Puppy likes pink | Luckity

Summary

Luzu nunca había visto una vagina que realmente fuera de color rosa, y cuando un borracho Quackity le dice que la suya es así, no puede dejar de pensar en ello. Así que, termina actuando como un tonto perrito desesperado, y Quackity lo trata justo como uno. © Todos los derechos dirigidos a su correspondiente autor/a.

Genre
Erotica/Other
Author
Jemy
Status
Complete
Chapters
1
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Único

La relación de Quackity y Luzu era un poco... peculiar.


Habían comenzado a vivir juntos por simple conveniencia, después de que Luzu buscara a alguien para ayudarlo a pagar la renta. Pero, después de convivir tanto tiempo juntos, terminaron volviéndose cercanos, y aún si probablemente podrían pagar una renta completa por su cuenta, seguían viviendo juntos.


Y, ninguno de los dos recordaba cuando comenzó, pero, de vez en cuando, solían quedarse despiertos hasta la madrugada, bebiendo y hablando de sus aventuras de una noche. Sorprendentemente, no era incómodo, al contrario, se sentía natural hacerlo, y solo los había hecho ser más cercanos.


Así que, ahí estaba Luzu, escuchando a Quackity hablar de su más reciente aventura.


-Ugh, era un tonto. —Quackity rodó los ojos, quejándose—. Estaba sorprendido de que no pueda correrme solo con la penetración -se quejó Quackity—. La penetración está sobrevalorada, no es la gran cosa... —murmuró—. El porno miente, qué sorpresa...


-Suena a alguien que no sabe que existe algo llamado clítoris... —Luzu se rió—. Y sí, el porno miente descaradamente... le dió la razón. Por mucho tiempo creí que las vaginas eran de color rosa.


-¿Eh? Pero sí pueden ser rositas... · reclamó, confundido.


-No sé que harán para que se vean de color rosa en el porno... pero yo nunca he visto una que sea así en la vida real.


-Pero la mía es así —dijo, con el ceño ligeramente fruncido y sus labios en un puchero-. Y no he hecho nada para que lo sea.


-¿Qué? -Luzu fue tomado desprevenido por aquella información, sintiendo que había escuchado mal.


-Mi vagina es rosa -ahora dijo directamente, sin dejar lugar para que Luzu lo ignorara—. ¿Por qué haces esa cara?


Luzu no tenía idea de que cara estaba haciendo, pero podía imaginarse que era una mueca de incredulidad, confusión, sorpresa, y curiosidad.


Sí, curiosidad.


-Oh -soltó.- ¿De verdad?


-¿Por qué mentiría? -Quackity resopló, rodando los ojos—. Mi vagina es rosa, así que el porno no miente del todo.


Luzu tuvo que reprimir su impulso de decir: '¿puedo verla?'


No era por ser raro o un pervertido (o al menos eso quería creer), pero no iba a creer eso sin pruebas. Quackity podría estar mintiendo, estaba borracho después de todo, y los borrachos siempre decían la verdad.... ¡pero podría estar mintiendo!


Luzu quería ver la vagina de Quackity, y no había nada raro en eso, ¿verdad? Solo quería comprobar si de verdad era rosa...


(...)


Últimamente, Quackity había tomado interés por el pole dancing, así que llevaba un poco de tiempo aprendiéndolo. A Luzu le sorprendía que Quackity no lo hubiera considerado antes, ya que parecía algo perfecto para Quackity.


Así que, ahí estaba Quackity, trepado en aquel tubo, demostrando su flexibilidad y fuerza. Y esa no era la primera vez que Luzu lo veía, pero si era la primera vez en la que, en vez de concentrarse en la gracia con la que su figura se movía alrededor del tubo, sus ojos estaban clavados en su entrepierna. La pequeña prenda que lo cubría no hacía mucho, no cuando estaba tan ajustada y era tan corta, que podía ver el encaje de su ropa interior asomándose debajo.


Pero no le importaban sus lindas bragas de encaje, no cuando podía ver el contorno de su coño, y se veía tan regordete; Luzu imaginaba que sus gordos labios cubrían por completo su clítoris, que tendría que usar sus manos para separarlos y poder apreciar lo rosado de su vagina.


Mierda, debía dejar de pensar en eso si no quería tener que explicarle a Quackity porque de repente tenía una erección.


Se limpió la garganta, queriendo dar una señal de su presencia, y dió un paso a un costado, haciéndose visible en el reflejo del espejo, deteniéndose a sí mismo de poder admirar a Quackity más tiempo sin que él lo supiera. Quackity se dió cuenta de inmediato de su presencia, deteniendo lo que estaba haciendo, pero aún así manteniéndose en el tubo.


-Luzu. -le sonrió, saludándolo—. Acabaré en un segundo, solo quiero intentar algo... y necesito tu ayuda.


¿Eh?


-¿Mi ayuda? —preguntó Luzu, esperando que no fuera lo que creía que era-. ¿Para qué?


-Necesito que me sostengas, tengo miedo de caerme si intento lo que quiero.


Esa no era la primera vez que Quackity le pedía eso, después de todo, Luzu tenía la fuerza suficiente para levantarlo y simplemente sostener a Quackity como un apoyo era sencillo para él, y nunca había tenido problema en hacerlo. Pero no estaba seguro de si, en su situación actual, podría tocar la piel desnuda de Quackity sin salir afectado.


-Está bien... -Luzu rogó internamente porque Quackity le pidiera solo sostenerlo de sus hombros y no de sus muslos. -¿Qué debo hacer?


-Mis piernas, —Oh, mierda.- por favor.


Luzu reprimió un suspiro, no queriendo que Quackity pensara que era un fastidio ayudarlo, pues no lo era, solo era un poquito inconveniente para Luzu cuando lo único en lo que podía pensar era en lo mucho que quería ver su rosado coño y todo pensamiento relacionado a Quackity de alguna manera terminaba en algo sexual...


-Claro -Luzu fingió que todo estaba bien con una sonrisa temblorosa.


Su piel era tan suave...


Luzu tragó saliva, sintiendo que su mano estaba demasiado arriba en el muslo de Quackity, casi tocándole el culo. Tuvo una pequeña lucha interior sobre si debería mover su mano a un lugar más apropiado, o aprovechar la situación y tocarle el culo sin pena alguna.


Esa segunda opción se escuchaba más tentadora de lo que debería...


-Bien... —murmuró Quackity.


Quackity suspiró, preparándose para hacer lo que quería. Y entonces, susurró un pequeño ‘1, 2, 3′ y soltó el tubo, dejando sus manos a sus costados, tan solo sosteniéndose con sus piernas, y claro, la ayuda de Luzu.


-Suéltame. -Le pidió Quackity, aún si eso tenía el peligro de que su (en la opinión personal de Luzu, hermoso) culo cayera hasta el suelo.


Aún si una parte de él quería seguir manoseando a Quackity, Luzu obedeció, y lo soltó, aunque dudando, sin querer que Quackity se lastimara. Para su sorpresa, eso no pasó, pues Quackity logró mantenerse apoyado con la ayuda de solo sus piernas, incluso apoyando sus brazos sobre ellas, adoptando una posición como si estuviera sentado en el aire.


-¡De hecho es bastante cómodo! -Exclamó, contento de haberlo logrado.


Luzu se sintió un poquitito culpable, pensando en cosas inapropiadas cuando Quackity tan solo estaba intentando superar un desafío que se puso a sí mismo...


Pero no pueden culparlo (demasiado), no cuando aún no podía dejar de pensar en el rosado coño de Quackity, que, ahora como extra, podía imaginar y era gordito, tal y como si estuviera sacado de un vídeo porno.


Luzu no dormiría esa noche.


(...)


Luzu de verdad debía aprender a decirle que no a Quackity...


Por ejemplo, debería aprender a negarse cuando Quackity le pedía que lavara su ropa, no importaba que para ese punto Luzu se encargara más de lo que Quackity lo hacía, no importaba que Quackity fuera tan convincente con su excusa de que 'Lusu solo era mejor haciéndolo', o que no fuera humanamente posible negarse a Quackity pidiéndole con la voz más dulce y un puchero en sus labios mientras batía sus pestañas, Luzu debía aprender a decirle que no.


Así que ahí estaba... echando a la lavadora la ropa de Quackity. Atrapado en sus pensamientos, llenos de cualquier tontería, hasta que, sus manos tocaron algo húmedo. Inmediatamente miró hacia abajo, frunciendo el ceño, confundido por lo que había tocado. Y, cuando vió lo que era, sintió su corazón detenerse un segundo: era ropa interior, unas lindas bragas negras de encaje.


Lo húmedo que había tocado era la parte que correspondía a la entrepierna, así que... tocó la humedad del coño de Quackity.


Tragó saliva, intentando detener los pensamientos que lo ahogaron en ese momento. Volvió a tocar la humedad, manchando su dedo con ella y acercándolo a su rostro, oliéndolo. Aspiró hondo, logrando captar el sutil aroma, y, como si aquello hubiera nublado sus sentidos, tomó las bragas en su puño, y miró de un lado a otro, cuidando que no hubiera rastro de Quackity por ahí cerca, y, sin realmente pensar en lo que estaba haciendo, metió las bragas en su bolsillo, sintiendo su corazón latir con nervios.


Quackity no se daría cuenta, ¿verdad?


(...)


Horas después, Luzu aún no podía creer lo que había hecho. De verdad le había robado a Quackity unas bragas...


Pero él no se daría cuenta, ¿verdad? De seguro tenía muchas bragas iguales, que unas desaparecieran no le importaría, ¿verdad? De seguro ni se daría cuenta, ¿verdad?... Y Luzu siempre podía hacerse el tonto por si Quackity realmente preguntaba...


Así que, soltó su puño, viendo la tela de encaje extenderse un poco sobre la palma de su mano. Las desgraciadas bragas eran bonitas, completamente negras y de encaje. La tela que se suponía y cubría su coño era tan delgada que Luzu dudaba y cubriera más de lo mínimamente necesario... eso no le hacia bien a la imaginación de Luzu, ni tampoco el pensar en como se vería el culo de Quackity en esas lindas y pequeñas bragas...


Mierda. Antes de que pudiera hacer algo al respecto, Luzu ya tenía una erección. Debería avergonzarle lo rápido que se puso caliente con solo pensar en Quackity, pero ese no era momento para pensar con la cabeza de arriba.


Así que, bajó sus pantalones, quedándose viendo el bulto en su ropa interior y teniendo un segundo para arrepentirse de eso y simplemente ir a tomar una ducha fría o algo así... pero no, no iba a arrepentirse, no cuando estaba tan ansioso por tocarse a sí mismo.


Se quitó la ropa interior, su erección inmediatamente levantándose contra su estómago, y no dudó en tomarla, envolviendo su mano alrededor de ella, moviéndola de arriba a abajo, el vaivén siguiendo un desesperado ritmo.


Y pensó en Quackity, pensó en su coño, tan lindo, gordito, y rosado. Se preguntaba cómo sería su sabor, cómo se sentiría contra su lengua. Deseaba hundir su rostro en él y chuparlo, oír a Quackity gemir y lloriquear por él.


Antes de que pudiera pensar correctamente en lo que estaba haciendo, Luzu acercó las bragas a su rostro, hundiendo su nariz en ellas. Así era como olía el coño de Quackity, y olía bien. Era débil, y Luzu desearía que fuera más potente (quizá si el coño de Quackity fuera lo que tuviera contra su cara en ese momento...), pero el olor a almizcle, con el toque más débil de dulzura; mierda, a Luzu se le hacía agua la boca, cómo desearía poderle comer el coño...


Desearía que Quackity se sentara en su cara, sintiendo esa suave piel, su enorme culo aplastando su rostro, mientras le comía el coño, empujando su lengua en su agujero, chupando su clítoris, aquel adictivo olor tan cerca de su nariz, escuchar los lindos sonidos de Quackity, hacerlo sentir tan bien, que se corriera en su rostro, sentir aquel sabor contra su lengua...


Luzu gimió, corriéndose, manchando su mano, su estómago, su pecho, y, lo más importante, las bragas de Quackity.


Y, aún con la claridad post-orgamo, no pudo arrepentirse, no cuando ahora solo podía pensar en el rosado coño de Quackity manchado con su semen...


Hasta que, de la nada, escuchó un pequeño sonido, casi imperceptible, inconfundiblemente un quejido o.... gemido. Inmediatamente, Luzu se puso alerta, y buscó la procedencia de aquel ruido, y la encontró, detrás de la puerta entreabierta, dónde Quackity estaba de rodillas, espiándolo, con una mano metida en sus pantalones.


Sus ojos se encontraron con los de Quackity, y ambos se miraron con pánico y vergüenza. ¿Qué iba a pasar ahora? ¿Tan solo lo ignorarían y seguirían con sus vidas fingiendo que eso nunca pasó? ¿Tendrían una incómoda plática al respecto? ¿O las cosas seguirían como si fuera un vídeo porno?


-Lusu -Soltó Quackity en un susurro. -Tú... ¿Qué haces con mis bragas?


¿De verdad estaba preguntándole eso?


¿Aún cuando perfectamente lo había visto? Luzu diría que Quackity hizo eso por el shock y el trauma, pero cuando tenía su mano metida en sus pantalones, obviamente haciendo algo no muy distinto a lo que Luzu hizo, no podía creerse esa teoría.


-Y-Yo... -La voz de Luzu salió débil. -Solo... pensaba en ti.


-¿En mi? -Dijo Quackity, sacando su mano de sus pantalones, levantándose, y Luzu inmediatamente notó lo mojados que estaban sus dedos—. ¿En mi cuerpo? ¿En lo que deseas hacerme?


-Sí. -Admitió, avergonzado, diciéndolo en un murmuro.


Quackity se acercó a él, viéndose tan extrañamente intimidante.


-¿Y en qué pensabas?


Luzu no quería responder, solo quería esconderse y llorar de la vergüenza.


-En tu coño.


-¿Hmm? -Soltó Quackity con una falsa sorpresa. -¿Pensabas en mi coño? -Cuando Quackity lo decía se volvía incluso más vergonzoso—. ¿Y qué quieres hacerle?


Quackity se acercó por completo a él, y tomó su mentón, aplicando la más ligera presión cuando dijo:


-Responde.


Luzu se sentía tan pequeño, aún si Quackity era el que tenía que voltear hacia arriba para poder mirarlo a los ojos.


-Quiero chuparlo -Respondió con voz pequeña. -, quiero que te sientes en mi cara.


-¿Y quieres que eso ocurra?


-Sí. -Susurró, sin atreverse a admitirlo en voz alta.


Quackity levantó su mentón, sonriéndole con cierta burla.


-Ruégame.


-Por favor. -Soltó. -Por favor, siéntate en mi cara.


-Hmm... ¿Acaso eso es suficiente? -Pensó en voz alta, susurrándolo, tan solo haciendo que Luzu se sintiera aún más desesperado.


-Por favor. -Rogó, sus ojos ya brillantes con desesperadas lágrimas. -Por favor. -Repitió. -, siéntate en mi cara, deja que te coma el coño... por favor.


Quackity sonrió, satisfecho.


-Te ves tan tierno cuando estás rogando, a punto de llorar... ¿Acaso estás tan desesperado? -Susurró, acariciando con su pulgar el rostro de Luzu. -Eres como un tonto perrito que solo piensa con su polla, ¿no es así?


A Luzu debería avergonzarle ser comparado con un perro, y lo estaba, hundiéndose en su propia pena, pero su polla ya estaba otra vez dura, y su mente no podía dejar de desear comerle el coño a Quackity, sintiendo como se le hacía agua la boca, tal y como un tonto perrito hambriento.


-¿Acaso lo eres? -Quackity le preguntó, usando un dulce tono, tal y como cuando le hablas a un simple perro. -¿Acaso eres un tonto perrito?


Luzu no le respondió, a punto de llorar, sintiéndose tan pequeño bajo la pesada mirada de Quackity.


-Respóndeme. -Ordenó, su dulce tono desapareciendo, apretando ligeramente su agarre sobre su mentón.


-Lo soy. -Susurró Luzu, sin sentirse capaz de decirlo en una voz más alta.


-¿Qué eres?


-Un tonto perrito.


Quackity ladeó la cabeza, sonriéndole dulcemente, disfrutando el escuchar esas palabras salir de su boca.


-¿Y a quien le pertenece ese tonto perrito?


Luzu ni siquiera dudó su respuesta.


-A ti.


-Buen chico. -Lo felicitó. -Te has ganado un premio.


Si Luzu de verdad fuera un perro, estaría moviendo su cola, pero sus ojos brillantes eran suficientes para reflejar su emoción.


-Me sentaré en tu cara, y dejaré que me comas el coño. -Luzu se relamió los labios, su mente nublándose por completo con deseo. -Así que haz que me corra, perrito. -Le ordenó, sonriéndole.


Quackity lo empujó suavemente, provocando que cayera sentado en su cama. Luzu entendió el mensaje, acostándose, sintiéndose nervioso pero emocionado, eso de verdad estaba yendo por el camino del vídeo porno. Quackity desabrochó sus pantalones, y ahí estaban, unas bragas no muy distintas a las que Luzu había robado.


Eso realmente estaba pasando, Luzu sentía como si estuviera soñando, y rogaba por no despertar.


Sabiendo lo mucho que Luzu quería ver su coño, Quackity lo tentó, metiendo su pulgar debajo del elástico de su ropa interior, bajándola lentamente. Luzu estaba completamente hipnotizado, sus ojos fijos en la entrepierna de Quackity, esperando el momento en el que finalmente pudiera verlo.


Y el momento llegó, Quackity se quitó por completo las bragas y Luzu vió su coño, aún si así no podía ver si realmente era rosa, pues era tal y como había imaginado, tan gordito que sus labios ocultaban lo rosado.


Quackity se sentó en la cama y gateó hasta él, hasta que se puso a horcajadas sobre su pecho, viéndose tan dulcemente intimidante para Luzu, quien debía mirar hacía arriba para encontrar sus ojos, aunque lo que menos le importaba en esos momentos eran los ojos de Quackity.


-¿Quieres verlo? -Le preguntó Quackity, refiriéndose a su coño, aún si sabía muy bien la respuesta.


Luzu asintió de inmediato.


-Adelante. —Dijo, levantando sus caderas.


Dudando un poco, Luzu apoyó sus manos sobre los muslos de Quackity, poco a poco acercándose a su entrepierna, hasta que, usó sus pulgares para separar sus labios, y así pudo ver lo rosado que era su coño, de verdad era rosa, un color suave y aún así tan claramente rosado. Estaba tan mojado, mostrándole a Luzu que Quackity deseaba eso tanto como él.


-Y bien, perrito... ¿crees que mi coño es lindo? -Le preguntó Quackity, usando aquel dulce tono.


Luzu soltó un pequeño sonido de afirmación. Por supuesto que creía que el coño de Quackity era lindo.


-¿Es porque es rosa? -Soltó con un ligero tono de burla. -¿Acaso a mi perrito le gusta el rosa?


Luzu se quedó en silencio, avergonzado de que aquello fuera verdad, a perrito sí le gustaba el rosa...


Quackity solo rió, entretenido con su expresión, que mostraba a la perfección esa adorable vergüenza.


-Voy a sentarme en tu cara, ¿bien?


Quackity no le dió una verdadera oportunidad de responder, no cuando bajó sus caderas, sentándose en su cara. Y, para Luzu, no había algo que se sintiera mejor que eso. Los muslos de Quackity al lado de su cabeza, la suave y cálida piel, el ligero peso sobre su rostro, sin ser incómodo; podía oler su coño tan perfectamente, la humedad contra su boca y su mentón, el sabor sobre su lengua. Luzu sentía que estaba tan cerca de su coño, y eso nublaba por completo todos sus sentidos.


-Tres palmaditas en mi muslo por si necesitas que me levante. -Indicó Quackity, aún si Luzu no creía necesitarlo.


Luzu apoyó sus manos sobre las caderas de Quackity, y lamió una línea desde su agujero hasta su clítoris, sintiendo aquel sabor, e inmediatamente queriendo más.


-¿Te gusta, perrito?


Luzu no respondió, al menos no verbalmente, solo volvió a lamer, ahora empujando la punta de su lengua en el coño de Quackity, provocando que él soltara un suspiro. Continuó así, torpemente comiéndole el coño, la humedad cayendo por sus mejillas, haciendo que todo se sintiera aún más desordenado. Quackity gemía sobre él, sus piernas temblando en momentos, moviendo sus caderas, siguiendo la lengua de Luzu.


-Perrito... -Lo llamó entre gemidos y suspiros. -Deja tu lengua quieta. -Ordenó. -, quiero restregarme contra ella.


Luzu lo obedeció de inmediato.


Dejó su lengua afuera, plana y rígida, aún pegada al coño de Quackity. Y Quackity comenzó a mover sus caderas contra su lengua, su agarre sobre el cabello de Luzu, tensándose. Se sentía tan desordenado, Luzu sintiendo la mitad inferior de su rostro completamente empapada, el coño de Quackity tan caliente contra su lengua.


Quackity tan solo estaba restregando su coño contra el rostro de Luzu, su clítoris rozando contra su nariz en algunos momentos. Quackity lo estaba usando para su propio placer, y a Luzu no podría encantarle más la idea.


Hasta que, los movimientos de Quackity se volvieron más torpes, incluso desesperados, sus piernas temblando, y su voz rompiéndose por completo en gemidos. Luzu sabía que iba a correrse, y amaba que sería en su rostro. Y pasó, Quackity se corrió. Luzu pudo sentir su coño palpitar contra su lengua, poniéndose aún más caliente, aún más mojado, dejando su rostro completamente empapado.


Quackity levantó sus caderas, aún con la respiración agitada, y, volteó hacia abajo, mirando a Luzu, le sonrió y dijo:


-Te lo ganaste, perrito, dejaré que me folles.


Luzu había sido tan buen perrito, así que se había ganado un gran premio.


Quackity se le quitó de encima, quedándose sentado a su costado. E, inmediatamente, Luzu se levantó, actuando como un perrito impaciente, y se abalanzó sobre Quackity, empujando su cuerpo, provocando que su espalda cayera contra el colchón, Luzu quedándose sobre él, con sus ojos brillando con un ansioso deseo.


-Mi perrito realmente está desesperado. -Quackity soltó una pequeña risa ante su acción, encontrándolo adorable.


Sí, lo estaba.


Su polla estaba tan dura, y Quackity lo sabía, podía sentirla contra su muslo, podía sentir como manchaba su piel con pre-semen.


Y, tal y como un perro, Luzu no se preocupó en enderezarse para así penetrarlo más fácilmente, no, tan solo movió sus caderas a ciegas, hasta que la punta de su polla quedó atrapada en el agujero de Quackity, y, sin dudarlo, Luzu empujó, en un solo movimiento metiendo su polla entera en su coño.


Estaba tan apretado y cálido...


Luzu escondió su rostro contra el hombro de Quackity, sintiéndose avergonzado. Quackity envolvió sus brazos alrededor de su cuello, manteniéndolo cerca, Luzu pudiendo sentir su respiración contra su oído, dándole escalofríos.


-Vamos, perrito... -Susurró, animándolo. -No me hagas esperar.


Y Luzu lo obedeció, moviendo sus caderas como un torpe perrito que solo buscaba preñarlo. Podía escuchar cada sonido que salía de la garganta de Quackity, incluso los pequeños suspiros y suaves quejidos; Quackity no era realmente ruidoso, soltando los gemidos más dulces y suaves, Luzu los encontraba tan lindos...


Dios, realmente estaba follando a Quackity, a su lindo y rosado coño.


No podía creer que realmente estuviera en esa situación, parecía que en cualquier momento despertaría de ese sueño húmedo.


Luzu se sentía tan... tan torpe y patético, y no podía entender porqué estaba actuando así, tal vez era que Quackity lo hacía portarse como un patético perrito, tal vez era que estaba pensando con su polla y no con su cabeza.


Lo único en lo que podía pensar era que debía preñar a Quackity.


Luzu sentía su mente completamente nublada, metido en su mentalidad de un tonto y desesperado perrito. Tan solo concentrándose en follarlo, en preñarlo, sintiendo sus ojitos llorosos, aquel rosado coño se sentía tan bien.


Y, sin realmente haberse dado cuenta cuando fue que ocurrió, Luzu se corrió, mordiendo el cuello de Quackity para acallar un vergonzoso gemido. Aún cuando soltó la piel de su cuello, Luzu mantuvo su rostro escondido ahí, bastante seguro de que Quackity podía sentir su respiración contra su cuello. Luzu mantuvo su polla enterrada en su coño, como un perrito esperando a que bajara su nudo.


-Perrito... no tienes un nudo. -Dijo Quackity, sabiendo exactamente en que estaba pensando. -Y me estás aplastando. -Añadió, dándole una palmadita en la espalda, indicándole que se le quitara de encima.


Luzu hizo un pequeño sonido de tristeza, él no quería sacar su polla, quería que su semen se quedara en el rosado coñito de Quackity, necesitaba que fuera así para asegurarse de preñarlo. Aún si en realidad no quería, fue un perrito obediente e hizo caso.


-Hiciste que me ponga caliente otra vez... -Murmuró Quackity. -Ven y acaba con lo que empezaste.


Quackity usó sus dedos para separar los labios de su coño, revelando su adorable color rosado manchado con su semen, goteando de su agujero, manchando sus dedos.


Y Luzu no dudó en hundir su rostro entre sus piernas, inmediatamente lamiendo y chupando su coño. Sintió a Quackity enredar sus dedos en su cabello, empujando ligeramente su cabeza contra su entrepierna. Luzu metió su lengua en su agujero, un poco más de su propio semen escapándose, él comiéndoselo torpemente.


Era un sucio perro cachondo, comiéndose su propio semen del coño de su dueño.


-Buen chico. -Susurró Quackity-. Eres tan buen perrito para mí...


El elogio solo lo motivo más, lamió su clítoris, que era tan grande y regordete que parecía una pequeña polla. Y Luzu envolvió sus labios alrededor de la pequeña polla de Quackity, chupándola.


Con eso bastó para que Quackity se corriera, levantando sus caderas, y soltando uno de sus dulces gemidos que Luzu tanto adoraba.


Y, con la respiración agitada y su dulce tono burlón, Quackity le dijo:


-Dulce perrito... ¿De verdad te gusta tanto el rosa?