Capítulo Único
-- Buenos días -- escucho una voz masculina a su lado.
-- Hum... -- ella se negaba a abrir los ojos.
-- Vamos dormilona, debemos ir a trabajar.
Ella se negaba a abrir sus ojos, pero al sentir pequeños besos en su rostro soltó una risita y finalmente abrió sus ojos chocolate.
Lo primero que ella vio fue el rostro de su novio sonriéndole.
Y no pudo pedir mejor deseo.
Casi 10 años desde que se confesaron aquel día, y parecía que su amor seguía tan ardiente como el primer día.
Y es que desde que se conocieron no podían estar el uno lejos del otro.
Cursi y empalagoso, lo sé, pero era la verdad.
¿Cómo pudo enamorarse tan ardientemente de él?
Tal vez el que se pareciera a su padre, Yagami Taichi, tenía algo que ver.
¿Su novio?
No era ni más ni menos que Kanbara Takuya.
Él se había llevado su corazón aquel día que habían empezado su viaje hacia el mundo digital.
¿O tal vez mucho antes?
Ellos eran amigos de la infancia, sus padres llevaban una buena relación así que era bastante obvio que ellos también serían amigos.
En aquel entonces ambos niños disfrutaban jugar del futbol, a pesar de que ella era mujer le encantaba el futbol.
Su abuela siempre le había dicho que era peligroso que una niña como ella jugara al futbol, pero no era de hacerle caso.
A pesar de que no fuera la mejor jugando o que a veces se llevara unos raspones consigo, ella seguía jugando.
Aunque también tuvieron sus momentos de peleas.
Cuando ellos peleaban, lo cual no era muy seguido, la niña se quedaba junto a su madre y poco después el niño se acercaba a pedirle disculpa y que ella tenía la razón y no lo volvería a hacer.
Y aunque ella pareciera que no lo fuera a perdonar, siempre lo hacía, después de todo no podía enojarse con su mejor amigo y futuro novio.
-- ¿Recordando el pasado? -- pregunto Takuya a su novia quien veía hacia delante de manera pensativa.
La chica asintió levemente y se estiro un poco.
-- Hay veces que no creo todo lo que nos pasa y nos pasó -- dijo ella.
Era cierto, después de todo nunca pensó estar tan enamorada de aquel que había sido su amigo de la infancia.
Y ahora mírenlos, 10 años juntos y compartiendo apartamento.
Su novio soltó una risa para luego besarla dulcemente.
-- ¿A sido muy malo? -- pregunto burlón.
La chica sonríe con socarronería.
-- Mejor de lo que esperaba de hecho -- la chica fue esta vez quien inicio el beso.
Aunque a diferencia del beso dulce que le blindo el chico, este era más candente y en busca de algo más.
El chico sonrió en medio del beso.
Realmente le encantaba estas mañanas que siempre pasaba con su querida novia.
Más que sexo, ellos siempre hacían el amor.
Aunque siempre había veces en el que debían detenerse.
-- Sabes que me gustaría volverte a hacer mía como anoche, pero debemos ir a trabajar -- dijo para ultimo dejarle un chupetón en su clavícula e irse al baño.
Ella se quedó indignada con un puchero en sus labios.
Ya vería en la noche, a ver si lograba que la tocara. Lo rechazaría de inmediato.
Pero había algo en lo que Kanbara tuvo razón, debían ir a trabajar.
-- Rayos -- maldijo en voz baja y finalmente se levantó de la cama.
-- Papá me dijo que novia es alguien que tú quieres mucho y quieres estar con esa persona por mucho tiempo -- comento el niño a su amiga.
-- ¿En serio? -- pregunto la niña.
Ambos se encontraban en unos columpios del parque cerca de sus casas.
-- Por lo que... cuando sea grande, quiero pedirte que seas mi novia -- la niña casi se ahoga con su propia saliva al escuchar aquella.
Los colores se le habían subido a la cara al oír aquello.
-- T-Tú N-No-No-Novia -- pregunto tartamudeando y con gran sonrojo en sus mejillas.
-- Papá me dijo que para tener novia debo ser mayor, por lo que... Espérame y cuando sea grande te pediré que seas mi novia -- aseguro el niño con gran seguridad en sus palabras.
La niña iba a replicar por decir esas cosas, su corazón no lo iba a soportar, pero al ver aquella mirada de decisión de su amigo, solo acepto y dejo que todo siguiera su curso.
Y al final si cumplió.
Él se había confesado aquel día que habían salvado tanto su mundo como el mundo digital.
No fue fácil para ella en cierta parte debido a que perder a Sakuyamon fue un golpe bajo para ella, era como perder una parte de su misma.
-- ¿En qué piensas? -- pregunto su novia al sentirla algo ida.
La chica se negó a decirle que extrañaba a Sakuyamon.
-- Pienso en el día en el que te confesaste -- le dijo de manera juguetona y el chico se avergonzó.
Él recordaba claramente lo nervioso que había estado aquel día, después de todo se trataba de confesarse de la chica que estuvo enamorado desde que eran simples infantes.
Pero su confesión pudo aliviar el dolor de no poder volver a aquel maravilloso lugar. En su lugar llego la felicidad del amor correspondido.
¿Y que llego después de eso?
Exclamaciones de sus amigos, felicitaciones, un padre celoso amenazando al novio que si no protegía a su hija lo pagaría muy caro y por supuesto, un beso que sellaba aquella propuesta.
-- Tu padre sí que me asusto aquel día -- comento el chico recordando el aura oscura que envolvía el padre de su novia.
-- Pero al final te acepto como mi pareja -- su pareja la abrazo por la cintura y posaba su cabeza en su cuello.
Realmente adoraba estar así con él.
[...] Tiempo después.
-- Veo que te estuviste divirtiendo anoche -- comento su amiga del trabajo muy risueña y señalando discretamente el chupetón que estaba en su clavícula.
La Yagami se dignó a sonrojarse, se supone que aquella marca no debía notarse por el maquillaje, pero su amiga siempre era capaz de descubrir las marcas que su novio siempre le dejaba.
-- No sigas por favor -- pidió algo avergonzada mientras cubría su rostro con la su mano.
-- Oye, no es malo disfrutar de vez en cuando con tu pareja -- la mirada de su amigo se entristeció un poco -- Al menos tu pareja no te engaño como el mío -- dijo con pesar.
La castaña recordó días atrás, específicamente el día en que su amiga había venido al trabajo muy triste y melancólica.
Le costó un tiempo, y muchas, pero muchas copas de cerveza, para que le confesara que mientras ella regresaba del trabajo se había topado con su novio, ¡Pero besándose con una chica que ella no conocía!
No hizo escándalo, solo saco su teléfono, tomo discretamente una foto y fue a su departamento, fue al contacto de su novio y escribió las letras mayúsculas ″TERMINAMOS″, seguidamente paso aquella foto y se recostó en su cama.
Fue algo obvio que aquel idiota intento excusarse o decir que aquel que ella había visto no era él, a otro perro con ese hueso.
Pero lo que, si no se podía negar, es que le había dolido aquel engaño.
¿Acaso ella no era suficiente mujer para él? ¿Qué acaso era mejor que ella?
-- ¿Puedes dejar de pensar que esa bitch era mejor que tú? -- pregunto la Yagami algo irritada al ver que su amiga se había entristecido por ese patán.
Su amiga solo soltó una risita.
-- El que lo digas en ingles no lo hace menos ofensivo -- dijo ella algo recuperada.
-- No lo hago por eso, lo hago para que el jefe no nos escuchó -- susurro.
¿El porqué de su susurro? Porque...
-- ¿Está todo bien señorita Yagami, señorita Kurumi? -- pregunto el jefe apareciendo detrás de ellas dos.
Ambas se pusieron pálidas al escuchar a su jefe detrás de ellas.
Él no era un mal hombre, incluso podrían decir que es un gran jefe, pero había veces en los que no sabías como pero el solo mencionarlo causaba que se apareciera cerca de ti, ¿Cómo lo hacía?
-- Jefe, ¿Cuánto tiempo lleva aquí? -- pregunto la castaña volteando a ver a su jefe.
Y el claramente lo usaba para divertirse.
-- Yo siempre estuve aquí -- dijo en tono misterioso y algo siniestro para luego irse riendo a carcajadas bajo la mirada incrédula de sus dos empleadas.
-- Lo ha vuelto a hacer -- la Yagami se llevó una mano al corazón debido al pequeño infarto que tuvo debido a su jefe.
-- Si muero trabajando en este lugar, díganle a mi familia que fue por culpa de mi jefe -- dramatizo la pelinegra.
Eso era un día normal en su trabajo.
[...] Con Kanbara.
-- ¡No te creo Takuya! -- exclamo uno de sus compañeros de trabajo -- ¿Me vas a decir en mi cara que nunca le has puesto los cuernos a tu noviecita? -- pregunto grosero y burlón.
Él no podía entender porque esos chicos siempre se le pegaban para hacer siempre las mismas preguntas.
¿Con cuantas mujeres te has revolcado?
¿Qué tan sexy es tu novia?
¿Le has puesto los cuernos?
¿Qué tal es ella en la cama?
Claro que después de cada pregunta el que hablo siempre recibe un puñetazo de su parte.
¿Serle infiel a ella?
¡Que dios se lo lleve antes que eso ocurra!
Él no podría ser capaz de serle infiel. ¡Ni pensarlo!
Después de todo lo que habían vivido, no podría hacerle eso, no a ella.
Tantas aventuras, problemas, celos, eso no lo viviría con ninguna chica que no fuera ella.
-- Me has preguntado lo mismo 100 veces y las 100 veces te respondí lo mismo, ″No le seré infiel a mi novia″ y punto -- sus compañeros se rieron de él.
Por eso él estaba en busca de otro trabajo.
No podía aguantar los compañeros que tenía, siempre intentándole meterle en la cabeza que debe serle infiel a ella al menos una vez, que no se daría cuenta y que si en verdad lo amaba le perdonaría una o dos infidelidades.
¡Él no era ningún idiota!
Si el pensara de esa manera, hace ya mucho tiempo que la Yagami hubiera terminado con él y el padre de ella lo hubiera molido a golpes.
Él se había prometido a si mismo ser el hombre perfecto para ella, no quería perderla por nada del mundo.
Mucho menos por una infidelidad.
-- ¡Te daré una última oportunidad! -- dijo otro de ellos.
El tipo ese saco un pedazo de papel y con un bolígrafo escribió unos números y lo que el suponía un nombre.
-- ¡Esta tipa se acuesta con cualquier hombre que le de algunas monedas, si fuiste bueno en la cama te da una oferta! -- exclamo el chico mientras le daba aquel papel.
Takuya miro con total asco el papel.
″María″, era el nombre que decía en aquel papel.
Irónico.
En la religión católica, ese nombre lo llevaba la mujer que había llevado en su vientre al Salvador o el Mesías, como prefieras llamarlo.
Y otra chica con el mismo nombre, pero esta se prostituía y ayudaba a que hombres fueran infieles a sus parejas.
Le dio asco.
-- Piénsatelo -- dijo él y cuando su jefe llego todos se pusieron a trabajar.
Apenas sus colegas lo perdieron de vista boto aquel papel a la basura.
No necesita a ninguna mujer más que a su novia.
Ni aunque le ofrecieran a Irogenia de Lys le seria infiel a ella.
[...] Tiempo después.
Era de noche y ambos habían regresado a su departamento.
-- ¿Te sucede algo cariño? -- pregunto la castaña mientras lo abrazaba por la espalda.
-- Nada... solo que... -- el realmente dudaba si decirle o no.
No es que no confiara en ella, sino que era algo obvio que a cualquier chica no le gustaría que tu pareja te diga que sus compañeros le digan que debe serle infiel a su pareja al menos una vez en lo que lleva de relación.
Además, que ella le había contado lo que había sucedido con su amiga del trabajo.
Y para suerte o desdicha de él, conocía el tipo aquel.
Lo había conocido por mera casualidad en un partido amistoso con la gente del vecindario.
No le sorprendió de hecho que ese tipo hubiera cometido infidelidad, después de todo en ese mismo partido se había besuqueado con dos chicas diferentes y a la tercera se la había llevado a su departamento, y no había que ser un genio para saber el por qué se la llevaba.
Completamente, un patán.
-- Dices que nada, pero tu ceño esta fruncido -- le dijo algo juguetona mientras le daba un beso húmedo en su clavícula.
Se lo debía por lo de esa mañana.
-- Créeme, no es nada importante -- le respondió intentando controlar sus instintos.
Pero ella no era ninguna tonta, sabía perfectamente la clase de personas que trabajaban junto a su pareja, pero no le importaba, porque ella sabía perfectamente que el solo tenía ojos para ella, esos 10 años de pareja era una prueba de aquello.
Incluso desde antes de esos 10 años.
Desde que se habían vuelto, siempre contaron el uno con el otro, pelearon codo con codo, incluso en sus formas de Agunimon y Sakuyamon, nunca dejaron de estar juntos y apoyarse.
Aunque...
-- En verdad que no tienes remedio -- el chico se volteó rápidamente y puso a la chica contra la cama.
Ella soltó una ligera risa.
-- No cuando se trata de ti -- dijo antes de besarlo y atraerlo hacia él.
La ventaja de ser pareja es que nadie podía decirles nada cuando tenían sus momentos de intimidad.
Era la parte que más les gustaba.
A él le gustaba saborear aquella piel acanelada que respondía a sus toques con sensuales gemidos en busca de más, su rostro, su cuello, sus pechos, su estómago, sus muslos, sus piernas, adoraba todo de ella. En especial cuando aquellas molestas prendas estaban fuera de sus cuerpos.
Todavía recuerda la primera vez que hicieron el amor. Una tarde lluviosa en la que ambos quedaron solos sin ningún tipo de testigo.
Él tenía miedo de lastimarla, después de todo ambos eran algo inexpertos en cuanto a ese tema, pero al momento de unirse, fue el momento más mágico que habían tenido ambos, lo que causo que entre ambos hubiera más de aquellos momentos.
Para ella era igual, adoraba que su amado la hiciera sentir de aquella manera, deseosa de más, queriendo sentir aquello que entraba en su interior y empujaba dentro de ella hasta acabar finalmente sin salirse de su cuerpo.
Esa era su parte favorita, cuando el clímax llegaba y ella siempre pedía que fuera dentro de ella, quería sentir aquel calor dentro de sí, su vientre se hinchaba un poco y ella lo acariciaba suavemente, era como si estuviera embarazada.
Embarazada...
¿Algún día llegaría a tener un hijo con su querido Takuya?
Realmente añoraba aquello, el tener un hijo entre ellos dos, el fruto de su amor que ella criaría en su vientre 9 meses y después dar a luz y criarlo en carne propia junto a su pareja hasta que encuentre aquella persona especial, sería realmente fantástico.
Tal vez por eso, inconscientemente siempre le pedía que terminara dentro de ella, para que así en algún momento, una pequeña luz comience a formarse dentro de su vientre.
Y así fue...
[...] Semanas después.
Ninguno de los dos se enteró al momento, pero los síntomas eran demasiado obvios.
Ligeros mareos y dolores de cabeza, algunos antojos, náuseas y vómitos.
Al principio se pensó que solo estaba enferma.
Pero el día en el que ella se desmaya mientras trabajaba...
-- ¡Amiga! -- exclama la pelinegra al verla desmayarse de la nada -- ¡Que pasa! ¡Llamen un doctor! ¡Jefe~!
-- ¡Aquí estoy! ¡¿Qué paso?!
-- ¡Llame a un maldito doctor! ¡Está más pálida que un papel!
Apenas llamaron a Takuya diciendo que su amada estaba en el hospital, todo lo demás fue olvidado y salió corriendo hacia el hospital que le habían indicado.
¿Qué pasaba si su amada estaba mal? ¿Y si tenía una enfermedad que él no sabía y ahora estaba en fase terminal?
Bueno... tal vez estaba exagerando debido a tantas películas, pero igualmente estaba preocupado.
En cambio, cuando ella despertó no espero encontrarse en una cama de hospital y con un doctor blindándole una sonrisa tranquilizadora.
Aquel amable Doctor le dijo que no había nada malo en ella.
Pero ella sabía que, si estaba en una cama de hospital, no podía significar un ″nada″.
-- Usted está esperando un hijo, Señorita -- le dijo el amable Doctor cuando ella empezó a exigir respuestas algo desesperada.
Ella había quedado en shock por unos cuantos minutos y unas lágrimas comenzaron a salir.
Pero no eran lágrimas de tristeza, sino lágrimas de pura felicidad.
Tomo su vientre con gran cariño mientras sonreía con las lágrimas todavía cayendo por sus mejillas.
Finalmente... después de tanto tiempo finalmente en su vientre estaba floreciendo la semilla de su amado.
Su hijo estaba creciendo en su vientre.
Le agradecía infinitamente a todos los dioses, incluso a los dioses digimon, por haberle dado aquel regalo.
Ahora solo faltaba que su novio se enterara.
¿Quieren saber cómo se lo tomo?
Pues... digamos que la noticia lo tomo desprevenido.
-- ¡Se desmayó! -- exclamo la Yagami al ver como su pareja cayó al piso apenas se enteró de la noticia.
-- Padre número 25 en reaccionar de esa manera -- anoto el doctor en su libreta.
¿Le sorprendió? ¡Claro que le había sorprendido! ¡La pregunta ofendía!
¡Su amada novia estaba esperando un hijo suyo! ¡¿Cómo no morirse de la felicidad con aquello?!
Apenas despertó de su pequeño desmayo la beso con gran dulzura y la abrazo.
Su amada y querida novia estaba esperando un hijo suyo, fruto del amor que ambos se tenían.
¡Su familia debía enterarse de aquellos de inmediato! ¡No podían ocultarles aquella maravillosa noticia!
[...] Mucho tiempo después.
-- ¡Embarazaste a mi pequeña!
Aunque nunca podía faltar la escena del padre celoso.
Mientras el padre de la novia perseguía a Takuya en buscar de matarlo con sus propias manos el resto se quedó en la sala felicitando a la Yagami menor y deseándoles la mayor de las felicidades.
Su madre la abrazo con ternura, diciendo que estaba muy contenta porque sería abuela, su tía Hikari quien casualmente estaba allí la abrazo igualmente diciéndole que la apoyaría en todo y estaba feliz por ella.
Los padres de su novio le sonrieron y les dijeron que ellos estarían presentes para cualquier cosa que necesitaran.
Todos estaban teniendo una agradable conversación cuando escuchan algo cayendo dentro de la piscina de aquella casa y allí les entra la curiosidad.
Al salir no pudieron contener sus carcajadas al ver que Takuya había caído a la piscina de un tropiezo pero seguía nadando por su vida. Su padre Taichi salto a la piscina para perseguir al chico que había embarazado a su ″bebe″.
-- ¿No deberíamos ayudarlo? -- pregunta su tía refiriéndose a Takuya.
-- Nah, no creo que Taichi sea capaz de dejar a mi nieto sin padre -- dijo su madre mirando con una sonrisa a su marido y su futuro yerno.
Si, su futuro yerno.
Después de toda aquella persecución entre yerno y suegro, entre ambas familias creyeron que lo mejor sería que ambos se casaran después del nacimiento del bebe.
Todo cambio para ellos.
Pero fortifico su amor más de lo que estaba.
Hubo problemas si, antojos en medio de la noche, cambios de humor algo irritantes, vómitos, pero todo valió la pena luego de cumplir esos 9 meses.
-- ¡Se te rompió la fuente! -- exclamo su miga pelinegra -- ¡Las cosas del bebe rápido! -- le grito a tu prometido -- ¡Yo llamare a un hospital!
Todo sucedió tan rápido, el dolor era tremendo.
En la época antigua decían que la cama de parto era el campo de batalla de una mujer, ¡Y vaya razón tenían!
El dolor del parto no podrías compararlo con nada, su prometido estaba a su lado sosteniendo su mano y blindándole fuerzas.
Ella juraba haber visto su vida pasar por sus ojos.
Cuando era una linda infante, cuando se hizo amiga de Takuya, la propuesta de niños, cuando viajaron al mundo digital, cuando conoció a Sakuyamon, la pelea contra Duskmon, la revelación de Koichi, la pelea contra Cherubimon, la amenaza de los caballeros reales, el jefe final, Lucemon, cuando todos se volvieron Susanoomon para salvar a su mundo y el mundo digital, la triste despedida.
Pero no solo aquello.
La confesión de Takuya, el anuncio de su relación con sus padres, su primera cita, su primer beso como pareja, el baile de graduación, su entrada a la secundaria y preparatoria, su primera vez, el día que decidieron vivir juntos, el momento en el que su padre casi mata a su pareja por tal ″osada″ propuesta, a palabras de él.
Y todo hasta este último momento.
¿Cambiaría algo?
Absolutamente nada. Era feliz viviendo esta realidad, no quería cambiarlo por nada.
-- Nació -- la voz del doctor se oía lejana -- Es un niño -- anuncio y ella sonrió con las pocas fuerzas que le quedaban.
Un niño... un hermoso niño.
Ella cayó dormida, después de todo un parto te dejaba sin energías.
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Al despertar, lo primero que se encuentra es con la tierna escena de su prometido cargando a su hijo.
-- Míralo, se parece a ti -- le dijo al notar que había despertado.
Se lo entrego con sumo cuidado, al bajar su mirada hacia su hijo vio unas mejillas sonrojadas, una motita de cabello castaño y ojos de color chocolate.
-- Nuestro hijo -- dijo ella con suma alegría -- es tan hermoso.
El niño parecía haber entendido aquellas palabras porque soltó una muy dulce risa y acerco una de sus manitas hacia el rostro de su madre.
Un hermoso niño nacido en la primavera, con los árboles de cerezo como testigos de aquel nacimiento.
-- Haru... quiero que se llame Haru -- pidió ella como una niña.
Él se lo permitió, después de todo, tenía todo el derecho de nombrar a su hijo como quisiera.
Todos quedaron encantados con aquella criatura.
Sus padres, sus tíos, sus amigos.
Si, el equipo se reunió después de tanto tiempo y solo para ver al hijo de ambos castaños.
Todos habían madurado y teniendo su propia vida, pero se dieron su tiempo para venir a verlos y celebrar juntos el nacimiento de este hermoso niño.
Todo se lo debía a él.
Ha aquel que conoció desde niño, a aquel que le prometió que la aria suya, aquel que siempre velo por ella aun si esta se negaba, aquel que la lleno de alegrías, aquel que fue su primera vez en todo, aquel que nunca le fue infiel, aquel que cumplió con todas sus promesas.
Todo se lo debía Kanbara Takuya.
-- ¿Te arrepientes? -- pregunto él cuando bailaban al compás de la música en su boda.
Tal como prometieron, se casaron dos meses después del nacimiento de su querido Haru.
Todo el mundo se había puesto manos a la obra apenas la novia pudo salir del hospital.
Decoraciones, iglesia, terno, vestido, cura que los casara, juez que los casara por civil, damas de honor y muchas otras cosas más.
Las madres lloraban de extrema felicidad, pero nadie superaba al padre de la novia que lloraba a cantaros al ver a su pequeño yendo al altar.
Su bebe ya era toda una mujer.
-- Que pregunta más tonta es esa -- dijo ella para darle un dulce beso a su marido -- No pude pedir un mejor esposo que tú, mi querido Takuya.
Era obvio que tendrían problemas en el futuro, pero los superarían así como habían superado las batallas en el digimundo... Juntos.
Juntos hasta la muerte.
Fin del One - Shot