Capítulo 1:Como Nace Una Amistad Parte 1
Era una tarde tranquila como muchas otras durante las vacaciones de verano, el sol irradiaba su cálida luz sobre la tierra en un día bastante caluroso y no había nada más refrescante que una suave brisa como la que ahora recorría el cuerpo de un pequeño niño de siete años disfrutando de su pasatiempo favorito, perderse entre las páginas de un libro que relatase alguna épica encrucijada con caballeros o grandes héroes enfrentándose a monstruos y villanos por igual, venciendo ejércitos con sus espadas.
No había nada más emocionante para sus jóvenes ojos amatistas que aquello, su cabello era revoltoso y de un color oscuro mientras que su atuendo consistía en una camisa blanca sin mangas con tirantes, unos shorts oscuros y por encima de los hombros llevaba un prominente abrigo en un infantil intento de emular las capas que usaban los heroes de los que tanto leía.
Aunque algo interrumpió su placentera lectura de forma violenta ya que una mano le arrebató el desgastado libro, su pequeño entrecejo se frunció y miró con un puchero al causante.
-Oye ¿por qué estás leyendo pequeñín?- un niño de unos nueve años quizás, le pregunto mientras sostenía su libro en una mano mientras un amigo suyo observaba todo desde cerca.
-Otros niños no quieren jugar conmigo, dicen que soy muy pequeño- respondió con un suspiro mientras bajaba la cabeza con tristeza.
Incluso en comparación a otros niños de su edad su complexión era más delgada y diminuta, todo eso desembocaba en un profundo complejo de inferioridad. En parte por eso le gustaba tanto leer, se sentía mejor consigo mismo leyendo sobre tantas aventuras y heroes grandiosos, le hacían olvidar los problemas que tenia consigo mismo, aunque a su vez eso le ganaba bastantes apodos como rarito o ratón de libro y hacia que más niños se distanciaran de él.
-Oh, que idiotas ¿quieres jugar con nosotros?- le pregunto con una sonrisa divertida mientras gozaba viendo como el más pequeño se ilusionaba.
-¡¿Enserio?! ¡por supuesto!- accedio de inmediato esperanzado de haber encontrado niños con los cuales jugar.
Aunque esa emoción duró poco en cuanto empezó el juego, este consistía en arrojar su viejo libro por los aires como si fuera alguna especie de balón, mientras el saltaba buscando atraparlo desesperadamente entre las carcajadas de los niños mayores.
-¡¡Paren, podría romperse!!- grito con una desesperación y pánico que casi lo hace recurrir a las lágrimas mientras se aferraba al niño que tenia su preciada posesión, este lo mantenía alejado de usando sus manos, con una sujetaba su cabeza para que no se acercara y con la otra levantaba el libro fuera de su alcance.
-Ooh... ¡pero si es un juego tan divertido! ¿Que no llegas a atraparlo enano?- se burló divertido ante la desesperación del más joven.
Se sentía frustrado, no había nada que alguien como el pudiera hacer para hacerle frente a ese par que tenía al menos dos cabezas de ventaja sobre el. La debilidad nuevamente lo inundó recordándole lo inútil y débil que era, sus piernas no pudieron aguantar más su frustración y fallaron derribandolo al suelo.
-¡¡Pero es mío!!- grito de forma desconsolada en el suelo mientras los otros dos niños no dejaban de reírse a montones de su impotencia. No pudo resistir más y se quebro en llanto intentando ocultar sus lágrimas con sus manos cubriendo sus ojos.
-Que niño más patético-
-¡¿Solo vas a llorar?! ¡¡que bebito!!-
Los dos abusones se burlaban del pequeño quien en su situación solo podía desear ser más fuerte, ser capaz de protegerse a sí mismo de tipos como estos que no eran pocos, todos parecían recordarle constantemente que era pequeño y débil ¡¡Odiaba eso!! ¡¡Se odiaba por ser así!!.
El quería ser más como un héroe de aquellos que había leído. Apesar de sus lagrimas en medio de su visión vio una nueva figura acercándose, una silueta que apartir de ese momento el niño consideraría el héroe de su historia.
Sin que ninguno de los bravucones pudiera reaccionar a tiempo un puñetazo se estrelló en el rostro de aquel que no sostenía el libro derribandolo en el suelo, el otro se giró ante el grito que soltó su amigo pero el atacante ya estaba sobre el, primero le arrebató el libro de las manos y luego con una patada en el estómago lo derribó sobre el césped.
Entre sus lagrimas el más pequeño poco a poco pudo distinguir la borrosa apariencia de el recién llegado, se trataba de un chico de quizás la misma edad que sus atacantes, tenía el cabello azabache y usaba un suéter azul con pantalones negros, actualmente tenía ambas manos ocupadas ya que en una traía una bolsa de frutas y en la otra cargaba con su libro recién recuperado.
Ambos agresores se levantaron del suelo furiosos por el mocoso entrometido, pero este simplemente necesito de una gélida e intensa mirada zafiro para dejarlos congelados en sus lugares presas del terror -Si no quieren una paliza lárguense-
La voz del nuevo niño a pesar de tener la misma edad que ellos venía cargada de un inmenso desprecio por las acciones que había presenciado, así logro asustar a ambos chicos con su tono de voz y la fuerte mirada que les dirigía obligándolos a salir corriendo despavoridos.
-Cretinos- fue lo único que dijo ante las cobardes acciones de esos niños que solo se aprovechaban de los más débiles, soltó un bufido molesto antes de dirigirse al pequeño en el suelo con una mirada más gentil -¿te encuentras bien?-
-Eh...¡si!- respondió rápidamente mientras limpiaba sus lágrimas ahora inútiles para ver con una sonrisa agradecida a su salvador -muchas gracias por la ayuda-
-No fue nada, solo hice lo correcto, así me crio la abuela Marga- dijo de forma tranquila mientras le extendía su añorado libro de regreso, en medio de aquella acción su mirada no pudo evitar posarse en la portada que reconocio al instante -¡oh! ¿Te gustan las aventuras de Sir Wilfred? Suelo leerlo para que mis hermanitos se duerman- mencionó de forma breve cómo algo curioso mientras notaba que el niño abría sus ojos sorprendido mientras sus mejillas se coloraban de un tono suave rojizo.
-¡¿También lo lees?!- exclamó con genuina felicidad por encontrar a alguien con sus mismos gustos, estaba tan eufórico que prácticamente abrazo el libro contra su pecho sin darse cuenta -realmente no había conocido a nadie más que leyera...eh, soy Alan Winds por cierto- se presentó ante su héroe con vergüenza mientras le dedicaba una mirada llena de pena, se notaba que sus ojos ya tenían una gran admiración por el niño mayor.
-Hm...- sus ojos azules se encontraron de frente con los violetas del menor, quizás fue coincidencia o algún fenómeno extraño pero pudo sentir que ese pequeño lo necesitaba, algo le pedía quedarse con el y aunque no entendía por que sentía aquello decidió escuchar aquel presentimiento -soy Daniel, un gusto Alan-
-¿Daniel? ¡¡Es un nombre genial!!- exclamo maravillado con una gran sonrisa ante lo melodioso e imponente de aquel nombre, recién entonces su mirada se posó en la bolsa con víveres que cargaba el muchacho -oh...¿te estoy reteniendo acaso? Lo siento... si quieres puedes irte- dijo bastante apenado mientras bajaba la cabeza sintiéndose como una molestia.
-No te preocupes- le dio algunas palmaditas en la cabeza mientras le dedicaba una sonrisa gentil -tengo unos minutos... y gracias, aunque la verdad, siendo sinceros odio mi nombre- frunció el ceño mientras desviaba la mirada para que el niño no lo viera.
-Claro... supongo que es muy largo ¿qué te parece simplemente Dan?- propuso con entusiasmo ante el hecho de pasar más tiempo con el joven.
-Ya me dicen así, pero claro, llamame Dan- sin más importancia en el asunto miro curioso al niño decidido a preguntar una duda que tenia desde hace rato -¿Cuántos años tienes? ¿Cuatro? ¿Cinco?-
-... siete- respondió de forma tajante mientras bajaba la cabeza nuevamente deprimido por ser considerado un enano.
-Eh...- se sintió bastante mal por deprimir al niño, de forma culpable se rasco la nuca sin saber como animarlo -¿Por qué aventura de Wilfred vas?- preguntó con esperanzas de poder mejorar su ánimo y por suerte pego justo en el blanco cuando el chico se levantó con una radiante sonrisa.
-¡Oh, ya iba por la última! ¡la gran batalla contra el Dragón de la noche eterna!- dijo una vez más animado mientras se ruborizaba -jeje, tu fuiste como Wilfred, todo un gran y poderoso héroe Dan... desearía ser más como tu y no solo un pequeño débil y tonto- ante su propia reflexión le resultó imposible no bajar la mirada odiando sé a si mismo de nuevo.
-¿Quién dice que no puedes serlo?- hablo con seriedad mientras colocaba su mano sobre el hombro del niño y lo miraba fijamente a sus ojos -lo único que te hace débil eres tu mismo, eres igual de fuerte que tu determinación y voluntad-
-Cielos...- miraba aún más maravillado que antes al ojiazul, este realmente era increíble, nunca creyó escuchar palabras tan significativas en su vida -¡¡Gracias Dan!!-
-No es nada pequeñín- le revolvió los cabellos con una sonrisa de felicidad tras lograr levantar su animo.
-¡¡¡Alan!!!-
Una mujer alarmada hizo acto de presencia, su cabellera oscura y ojos violetas hacían evidente el parentesco familiar con el niño, por su edad avanzada Dan adivinaba que era su madre.
Esta logro vislumbrar a su hijo hablando con un chico unos años mayor y se apresuró a acercarse -Me alegra que hallas hecho un nuevo amigo, pero es hora de volver a casa Alan ¿si?-
-Si mamá...- suspiro decaído mientras veía al niño de azul que acababa de conocer -¿nos volveremos a ver Dan?- pregunto con algo de miedo ante la idea de perder esa nueva amistad cuando le costaba tanto relacionarse con otros.
-Por supuesto que sí, paso seguido por aquí- respondió mientras despeinaba al niño quien solo sonrio felizmente ante la respuesta.
-¡Muy bien, nos veremos mañana entonces!- se despidió mientras tomaba la mano de su madre y se marchaban con dirección a su hogar.
Ver a madre e hijo alejarse hizo que suspirara de mala gana, esa escena lo había afectado bastante en su interior, lo mejor sería ignorarlo y apresurar el ritmo ya que con aquel contratiempo era seguro que Matt y Elena ya lo esperaban preocupados... especialmente la chica lo que lo dejaba espantado.
Su hermana se preocupaba de sobremanera por hasta la cosa más pequeña, imaginar su reacción lo hizo tomar con aún más fuerza la bolsa en su mano derecha por los nervios, luego siguió caminando por su ruta original esta vez sin interrupciones.
Algunos minutos más tarde el ojiazul había llegado a un edificio espacioso pero algo deteriorado, mientras avanzaba por la acera este vio por un momento un cartel que tenía inscrito "Orfanato Margaret". Una vez en la puerta de entrada a aquel lugar dio tres golpecitos en la puerta principal de madera para alertar de su llegada a alguien, no debió esperar mucho ya que tan solo tres segundos después una mujer de larga cabellera rubia con ojos verdes y un vestido simple de color verde se tiró a abrazarlo completamente desesperada.
-¡¡¿Dónde estabas Dan?!! ¡¿te perdiste y no conocías el camino de regreso?! ¡¡sabia que no debía dejarte ir de compras solo!!- grito en medio de un llanto dramático mientras hundía al azabache entre sus pechos.
-Matt... ayuda...- pidió desesperado como pudo el niño tras notar a su hermano mayor apoyado contra la pared.
Este se trataba de un hombre de piel morena y cabello marrón al igual que sus ojos, este vestía un overol de mecánico con algunas manchas de aceite -lo siento, pero sabes que no me meto cuando la loca se pone así, es un fastidio- respondió con diversión mientras se cruzaba de brazos.
-¡¿Loca?! ¡¡¿A quien le dices loca?!!- grito indignada mientras soltaba al niño y se giraba hacia el hombre.
-A la que está gritando- dijo de forma calmada mientras cerraba los ojos con hartazgo, al final la rubia si había fijado su atención en el para descargar toda su desesperación, era un fastidio total para sus oídos.
-¡¿Por qué no vuelves a tu taller para trabajar?! ¡sirve de algo y gana dinero!- contraatacó molesta mientras se cruzaba de brazos inflando su pecho.
Antes de que la discusión subiera a más unos pasos se escucharon bajando por la escalera, estos pertenecían a una mujer ya anciana, de piel arrugada, cabello ya canoso por su edad y que llevaba un vestido grisáceo mientras cargaba a un bebé dormido entre sus brazos.
-ya, ya, mis niños ¿pueden bajar la voz? Sus hermanos menores tratan de dormir- pidió la anciana mientras veía a Dan y le dedicaba una cálida sonrisa -gracias por comprar los víveres Dani-
-No fue nada abuela- declaró con una sonrisa mientras dejaba las frutas en un mueble cercano.
-Lo sentimos mamá Margaret- Matt y Elena bajaron la cabeza apenados por su comportamiento mientras demostraban el respeto que le guardaban a la mujer mayor.
-No se preocupen, solo bajen la voz- pidió cortésmente mientras acunaba al bebé entre sus brazos y se giraba para ver al niño de sudadera azul -¿no deberías subir a hacer tu tarea Dan?-
-Por supuesto Abuela- sin que tuvieran que repetirlo este subió las escaleras hacia su cuarto para retomar sus deberes escolares, estos los hacia con una facilidad notable para alguien de su edad.
Los golpes metálicos se escuchaban atraves del cuarto mientras varios jóvenes trabajaban en distintas armas siguiendo planos elaborados por ellos mismos, este era el grupo integrado hace no mucho en la academia de combate que capacitaba a los aspirantes para cazadores.
Había estudiantes humanos y faunos, rubios y azabaches, ciertamente no había dos personas iguales, aunque entre todos había un alumno que destacaba... destacaba por tener una estatura particularmente diminuta en comparación con sus compañeros masculinos.
Este estudiante era azabache con el cabello despeinado y sus lentes para protección ocular dejaban ver un brillo violeta debajo. El sudor bajaba por la frente del niño pero tras algunos minutos había terminado su trabajo en el arma que tanto había pensado los últimos años. Agradecía que hallan tenido dos meses de capacitación antes de pasar a la creación de sus armas, de lo contrario podría haber salido malherido.
-Hm... ahora que lo pienso ¿no es cuestionable enseñarle a jóvenes como crear y usar armas?- se pregunto el ojivioleta mientras veía su creación recién terminada.
-Sin duda es algo arriesgado en las manos de un niño- el profesor se acercó hacia el adolecente curioso por ver su trabajo -pero como todos quieren capacitarse para ser cazadores deben acostumbrarse al peligro de la vida, deben estar listos para enfrentar a los Grimm y proteger la paz de Remnant, por eso se les imparte estos conocimientos para saber manejar y reparar sus armas-
-Hm... tiene sentido para mi- el azabache asintió de acuerdo mientras terminaba de oír a su instructor.
-Por cierto Winds ¿esa arma no es muy grande para ti? No pareces de brazos fuertes- pregunto el profesor sin intenciones hostiles mientras analizaba el arma recién creada -si usas un arma demasiado pesada y que no puedas manejar terminaría siendo más una carga que una ayuda en la pelea-
-No se preocupe, en cualquier caso recurriré a usar mi aura para ser capaz de empuñarla, la idea es dar golpes letales a corta distancia- se llevo una mano al mentón mientras analizaba a su creación.
Era una espada de empuñadura metálica, esta tenia en el centro un tubo alargado de un metro, más que un tubo este era un cañón preparado por si necesitaba disparar en medio de la batalla, el gatillo estaba implementado en el mango y la munición eran balas de escopeta que se almacenaban en la parte inferior del cañón y la empuñadura teniendo alrededor de cuatro disparos consecutivos, solo la punta de la espada que en realidad era la boca del cañón estaba diseñada para disparar. Soldado al cañón del arma había dos hojas filosas que terminaban de darle la forma de una espada, una espada con un cañón de escopeta en el centro, si era completamente genial.
-Hm... me gusta el concepto de la espada- admitió el instructor mientras terminaba de analizar el arma del adolecente -muy bien, la apruebo- asintió para luego pasar a revisar a los demás estudiantes -y recuerden, las armas quedarán guardadas en sus casas, solo tienen permitido traerlas los días de entrenamiento-
-Si profesor-
Los minutos que quedaran de la materia para Alan fueron bastante aburridos, realmente quería salir con su espada para mostrársela a alguien.
Y el timbre que marcaba el inicio del receso finalmente sonó cumpliendo su deseo, el Winds se apresuró a colgar la espada en un soporte diseñado para sujetarla con imanes, luego la subió a su espalda y salió corriendo.
Esto en verdad era algo patético de su parte pero era pésimo socializando, no tenía amigos en su curso... digamos que sus inseguridades le impedían acercarse a otros como un niño normal, pero obviamente no podía ser un bicho raro sin amigos jajajaja no, no ¡el tenía un amigo!... si, un amigo, no suena como la gran cosa pero ese era "El Amigo" que todos querían tener, el estudiante más brillante y talentoso de la academia de combate.
Y allí, justo a unos metros lo veía, un chico azabache que caminaba con un libro en su cara, el se la pasaba leyendo sus libros de clases, nunca descuidaba sus notas.
-¡¡¡Daaaaaan!!!- El chico salto sobre su amigo pero este se hizo a un lado dejándolo estamparse contra el suelo con un ruido seco producto del impacto.
-¿Eh?...- bastante confundido aparto la mirada de su libro para encontrarse con el chico en el suelo -Alan deberías acercarte con más cuidado, pensé que eras otra acosadora, lo siento-
-no te preocupes amigo... lo entiendo- gruño con algo de dolor mientras se ponía de pie, el peso extra de su arma era lo que más daño le causó siendo honestos.
Dan sinceramente tenia un problema con atraer a la población femenina, ciertamente pese a tener solo catorce años ya era todo un rompecorazones ¿quizás era su rostro con facciones tan finas? ¿Sus cada vez más fríos ojos azules? ¿su inteligencia y brillante futuro como cazador al ser el mejor promedio del lugar? Quizás era todo eso junto.
Siendo sinceros, Dan le hacia recordar bastante a "el" sus notas siempre superiores al promedio y destacando como verdaderos héroes prodigiosos... dios, los envidiaba.
Aunque odiara admitirlo no podía volverse tan fuerte como el oji azul, seguía siendo bastante débil en una simple comparación.
-Oye, bonita espada-
Con la fría voz del chico halagando su creación recordó su propósito para buscarlo, una sonrisa se expandió en su rostro mientras le mostraba el arma -¡muchas gracias! ¡espera a que la veas en acción, con ella me volveré un gran cazador!-
-Por supuesto que si, ese es el espíritu- menciono mientras despeinaba con una sonrisa al menor -¿sabias que en Mistral la gente antes solía usar ropa oscura y trajes especiales para camuflarse en la oscuridad y eliminar sigilosamente a sus objetivos? Los que realizaban están prácticas eran llamados shinobis-
-Los ninjas siempre son geniales~- asintió con entusiasmo mientras veía al azabache leer su libro de historia.
Ambos siguieron caminando por los pasillos mientras charlaban de cualquier cosa interesante en esos días. Su encuentro hace algunos años realmente había formado una buena amistad fortalecida con el día a dia, en la escuela ambos tenían problemas para socializar... o bueno, Alan los tenía, Dan simplemente no le importaba socializar con otros, esto llevo a que se la pasaran juntos en los recesos.
Y a su vez dicha amistad les permitió conocer más uno al otro, Dan descubrió que por una razón que aún no entendía pero estaba seguro surgió desde antes de conocerlo Alan tenia un complejo de inferioridad donde se veía como alguien débil y se sentia menos que cualquier otro en el mundo.
A la par el ojivioleta descubrió que la razón por la cual Dan odia su nombre es que eso es lo único que los bastardos de sus padres se aseguraron de dejarle antes de abandonarlo, un nombre que lo marcaría y siempre le recordaría que aquellos que se lo pusieron fueron los mismos que lo abandonaron.
-¡¡Oye!!-
Ambos amigos se giraron para ver como un chico rubio, que Dan reconoció como su compañero, choco contra un profesor, este había sido el que soltó el grito. Lo más destacable del rubio sin duda alguna era la cola de león que salía de su cintura.
-¡Ten cuidado, mira por donde vas Layon!- gruño molesto mientras empujaba al estudiante y seguía caminando.
-¿Por qué el profesor de Gimnasia siempre es tan agresivo?- pregunto Alan con ligero temor en su voz.
-Ni idea, simplemente es esa clase de personas... miserables- concluyó su frase mientras se cruzaba de brazos y veía con pena al mismo fauno gruñendo en su sitio tras la marcha del profesor.
Por un momento los ojos azules del León se posaron en sus dos espectadores, les dedicó una mirada de repudio antes de darles la espalda y seguir avanzando en busca de un lugar privado donde poder estar tranquilo.
Fin Capítulo
3.500
Aquí está un nuevo fanfic para el perfil, realmente espero que sea de su agrado y lo disfruten lectores.
Siempre que haya quedado alguna duda del capítulo o algo sin entender pueden comentarlo y tratare de resolver su duda, claro siempre tratando de no soltar spoilers.
Oh, y esperen, no se vayan aún, por esta vez subiré juntos la parte uno y dos de este inicio, ya pueden leer la siguiente parte si lo desean para engancharse más a la obra.