𝟏.ㅤOBSESIÓN
Había algo que Dan no entendía de Jaekyung, y no era solo que fuera un puto degenerado hormonal que se ponía duro con cualquier cosa. No. Era algo mucho más íntimo, vergonzoso y enfermizo.
Su obsesión por su culo.
Al principio de la relación, Dan pensó que era algo normal. Todos los novios tocaban el culo de su pareja, ¿no? Pero con el paso de los meses, aquello se convirtió en una puta adicción. Jaekyung no solo lo tocaba… lo veneraba. Lo adoraba como si fuera lo único que le importaba en el mundo.
Se despertaba en medio de la noche con la cara enterrada entre sus nalgas, lamiéndole el agujero con una hambre que parecía no saciarse nunca. A veces Dan abría los ojos y lo encontraba ahí, arrodillado en la cama, separándole las mejillas con ambas manos mientras le metía la lengua tan profundo que parecía querer follarle el intestino con ella.
Y no solo en la cama.
En el sofá mientras veían una película, Jaekyung metía la mano dentro de su pantalón y amasaba su culo gordo como si fuera un puto squishy, apretando, separando, dejando que sus dedos se hundieran en la carne blanda. Mientras Dan cocinaba, Jaekyung se pegaba detrás de él, le bajaba los pantalones hasta las rodillas y le mordía las nalgas dejando marcas de dientes. En la piscina, bajo el agua, le metía dos dedos sin avisar. En la ducha, lo empujaba contra los azulejos y le comía el culo como si estuviera muerto de hambre.
Y ahora… en el gimnasio.
Después de una sesión de masajes que Jaekyung había interrumpido bruscamente, Dan estaba inclinado sobre la camilla de masaje, con los pantalones y el bóxer arrancados de un tirón y tirados en el suelo. Jaekyung estaba arrodillado detrás de él, completamente obsesionado.
─ J-Jaekyung… ya para, por favor… ─ suplicó Dan, la voz temblorosa de vergüenza. Intentó cubrirse con ambas manos, pero era inútil. Las enormes y venosas manos de su novio eran mucho más fuertes.
─ ¿Parar? ─ Jaekyung soltó una risa baja y peligrosa. ─ Este culo es mío. Lo toco cuando quiero, donde quiero.
Le dio un azote brutal con la mano abierta. El sonido resonó en todo el gimnasio vacío. La nalga de Dan se sacudió violentamente y quedó marcada con la perfecta huella roja de la mano de Jaekyung.
─ ¡Ahh! ─ gimió Dan, las lágrimas saltándole a los ojos por el dolor y la humillación.
─ Que vean —gruñó Jaekyung, apretando la carne enrojecida con fuerza—. Que todos se enteren de quién es el dueño de este culo gordo y puto. Este agujero es mío. Esta carne blanda y pesada es mía.
Dan lloriqueó y trató de alejarse, pero Jaekyung lo abrazó por las piernas con un solo brazo, inmovilizándolo completamente. Su mejilla quedó pegada contra una de las nalgas calientes, sintiendo cómo temblaba la carne suave.
─ Intenta huir otra vez y te juro que les voy a mostrar a todos cómo te dejo el culo abierto, rojo e hinchado, chorreando mi semen espeso hasta que te corra por los muslos —amenazó con voz ronca, casi un gruñido animal.
Dan sollozó, pero su cuerpo lo traicionó: su pequeño agujero rosado se contrajo visiblemente de excitación.
Jaekyung sonrió con arrogancia al verlo.
─ Mírate… ya estás palpitando como una puta en celo. ¿Tanto te gusta que te trate como mi juguete sexual?
Se masajeó la polla por encima del pantalón, que ya estaba hinchada y dolorosamente dura. Luego, sin previo aviso, separó las nalgas de Dan con ambas manos, dejando su agujero completamente expuesto al aire frío del gimnasio.
─ Joder… mira este culo. Tan grande, tan gordo, tan jodidamente blando —murmuró con reverencia—. Parece masa recién hecha. Me dan ganas de morderlo hasta dejarlo lleno de moretones.
Se acercó y escupió directamente sobre el agujero fruncido. El saliva caliente resbaló lentamente por la entrada. Jaekyung lo extendió con el pulgar, presionando suavemente contra el músculo apretado.
─ ¿Quieres que te lo chupe, Dan? ¿Quieres que te coma este culito rico hasta que llores?
Dan negó con la cabeza, aunque su cuerpo se inclinaba hacia atrás buscando más contacto.
─ N-no… alguien podría entrar… ─ gimió débilmente.
Jaekyung soltó una carcajada oscura.
─ ¿Y? Que entren. Que vean cómo le como el culo a mi novio como un perro hambriento.
Y sin esperar más, hundió la cara entre las nalgas.
Su lengua, larga, caliente y experta, atacó sin piedad. Lamió desde el perineo hasta la base de la espalda, luego se clavó directamente en el agujero, penetrándolo con fuerza. Chupaba, succionaba, lamía en círculos rápidos y profundos. El sonido húmedo y obsceno de su boca comiéndole el culo llenaba el gimnasio.
─ ¡Aaaah! ¡Jaekyung! ─ gritó Dan, los ojos en blanco, la boca abierta en un gemido roto.
Sus piernas temblaron violentamente. Tuvo que aferrarse con fuerza a la camilla para no caerse. Jaekyung gruñía contra su carne, comiéndolo con más hambre, metiendo la lengua tan profundo como podía, follándolo con ella.
─ ¡Más fuerte! ¡Por favor, papi, más fuerte! ─ suplicó Dan sin poder evitarlo, moviendo su culo gordo en círculos contra la cara de Jaekyung, literalmente follándose contra su lengua.
Jaekyung separó aún más las nalgas, dejando el agujero completamente abierto y babeado. Escupió otra vez, luego metió dos dedos gruesos junto con la lengua, estirándolo, preparándolo.
─ Qué rico estás por dentro… tan caliente, tan apretado, tan mojado de mi saliva —gruñó—. Este culo fue hecho para que yo lo destroce.
Sacó la polla. Era una bestia: gruesa, venosa, larga, con la cabeza hinchada y brillante de presemen que no paraba de chorrear. Latía agresivamente en el aire.
Dan la miró por encima del hombro y gimió como una zorra en celo.
─ Papi… qué rica polla tienes… tan grande… tan gruesa… ─ dijo con esa voz coqueta y rota que solo usaba cuando estaba desesperado por que lo follaran.
─ ¿La quieres? —preguntó Jaekyung con una sonrisa arrogante, masturbándose lentamente frente al agujero babeado de Dan.
─ Sí… por favor… métemela… quiero que me abras el culo…
Jaekyung volvió a hundir la cara, chupando con más fuerza mientras metía y sacaba los dedos. Luego se apartó solo para escupir otra vez y alinear su polla contra la entrada palpitante.
─ Entonces aguanta, porque hoy te voy a dejar este culo tan abierto y tan lleno de leche que no vas a poder sentarte en una semana.
Y empujó.
El gemido que soltó Dan fue tan fuerte que resonó en todo el gimnasio.