Telephone

Summary

Una lluvia repentina, obliga a dos desconocidos a compartir una cabina telefónica en medio de un parque. Esa extraña circunstancia crea un incómodo ambiente para ambos que, de la manera menos esperada, logran disipar. ¿Qué puede ocurrir en un encuentro dentro de una cabina telefónica?

Status
Complete
Chapters
1
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

One-Shot

Una perdida gota de agua golpeó su frente en su recorrido matutino, luego llegó una segunda y, de repente, no pudo contarlas. El pelinegro corría como cada mañana, en las noches y al despertar siempre comprobaba el estado del tiempo antes de salir. Ese día no fue la excepción, pero aunque decía que estaría nublado, algo normal en esa época del año no predijeron ninguna lluvia y por ese motivo, ni siquiera llevaba un chubasquero consigo, su abrigo tampoco tenía un gorro con el cual cubrirse.

Un kilómetro de distancia aún restaban hasta su edificio y definitivamente era una mala idea empaparse en ese momento con la lluvia cuando aún sudaba, el resfriado sería seguro y no se podía dar el lujo de que esto ocurriera. Si se ausentaba a su trabajo o enfermaba esa semana, estaría en problemas. Apresurando el paso, comenzó a buscar algún lugar donde pudiera esperar a que la lluvia pasase, pero por aquel extenso parque no había mucho sitio hacia donde ir.

Necesitaba algún edificio, alguna tiene, algún techo firme que lo cubriera. Casi maldiciendo en su interior, Jungkook corrió hacia un extremo del parque al divisar una roja cabina telefónica donde temporalmente podría refugiarse mas, cuando abrió la puerta de esta, otro hombre se coló. Lo vio entrar de traje y corbata, cubriéndose de la lluvia con su portafolio, ignorando por completo que él aún sostenía la puerta.

Incrédulo por su falta de educación, el pelinegro permaneció algunos segundos parado frente a la cabina hasta que la lluvia comenzó a fortalecerse, entrando junto al extraño al estrecho lugar. Para dos personas, una cabina telefónica no era el lugar más cómodo y espacioso del mundo, pero suponía que, para pasar la lluvia, no estaba tan mal.

— Disculpe, yo ya estoy aquí adentro. — Espetó el sujeto cuando cerró la puerta detrás de él.

— Eso puedo verlo.

— El lugar es un tanto pequeño, creo que debería reconsiderar buscar otro sitio. — Las cejas del pelinegro se distorsionaron al escuchar esas palabras, sin voltearse para ver al hombre que las dijo, riéndose de ellas mientras se sacudía el agua que lo alcanzó. — Me está salpicando, señor.

— Mire, creo que usted debería ser un poco más empatizo dada la situación. Está comenzando a llover a cántaros y, por más que me apetezca irme de aquí, no hay otro teléfono o construcción cerca que me permita cubrirme de la lluvia. A eso, quizás deba agregarle que yo divisé esta cabina primero, abrí incluso la puerta y usted simplemente entró sin decir “permiso” por lo menos.

Para enfrentarlo, se volteó quedando cara a cara con el sujeto que fruncía su ceño, dibujando una mueca en su cara. Lo vio relamerse sus labios y con sus manos peinar su roja cabellera. Fue extraño, el modo en que iniciaron un contacto visual durante varios segundos o quizás minutos antes de que parpadearan exageradamente y cada uno mirase en una dirección diferente.

— Me gusta la lluvia. Al menos cuando no tengo que ir a trabajar. — Musitó rompiendo el silencio aquel pelirrojo mientras observaba callado al exterior, viendo la lluvia caer. — Es como si viniera a limpiar las cosas malas, como si incluso el cielo tuviera días de mierda en los que necesita llorar para desahogarse, aunque sea a ratos, para después sonreír y brillar con más fuerza. Te recuerda que nunca llueve eternamente, así como tampoco tendremos siempre el sol, justo como la vida misma.

— Es una buena reflexión que puedo compartir. Es como un filtro que te permite ver las cosas de una manera diferente. Si pudiera, siempre que llueve, me gustaría estar en pijama, viendo televisor u observando la lluvia caer en la ciudad. Esas potentes y hermosas gotas que se rompen al chocar con el suelo, con la cruda realidad. — Contestó, estudiando su mirada, sonriéndole.

— Wow, lo que he dicho ha sonado muy intenso. — Se rio algo avergonzado. — Disculpa y gracias por seguirme la corriente.

— No fue intenso, fue agradable porque el silencio estaba atormentándome y ya no encuentro qué ver en mi teléfono que me haga sentir menos incómodo con un completo extraño atrapado en una cabina. — Esa sonrisa era atractiva, ese hombre en general, ahora que lo observaba con detenimiento, era hermoso.

— Por lo de hace un momento, perdón. — Jungkook no entendía muy bien a qué se refería y el notario pareció notarlo. — Cuando le pedí que buscara otro sitio, no quise parecer sangró y grosero, mucho menos un desalmado.

— ¿La verdad? Esos adjetivos describen muy bien la primera imagen que me dio, pero supongo que eso está en el pasado. — Le estiró una mano que el de roja cabellera, dudó unos segundos en tomar para sacudirla. — Jungkook. Me presento sin mi apellido porque me gustaría romper con la formalidad.

— Perdón por esa primera impresión. Taehyung, así me llamo. Un placer conocerte aunque sea bajo estas circunstancias.

— El placer es mío.

Una vez más se hizo un silencio menos incómodo que el anterior. A través de los audífonos que Jungkook volvió a colocarse cuando notó que el contrario comenzaba a escribir desde su móvil, resonaba una música que el pelirrojo no podía descifrar. Sorprendiéndolo, quitó uno de sus audífonos para llevárselo a su oreja.

Ese hombre tendía a ser bastante atrevido a ojos del pelinegro, mas en vez de molestarse, solo sonrió subiendo el volumen, notando como el sujeto asentía y cerraba los ojos perdiéndose en la canción.

— No conozco al cantante, sin embargo, su voz es genial, la melodía, ese sentimiento RnB que desborda es ideal para un día de lluvia como este. ¿Cómo se llama?

— No me sorprende que no lo conozcas, no es muy conocido, tiene muy poco reconocimiento internacional, lo escuché en un viaje a Shanghái y, hasta no dar con su nombre no me di por vencido. — Sonreía con cierto orgullo. — Se llama Alex Tbh, es malayo y toda su música te envuelve.

— Esta canción tiene demasiadas emociones mezcladas, es sensual, pero a la vez media sentimental, conozco ese sentimiento, he estado ahí. ¿Por qué será que esa canción parece ir contigo? Lo siento, no te conozco, pero…

— Lo hace, la canción me describe un poco, supongo que tienes buen ojo y oído. — Ambos rieron. — Se llama “Still Mine”.

— ¿Te hace pensar en algún amor en particular? — Abrió los ojos y boca por su indiscreción, no conocía a ese hombre de nada y le estaba preguntando sobre su vida.

— No, realmente no me hace pensar en nadie más que en mí. Soy un poco posesivo cuando me gusta alguien, familiar, amigo o pareja. Supongo que no me gusta compartir lo mío y tal cual dice la canción, es sofocante el saber que la persona que quieres como pareja esté en la cama de alguien más. No soy un posesivo impulsivo, maniático. — Se carcajearon. Pero a la vez no puedo eliminar por completo esa parte de mí.

— Tienes cara de chico malo. Creo que tus parejas deben preocuparse más que tú.

— Las apariencias engañan, puedo ser toda una masita delicada. — Enarcó una ceja cruzándose de brazos y el castaño no pudo evitar estallar en carcajadas. — Pero también puedo ser alguien muy peligroso.

— Supongo que puedo creerlo. — Asintió apretando más el audífono contra su oreja. — ¿Este es el tipo de música que utilizas cuando hacer ejercicios?

Jungkook observó como miraba de soslayo su atuendo, su ropa deportiva dejaba ver que se ejercitaba, por lo que no le extrañaba que Taehyung sacara esa conjetura. Los dos miraban la lluvia caer con la música llenando ese momento.

— Soy muy variado, mis listas de reproducción cambian dependiendo de mi estado de ánimo, ahora, cuando se trata correr en las mañanas, me gusta escuchar este género. Me relaja, me permite pensar si lo necesito, pero a su vez me motiva por muy triste que pueda llegar a estar una letra. — Lo vio asentir, sacando su teléfono y apuntando los nombres de las canciones que iban apareciendo. — ¿Piensas escucharlas en casa?

— Definitivamente, me gusta tu gusto musical.

— ¿Mi gusto musical o yo? — Bromeó tocando la pantalla que se iba a apagar para que pudiera ver el nombre de la que recién comenzaba.

— Bueno, podrían ser los dos, ¿no? — De acuerdo, Jungkook no esperaba esa respuesta. Tosió y el pelirrojo se rio ante la graciosa imagen.

— Eres bueno para seguir las bromas e hilo de las conversaciones.

— No es una broma, Jungkook. Simplemente expongo los hechos. — El aludido lo observó con cierta duda, pero elevó sus comisuras y asintió.

Volvieron a quedarse en silencio, aunque la lluvia que caía y la música amenizaban el ambiente creando un humo invisible que los intoxicaba. Estaban cerca, de hecho, mucho más cerca que al comienzo en aquella cabina. Sus brazos se rozaban mientras estaban apoyados en el delgado metal que hacía función de una mesilla plegable en donde el portafolio de Taehyung descansaba.

— Wow, Lead the way… — Musitó Taehyung aflojándose la corbata. — Creo que me está haciendo sentir un poco de calor. ¿No tienes calor? — Sus miradas se cruzaron, el pelirrojo relamía sus labios observando los contrarios disimuladamente, mientras que el contrario admiraba los suyos. — Creo que podría hacer la cosa más loca de mi vida adulta. — Habló ladeando la cabeza y, antes de darse cuenta, el pelinegro estaba siendo atacado, sus labios rozados por otros.

Taehyung esperaba que el momento se volviera incómodo, que el otro hombre se alejara o lo mirara como un loco, pero lo único que este hizo fue sostener cuando estuvo a punto de separarse. Sus dedos se enredaron en su cabello y sus labios una vez más presionados, mordido e incluso obscenamente succionado.

Sus bocas eran cálidas, sus lenguas no eran para nada tímidas. Se perdieron en un terreno desconocido sin dudar, no necesitaba brújulas o mapas, sus instintos guiaban el camino sin detenerse a dudar. No había espacio para arrepentimientos o cuestionamientos morales en ese momento en el que se fundían entre lo que comenzó como puros besos y ahora incluían caricias.

Desordenada y mutuamente, acariciaban sus cuerpos, sus traseros siendo el objetivo principal. Quizás debían detenerse, decir algo, pero no sabían exactamente qué. Los audífonos fueron retirados a la fuerza, el móvil del pelinegro fue puesto junto al maletín de Taehyung.

Oh, sus cabellos comenzaban a parecer un desastre, sus bocas se enrojecían, mas ninguno se daba por vencido, muy por el contrario, avanzaban progresivamente.

— Ah… — Dejó salir Jungkook cuando una mano aventurera se perdió dentro de sus pantalones y apretó su miembro por encima de la ropa interior deportiva que le ayudaba a mantener todo en su sitio. — Eres más peligroso de lo que esa carita hermosa aparenta.

— Utilizo tus palabras, las apariencias engañan. — Rieron entre besos hasta que Jungkook echó su cabeza hacia atrás bajo la presión sobre su miembro y la exquisita forma en que era manipulado por ese pelirrojo que sonreía con autosuficiencia. — No estamos en el mejor sitio y momento para mostrarte qué tan lejos puedo llegar, pero sí es suficiente para hacerte disfrutar.

— Hacernos… — Corrigió el pelinegro mientras trabajosamente zafaba el cinturón y los primeros dos botones de su pantalón para que hubiera un poco más de soltura, colando también su mano, apoderándose de la semi erección que ahí había.

Solo sus agitadas respiraciones y el resonar de aquel aguacero se escuchaba ahora. Aunque la temperatura en el exterior estuviera descendiendo, la de ellos se elevaba tanto que los cristales lucían empañados, no se podía ver a través de ellos en ninguna de las dos direcciones.

Taehyung puso distancia entre ellos, sacando la mano del pantalón del contrario para empujarlo contra una de las paredes laterales de aquella cabina telefónica, escupiendo su mano dos veces antes de que con la libre volviera a separar su ropa inferior para comenzar con una masturbación mucho más acelerada.

Con su cabeza apoyada en uno de los cristales, Jungkook disfrutaba de aquella fortuita, mas placentera experiencia que jamás se esperó experimentar. ¿Quién demonios le hubiera dicho esa mañana cuando se levantó a correr que estaría encerrado en un teléfono con un extraño masturbándolo de esa manera? Lo escuchó escupir una vez más, pero dado que una mano seguía bombeando su pene, supuse que sería la que aún mantenía libre y no se equivocaba.

Lo que le hizo abrir los ojos, sorprendido, fue cuando sus nalgas fueron rozadas y su entrada presionada. Se encontró con el pelirrojo en cuclillas frente a él. Lo miraba enternecido, casi perdido con su erección mostrándose por encima de su ropa interior.

— ¿Qué? ¿No te gusta que toquen esta zona? — Inquirió frotándola como si ni siquiera le importara realmente su respuesta, presionando la punta de su pene con fuerza antes de descender con la misma presión.

— N-No tengo problemas con eso. — Esa respuesta fue como una carta blanca, su interior fue invadido, ardía, dolían esos dos dedos que hurgaron con prisa cada rincón hasta dar con su objetivo. — Mierda, tus dedos son largos y ágiles. — Fue lo único que pudo decir sosteniéndose a uno de sus hombros. — No h-hagas eso.

La mano apoyada en el hombro izquierdo de Taehyung subió hasta su cabeza y tiró de sus cabellos para alejarlo. Elevó su mirada para encontrarse con esa erótica imagen del pelinegro que luchaba por contener sus gemidos, aun cuando su próstata era estimulada y su erección masturbada.

— ¿Por qué no?

— ¿C-Cómo que por qué no? Estaba corriendo, estoy sudado y nada limpio.

— Lo sé y no me importa. Por tu olor puedo sentir que a excepción del sudor, estás limpio, aún puedo sentir el olor de tu gel de baño. — Jungkook abrió sus ojos y el pelirrojo sonrió presionando más aquel punto. — ¿Bvlgari Douchgel? — El pelinegro asintió viendo la ladeada sonrisa del contrario. — ¿Ves? Mi olfato es extremadamente sensible, créeme que te digo que sé lo que hago. — Una lamida rápida desde su base hasta la entrada de su uretra, perdiéndose incluso por el pequeño agujero, hizo a Jungkook gemir. — Sutilmente salado por el sudor, aunque no quita que sepas y huelas muy bien.

— ¿Siempre has sido así de perverso? Me encanta… —Musitó perdiendo más sus dedos en aquellas hebras rojas, pero no para alejarlo, sino para acercarlo más. Cerró sus ojos con firmeza cuando la calidez de esa cavidad bucal lo abrazó. — Mierda. — Mantuvo la cabeza en su sitio por unos segundos hasta que la mano que sostenía sus testículos lo apretó.

Los dedos en su interior, la avidez de esa boca, su mano y esa mirada tan erótica. Esa rara situación, sus lascivas palabras, la lluvia, el calor sofocante de la cabina, todo se estaba volviendo demasiado abrumador para un Jungkook que no quería correrse aún y que muy cerca estaba de esto.

— Tócate. — Mandó. Definitivamente, una mano menos quizás podría ayudarlo a mantenerse bien, pero la vista del pelirrojo que coqueto y decidido obedeció la orden era igual de estimulante.

Ambos sintieron como el cuerpo de Jungkook se tensó en vísperas de un orgasmo que él no dejó llegar. Tiró de la cabeza contraria con fuerza y sacó su mano, luchando contra todas sus ganas de correrse en ese instante. Levantó a Taehyung y lo volteó contra su portafolio mientras ahora él llenaba de saliva su mano izquierda.

— Mierda, dime que tienes condones en ese maletín. — Susurró inclinándose para besar el cuello del pelirrojo.

— Después de mamártela te acuerdas. — Los dos rieron, pero una envoltura platinada apareció ante sus ojos. — El condón me hace daño sin lubricante, así que, por favor, ten tacto.

— Lo tendré. — Le aseguró besando sus labios con dificultad debido a su posición.

Ambos estaban odiando el hecho de que no podían simplemente quedarse desnudos en una cabina telefónica, deseaban poder besarse, recorrerse y acariciarse mejor. El calor de sus pieles y texturas en ese momento hubiera sido genial, pero no contaban con todo lo deseado. Aun así, sus cuerpos vibraban corrompidos por la adrenalina, el deseo y el placer del momento.

Tal cual lo dijo, Jungkook se tomó su tiempo para prepararlo con calma, aunque estuviera muriéndose por enterrarse en aquel lugar, lo mejor era ir con el debido cuidado. Ese era uno de los traseros más lindos que había visto en su vida, tamaño y color perfecto. Contra tres de sus dedos, las caderas de Taehyung comenzaron a impulsarse, avisándole que estaba listo. Ese leve sonido de la apertura de la envoltura elevó la tensión y el anhelo.

— Voy a ponerlo adentro y entraré de una sola vez porque de a poco te dolerá más debido al condón y la ausencia de lubricante. Si te duele mucho, avísame.

— T-Tú solo hazlo, yo te haré detenerte si duele demasiado. — Espetó Taehyung apoyando su cabeza contra el teléfono de aquel lugar.

Alineándose en su entrada, Jungkook tomó una fuerte bocanada de aire, acariciando con suavidad su cadera por debajo de su camisa para relajarlo, estirando su mano para acariciar su extensión y masturbarlo con suavidad hasta que volvió a sentirlo listo. De una estocada se abrió paso, lo escuchó gritar y rápidamente le tapó la boca, por un momento se quedaron ambos en silencio temiendo que alguien cerca los escuchara. No se movieron ni un milímetro mientras se daban tiempo para adaptarse, besándose con un poco de dificultad, compartiendo risas cómplices.

Los movimientos iniciales fueron casi imperceptibles, con tanta parsimonia que los dos cerraban sus ojos desean más, pero manteniendo la calma para que Taehyung no se lastimara demasiado. Jungkook dejó caer su saliva varias veces mientras observaba su miembro perderse en ese pelirrojo que contenía al igual que él sus gemidos. Se abrazó a su cuerpo, moviendo solamente sus caderas, disfrutando del roce de su pelvis contra ese trasero.

— Te sientes exquisitamente bien. La calidez de tu interior, como me aprietas, como se rompe tu respiración cada vez que voy hasta lo profundo. Eres como una deliciosa droga, peligrosa. — Musitó viéndolo sonreír.

— Lo sé. — Rieron una vez más. — Yo conozco mi interior y aunque no puedo llegar tan profundo como tú, sé como se siente.

La velocidad y firmeza de sus envites fueron acrecentándose, cada penetración más potente que la anterior. Aunque intentaron evitarlo, fue imposible controlar los ruidos de sus cuerpos chocando, sus gemidos o expresiones mientras se dejaban llevar. La lluvia parecía ir disminuyendo, pero ellos no podían notarlo. No cuando Jungkook tiraba del cabello de Taehyung hacia atrás y besaba cada lugar que alcanzaba. Presionaba sus pezones por debajo de la camisa debido a que notó que estos no parecían sensibles a las suaves caricias.

— Joder más, más duro… — Pidió estirando su mano hacia atrás para alcanzarlo en cuanto lo sintió disminuir la rapidez. — ¿Qué haces? Mué-

— Estaba buscando un lugar que al parecer ya encontré. — Rio jadeante, moviéndose frenéticamente, disfrutando de esos gemidos que nada contenido eran. Notaba la mano de Taehyung moviéndose y esto le hizo sonreír una vez más. Se había dado cuenta de que en todo el encuentro con ese hombre de una forma u otra había estado siempre riendo. — ¿Quieres venirte?

— Mmmm…

— Esa no es una respuesta. — Sujetó una de sus caderas para mantenerlo en su sitio e ir más rápido, más fuerte. — ¿Quieres correrte ya en esta cabina?

— Sí… Mierda quiero venirme ya. — Jadeó Taehyung, encontrándose con que no tuvo que pedirlo dos veces. Su mano se movía al ritmo de las embestidas del contrario, arrastrándolo a un orgasmo que sentía crecer en sus testículos.

— Uy, maldición. Si te contraes así me vas a hacer venir junto contigo.

— Hazlo, vente conmigo, Jungkook. Guía el camino como la canción que me has puesto un rato atrás.

— ¿Sí? Creo que es perfecta para describir este momento. — Respondió arremetiendo contra su próstata, haciendo que sus gemidos alcanzaran notas más altas en esa sinfonía, dejando sus cuerpos hablar mientras se mantenían cerca, escalando en un orgasmo compartido. —Uh…

— N-No pares, extiéndelo. — Jungkook no se detuvo, continuó llevándolos a través de sus orgasmos hasta que ambos temblaron en su sitio, justo a tiempo antes de que su miembro comenzara a suavizarse.

Se mantuvieron en sus lugares recuperando la respiración agitada. La lluvia ya había cesado, pero ellos todavía estaban en un una bruma post orgásmica que persistió hasta que sus ropas se acomodaron y sus bocas se cruzaron una vez más. Ahora que la adrenalina se había calmado, el ritmo de sus labios eran suaves, dulce incluso.

Con leves chasquidos se separaron casi a regañadientes con los ojos cerrados, abriéndolos segundos más tarde, haciendo contacto visual y sonriendo ambos un poco sonrojados.

— Ya escampó. — Comentó Jungkook rascándose su nuca con cierta torpeza.

— Oh, sí… — Asintió Taehyung viendo como los empañados cristales ahora le dejaban ver hacia el exterior. No entendía por qué su voz salió tan desanimada y él se sentía igual.

Jungkook lo miraba esperando alguna palabra, debatiéndose entre pedirle su teléfono o al menos acompañarlo hacia el final del parque. Cualquiera de las dos cosas parecían inapropiadas, fue un raro encuentro que no tenían por qué alargar, pero ambos pensaban en una forma de decirle algo más al contrario. Ya incluso habían tenido sexo, mas ahora ambos parecían más cohibidos con el otro que antes, a pesar del buen ambiente.

Sin poderlo evitar o darse cuenta, llegaron al final del camino de aquel parque por el que lentamente caminaban como si no quisieran que esa mañana avanzara.

— Yo tomaré un taxi.— Avisó Taehyung al llegar junto a uno estacionado. — Supongo que te irás por diferente camino. — Lo vio abrir la boca y luego asentir con una sonrisa. — Fue un placer conocerte.

— Lo propio. — Agitó su mano sosteniéndole la puerta del vehículo para que se sentara. Ambos se miraron por última vez y sonrieron antes de que el pelinegro cerrara la puerta y viera el auto alejarse.

Ese día ambos se fueron por diferentes caminos. Así como se encontraron y se perdieron, aunque esa experiencia, sabían que permanecería en sus memorias de por vida y quizás, cada vez que vieran un teléfono público o una cabina, recordarían ese inesperado suceso.

+++

— Yo sigo todavía procesando que exactamente tú, quien no tiene sexo si no le gusta mucho la persona o lo ha visto mínimo varias veces, me haya dicho que tuvo sexo con un completo extraño en una cabina telefónica. — Se reía Hoseok mirando a su amigo. — ¿Qué le hicieron a Taehyung?

— ¡Cállate! — Le tapó la boca para entrar al ascensor de su edificio. — Me estoy arrepintiendo mucho por haberte contado todo.

— No me lo contaste, te lo saqué con una cuchara cuando te vi completamente en shock el viernes pasado durante el almuerzo. No te juzgo, yo he tenido varios encuentros únicos muy buenos, pero me sorprende de ti. Eso es todo. Aunque bueno, en un teléfono público, pues tampoco he llegado hasta ahí, pero bueno... Nuevo fetiche desbloqueado. Creo que lo probaré.

— Tienes novio, Hobi.

— ¿Quién dice que no puedo ir con Jimin a una cabina telefónica para hacer el amor? Diversidad y deseos, tesoro.

Taehyung negó presionando el botón de la planta baja mientras recordaba a aquel pelinegro de tres días atrás. Quizás debió pedirle su número, no hubiese perdido nada, si este le hubiese dicho que no quería verlo más, después de todo, no hubiera cambiado mucho el resultado. No podía alterar el pasado y aquello solo fue un buen sexo esporádico, uno que le agradó en demasía.

Los lunes él no iba a su oficina, por lo que, después de desayunar con su amigo y avisarle al novio de este, — que, casualmente era Jimin, su asistente, — que pasara por él a recoger su auto del mecánico, regresó a su edificio completamente perdido en su móvil. Se apresuró para tomar el ascensor que vio abierto, cerrando por instinto la puerta.

— Ya ve que es costumbre entrar por las puertas abiertas por otros, no decir gracias y luego apropiarse del interior. — Todavía apretando el botón para que las puertas se cerraran más rápido, elevó súbitamente la mirada, encontrándose con un pelinegro a su lado que lo miraba divertido. — Buenas tardes, Taehyung.

— ¿J-Jungkook? ¿Qué haces aquí?

— ¿Qué? ¿También me dirás que debo mudarme de mi edificio? — Indagó elevando una ceja, divertido, ocultando con una sonrisa que transmitía seguridad, los galopes que daba su corazón y estómago por alguna razón desconocida.

— ¿V-Vives aquí? — Ignorando aquella frase que hacía referencia a su primer encuentro, no pudo evitar continuar con sus preguntas. — ¿Desde cuándo?

— ¿Tres años? — Taehyung se incorporó separándose de los botones a pesar de que las puertas hacía varios segundos se habían cerrado. — Otra vez estamos encerrados en una especie de cabina, qué ironía y graciosa coincidencia. — Sonrió algo nervioso. — ¿A qué piso vas? — Preguntó y fue entonces que el pelirrojo notó que no había presionado el botón que lo llevaba a su planta.

— Veinte, vivo en la planta Veinte. — Mencionó mirando la paleta de botones donde el quince también estaba alumbrado. — ¿Vives en el piso quince?

— Así es. — Asintió y un intenso silencio los envolvió.

Era un hecho que ninguno esperaba encontrarse con el otro en el mismo edificio. Eran casi vecinos, mas nunca se habían cruzado ni siquiera por casualidad. Tal vez se debía a que por cada planta solo había dos pisos y, normalmente, los habitantes rara vez entraban por el lobby porque desde el estacionamiento, se dirigían a sus apartamentos sin pasar por otras áreas.

Los dos lucían mucho más casuales que la última vez que se vieron. Se miraban aún sorprendidos, los números iban subiendo y ellos seguían en su sitio buscando las palabras para decirse. Entonces, como si ambos se hubieran puesto de acuerdo, relamieron sus labios y dieron un paso adelante, quedando a centímetros del otro. Taehyung mordió su labio inferior haciendo que Jungkook tragara saliva antes de tirar de él a un nuevo beso que rápidamente respondió.

Justo en ese instante las puertas se abrían, pero esa no fue razón para que se separaran. El pelirrojo se aferró a la negra camiseta del contrario y jaló de él hacia afuera, tropezándose en el pasillo.

— Mi casa, la tuya queda cinco pisos más arriba y yo no puedo esperar. ¿Tú puedes?

— Yo tampoco puedo o quiero. — Coincidió Jungkook sonriendo, siendo atrapado contra la pared al lado y luego contra la puerta, mientras el pelirrojo sin alejarse o dejar de besarlo, buscaba a ciegas la apertura para poner su huella y abrirla.

Sin muchas palabras, Jungkook dejó que el contrario lo desvistiera mientras lo guiaba por su apartamento hasta su habitación. Él también le iba quitando su ropa, dejándolas por cada rincón sin prestar atención. En ese momento, comenzaba a llover como si las nubes lloraran de felicidad por el reencuentro del que ellas ya fueron testigos.

Frente de la cama, Jungkook se arrodilló con una sonrisa casi siniestra que hizo el estómago de Taehyung contraerse con expectativas. A diferencia de la otra vez, no tenían prisa, no estaban en un espacio reducido o en público, podían verse completamente y tomarse su tiempo, pero ninguno de los dos quería hacerlo.

Las manos del pelirrojo acarició las mejillas contrarias, su cuello y las mandíbulas que apretó para que abriera su boca. Sus miradas encontradas destellaban brillo a medida que ese miembro se iba acercando a esos labios que con tantas ansias lo recibieron.

— Maldición, eres bueno. — Dejó escapar acariciándolo, sosteniendo su cabeza con ambas manos aferradas a su cabello para ser él quien moviera sus caderas. — Joder, no me succiones tan duro, déjame durar un poco más. — Se rio dándole pequeñas palmadas en su cara para que abriera su boca. — Saca tu lengua.

Jungkook obedeció, viendo como su vecino disfrutaba y jugaba con su lengua. Llevaba su glande a ese caliente y húmedo órgano para alejarse y volver a hacerlo, tomándolo por sorpresa cuando fue hasta el fondo de su garganta. Tosió un poco, pero no se apartó, solo cerró su boca y sin dejarle dominar el ritmo, llevó sus manos hasta su trasero.

Lo apretó en busca de un poco de apoyo y comenzó a chupar lascivamente su pene, gozando de sus gemidos. Solo cuando creyó que estuvo cerca de venirse se levantó viendo como el pelirrojo lo miraba con una divertida furia.

La espalda del pelinegro chocó contra la cama, su cuerpo fue volteado, sus nalgas separadas y su entrada asaltada por una poderosa lengua que lo hizo maldecir bajo. No le dio tiempo a hacerse a la idea, antes de lo esperado, Taehyung estaba devorando su trasero y perdiendo la lengua por esa pequeña rendija.

— Ah, usa tus dedos. — Pidió aferrándose a las sábanas.

— Como desees. — Respondió Taehyung introduciendo dos dedos en su dilatada entrada.

— Joder, amo tus dedos.

— Úsalos cuando quieras. — Comentó besando cada glúteo del pelinegro que lo miró extrañado. Creó un camino de besos por su espalda hasta llegar a su cuello. — Si lo deseas, claro está. ¡Vírate!

Sin retirar sus dígitos, se arrodilló en la cama mientras el contrario se volteaba antes de inclinarse a besarlo. No tenía motivos para estar tensos, no obstante, cuando el pelinegro abrazó su cuello, un inminente alivio se instaló en su pecho. Estiró su mano hasta la mesita de noche, sacando condones y lubricante bajo la atenta vista de Jungkook.

— ¿Tienes pareja? — Ese no era el mejor momento de preguntarle eso, pero es que todo entre ellos ocurrió tan rápido tanto en el parque como ahí, que ni siquiera habían hablado de ese tema en particular.

No tenían que hacerlo, quizás tampoco debería importarle si solo eran un enredo fugaz, pero en ese instante, estando a punto de acostarse una vez más y sabiendo ahora que incluso eran vecinos, pues, simplemente no podía evitar plantear esa interrogante.

— No tengo pareja, de ser así no te hubiese traído a mi casa, Jungkook. — Respondió sin detener la búsqueda de sus dedos en el interior del cuerpo que cerraba sus ojos. — Tampoco tengo amantes de turno. El lubricante y condones accesibles son porque simplemente tengo reservas en cada rincón de la casa por mera precaución, además, también los utilizo con algunos de mis juguetes.

Jungkook había estado tan serio que cuando sonrió, el pelirrojo suspiró y sonrió junto a él, sintiendo una calidez muy agradable en su pecho. Quizás ese desconocido que resultó ser su vecino le gustaba un poquito.

— ¿Juguetes? — Taehyung asintió. — Quiero verlos.

— Aquí cerca solo tengo dos. — Señaló a la mesita, dándole la libertad de buscar ahí. Jungkook se acercó viendo que tenía un consolador de tamaño mediano y una linterna de carne. — Me gusta variar.

— Ya veo. — Musitó el pelinegro dejándolo todo al lado de su almohada. — ¿Qué haces mirándome? No siento tus dedos, continúa.

El pelirrojo asintió sonriente, acercándose para besarlo antes de descender por su pecho y dedicarse a mimar cada detalle accesible de su cuerpo. Una vez más le golpeaba la fragancia del gel de ducha que usaba el pelinegro y esta vez, no había ni siquiera rastro de sudor en su cuerpo. Con esto, el sabor de su miembro fue mucho más agradable esta vez, por eso se deleitó mucho más mientras sus dedos llenos de lubricante se dedicaban a prepararlo.

Le gustaba la nueva visión de su cama, el pelinegro embellecía el sitio, más acogedor inclusive. Todo de ese cuerpo era perfecto, el color, esos tatuajes que no tuvo la oportunidad de notar siquiera en aquella cabina, sus músculos, majestuoso. Cerró sus ojos y sonrió, procediendo a ponerse el preservativo mientras el contrario continuaba tocándose.

Al comienzo obtuvo resistencia, pero el recibimiento fue glorioso. Jungkook arqueó su espalda y luego enredó las piernas alrededor de cu cintura, incitándolo a moverse. Mientras aferraba su boca a esos pezones que, a diferencia del viernes pasado, ahora llevaban dos lindos piercings dorados con diminutas calaveras en las puntas. Detrás de aquellas ropas que no pudieron quitar se escondían muchas sorpresas.

Las manos de Jungkook acariciaban las clavículas del pelirrojo, le encantaban y no podía ocultarlo. Disfrutó de la dura penetración que lo hizo volver a arquearse cuando con sus dientes tiró aquellas perforaciones.

— Así me gusta que gimas, sin contenerte. — Espetó llevando su mano al cuello de Taehyung. — Aquí podemos dejarnos ser, muévete más rápido. — Demandó ejerciendo cierta presión en su cuello, viéndolo temblar. — Te gusta quedarte sin respirar y el dolor, veo como reaccionas a la asfixia y el dolor ligero.

— Sí, me gusta. — Contestó besándolo, moviéndose mucho más fuerte, haciendo al contrario vocalizar tan alto que el sonrojo en sus mejillas apareció. — Si yo grito, tú también.

— Eres una caja de gratas sorpresas, Taehyung. — El nombrado sonrió y él se abalanzó a sus labios para morderlos, chuparlos y ensalivarlos con lascivia. — Eso me gusta, tú me gustas.

— Mierda, repite eso en mi oído. — Pidió aferrándose a su cadera con una mano, mientras que con la otra buscaba apoyo al costado de su cabeza.

— ¿Qué repita qué? — Se hizo el desentendido lamiendo su oreja y en respuesta una fuerte embestida llegó. — Ah… ¿Que me gustas? — Taehyung gimió con su bajo tono y respiración en su oreja húmeda. — Me gustas, Taehyung.

— Mierda… Dos jodidas veces nos hemos visto y me fascinas. — Murmuró aumentando la velocidad, pero fue volteado sin esperarlo. — ¿Qué haces?

Estaba casi protestando, mas cuando lo vio tomar sus juguetes sonrió divertido. Jungkook le dio la espalda, colocando ambas piernas a los costados de su cuerpo mientras descendía lentamente. Taehyung estaba anonadado, embobado frente a la forma en que ese hombre iba apoderándose de su erección, sin dudarlo un solo segundo. Ambos arquearon sus espaldas cuando estuvo completamente sentado.

Con parsimonia reanudo sus movimientos, empapando sus dedos con lubricante, comenzando también a dilatar al pelirrojo que gemía con más fuerza con cada nuevo dedo. Sin embargo, cuando sus dedos fueron sustituidos por ese dildo que tan bien conocía y tan nuevo parecía, no pudo evitar jadear de gusto ante la doble estimulación

No iba a decir que no lo había probado, muchas veces utilizó esos juguetes a la misma vez en él, pero todo en ese momento era diferente. Desde la compañía hasta su estado mental. Jungkook movía sus caderas al mismo tiempo que introducía aquel miembro de silicona en su interior y era tortuosamente delicioso.

Se incorporó sobre sus hombros para ver los tatuajes de ese hombre que tan armoniosamente adornaban su cuerpo, los músculos en su espalda y brazos, sus glúteos, sus muslos, hasta sus movimientos. Cada cosa se acumulaba para llevarlo más allá. Era un placer que sus cinco sentidos disfrutaba. El olor de sus cuerpos, el visual que tenía delante, su tanto, el sonido de sus gemidos, el chapoteo de sus movimientos e incluso el gusto de sus labios que permanecía en su boca.

— ¿Dónde está tu próstata? Con esto no la siento.

— Más arriba… — Jungkook movió el consolador de su interior. — Un poco más arri- ¡Ahí! Mierda, justo ahí.

Con algo de trabajo, pero sin salir, Jungkook se volteó para mirarlo e inclinó para besarlo antes de tomar la linterna de carne que ya había preparado para colocarla sobre su pene. Al principio varias bolas lo recibieron, luego pequeñas ventosas y otras cosas que no pudo descifrar en ese instante y que lo estimulaban al máximo.

— Creo que me voy a venir. — Musitó Taehyung viéndolo con su boca abierta.

— Solo aguanta un minuto más. — Contestó comenzando a mover sus caderas y manos al mismo tiempo con la mayor coordinación que logró.

Ambos estaban extasiados con la doble estimulación, sus traseros llenos, sus miembros presos. Sus gemidos pasaron a jadeos y gritos descontrolados, tan fuera de ritmo como sus movimientos, acercándose a esa cumbre que escalaban. Jungkook detuvo sus manos y las llevó al pelo de Taehyung para hacerlo acercarse. Este lo abrazó entre gemidos apoyando la frente a su pecho mientras sus manos lo rodeaban, una en la cintura y la otra se hizo cargo de la linterna. Mientras, Jungkook se apoyaba sobre sus talones para ofrecerle un poco de espacio para que se moviera a gusto.

Los dos unieron sus frentes con sus bocas abiertas, sus respiraciones se mezclaban mientras jadeaban. Cuando el orgasmo explotó en sus interiores, dejaron caer sus cabezas hacia atrás para luego unir sus labios en un beso lánguido y perezoso.

— Mierda, eres increíble follando y siendo follado. — Musitó Taehyung buscando un abrazo.

— Lo sé. — Contestó como el pelirrojo tiempo atrás había hecho y ambos rieron. — Así que vecinos, eh.

— Sí. ¿Te desagrada la idea?

— Me encanta la idea. — Contestó elevando su mentón para besarlo castamente.

Se acomodaron en la cama tirando los juguetes, el lubricante y el condón usado al suelo. Unos besos después, ambos estaban dormidos plácidamente abrazados. No fue hasta tres horas más tarde que el pelinegro abrió sus ojos con una sonrisa, depositando un beso que quizás no debía dar en la frente de Taehyung. Con cuidado salió de la cama para no despertarlo y comenzar a buscar por todo el apartamento su ropa.

Sonrió viendo una foto con dos hombres que estiraban sus cachetes, no sabía por qué, pero uno de ellos le resultaba familiar.

— Son mis hermanos. — Se sobresaltó dando la vuelta, encontrándose con un Taehyung desnudo que se acercaba a donde estaba para abrazarlo por la espalda. — Ellos son los otros Kim.

— ¿Tu apellido es Kim? — El pelirrojo asintió sentando al contrario en una butaca antes de subirse en su regazo y tomar la foto en sus manos.

— Kim Namjoon, este del medio ya lo conoces, Kim Taehyung y por último, el mayor de los tres, Kim Seokjin.

— ¿Kim Seokjin? — Preguntó con una sorpresa que hizo al contrario fruncir el ceño. — Con razón se me hacía conocido.

— ¿De dónde conoces a mi hermano?

— Ah, mi mejor amigo me mostró hace unas semanas una foto de él y su novio Kim Seokjin. — Sonrió besando el pecho de Taehyung.

— ¿Min?

— ¿Conoces a Yoongi? — Los dos se miraron y se rieron. — Así que tu hermano es el novio de Seokjin, creo que quizás en algún momento íbamos a terminar conociéndonos.

— Es posible. — Respondió, rodeando su cuello con sus brazos, disfrutando las caricias en su espalda que Jungkook le daba. — ¿Te ibas sin despedirte?

Jungkook negó abrazándolo, bajándolo por su nuca para unir sus labios y darle un suave beso que fue correspondido. Ambos se miraron y no pudo evitar recorrer con su pulgar los labios del pelirrojo y sus mejillas. Era demasiado hermoso para su propio bien.

— No quise despertarte. Iba a dejarte una nota con mi teléfono diciéndote que podías llamarme o visitarme en cualquier momento. Estaba supuesto a enviar unos faxes desde hace tres horas y no lo he hecho.

— Oh, ya veo, trabajo.

— Así es. — Hizo un puchero y besó su pecho, jugando con las perforaciones en sus pezones. — ¿Tienes algo importante que hacer ahora?

— No mucho, solo tomar una ducha y recoger mi cuarto. Ya sabes, los juguetes y cambiar la ropa de cama. ¿Por qué?

— ¿Qué te parece si te tomas esa ducha y luego subes a mi apartamento? Así adelanto para después mostrártelo, tomamos un té y luego salimos a comer. — Los ojos de Taehyung se iluminaron, sus mejillas se enrojecieron y el pelinegro no pudo evitar morderlo juguetonamente.

Pasó casi una hora antes de que ellos volvieran a verse. En cuanto Jungkook regresó a su apartamento, envió los faxes que debía haber mandado desde horas antes y tomó una ducha. Corrió de un lado a otro por todo el sitio recogiendo, llenándolo de aromatizantes para recibir a Taehyung. Cuando este tocó el timbre, no pudo evitar que sus manos le sudaran. Las secó en sus negros jeans ajustados, se miró en el espejo del pasillo y le abrió la puerta, quedándose pasmado al verlo.

Cada vez que lo veía, se encontraba con un pelirrojo diferente. En aquel teléfono llevaba un traje y su cabello estaba de forma holgazana peinado hacia abajo. Cuando lo vio en el elevador, llevaba pantalones de vestir anchos y una camisa igual de ancha. Sin embargo, justo ahora, llevaba su frente descubierta debido a su peinado, una camisa tan roja como su cabello, algo ancha, pero dentro de un pantalón negro de vestir mucho más ajustado a su cuerpo. Un saco informal rojo, accesorios en sus orejas, cuello y manos. Su aroma… Dios deseaba desnudarlo nuevamente, pero quería primero tener una conversación que durara más de quince minutos.

— Te ves…

—¿Genial? Lo sé, tú igual luces increíble. — Respondió risueño haciendo reír a Jungkook, pasando al interior.

— ¿Siempre eres así? Tienes una gran confianza en ti mismo.

— Tengo un espejo en casa y un hermano que me ha inculcado a confiar en mí. Si algo. No está bien, siempre podré cambiarlo o remediarlo y, si no se puede, es porque no estaba destinado a ser. No puedo dejar que mi mundo se derrumbe por eso.

— Otro pensamiento que compartimos. Siempre digo esto… Si las cosas tienen solución, ¿por qué estresarnos? Si no tiene solución y no hay nada que podamos hacer, ¿para qué estresarnos y volvernos locos? — Sonrió mostrándole cada rincón de su apartamento.

Tenía menos adornos y combinación de colores que el de Taehyung. El suyo era todo en negro y plateado a excepción de algunas cosas blancas. El del contrario era blanco, dorado, tenía algunas cosas rojas y muchos adornos. Ambos lucían modernos, jóvenes, pero dejaban mucho que ver de las preferencias y personalidad de ambos.

Taehyung sintió su corazón abandonar su pecho cuando su mano fue tomada y Jungkook entrelazó sus dedos mientras lo regresaba al salón principal. Lo colocó delante de él, entregándole una taza de té después de haber abandonado la cocina. Tomando un pequeño control remoto disminuyó la intensidad de las luces y abrió las cortinas.

La vista era hermosa. El pelirrojo no podía quejarse de la imagen que captaban sus pupilas. Desde ahí, en un día lluvioso, con las gotas corriendo por los cristales, cinco pisos por encima del suyo, la vista era maravillosa. Las calles que podían verse a lo lejos llenas de lucecitas rojas — autos — las luces de los edificios y el cielo gris, todo era hermoso. Sin embargo, cuando “Lead the way” comenzó a sonar, no pudo evitar sonreír complacido y apoyar la cabeza en el hombro que tenía a su espalda, disfrutando de los brazos que lo rodeaban.

— Quería llevarte a cenar, pero también me apetece quedarnos en este ambiente mientras conversamos un poco. Puedo mandar a pedir comida a un muy buen restaurante y será como si estuviéramos allí. Pero si quieres que vayamos, solo deber terminar tu té e irnos. — Musitó Jungkook besando su cuello.

— Prefiero también quedarme aquí escuchando esas canciones, conversando contigo y viendo la lluvia caer. — Colocó la taza en una pequeña mesa y se volteó para verlo. — Quizás debería esperar a que conversemos, pero tengo unas preguntas que me gustaría hacerte.

— Nuestra conversación comenzó hace varios minutos y no está planeada, solo somos nosotros expresándonos, así que eres libre de preguntarme lo que quieras cuando gustes. — Taehyung mordió su labio inferior y sonrió antes de que el pelinegro sostuviera sus mejillas con un poco de fuerza para que sus labios se abultaran y así poder besarlos. — Dime.

— ¿Es cierto que eres algo posesivo? — Jungkook no pudo evitar reír y sonreír.

— Recuerdo que no es que esté todo el tiempo arriba de ti, controlándote y esas cosas. No es mi tipo de posesividad. — El contrario rio, siendo llevado a una de las butacas frente a la ventana, sentándose en el regazo que palmearon para incitarlo.

— Eso es algo que me resulta atractivo. — Relamió sus labios. — A decir verdad, yo también lo soy. Creo que todas las personas somos posesivos con algo o alguien en algún momento determinado, lo que debemos es conocer siempre los límites y que nada se vuelva un exceso o rutina.

— Tienes razón. Una vez más estoy de acuerdo contigo.

— Quiero conocerte más, quiero que nos acerquemos más. Sé que eso es lo que estamos haciendo en este momento o eso creo, pero sin forzarlo, me gustaría que intentáramos algo y ver qué puede suceder entre nosotros. — Jungkook sonrió sonrojado, enredando sus dedos en el cabello contrario, gesto que fue imitado mientras lo atraía a un nuevo beso, acariciando sutilmente el trasero del pelirrojo sobre él. — ¿Qué dices? ¿Aceptas?

— ¿No te ha quedado claro? — Lo besó una vez más hasta que sus sonrisas interrumpieron el beso. — Acepto.