🪻Dejar el nido🪻
El sol brillaba sobre el orfanato de las Carmelitas del Divino Corazón. El aire era frío, a pesar de que abril había llegado desde hacía ya unos días.
Un pequeño carruaje se paró delante la entrada del edificio. Al poco tiempo se abrió el portón y asomaron una monja y una mujer con un sombrero de paja, envuelta en un modesto abrigo de color oscuro con una vieja maleta en la mano.
Las dos mujeres se abrazaron y la monja sacó un pañuelo con el que secó las lágrimas del rostro de la joven. Era una despedida dura para las dos, pero necesaria: para crear un futuro había que dejar el nido.
Marta Alfani había crecido en un pequeño orfanato en la provincia de Roma.
Desde pequeña ése era el único sitio que conocía.
Había sido una niña muy buena y cariñosa.
Aprendía muy fácilmente y ponía entusiasmo en cada cosa que hacía.
Debido a su carácter alegre y altruista se había ganado un pedacito de corazón de todas las hermanas y de los pequeños huéspedes del orfanato.
Los años pasaban y la pequeña Marta había adquirido una instrucción completa que abarcaba conocimientos de literatura, filosofía, arte, ciencia, latín, francés y alemán.
Tocaba el piano y bordaba con exquisito esmero.
Se había convertido en una joven brillante, inteligente y agraciada que realmente representaba el orgullo del orfanato de las Carmelitas.
Estudiaba y rezaba, pero también hacía sus travesuras causando las risas de sus compañeros y los reproches de las religiosas.
Marta había sido el alma del orfanato hasta cuando la Reverenda madre superiora empezó a hacerle preguntas acerca de su visión del futuro.
- Marta, pequeña, te queremos mucho y te hemos visto crecer. Eres para nosotras como una hija y estamos orgullosas de ti.
Tu cariño y tu vivacidad han llenado de alegría nuestra casa y los pequeños te quieren y te admiran pues eres para ellos un modelo a seguir.
Marta- le cogió las manos sonriendo delicadamente- siempre fuiste una niña muy buena y estudiosa, siempre has tenido ganas de crecer y aprender. Y siempre, también, has tenido ganas de viajar y descubrir el mundo. ¡Cuántas veces trataste de saltar el muro del patio trasero de nuestro orfanato para saber qué había al otro lado!
Ha llegado el momento de decidir si quieres quedarte en el convento y tomar los votos o deseas conocer el mundo, para poder disfrutar de la vida de una mujer de tu edad.
Recuerda, Marta, que para servir a Dios no es necesario consagrar tu vida en un convento: ser una buena esposa y madre también es honrado menester ante los ojos del Todopoderoso.
Sonríe pequeña, porque te traigo una dichosa noticia: una de las familias más poderosas de Roma busca una tutora para la más joven de la casa.
La familia Bellucci de Farnese ha solicitado información al arzobispo el cual señaló nuestra institución como la mejor opción en toda la diócesis.
He pensado en ti porque siempre has cuidado de los más pequeños. Eres responsable y preparada para esta tarea.
Por fin podrás conocer ese mundo que tanto soñaste.
Ve ¡sé feliz!
No temas, aquí siempre tendrás tu casa-.
Y fue así que, en esa mañana de abril, Marta se subió al carruaje que la llevaría hacia su futuro.