Primer acto: La llegada del fuego
Primer acto: La llegada del fuego
El barco se movía con fuerza, el clima estaba feroz, se podía sentir la tensión en el aire, habían aproximadamente veinte jóvenes allí abajo, todos esclavos, sin familia sin ningún futuro, y Jimin era uno de ellos.
Sentado en la cama asignada, divagaba en su mente, atesorando los recuerdos de su familia.
familia que estaba muerta a manos de los tailandeses, por un tiempo fue esclavo de esa nación, pero el nuevo sultán de corea derroto al imperio tailandés, ahora era absolutamente todo de aquel hombre, hasta los jóvenes.
- ¿No comerá joven? - pregunto un soldado. Jimin levanto la mirada, sus ojos expresaban tristeza, negó con la cabeza sin dirigirle la palabra, aquel hombre se ofendió. - eres un irrespetuoso, su majestad el sultán el magnífico, ordeno que coman sus nuevos esclavos ¿y así es como le agradeces? - pregunto indignado, Jimin levanto su cabeza mirándolo a los ojos.
- Yo no soy un esclavo, no quiero comer, sabe a mierda ¿o no se da cuenta? Nos dan las sobras de lo que ustedes comen, es un asco - expreso alterado, se había levantado para enfrentar al guardia, cuando este sin pensarlo dos veces lo golpeo provocando que callera al suelo, su mejilla sentía el ardor, y la irá se apodero de él.
- No me golpe - exigió - maldito, ¿no le enseñaron modales acaso? nadie puede obligarme a comer, prefiero morir antes de llegar al palacio del Sultán.
Los guardias se habían acercado para poder calmar al joven, los demás estaban mirando con tristeza, también sentían esa sensación de no saber que pasara en un futuro no muy lejano.
Uno de los superiores agarro a Jimin del brazo para llevarlo a uno de los mástiles - Eres un desagradecido e irrespetuoso, tendría que matarte por hablar de aquella manera - declaro lleno de ira, Jimin por otro lado pataleaba mientras gritaba que quería morir.
Una amiga de Jimin se acercó cuidadosamente tratando de tranquilizar al joven.
- Disculpen, es que el joven se siente alterado eso es todo, llevamos tres días encerrados aquí y uno puede volverse loco, por favor perdónele - la joven se arrodillo frente a los guardias en forma de respeto.
- Mingyu déjalo, ya tendrá su castigo. - declaro uno de los saldados, el joven miro al chico con lágrimas en la mejilla.
- Bien, pero tendrá un castigo. - declaro, esposo a Jimin a uno de los mástiles en donde lo había llevado para acorralarlo y lo dejo ahí - si tanto quieres morir bien ¡Nadie puede darle de comer ni beber agua hasta que yo lo ordene! - grito con su voz profunda. Nadie iba a contradecirlo, así que todos asintieron, los soldados dejaron el sótano del barco, dejándolos a oscuras.
La joven cuando los soldados se fueron no dudo en ir tras Jimin.
- ¿Estás loco? Jimin eso no se hace, esto no es un chiste, no es igual que Tailandia o Rusia, ¿me has entendido? - la joven estaba templando del miedo, mientras que Jimin seguía mirando a la nada llorando desconsoladamente.
- No quiero Yuna, ya no, quiero morirme - expreso después de un rato el joven, la chica lo miro con tristeza, sabía lo que había pasado su amigo.
- No dejes que te ganen, quizás en el palacio todo mejore, ten fe, dios siempre nos pone en donde él quiere.
Jimin la miro con cansancio, quizás su amiga tenía razón.
- Me las pagaran Yuna, tenlo por hecho que cobraré venganza por mi familia, por Tomas, por mí. Seré la perdición de Corea - expreso lleno de ira y tristeza, sus sollozos se escuchaban en toda la habitación, los demás solo lo ignoraban, Yuna miro a su querido amigo sin comprender del todo.
- Basta, harás que te maten, deja de decir tonterías, el imperio coreano es uno de los más poderosos, por favor Jimin prométeme que te cuidaras.
El joven asintió sin darle tanta importancia.
-------------
La noche había pasado demasiado rápido, hoy era el día que llegarían al palacio, dos soldados bajaron para controlar a los esclavos, uno de ellos noto a Jimin atado en el mástil, se podía ver que el joven estaba débil e indefenso, decidió desatarlo, su amiga Yuna al ver aquello se acercó rápido pensando lo peor, por suerte solo era para ayudarlo.
Con ayuda de Yuna, Jimin pudo bajar del barco e ir en una carreta hasta el palacio, los esclavos miraban con admiración, el joven a diferencia de los demás le daba igual.
Al entrar al palacio Jimin pudo notar lo bien vestidos que estaban la mayoría de las personas, todo relucía y todo parecía exageradamente caro. Los llevaron a un cuarto donde los ponían en filas a todos, de pronto una señora con un porte poderoso y una ropa que se notaba a leguas que era de la realeza, fue presentada por sus dos sirvientes.
- La madre del Sultán, la sultana Eunji - declaro uno de los sirvientes, todos se reverenciaron en signo de respeto y aprobación, la madre sultana miraba detalladamente a los esclavos, iba levantando la cabeza en signo de rechazo a algunos, cuando llego al joven la madre lo miro con interés, este trato de ignorar la mirada penetrante de aquella mujer.
- ¿Doncel? - pregunto a la servidumbre.
- Si, Sultana Eunji. - esta levanto una ceja y prosiguió mirando a sus esclavos, al cabo de unos minutos, a los que no quería se los llevaron, Jimin empezó a tener miedo de lo que pasaría, ¿qué harían con el?, ¿porque la madre sultana preguntaba si era un doncel? Su mente hacia mil preguntas, pero ninguna respuesta podía obtener.
- Bien, los que quedaron serán parte del Harem del Sultán - declaro la sultana Eunji miro a un hombre que desde el principio estuvo allí y no había dicho ninguna palabra. - Explícales lo que tienen que hacer, después que vayan con Sana, ella sabe qué hacer. - declaro retirándose.
El hombre miro a cada una de las nuevas concubinas, Jimin miro a su alrededor y se dio cuenta que era el único hombre doncel que había allí, las demás eran todas damas, esto hizo que se sintiera un poco nervioso.
- Serán las nuevas concubinas del Sultán, las reglas se las explicará Sana, ella se ocupará de cada una de ustedes, no se permite pelear, ni faltarse el respeto. Soy Taehyung, la mano derecha del Sultán Jeon Jungkook, así que respétenme como se debe.
Jeon Jungkook.
Sin más el hombre también se fue, quedo la servidumbre, estos los dirigieron hacia las duchas.
Cuando estaban todos preparados, visitaron el Harén, era un lugar precioso, lleno de telas y un ambiente agradable, les habían dado unas ropas simples, Jimin al entrar quedo asombrado realmente era precioso el lugar, miro hacia arriba en donde había algunas concubinas, noto como aquellas mujeres llevaban vestimentas delicadas y elegantes que el resto, una voz hizo que dejara de mirar hacia aquellas damas.
- Son las favoritas del sultán, si te lo propones algún día podrás llegar a estar allí. - declaro una joven de cabello oscuro, su voz era dulce. Jimin la miro y sonrió, para dirigir nuevamente la mirada a las favoritas, aquellas mujeres miraban a las de abajo con soberbia, creyéndose lo mejor de lo mejor, y Jimin sintió indignación.
Ninguna era mejor que otra, al final del día seguían siendo esclavas.
¿No?...