía al menor.
Sin musulmanes y cristianos a la vista, la vida era mucho mejor. Y bueno, sí, había tenido un pequeño costo, nada era gratis en la vida, ¿cierto?
Ahora que veía por el enorme ventanal del moderno edificio en dónde se ubicaba su oficina sentía que todo estaba mejor. Si no fuera por esos ruidos...
Tal vez cuando encontraran la causa cesarían por fin. Aunque al parecer, debía ser algo procedente del subsuelo, ya que en su adorable casa nueva, frente a la playa, también se escuchaban igual.
Día y noche, murmullos que parecían ser lamentos, interrumpía su sueño y el de su esposa. También su hijo mayor se quejó de lo mismo.
Solo el pequeño, de cinco años, parecía disfrutar la vida sin contratiempos.
Decía hablar con un amiguito imaginario al que no le entendía del todo, al parecer no hablaban el mismo idioma, pero tampoco hacía falta.
Cosas de niños, ya se le pasaría conforme fuera adquiriendo intereses nuevos.
En el jardín, la maestra de prescolar lo veía hablar con alguien a quien al parecer, solo él podía ver.
Un día se acercó y le preguntó.
—¿Qué haces, cariño?
—Conversar.
—¿Con quién?
—Con mi amigo.
—¿Y cómo se llama tu amigo?
Si la maestra hubiera visto el reflejo en el cristal de la entrada, habría tenido el placer de conocer a ese amigo.