El diario de Adán

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Summary

Halika, una joven lingüista, logró cumplir su sueño, viajar hacia un planeta el cual su padre solía estudiar. Pero, al llegar, todo el entusiasmo de conocer el bello lugar se desmorona. Los seres de aquel planeta han desaparecido y puede que la verdad sobre este misterioso hecho esté dentro del diario que dejó uno de los habitantes.

Genre
Scifi/Mystery
Author
Emma
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

I

Todos en la base habían observado con ojos curiosos el evento que se daba ante ellos. La más joven cadete, que había llegado hacía poco más de dos años a Laicapse, iba dando saltos de alegría mientras sostenía en sus manos un par de papeles.

Muchos ya intuían cuál era el contenido de aquellos documentos. Unos sintieron envidia; otros se sintieron algo preocupados de que alguien tan poco experimentado tuviese esa oportunidad; algunos pocos que la conocían se alegraron, y los últimos no le prestaron ni un poquito de su atención, tenían mejores cosas que hacer.


Pero poco sabía ella sobre los pensamientos de sus congéneres, después de todo, solo podía pensar en una única cosa: su más grande sueño se había vuelto realidad, iría al espacio exterior.

A paso apresurado se aventuró entre los largos e iluminados pasillos de Laicapse, hasta llegar al área de dormitorios.

Ingresó a su cuarto, haciendo un gran escándalo al gritar persistentemente el nombre de su compañera de cuarto mientras le buscaba con una expresión ansiosa.


—¡Breezy!, ¡Breezy!


La mujer, quién estaba recostada en su cama y cómodamente cobijada, se volteó para mirarla con ojos asesinos por interrumpir su tan preciado descanso, pero en cuanto notó los papeles en las manos de la chica dio un brinco, para luego sentarse en la cama y dirigirle una mirada llena de expectación.


—¡No me digas!, ¿Es…eso? —advirtió Breezy, remarcando su última palabra, observando incrédula la sonrisa de oreja a oreja de su compañera.


No podía negarlo, esa expresión delataba que lo había logrado.


—¡Sí, sí que lo es! —confirmó la chica, agudizando su voz debido a la emoción.


Breezy emitió un grito de alegría antes de saltar hacia la muchacha para darle un abrazo. El frío de la prótesis del brazo de Breezy le provocó escalofríos a la chica, pero eso no quitó lo cálido de su abrazo.


—¡No puedo creerlo! —chilló la mujer con una expresión jovial a pesar de las arrugas que ya comenzaban a hacer presencia en su rostro— ¡Ya era hora de que reconocieran tus esfuerzos!


—¡Sí, y lo mejor es que podré ir con el primer escuadrón de reconocimiento!


Ambas siguieron celebrando el logro hasta que uno de los guardias irrumpió en la habitación, demandando silencio.


Estando más calmadas, Breezy posó su mirada en la parte del cuarto que le cedió a su amiga luego de que ella le insistiera durante una semana entera para que pudiese armar su investigación. En la enorme pantalla que había allí, múltiples hologramas se hacían presentes, adornados por un montón de luminosos símbolos, letras y fórmulas que no entendía. Había varias anotaciones de su compañera en algunas partes, pero eso no ayudaba en nada a que pudiese comprender lo que tenía en frente.


—Estoy muy orgullosa de ti —comentó luego de un largo silencio mientras mantenía una media sonrisa.

La nostalgia había ganado terreno en su corazón, pues Breezy había conocido a Halika desde que era una pequeña camino a la pubertad.


—Debes ser consciente de lo importante que eres. Hoy en día no quedan muchos jóvenes o incluso adultos que estudien algo que no sea sobre armamento o química.


—Gracias, aunque diría que tuve suerte.


—Es cierto que quizás la tuvieses, pero si no hubieses sido una niña curiosa jamás te habrías convertido en lo que eres hoy. Valora un poco más tus esfuerzos, niña. Además, tu padre también estaría muy orgulloso.


El silencio dio paso a la reflexión de la joven. Ella no se imaginaba una realidad en la que no fuese de esa manera. La simple idea de tener que terminar como un soldado le aterraba, pues esos seres no poseían ni conocían lo que era la piedad ni la compasión por los demás. Y fue en parte dicha repulsión hacia ellos que se esforzó tanto por escapar de ese destino que la mayoría de los chicos de su edad tenían. Se sentía aliviada y feliz de que su mañana resultara como lo planeaba.


—¿Te parece si cenamos juntas en el comedor del ala oeste para celebrar? —propuso Breezy para luego darle un ligero codazo.


Eso la devolvió al mundo real. Asintió con la cabeza, tomando del brazo a su amiga para encaminarse juntas hacia el comedor.

El ambiente era algo tenso en el extenso y espacioso sector, las charlas sobre el avance de la guerra entre comunidades eran el pan de cada día.

Halika siempre se preguntó a sí misma por qué sucedía aquello, siendo que dentro de Laicapse convivían pacíficamente todos sin importar de dónde provenían. ¿Por qué afuera era diferente?, ¿por qué detrás de los muros de Laicapse todo parecía ser una pesadilla? Pensaba que solo se trataría de una broma que los veteranos hacían a los novatos.


Después de haber disfrutado de una cena deliciosa mientras ignoraban a las voces provenientes de las demás mesas y de haber recibido unos buenos consejos de parte del viejo piloto Nosk, quien felicitó a la joven y aprovechó para sacar a relucir su experiencia ganada con los años, regresaron a su habitación para dormir.


—¿Cuándo te irás? —Breezy preguntó, teniendo la mitad de su rostro tapado por sus sábanas.


—Mañana.


La respuesta se le dio con tal tranquilidad que a Breezy le pareció que se trataba de una broma.


—Hablo en serio, ¿cuándo se marchan? —Esta vez preguntó con un tono que denotaba un poco de incredulidad y molestia.


—Ya te dije, ma-ña-na —volvió a decir con un tono inocente.


Breezy casi se levantaba de su cama para aprisionar su cuello con fuerza, pero mantuvo la calma. No debía ser dura con una adolescente y tampoco debería gastar energías en matar a una amiga, era mejor guardarlas para los campos de batalla.


—¿Mañana?


—Sí.


—¿Y te lo comunicaron hoy? —agregó incrédula.


—Sí.


—Eso es imposible, siempre avisan con unos meses de antelación —comentó, sintiendo que su compañera le estaba viendo la cara.


—Yo no estaba considerada para ir a la misión, fui incorporada a último momento durante la reunión de esta mañana —respondió de forma despreocupada mientras evitaba abrir sus ojos sabiendo lo que se avecinaba.


—¿Y quién te recomendó?


—Nadie, yo me metí a la sala de reuniones y les expliqué por qué debían llevarme.


—¡Qué tú qué!


Se sentó bruscamente, volteando su rostro hacia la cama continua, dónde su compañera se encontraba con los ojos cerrados, intentando escapar de su expresión asesina.


—Tranquila, no hice nada que ameritara la furia de los comandantes.


—Gracias al cielo —suspiró dejándose caer nuevamente en la cama.


—Solo hice algo de drama cuando me intentaron sacar los de seguridad, pero pude convencerlos cuando mencioné a mi papá. Así que todo está bien.


Breezy casi estalla de cólera al escucharla tan relajada al decir tales palabras. Pensaba en lo demente que debía estar la muchacha para arriesgarse tanto, pero en cierta forma tenía razón, lo había logrado.


—Bueno, —suspiró rendida la mujer, volviendo a acomodarse para dormir— entonces, esta es nuestra última noche como compañeras de cuarto antes de tu viaje.


—¿Sabes algo, Breezy? —comentó la chica y su compañera la miró expectante—, me alegra mucho que fueras tú. En todo este lugar, eras la única que confió en mí y me trató bien, además de Nosk. Me siento feliz de haber compartido mis días aquí, contigo.


Breezy no quiso admitirlo, pero debajo de su expresión serena estaba intentando esconder sus ganas de llorar ante las palabras dichas. En parte se sentía feliz por ser reconocida, pero también le preocupaba mucho dejar sola a su pequeña protegida en aquel viaje, a manos de las feroces garras de un mundo que no dudaría destrozarla.


—Espero que cuando regreses tengas muchas cosas para contarnos. Pero ten cuidado y no hagas cosas de forma imprudente.


La joven sonrió.


—En compensación por tus esfuerzos por cuidarme durante estos años te traeré muchos regalos super especiales, también tendré cuidado.


—¡No los olvides!, los estaré esperando —advirtió para luego agregar mientras se acomodaba para, está vez sí, dormir—. Mañana saldrás temprano, así que es mejor dormirnos ahora.


—¡Buenas noches, Breezy!


—Buenas noches, niña.


En cuanto Halika se sumergió en el sueño profundo su vista se maravilló con un escenario diferente al habitual.


Frente a sus ojos se hacían presentes criaturas y vegetación que solo había visto alguna vez en imágenes, y parecían estar dándole una cálida bienvenida a su mundo.


La joven, con el entusiasmo y curiosidad por las nubes, corrió hacia un extraño lago de color marrón, el cual era idéntico al que su superior le había mostrado una vez mientras hablaban sobre la condición del planeta.


Sorprendida y sigilosa se acercó, metiendo sus manos en el frío líquido. Tomó entre sus manos a las criaturas que allí descansaban. Eran tan resbaladizas que se caían de sus manos cada vez que intentaba mirarles con detalle.

Tenían extrañas extremidades, aberturas que se abrían y cerraban, y una boca en forma circular. Algunos de ellos tenían la piel de un color liso, otros tenían algunas manchas o lunares. Intentó hablar con ellos, pero no obtuvo respuestas.


Entre risitas los dejó ir, considerando que era grosero el intentar tener un vistazo muy cercano de ellos y prosiguió con su exploración.


Más adelante se encontró con algo enorme que la observaba con la atención con la que ella lo hacía. También había visto sobre aquellos gigantes amarillos en uno de los múltiples libros de su padre. Sabía que eran dóciles e inofensivos a pesar de los cuernos que adornaban sus cabezas, pero debía tener cuidado, pues podrían matarla de un pisotón con sus largas y delgadas patas.


Avanzó un poco más hasta llegar a un espacio lleno de, lo que ella describiría, esferas peludas que saltaban de un lado a otro. Intentó acercarse, pero todas ellas se apartaron asustadas. Bastante decaída ante su reacción dio unos pasos lentos hacia otro lugar.


—Amoidi…


Una voz grave llamaba su nombre desde algún lugar. Volteó en todas las direcciones posibles, pero no halló a nadie, así que prosiguió con su camino.

La vegetación parecía marchitarse con cada paso que daba, al igual que las criaturas parecían huir despavoridas de su presencia. Halika apresuró el paso, intentando alcanzarles.


—¡No se vayan! —les suplicaba ella.


—¡Amoidi! —vociferó repentinamente la misma voz desconocida, haciéndola saltar del susto.


—¡Sí, señor! —se apresuró a decir.


Pestañeó varias veces, intentando que su vista se acostumbrara a la luz repentina, mientras llevaba su mano hacia su frente, en pose militar.


—Levántate —musitó Breezy, quien estaba terminando de abotonar su uniforme. Dispuesta a salir en cuanto su compañera se levantara.


—Ah, eres tú —suspiró aliviada dejándose caer en la cama.


Había sido solo un sueño. Así que volvió a arroparse con sus sábanas, con la intención de seguir durmiendo.


—Yo saldré más tarde, así que no sé por qué me levantas ahora, es muy temprano.


Breezy observó desde la punta de la cama cómo ella se mostraba tan pacífica. En ese momento pensó en lo afortunada que era y lo mucho que le hubiera gustado estar en su lugar. Mientras ella debía ir a patrullar o lidiar con los desagradables soldados bajo su cargo, Halika había vivido resguardada y siendo cuidada de los peligros del mundo exterior. Dormía hasta tarde, y no tenía tarea más que estar rodeada de pantallas y libros.

Aunque al principio odiaba la idea de tener que convivir con la adorada hija de Esined Amoidi, no pudo culparla por tener ese privilegio. Con el tiempo fue tomándole cariño y ahora la consideraba como si fuese la hija que nunca tuvo. Irónicamente, terminó haciendo lo mismo que Esined.


—Noté que no armaste tu maleta, y conociéndote tardarás mucho. Así que levántate.


Breezy salió de la habitación, dejando atrás esos pensamientos y a la somnolienta Halika observando el lugar por donde ella había salido.


La joven, en cuanto su cerebro terminó de despertar, corrió hacia su escritorio para comenzar a separar todo lo necesario para su viaje.


Luego de estar revolviendo y guardando cosas escuchó un golpeteo en su puerta. Era un guardia que le anunció desde el otro lado que la tripulación la esperaba. Alarmada levantó la vista hacia la pantalla sobre su escritorio, y maldijo que Breezy la conociera tan bien. Habían pasado dos horas y ella aún no había terminado de alistarse.

Halika corrió y lo más rápido que pudo se preparó para estar presentable. Recogió su largo y ondulado cabello morado en una coleta alta, se puso su preciado uniforme azul, unos zapatos cómodos y, para finalizar, tomó entre sus manos el dije que su difunto padre le había regalado.


Ya lista y preparada para la aventura tomó sus maletas y partió hacia el gran galpón donde dejaban estacionadas las naves.


Cada paso que daba por el largo pasillo iluminado por luces blancas hacía que su emoción creciera cada vez más, tanto que no podía mantener su expresión seria. A los demás les pareció que ella se estaba burlando en sus caras por tener la dicha de ser una de las primeras en volver a pisar el planeta de la galaxia vecina, pero solo era ella siendo feliz.


Cuando llegó a su destino había siete compañeros esperándola, de entre ellos reconoció dos rostros bastante familiares. Uno de ellos era su compañera de cuarto y el otro era el general, un hombre ya bastante anciano, pero que de alguna manera seguía manteniéndose erguido y digno. Ansiosa se apresuró hacia ellos, inclinándose en muestra de respeto.


—¡Buenos días, es un placer ser parte de esta misión y ser su compañera en este viaje! —dijo con su voz algo temblorosa por los nervios.


Vio como dos de los integrantes del grupo sonreían ante su saludo, pero el resto mantuvo una expresión imperturbable.


—¿Ya tiene todo listo? —cuestionó el general, ignorando su saludo. Posando su mirada en las maletas de la joven que, a su parecer, eran demasiadas.


—Eso creo, llevo todo lo necesario —musitó, bajando la mirada.


Halika sabía que había exagerado un poco al llevar tantas cosas, pero si iban a estar en un lugar desconocido necesitaría toda la información posible.


—Bien, pueden partir entonces —el general posó sus ojos en el hombre que estaba a su derecha y con una voz ligeramente amenazante agregó—. Espero buenos resultados de este viaje, Capitán Nezorf.


—Los tendrá, señor.


La tensión entre ambos era palpable, así que todos permanecieron quietos y en silencio para evitarse problemas.


Los demás se encaminaron hacia el galpón donde la nave los esperaba. El general ya se había marchado y solo Breezy y Halika permanecían al lado de la puerta que las separaba del galpón.


—¡Buena suerte! —dijo la mujer, abrazando a su joven amiga.


—Cuídate mucho mientras no estoy, no olvides beber tu medicina y de regar mis plantas.


—Lo haré, ahora ve.


Antes de marcharse chocó sus puños con ella como última despedida y respiró profundamente antes de que las puertas se abrieran ante ella. Las mismas se cerraron en cuanto dio un paso hacia delante, separándola de su compañera, pero dejando ver la nave que daría inicio a su tan esperada aventura.

Halika avanzó con paso decidido hacia ella, sin saber que aquel viaje la marcaría para siempre.