Monarca Infernal

All Rights Reserved ©

Summary

Quedar atrapados en los asuntos de los semidioses prehispánicos por un simple collar, que se rehúsa soltar a su nueva portadora, no era exactamente la definición de vacaciones que tenían planeadas Morgan y sus amigos, mucho menos descubrir que ella es la pieza faltante de la profecía más esperada de todo el panteón mexica que consistirá en construir una nueva era para que sus padres regresen, al fin, a la tierra que les pertenece y les fueron arrebatadas hace más de 500 años, pues de lo contrario, todo caerá en una era de penumbras por la eternidad. Morgan deberá estar a la altura de los semidioses por su deseo de salvar a su país y seres amados, obligada a cumplir dicha profecía, si es que sus asuntos mentales y los problemas amorosos no la terminan consumiendo primero, pues si los conflictos románticos entre humanos eran difíciles, entre seres divinos peleando por ella es aún peor, llevándola a un viaje solo de ida, y sin escalas, hacia el Mictlán.

Status
Ongoing
Chapters
19
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 1. Puebla


“¿Por qué chingados no me tocó tener la vida común de cualquier mexicano?”

Aquellas palabras transitaban en bucle entre los pensamientos de Morgan, lamentándose por la complicada vida que le toco, conforme su mirada se perdía en el bello paisaje que vislumbraba por la ventana de la camioneta blindada. La carretera que los llevaba a Puebla se desplegaba como un lienzo de posibilidades, una vía de escape para su ajetreada mente donde la rutina quedaba atrás, eclipsada por la danza de los árboles al costado del camino. El bosque abrazaba el trayecto con sus secretos susurrados entre hojas, y los cerros -testigos mudos de incontables historias- se alzaban como guardianes silenciosos. Le calmaba el perfume que emanaba la tierra mojada que se aferraba al aire, como si la lluvia pasajera hubiera dejado su esencia en cada gota; y la serotonina de su cuerpo se hacía presente cada que podía ver en el horizonte a los volcanes enamorados, Iztaccíhuatl y Popocatépetl, que se alzaban como amantes eternos que robaban suspiros a todo aquel que deseara un amor tan profundo como el que se tuvieron en vida; sus cumbres cubiertas de nieve acariciaban el cielo conforme el manto nocturno y estrellado comenzaba a tomar su lugar.

Ese momento, tan pacíficamente perfecto, provocaba que se sincronizaran el corazón y la mente de Morgan para detener toda ansiedad y preocupación que tuviese, permitiéndole un instante de anhelante y limitada paz, pues como en toda melodía, una nota discordante la sacó de su transe al percibir en el reflejo de la ventana a aquel ser cuya apariencia era idéntica a la de ella, pero con una mirada cuya esclera era completamente obscura con un iris de color naranja y una perturbadora sonrisa en sus labios. Si alguien más pudiera verle, sentiría el escalofrío de que solo las peores pesadillas pueden ofrecer. Con solo verle de nuevo, Morgan recordaba que nunca habría escapatoria de su tormento, que aquel ser la seguiría como una sombra y la molestaría hasta el fin de lo que conoce como vida.

—Oh, tan linda que te veías bajando la guardia un instante —chasqueo la lengua, desvaneciendo su enorme sonrisa—, un poco más y me hubiera encargado de tomar el control de nuestro cuerpo, sinceramente te ves agotada, querida, déjame tomar el mando para que te tomes un merecido descanso —la burla y la ironía eran evidentes en su voz, cruzándose de brazos.

Morgan solo suspiro con pesadez, colocando sus dedos en el entrecejo, mientras cerraba sus ojos para calmar su ira.

—¿Me crees tan estúpida para dejarte controlar mi cuerpo? Es por tu culpa que no puedo relajarme ni un segundo, Corgan. Carajo, no habías molestado en 4 horas, se supone que la nueva medicina debía hacer efecto 6 horas más —Morgan saco de su mochila una pequeña libreta y una pluma, antes de dejar caer su cuerpo sobre su respaldo.

—Querida, me gustan los retos y creo que esta vez me supere, cada día soy más fuerte, ¿no lo crees? —Corgan soltó una fina risa, rozando sus labios con las puntas de sus dedos—. Insisto que deberías dejarme salir solo un momento, te juro que esta vez no intentare prenderle fuego a nadie —la joven de ojos penetrantes comenzó a moverse en todo lo que pudiese reflejarse dentro del vehículo, sin detener sus burlescas y crueles carcajadas, al mismo tiempo en que le recordaba el caos que ocasionó la última vez que tomo el control hace casi seis meses.

—Cállate de una puta vez —murmuró Morgan con gran molestia, creando anotaciones sobre la duración que esta nueva y, supuestamente, potente medicina tuvo antes de que reapareciera Corgan. Fue interrumpida por la mano de Jade, su mejor amiga de la infancia, que se posó sobre su hombro suavemente al estar sentada a su lado.

—Corgan te está molestando de nuevo, ¿verdad? —preguntó la preocupada ojiverde— Pensé que tardaría más.

—Sí, yo también. —Morgan terminó su registro y guardo sus cosas antes de cruzar sus grandes ojos color obsidiana con los de su amiga, retirando los mechones de su largo cabello negro que caían sobre su frente—. Lo siento, todavía no llegamos a tu casa a vacacionar y ya tengo problemas con Corgan, incluso partimos tarde por mi culpa

—Mor, nadie te culpa de ello, de hecho la hora de partida fue la mejor, así llegaremos a dormir y mañana saldremos a pasear, tal y como hemos planeado, además creo que ya sabemos cómo lidiar con Corgan —trató de reconfortar a su amiga, guiñándole con ternura—; te prometo que todo saldrá bien, además, sabes que no tienes que enfrentar esto sola, todos te apoyamos, por eso somos tus amigos, ¿no? —su corto cabello castaño revoloteaba ligeramente por una leve corriente de aire que se introducía por una ventana entreabierta, regalándole una dulce sonrisa antes de mirar a los asientos delanteros donde sus otros cuatro amigos estaban ubicados.

—Lo sé y no creo que existan mejores amigos que ustedes. Siento que no los merezco, por eso mismo no soportaría hacerlos infelices o ponerlos en riesgo por mi condición, como a mis... a mis padres —el humor de Morgan descendió drásticamente al acabar la frase, desviando su mirada al suelo antes de decidir recostar su cabeza en el hombro de Jade, quien la recibía con cariño.

—Eso no pasará nunca, y sí, Corgan podrá ser bastante inestable y aterradora, pero no es tu culpa haber pasado por tanto y ser diagnosticada con esquizofrenia y Trastorno de Identidad Disociativo, ante cualquier problema nos acoplaremos, lo solucionaremos y seguiremos siendo amigos, eso no tenlo por seguro —Jade se dispuso a acariciar suavemente la cabeza de Morgan para consolarla, sin quitar su mirada del resto de su grupo— Miguel, Kora, Estella y Victoria temían tanto que te negaras a venir, todos sabemos que te mereces un descanso, especialmente por lo difícil que fue para ti terminar la carrera de biología sin retrasarte o reprobar por la intervenciones de Corgan que no te lo dejaba fácil

—Nunca lo hace fácil, se vuelve cada vez más molesta conforme me consume mis “enfermedades” —con sus dedos simuló los símbolos de las comillas en el aire—. Ni el último psiquiatra, supuestamente el mejor de toda la Ciudad de México, pudo definir lo que tengo, le fue más fácil decir que tenía todo lo que los demás me han dicho, hasta bipolaridad, todo por culpa de esa alucinación —Morgan suspiro antes de darse cuenta que Corgan había escuchado lo que dijeron y con molestia se acercó al vidrio más cercano a ella para reclamarle.

—Alucinación, tu culo, estúpida, recuerda que sorda no soy y, por milésima vez, te repito que yo soy tan real como tú

—Jade, voy a ponerme mis audífonos, ya no quiero escuchar a Corgan, por lo menos hasta que lleguemos

—No importa, linda, yo entiendo— Morgan se enderezó en su asiento y colocó sus auriculares en sus oídos, subiendo el máximo volumen de su música en su celular, ignorando a su inquilina mental por el resto del camino, no importaba cuánto gritara Corgan, con ese método aprendió a no enfocarse en las provocaciones verbales de su reflejo con más facilidad.

Después de unas horas, por fin habían llegado a la mansión de Jade, un inmueble precioso, rústico, pero a la vez demasiado elegante, con una piscina en la parte trasera de la casa y rodeado de grandes áreas verdes y algunos árboles frutales, Sin duda, se trataba de una casa de ensueño.

La familia de Jade, los Gaete Solares, habían organizado unas vacaciones en su casa de Puebla para ella y sus amigos como regalo de graduación, por lo que no escatimaron en detalles ni dinero para la protección y diversión de esa joven, aunque es algo obvio cuando se trata de la hija del embajador de Chile y de una de las empresarias mexicanas más rica que existe, dueña de una de las inmensas empresas mineras del país. La joven castaña era el tesoro más grande de sus padres, por lo que protegerla era lo más importante para ellos, y si tenían los recursos para salvaguardar su felicidad, lo harían sin excusas.

Jade no era una joven creída, mucho menos déspota o pretensiosa, pero cuando era necesario hacía uso de su estatus y poder. Un ejemplo de eso era con sus guardaespaldas a quienes les ordenó alejarse de la mansión, a menos de que ella les mencionara lo contrario por mensaje o si se les comunicaba que saldrían a algún lugar, y mantener una distancia prudente de Morgan; esto se debía a un fuerte trauma que su amiga padeció en su adolescencia, dejándola con una severa inseguridad y ansiedad cada vez que su espacio personal era invadido repentinamente o si se sentía acorralada por uno o más hombre, sin importar si era con buenas intenciones, como la labor de los guardaespaldas de la familia de Jade. No iba a permitir que ninguno de sus amigos se sintiera inseguro ni estresado en un lugar donde se suponía debían descansar y pasársela bien, por ello le designó a su equipo de seguridad las dos cómodas cabañas que estaban al límite de la propiedad, cerca de la entrada excesivamente protegida.

Acomodaron sus respectivas cosas en las habitaciones que eligieron cada uno. Morgan se encargó de acondicionar la suya de forma que fuese segura para ella y los demás, así que le puso candado a la ventana, cuya llave se la entregó a Jade para que la ocultara, y les pidió a sus amigos que cerraran la puerta desde fuera, manteniéndolos alejados de las imprudentes hazañas que pudiesen ocurrírsele a Corgan, si es que tomaba el control en un momento de vulnerabilidad como dormir. Como medida extra de precaución, tomó una pastilla para dormir antes de acostarse, pues era la forma en que la mantenía controlada fácilmente; es el único fármaco que, hasta ahora, le era útil. A pesar de todo, eso la deprimía un poco, ya que no era un estilo de vida sencillo para ella, uno donde debía estar en estado de alerta día y noche, nada sano para una joven de 23 años.

En la mañana fueron despertados por sus ansiosas amigas, Victoria y Kora, que no querían perder ni un solo segundo del itinerario que habían organizado para su viaje. Apresuraron a todos, especialmente a Estella, la chef del grupo, para que les hiciera el desayuno, pues su comida era simplemente deleitable para todos, no importaba qué preparara o qué tan sencillo fuera el platillo, todas sus comidas parecían bendecidas por los mismos dioses, no por nada se había graduado con honores en Gastronomía.

Al terminar de desayunar y de lavar sus dientes, se dirigieron rápidamente a su vehículo que los esperaba con los guardaespaldas para iniciar sus actividades turísticas en el centro de Puebla, donde recorrieron distintos lugares de aquel hermoso estado, a pesar de ser el primer día. Algunos de ellos fueron Los Fuertes de Loreto, el museo Viviente, la calle de Los Sapos, el mercado de las artesanías “El Parián”, los locales de fina talavera y la Catedral de Puebla; tomaban fotos y videos sin parar por la abundante diversión. Sin embargo, Corgan se mantuvo sospechosamente tranquila durante su recorrido, pues no molestó a Morgan como en otras ocasiones; estaba más enfocada en permanecer alerta de su entorno, pero la chica que comandaba el cuerpo decidió no indagar al respecto, ya que podría reducir el tiempo que le estaba brindando Corgan para disfrutar su tranquilidad, antes de que volviese a la normalidad.

La penúltima parada que tenían prevista era el museo de Amparo, el cual Victoria se esmeró en elegir para que lo visitaran el primer día, pues la arqueología y la cultura prehispánica eran sus mayores pasiones y su campo de estudio, por ello no iba a perder la oportunidad de visitar dicho museo.

Sus cimientos, tan antiguos y majestuosos como el acervo de arte prehispánico, virreinal y contemporáneo que exponía en su interior, causó una gran curiosidad entre aquellos jóvenes adultos que los incitaba a explorar cada uno de sus bellos rincones, hasta que su paz se vio interrumpida cuando una mujer, de 2 metros de altura, se abrió paso entre ellos bruscamente con el fin de que ella y sus otros 7 amigos fuesen los primeros en entrar al edificio de forma apresurada, gritando palabras de procedencia extraña.

—¡Xicholo cuitlamula! —Con un tono agresivo, la chica se dirigió a Morgan tras darle un empujón para quitarla de su camino, sin importarle que pudiese tirarla para que su cara besara suelo, por lo que Morgan cerró los ojos como reacción antes de que se diera el impacto.

Los amigos de Morgan gritaron al unísono al ver aquella escena, cuyo trágico final fue evitado por una mano que la tomó de su sudadera, jalándola hacia el dueño a quien pertenecía dicha extremidad, que procedió a abrazarla instintivamente, mientras soltaba un fuerte silbido de alivio.

—Pensé que no te atraparía, ¿estas bien? —Preguntó el muchacho que la sostenía entre sus musculosos brazos.

—S-sí, gracias, lo siento

—No, no, no tienes que disculparte, perdona a mi amiga, es bastante maleducada

—No te preocupes, no impor...ta... —Morgan no había abierto sus ojos hasta que sus manos se apoyaron en él, notando su duro abdomen, lo que la hizo enrojecer de pena al pensar que estaba en una posición incómoda.

Grande fue su sorpresa cuando notó que era incorrecta su deducción, debido a que ese hombre era más alto de lo que esperaba, unos centímetros más de lo que era la chica que la empujó. Su cara apenas llegaba a la altura de sus pectorales, y conforme alzaba la mirada sus observaciones eran más detalladas: portaba una camiseta negra sin mangas que parecía quedarle pequeña por lo bien que marcaba su torso, resaltando su piel aperlada y su larga cabellera, tan obscura como la noche, así como un tatuaje extraño que se ubicaba en su brazo izquierdo, con forma de un felino que -debajo de él- salían otros tatuajes que simulaban las machas de un jaguar, cubriendo el resto de su brazo. Era un espléndido espécimen de ser humano, tanto que podrían considerarlo sumamente irreal y categorizarlo como algo divino. Mientras ella continuaba admirándolo con curiosidad, el chico parecía maravillarse tanto hasta perderse en los ojos profundos de Morgan.

—¡TZIL! ¡Te vas a quedar ahí pendejeando ¿o qué?! —El grito de la joven que la empujo, poseedora de un extraño adorno emplumado en su oreja derecha, y que en su cabello se distinguían tres grandes mechones en color rojo, verde y amarillo, los había desconcentrado, lo que hizo que Morgan volteara a ver en la dirección de donde provenía su voz. Ante eso, pudo observar mejor las características del resto de los acompañantes que esperaban al joven, de nombre Tzil, descubriendo que ellos dos no eran los únicos con alturas espectaculares, ninguno parecía medir menos del 1.80, además de las características tan extrañas que los distinguía perfectamente, en especial por sus tatuajes.

—Ya voy, Quia, como chingas —enojado, y hablando entre dientes, Tzil se dirigió a su grosera compañera, antes de mirar con ternura a la incrédula joven entre sus brazos—. Lo siento, debo irme, fue un gusto —Tzil se apartó con cuidado y se dispuso a adelantarse rápidamente con su grupo.

Los amigos de Morgan quedaron pasmados por asimilar lo sucedido, pero unos segundos después comenzaron a celebrar el encuentro romántico que tuvo su amada amiga, pues hacía años que presenciaban algo tan lindo.

—Esa chica esta loca, ¿Quién se cree? —se quejó Jade, mirando con desprecio hacia la ruta que tomo la mujer gigante, mientras la revisaba a Morgan— ¿Estas bien?

—Si

—¿Y cómo no vas a estar bien?, ¡¿Viste cómo te miro y abrazó ese hermoso hombre color azteca?!, ¡ay, que envidia! —gritó Victoria aferrándose al brazo de Morgan de la emoción— ¡Tienes que invitarlo a salir!, pídele su número, su IG, ¡lo que sea!, ojalá no tengas que lidiar tanto con su amiga sin modales, incluso te insultó en náhuatl.

—¿Sabes náhuatl? —preguntó Morgan con curiosidad a Victoria.

—Un poco, pero se reconoce un insulto cuando lo escuchas

—Esta guapísimo, si tu no lo quieres, déjamelo a mi Morganita, ¡es que no se le puede dejar ir!, ¡Qué suertuda eres al toparte algo así! —Miguel veía en dirección por donde desapareció Tzil mientras se mordía el labio.

—Miguel tiene razón, ¡no puedes dejar que se te escape! Después lidiamos con la serpiente que tiene de amiga —Kora apoyaba la moción de sus amigos, Victoria y Miguel, mientras los tres se agarraban de las manos y daban brinquitos de emoción, provocándole una dulce risa a su amiga.

—Están locos, solo fue un accidente, además no sentí ninguna conexión especial, mejor sigamos con nuestra visita —Morgan comenzó a caminar al unísono de las insistentes suplicas de su grupo por invitar a Tzil. Sin embargo, su felicidad se convirtió a preocupación en cuanto vio a Corgan en el reflejo de un aparador en un estado de completa seriedad, observando la zona donde se fueron aquellos chicos. Por un momento Corgan cruzo miradas con Morgan, transmitiéndole una sensación de preocupación, antes de que avanzara entre los reflejos para seguir a Tzil y sus amigos. No sabía lo que pasaba por la mente de su ilusión, pero ese comportamiento comenzaba a asustarla.

Trato de fingir que nada extraño pasaba, continuando con su visita al museo. Ella pensaba que se volvería a encontrar con aquellos chicos, pero no los encontró, ni a Corgan, hasta que escucharon un enorme grito de frustración de una voz que se les hizo conocida al entrar al museo, de aquella chica alta de mechones y joyería extraña.

—¡¡¡PUTA MADRE!!!, ¡VINIMOS HASTA AQUÍ PARA NADA!, ¡TAMPOCO SE ENCUENTRA AQUÍ!

—Qui, ya lo encontraremos, tranquila —uno de sus amigos, de pelo grisáceo y de un tatuaje en tonalidades azules y verdes, trataba de calmarla, sin éxito alguno, hasta que se dejaron de escuchar sus voces, tal vez se habían salido del edificio.

No le dieron importancia a eso, aunque la tristeza en las caras de los amigos de Morgan era evidente por dejar ir a aquel chico, pero continuaron con su recorrido en el museo. Durante este, la chica notó que los tatuajes de cada uno de ellos se parecían mucho a las imágenes de algunos dioses representados en el museo, lo que la dejó pensando profundamente en las posibilidades por las cuales se pondrían de acuerdo para tatuarse esas imágenes.

Una vez que salieron del lugar, su última parada sería el Pasaje Histórico 5 de mayo, los grandes pasadizos subterráneos de Puebla, las “catacumbas” poblanas, que tienen más de 10 kilómetros de recorrido sin explorar, solo una pequeña parte está abierta al público, a pesar de eso, sería una caminata algo larga. Los jóvenes llevaban agua para evitar la deshidratación durante el paseo, aunque a Morgan le preocupaba más los problemas que podría causarle su otra personalidad antes de poder tomar, de nuevo, su medicamento y sentirse momentáneamente tranquila durante el poco tiempo de su efecto. Por un momento, se sorprendió de no encontrarla por ningún lado, pensó que la medicina al fin había hecho el efecto que tanto esperaba, pero fue breve esa sensación de júbilo hasta que, en uno de los vidrios que protegían algunos objetos del Pasaje, notó brevemente a Corgan buscando algo a lo lejos, desapareciendo de su vista por ir en una dirección diferente. Para este punto, Morgan ya no entendía lo que pasaba, estaba tan acostumbrada a la presencia molesta de aquel ser creado por cabeza desde tan temprana edad que tuvo el deseo de preguntarle lo que le pasaba. Sin embargo, con el uso de su razón, decidió no hacerlo para evitar que esto resultara ser contraproducente para su salud mental, pues entre más la tuviera lejos, era mejor, según ella.

Después de varios minutos, pasaron cerca de uno de los tramos que debía estar cerrado, pero tenía algunos tablones de madera tirados, dando un perfecto espacio para que cualquiera pudiera pasar. Morgan consideró que era un nuevo pasadizo que remodelarían para la entrada al público, pero le pareció escuchar unas voces en él, lo que provocó que se detuviera para prestar mayor atención, mientras sus amigos seguían observando, fotografiando y leyendo la información que se les presentaba en algunos muros sobre el lugar, en el tramo delante de ella. En su distracción, decidió regresar sobre sus pasos para acercarse a la extraña entrada.

—Debe estar aquí, se siente su energía, pero no lo puedo ver —Morgan no aguantó la curiosidad al escuchar una voz muy parecida a la de Tzil que provenía de dicho túnel, así que cuidadosamente se aventuró con sigilo en él.

Entrecerró los ojos para adaptar su vista a las penumbras del lugar, no avanzó mucho, pues se notaba una extraña luz dorada que parecía moverse, probablemente de alguna lámpara, así que se ocultó tras una gran roca que había frente a ella, asomando ligeramente su cabeza por la orilla. La sorpresa la invadió al descubrir que sí se trataba de Tzil y sus amigos, a los que se toparon en el museo Amparo, pero más fue su inquietud al notar que la chica de los mechones de colores era la que provocaba aquella luz, no poseía ningún cerillo, encendedor o linterna, la iluminación provenía directamente de su mano para ayudar a alumbrarlos en su búsqueda de algún objeto extraño, pero que parecía ser valioso para ellos. El acontecimiento la dejo sumamente impactada, pues no podía creer lo que presenciaba.

—¿Será que es una nueva clase de alucinación?, de ser así, entonces mi mente ya se jodió por completo —susurró para ella misma, sacudiendo su cabeza levemente.

—No es tu imaginación, es real, pero quédate oculta —su pregunta fue respondida de forma inesperada por un sonido indiscutiblemente familiar, pero en esta ocasión estuvo a nada de gritar cuando giro su cabeza a su lado izquierdo y ver, en vívida imagen, a Corgan. No había nada en ese pasillo de roca con lo cual pudiera justificar que se trataba de un reflejo, por lo que no había duda de que ahí estaba junto a ella con un cuerpo humano como el suyo, una forma en la que jamás se le había mostrado.

—Ok, definitivamente ya estoy loca —aterrada, intentó apoyar su mano en la roca para sostenerse de la impresión, pero falló en su movimiento y terminó resbalando hasta ir contra el suelo, llamando la atención de aquellos jóvenes por el estruendoso ruido que hizo eco. Ellos miraron con sorpresa hacia Morgan, causándole un indescriptible horror al notar que ya no había luz, pero lo único que brillaba en esa tétrica oscuridad eran los ojos de aquellos seres posados sobre ella, demostrando que definitivamente no eran humanos, no del todo.

—Torpe, te dije que te ocultaras —le reprochó Corgan, dando un paso al frente sin dejar de ver a aquellos tipos.

—Yo, l-lo siento... solo me perdí, emm... yo... —Morgan balbuceaba, pensando en una excusa creíble para que a aquellos tipos no se les ocurriera hacerle daño, mientras buscaba apoyarse de algo para levantarse.

En cuanto los dedos de su mano derecha tocaron la estructura rocosa de la pared, se soltó un destello anaranjado de poca duración, dando paso a la creación de un hilo de luz, del mismo color, que recorrió en zigzag por los ladrillos hasta llegar a los muchachos, en donde cambió su ruta hacia el techo. Morgan quitó su mano súbitamente cuando notó que en el final del recorrido de esa iluminación comenzó a romperse la roca del túnel, lo suficiente para que de su interior descendiera un extraño objeto negro en forma de espejo, el cual se mantuvo flotando unos momentos en los que ellos trataron de atraparlo, pero el espejo avanzó a gran velocidad para quedar de frente a Morgan y Corgan, reflejándolas en él. Una vez cumplió su objetivo, desprendió un cegador resplandor que provocó, poco segundos después, que la tierra vibrara bajo sus pies por varios kilómetros.

Una vez que Morgan recuperó la vista, notó que el objeto ya no estaba, al igual que Corgan, pero aquellos seres seguían aturdidos por la luz que se produjo, decidiendo tomar ventaja de la situación para salir rápidamente de aquel lugar. Corrió hacia sus amigos que no estaban tan lejos, quienes regresaron unos cuantos pasos para encontrarla y tomarla rápidamente de la mano, pues los guías y guardias dieron indicaciones de que debían evacuar antes de que se diera una réplica.

Al salir de aquel lugar, se encontraron con los guardaespaldas de Jade, quienes se acercaron muy preocupados para ayudarlos a tranquilizarse, examinándolos por si habían sufrido alguna herida. Morgan fue la única que poseía un raspón en su mano y brazo, debido a la caída que tuvo, decidiendo sanarla con el botiquín portátil para prever una infección en la zona.

Mientras esperaba ser vendada de sus heridas, la joven notó que Tzil y los demás nunca salieron, incluso había preguntado por ellos al personal de la atracción turística, pero comentaron que no había entrado ninguna persona con las características que ella indicaba, además de que las cámaras dejaron de funcionar antes del incidente del sismo.

Tomó su medicina antes de quedarse perdida en sus recuerdos de los sucesos que acababan de ocurrir, pero la despertó de su transe un extraño aullido, esto hizo que girara su cabeza en búsqueda del origen de aquel sonido, en la dirección del Pasaje Histórico, para darse cuenta de que provenía de un extraño canino, el cual la miraba fijamente. No era un lobo, tampoco un perro callejero, se trataba de un coyote, ¿un coyote?, ¿cómo es posible?, los coyotes nunca se acercarían tanto a una zona tan urbanizada y alejada de sus hábitats naturales, además, parecía que nadie más pudiera notarlo, pero la constante duda la hizo mirarlo fijamente a los ojos. No le sorprendía eso a Morgan, probablemente era otra alucinación causada por su supuesta esquizofrenia, pero ver al animal le causaba algo demasiado familiar, una sensación de protección, de cariño... de estar en casa.

Cuando su venda había sido puesta, decidieron subirse a la camioneta y una vez dentro, miró por la ventana, notando que aquel animal se había ido. Sin duda, debía ser otro juego de su mente.

Pasaron a comprar algunas pizzas antes de volver a la mansión, mientras Morgan les contaba les contaba su pequeña aventura antes del sismo, pero les era muy difícil creerle, ni siquiera ella misma descartaba la posibilidad de que fueran efectos de su enfermedad. A pesar de ello, había cosas que les confirmaba que lo ocurrido era verídico, además del tremor, como la luz y el extraño collar que ahora se posaba en el cuello de Morgan, objeto que notaron antes de recibir la comida. Aquella joyería poseía un dije redondo y negro, cuyo material parecía ser de obsidiana, con un grabado de la Piedra del Sol en una de sus caras.

Debido a los antecedentes depresivos de Morgan y su condición clínica, no podía usar collares, podrían ser un peligro para ella, así que trataron de quitárselo, pero no tenía el gancho que permitiera su liberación. En casa trataron de romperla con pinzas y un martillo, pero la cadena era tan fuerte que termino abollando al mismo mazo y rompiendo las pinzas de metal. No podían sacarla por su cabeza, ya que la circunferencia de la cadena parecía acortarse misteriosamente cuando lo intentaban, llegando solo a chocar por la parte inferior de su barbilla. Al final se dieron por vencidos, pero para salvaguardar la vida de Morgan -por miedo a que alguna de las dos tuviese un ataque depresivo e intentaran lastimarse con aquel collar- decidieron que dormirían todos juntos en la gran sala de la casa, casi como una pijamada.

Realmente Morgan amaba a sus amigos y que se preocuparan por ella, pero no soportaba la idea de que ellos llegaran a pensar que no era capaz ni de cuidarse a sí misma, de preocuparlos innecesariamente por algo tan estúpido como ella y que la consideraran una persona demasiado débil, demasiado... inútil. Un pensamiento que su queridísima doble se encargó de insertarle con el paso de los años para joderla, lo cual, le funcionó.

Vieron algunas películas antes de que todos cayeran dormidos en la sala, claro que, en cuanto Morgan sintió sueño, tomó ambas pastillas, la que le ayudaba a dormir y la recomendada por el psiquiatra.

Una película del la era del cine de oro mexicano seguía reproduciéndose cuando ya no había nadie despierto, pero debido al ruido de la pantalla, nunca notaron cuando por la puerta principal se introdujeron sin invitación unos seres ya conocidos, quienes se dispusieron a acercarse a los jóvenes que estaban en los brazos de Morfeo, específicamente a la chica que se encontraba en medio de los demás, cuyo cuello estaba muy expuesto para que se notara el collar que portaba.

—Maldita ladrona, nos devolverás lo que nos pertenece, por las buenas... o por las malas...