Capítulo 1
Empieza a escribir aquí..La luz de la luna creciente se colaba por la cortina de la habitación, donde la pasión reinaba mediante las caricias y besos necesitados, parecía que fuera la última vez que dichos amantes fuesen a estar juntos, aunque por cómo estaba la situación, si podían verlo probable.
El cuerpo de uno estaba marcado de cicatrices, a causa de sus noches en luna llena, pero poco o nada le importaba a Sirius Black, al contrario; trazaba un camino de besos en cada una, aprisionándolo entre su cuerpo y la cama. El calor comenzaba a subir y las prendas terminaron en algún lugar aleatorio del piso.
-Ahh ... Sirius...- Murmuró Remus al sentir la pelvis de su esposo rozar contra la suya.
-Mi querido Moony.- Gruñó Sirius con una voz sensual.- No tienes idea de lo que te pasará cuando termine contigo...-
Fueron interrumpidos por un llanto de la habitación contigua, haciendo que ambos suspiraron y la temperatura de su habitación casi bajara de golpe.
-Yo voy.- Suspiro Remus, cansado, empujando levemente a Sirius para que se quitara y comenzando a buscar a tientas su ropa por el piso de la habitación.
-Lumus.- Conjuró Sirius con varita en mano, haciendo que un halo de luz brotara por esta.- ¿Estás seguro? Podría ir yo para que puedas descansar.- Dijo mientras recordaba que su amado había estado bajo mucha presión últimamente desde que se les fue confiado una gran responsabilidad.
-Ajá ¿Y lo que estábamos a punto de hacer iba a dejarme descansar?- Preguntó con divertida ironía mientras abrochaba los botones de su pijama. Sirius hizo una mueca.
-Sabes que es diferente. Duermes como un cachorro cuando termino contigo.- Bromeó Sirius en un tono sugestivo, ganándose un almohadazo en la cara.
Remus camino hasta la habitación de donde provenía el llanto. Era una habitación vieja, casi recién adaptada para un bebé, pues además de la gran cuna, tenía estantes con pocos muñecos y un mueble a modo de cambiador improvisado.
Dentro de la cuna había un pequeño niño de ojos verdes con una cicatriz en la frente, lloraba a mares como si no hubiera un mañana. Lo miro con una mezcla de ternura y melancolía, preguntándose qué era lo que perturbaba su sueño y al mismo tiempo temía saber la respuesta, respuesta que creía saber que conocía.
Tomó con cuidado al bebé de casi seis meses en sus brazos para empezó a mecerlo y acariciar con cuidado su espalda.
-Shh shh, tranquilo Harry.-
En respuesta, el pequeño balbuceo como queriendo decir Moony, pero aún era muy pronto como para considerarlo su primera palabra. Sabía sin lugar a dudas que si James estuviera aquí, estaría festejando como si de su primer hechizo se tratara y al mismo tiempo sería un golpe en el orgullo por no ser “papá“.
-¿Crees que sueñe con aquel día?- Se escuchó la voz de Sirius desde el umbral.- Me pregunto si puede recordar ese tipo de cosas.- Se lamento no saber mucho acerca de bebés.
-No lo se Padfoot, me pregunto lo mismo. Por cierto ¿Qué haces aquí? Te dije que yo me haría cargo.-
-Somos una familia Moony. No me sentiría cómodo esperándote en cama mientras lidias con esta máquina de ruido.-
-¡Ohh tu! Si Lily te oyera...- No pudo seguir.
Habían pasado tres meses desde el asesinato de Lily y James Potter a manos del Señor Tenebroso Voldemort, dejando huérfano a su único hijo; Harry Potter, quien de no ser por el sacrificio de Lily, habría muerto también. Remus y Sirius habían resentido en lo más hondo de sus corazones no solo por la pérdida de sus dos queridos amigos, si no porque fue precisamente un amigo quien entregó sus vidas. Alguien con quien compartieron travesuras, bocadillos, chistes y anécdotas.
Peter Pettigrew se encontraba prófugo y ellos sabían que debía encontrarse camuflado bajo su forma animaga, la cual era una rata. Tuvieron que notificar su condición de animagos ilegales a Dumberdore con la esperanza de que Peter pagará por su traición aunque por el momento sería como buscar una aguja en un pajar.
De momento, Harry se quedó con sus guardianes según el testamento de los Potter; si algo les llegara a pasar, Sirius Black se haría cargo de su custodia y por extensión Remus Lupin. Su otra opción eran la familia materna, sus tíos Vernon y Petunia Dursley, pero eran muggles así que tanto Remus como Sirius negaron rotundamente esa opción.
Pero no sabían qué tan diferente era cuidar a un bebé de ser niñeros unas cuantas horas, a las 24 horas de los siete días de la semana. Había que darle de comer, cambiarlo, bañarlo, vestirlo. Muchas veces no sabían porque lloraba, puesto que rechazaba la comida y las muecas de Sirius no le divertían algunas veces. Remus sospechaba que a pesar de ser solo un bebé, Harry se percataba de la falta de sus padres y sus llantos interminables era una manera de llamarlos, aunque fuese a gritos.
De mudarse del modesto departamento de Remus, al número 12 de Grimmauld Place, la casa que Sirius tanto detestaba, pero debía admitir que en cuanto a espacio era mejor para criar a un niño. Además, en ese sitio solía reunirse la Orden del Félix así que podrían estar al tanto del crecimiento de Harry.
Y por último pero no menos importante: la condición de hombre lobo de Remus. Si bien ya se habían hecho avances considerables con la posición matalobos, un hombre lobo bajo el mismo techo que un bebé no era muy ortodoxo, pero Sirius lo convenció de que estarían bien, aunque odiaba encerrar a su amado bajo llave en el sótano los días de luna llena, alternando su forma de perro para tranquilizar a Remus y la humana para cuidar de Harry.
Todo eso se resumía en Remus más cansado y tenso de lo que normalmente estaba, una vida sexual poco activa. Pero de algo estaban seguros: no cambiarían por nada el hecho de ser los guardianes de Harry.
Al ver que los arrullos de su esposo no funcionaban y lo cansado que este se miraba intentando calmar al niño, intentó hacer memoria de lo que Lily hacía cuando a Harry se le daba por llorar cuando no tenía hambre o no estaba sucio.
-Este niño tiene sueñoTiene ganas de dormirTiene un ojito cerradoY otro no lo puede abrir.-
Remus se sorprendió por el repentino canto de su pareja, aunque no cesó el arrullo ni las caricias en la espalda. Estuvo a punto de dárselo para que lo arrullara completamente, pero se retracto cuando Harry lloró un poco más alto cuando estuvo a punto de cambiar de brazos, por lo que siguieron con la dinámica de Sirius cantando y Remus meciéndolo.
-Lleva en el caminoNieve en la heredadDuérmete, mi niñoQué nevando está.-
-Este niño tiene sueñoTiene ganas de dormirTiene un ojito cerradoY otro no lo puede abrir.
-Mira, creo que ya se esta calmando.- Señalo Remus al ver como aminoraba el ruido y las lágrimas dejaban poco a poco de fluir.-No sabía que cantabas canciones de cuna.- Se burló mientras con mucho cuidado dejaba al niño de nuevo en su cuna.
-Si... bueno... es la única que pude recordar de Lily. Se que solía cantarle a Harry canciones muggles para dormir.- Dijo haciéndose el desentendido.
-Tienes una linda voz.- Le dijo sin mirarlo mientras sonreía para sí, no necesitaba voltear para saber la mueca que debía tener en su rostro y lo rojo que debía estar.
Se quedaron contemplando al niño en su cuna, durmiendo como si hace unos minutos no estuviera hecho un mar de lágrimas. Muy en el fondo deseaban controlar su sueños para que estos fueran felices y alejarlo de las pesadillas. Hagrid y Sirius fueron testigos de lo que quedó aquella noche y les partió el corazón verlo llorando con el cadáver de su madre al lado de la cuna y una cicatriz fresca, residuo de una maldición que debió haberlo matado. Quién sabe qué cosas tuvo que presenciar a tan corta edad.
-Igual de alborotador que su padre.- Murmuró Sirius divertido.
-¿Tengo que recordar quien le daba cuerda? Si tengo que lidiar con esas cosas de nuevo puedes irte convirtiendo en papá soltero.- Bromeó Remus.
-Hoy estás muy picante, amor ¿Seguro estas bien con la interrupción de hace rato?-
-Oh solo cállate y bésame.- No necesito pedirlo dos veces cuando sus labios fueron atacados con una ferviente pasión.
-Creo que será mejor irnos a la habitación. No queremos que despierte otra vez.-
Y así lo hicieron entre abrazos y besos hasta llegar y tumbarse a la cama, retomando donde se habían quedado, pero apenas se quitaron la parte superior de sus pijamas cuando notaron que había un problema. Ninguno se sentía con ánimo de continuar, quieran o no el cansancio le comenzaba a pasar factura y encima a Remus le quedaba una semana para la próxima luna llena.
-Supongo que tu vigorizante energía de lobo se está reservando hasta que llegue la luna.- Bromeó Sirius.
-Sigue haciendo el chistoso y los berrinches de Harry no será lo único que te provocará abstinencia.- Amenazó.
-Vamos, sabes que no necesitamos tener sexo para que pueda hacerte el amor, Moony.- Respondió tomando con delicadeza el rostro de su esposo para besarlo suavemente.- ¿Sabes que esas cicatrices te hacen ver muy apuesto?-
-Pfff. Calla Padfoot que mañana no correrás con la misma suerte.- Gruñó Remus, pero al mismo tiempo acurrucó su cuerpo contra el de Sirius.
-Si es que Harry no vuelve a tener pesadillas, o se ensucia.- Respondió en un suspiro.- No me mires así, sabes que lo quiero y no lo entregaría a esa familia muggle o a ninguna otra. Solo que a veces me desespero de no saber por qué llora. O a veces si lo se, se que extraña a su madre y no puedo hacer nada al respecto.-
-Nadie dijo que ser padres iba a ser fácil.-
-Mis respetos para Lily y James. Con tanta energía y encima cargando a un mini Potter. Te aseguro que si ese rastrero cobarde de Peter no hubiera hecho nada, Harry había tenido muchos más hermanos.-
-Puedes apostar eso.- Concordó Remus.
Ambos rieron con nostalgia pensando en lo que pudo ser, aunque sabían que ese futuro ya era improbable, era una manera de escaparse por un tiempo de aquella realidad. Ellos estaban seguros que aquel que no debe ser nombrado aún seguía rondando desde las sombras, no creían que hubiera terminado su vida de una manera tan fácil, podría decirse que su sospecha solo se reforzaba por la postura que vieron en Dumbledore, que si bien se le vio aliviado de la caída del mago oscuro, no pareció dar indicios de estar seguro de su muerte. Pero lucharían con dientes y garras si regresara para completar el trabajo que no terminó, nadie en su guardia le tocaría un cabello al pequeño Harry.
Se quedaron abrazados para luego caer dormidos, esperando el incierto amanecer de un nuevo día. Fuera lo que fuera a pasar, lo enfrentarían como familia..