El Ascenso de la Niebla (Shykane #1)

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Summary

"Así que crees que has encontrado una grieta en el plan de los Dioses". Lyren, profesor de la Universidad de Legynor muere la misma noche que solicita ayuda para entender los descubrimientos de su investigación clandestina. Una investigación que podría hacer tambalear el frágil equilibrio en el que se asienta la sociedad de Arinor. Ahora, Robegor y Onna deberán trabajar juntos para resolver el asesinato y evitar que esa investigación caiga en malas manos. Pero, ¿podrán superar los fantasmas de su pasado?

Status
Ongoing
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

La oscuridad de la noche parecía haberse tragado el callejón. Las farolas de la calle principal quedaban demasiado lejos como para iluminar el lugar donde se encontraban reunidos los dos hombres, ocultándose en su negrura como dos ladrones.

Lyren observó nervioso al hombre que se alzaba frente a él, apenas una sombra más oscura frente al espacio que les rodeaba. Una sonrisa sarcástica se iluminó en aquel rostro desconocido al dar una calada a su cigarro.

—Así que crees que has encontrado una grieta en el plan de los Dioses, Lyren.

—No sé si yo lo llamaría así —contestó él.

El hombre volvió a dar una calada al cigarro, que de nuevo emitió un tenue brillo naranja entre la oscuridad.

—Deberías dormir más —le dijo el otro, recorriendo con la mirada a Lyren.

Tenía razón, sin duda. La realidad es que él mismo se notaba demasiado cansado. Su pelo canoso estaba despeinado, su ropa desarrapada. Había escuchado esa frase demasiadas veces a lo largo de las últimas semanas. Incluso por parte de algún alumno suyo en la Universidad.

—No es tan sencillo —contestó Lyren.

«Sería mucho más sencillo si pudiera sacarme esta maldita voz de la cabeza», pensó.

Cuando empezó a aparecerse ante él había pensado que se estaba volviendo loco, pero ahora sabía que no era cierto. Que aquella voz era muy real… y también peligrosa.

Un año después de empezar aquella investigación, Lyren había obtenido algunas respuestas, pero ninguna que le sirviera para deshacerse de ella. Ninguna que le ayudase a alejarse de esa voz.

Tenía voluntad propia.

—Es impresionante que hayas conseguido descubrir algo así tú solo. Sin ayuda de la Universidad —dijo el hombre frente a él—, porque la Directora sigue sin saber nada al respecto, ¿verdad?

Lyren negó con la cabeza.

—Nadie sabe nada.

—Si lo que dices es cierto es un peligro para todos.

—Lo sé, tiene implicaciones graves. Por eso es necesario contactar con ella para que me cuente lo que sabe. Si alguien puede ayudar…

—No suele atender a este tipo de peticiones —le cortó el desconocido—. A ninguna petición, realmente.

—Por favor, si alguien más conecta los puntos y cae en malas manos podría poner en peligro el equilibrio en el que se asienta nuestra sociedad. Tiene que haber algo que pueda hacer.

—¿Qué te hace pensar que quiere o puede hacer algo? —dijo el desconocido—. Harías bien en recordar que nuestra sociedad no es la suya. Desde hace mucho, antes de que naciéramos ninguno de los dos. Si quisiera interceder lo habría hecho tiempo atrás.

El hombre dio otra calada a su cigarro para luego tirarlo y apagarlo en el suelo.

—La informaré. Pero si yo fuera tú, me desharía de esa investigación. Quema lo que tengas, pídele a alguien que use la N’Ashyk para borrar el recuerdo de que alguna vez la iniciaste —dijo mientras se alejaba en la oscuridad—. Es lo mejor.

Lyren se dio la vuelta y se dirigió hacia la luz de la calle principal, dejando atrás la oscuridad de aquel pequeño callejón. Dejando atrás a aquel extraño en el que se había visto obligado a confiar y que se alejaba en dirección opuesta sin volver la vista atrás.

Si la Directora o cualquier otra persona se enteraban de lo que estaba investigando lo encerrarían en Linarey. Pero era demasiado tarde para volver atrás. El profesor inició su camino de vuelta hacia la Universidad.

Y entonces empezó a resonar en su cabeza aquella melodía.

Su ritmo era impredecible, destinado a producir sensaciones distintas a lo largo de la canción. Los entendidos decían que eso hacía que tuviera cierta calidad, pero él no sabía diferenciar las pequeñas variaciones de una melodía ni distinguir realmente una buena de una mala canción.

Lo único que podía sacar de aquella canción era una sensación de desasosiego, con aquellos ritmos cambiantes y la voz del intérprete, limpia y suave mientras hablaba de su final. Mientras esperaba a La Muerte. Nadie nunca estaría tan calmado justo antes de encontrarse con Ella.

No si la persona supiera que iba a morir cuando la viera.

Sus alarmas saltaron entonces y echó a correr. Sin duda nadie se atrevería a atacar dentro de los muros de la Universidad, allí estaría a salvo. Pero la sensación de peligro era inconfundible y visceral. Alguien, o algo, iba tras él.

Cuando entró en su despacho, jadeante, todo estaba oscuro y en silencio.

Estaba solo.

Respiró hondo, sintiéndose un poco avergonzado. Recordando el camino a casa se preguntaba cómo había podido reaccionar así, el temor que lo había invadido antes, ahora le parecía lejano, fuera de contexto.

Respiró hondo un par de veces y sacó una botella del armario a su espalda, sirviéndose un vaso con el licor más fuerte que tenía. Luego se dirigió hacia el enorme sillón donde solía pasar horas leyendo y corrigiendo ensayos de sus alumnos y se sentó, degustando un pequeño sorbo de aquel licor con los ojos cerrados.

La melodía volvió a asaltar su mente en ese momento. Se puso tenso de golpe y abrió los ojos de nuevo, con aquella música todavía resonando en su cabeza.

De pronto, un dolor lacerante lo dejó sin aliento, pero no podía gritar, sus cuerdas vocales no respondían. Escuchó el vaso caer al suelo y miró hacia la fuente de aquel dolor. Donde debía estar su mano ahora solo había una sensación húmeda. La sangre recorría su brazo y en un movimiento instintivo se llevó la otra mano al brazo herido, apretando con fuerza e intentando no centrarse en el dolor.

Y la imagen frente a él cambió.

Donde antes había una habitación perfectamente iluminada ahora todo estaba oscuro de nuevo. Y frente a él, recortada contra la luz de la luna que entraba por la ventana, intuyó la figura de una mujer.

El profesor tragó saliva.

—¿Quién eres? ¿Qué quieres? —preguntó Lyren.

La mujer no respondió. Se limitó a quedarse allí observando a su alrededor por un momento. Buscando algo con la mirada… o con la N’Ashyk.

Lyren intentó activar la N’Ashyk también para protegerse, para controlar las emociones de la mujer y evitar que pudiera usar sus habilidades con él. Pero por alguna razón no podía.

—No te molestes. He puesto unos relajantes bastante fuertes en esas botellas —dijo ella señalando el armario—. Suficientes para que no puedas activar la N’Ashyk de manera fácil. Estás bajo mi control ahora, Lyren.

El profesor volvió a observar el muñón sangrante en el que ahora acababa su brazo, todavía apretando con fuerza.

—¿Era real? —preguntó con dificultad.

—¿La canción? —dijo ella—. Sí, es bastante conocida, me sorprende que no la hayas escuchado antes. Yo la escuché el día que la compuso, hace ya muchos años. El cantante murió, así que era incluso más real de lo que parecía. La noche que se la oí se me quedó grabada. Al día siguiente el tipo apareció muerto en una de las calles cercanas al bar donde solía tocar. Tal y como pedía en la canción.

—Lo mataste.

La chica soltó una carcajada en la oscuridad.

—No. Simplemente murió. Yo era una niña por aquel entonces. Pero sí lo vi ocurrir. Supongo que por eso la canción se me quedó tan grabada.

—Por la voz parecía un hombre joven.

—Lo era, ¿no te parece curioso? Un tipo joven, había sido padre apenas unos años atrás. Su hijo había estado muy enfermo ese año, nadie podía hacer nada por él. Ni siquiera nuestra gente. De pronto el hombre vuelve a su sitio de actuación habitual con una canción nueva en la que cuenta cómo quiere hacer un trato con la mismísima Muerte. Al día siguiente aparece muerto. Pero su hijo sigue con vida hoy en día.

El silencio invadió por unos instantes la habitación.

—Siento lo de tu mano, pero era necesario —dijo la mujer—. Necesito la investigación en la que has estado trabajando.

—No sé nada de ninguna investigación. Todas las que he intentado hacer han sido desestimadas por la Universidad.

—Oh… ya veo —dijo la chica, decepcionada—, ¿y entiendo que vamos a hacer como que no seguiste con ella igualmente?

Un escalofrío recorrió la espina dorsal del profesor.

—No te olvides, he estado en tu mente ¿crees de verdad que solo he entrado ahí para meterte una canción en la cabeza?

—Por favor…

La chica se giró hacia la ventana y Lyren pudo intuir por primera vez su rostro, iluminado por el reflejo de la luna que se filtraba a través de la ventana. Tenía un gesto de fastidio y sostenía entre sus manos la mano que le había cortado al profesor unos minutos antes.

—Lyren, eso no ha estado bien. Mentirme, digo. Si hubieras dicho la verdad… bueno esto podría haber acabado de forma distinta. Pero tenías que mentir.

—No sabes lo que estás haciendo. Acabas de agredir a un profesor de la Universidad de Legynor. La Directora Siney te buscará hasta que te encuentre y te encerrará en Linarey —dijo Lyren—. Si te vas ahora no le diré lo que ha pasado.

La desconocida observó por un momento la mano del profesor y la sortija que lucía en uno de sus dedos. Después de quitarle el anillo la lanzó con despreocupación al suelo. Como si fuera cualquier objeto y no una parte de un cuerpo humano. La mujer limpió la sangre del anillo con las cortinas de la habitación. Después se lo puso y observó cómo la gema que contenía se encendía, cobrando vida. Su rostro quedó iluminado de pronto por la tenue luz violeta de la gema.

—¿Qué vas a hacerme? —preguntó él.

—Nunca he usado una de estas gemas, ¿sabes? Supongo que no debe ser tan complicado, al fin y al cabo todos los shykane acaban con una al terminar su formación.

—No, espera. Si nunca has usado una gema shyk no deberías intentarlo. No sabrás controlarla…

—No me subestimes, Lyren, no lo soporto —dijo ella—. ¿Vas a decirme algo de dónde esta esa investigación?

El hombre se quedó en silencio. Su corazón martilleaba en su pecho. No podía decirle nada. No podía dejar que aquel conocimiento cayera en sus manos. Ni siquiera sabía quién podía haberla enviado.

—Entonces tendré que averiguarlo por la fuerza —dijo la chica.

El profesor empezó a sentirlo apenas unos segundos después. La energía que escapaba de su cuerpo. La confusión que acompañaba al proceso y poco después el dolor, como si su cuerpo entero ardiera por dentro, su mente descomponiéndose rápidamente, mientras aquella canción, que le había acompañado toda la noche resonaba en su mente más y más fuerte. Mientras él no podía moverse, no podía gritar.

Hasta el mismo momento de su muerte.