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PRÓLOGO..
Ariadne Zareth.
Portadora de un pelo extremadamente negro igual que sus ojos pero con un brillo único, una chica hermosa, audaz, inteligente, carismática y soñadora; cuyo pasado es desconocido hasta por ella misma, excepto por él , su cuerpo mismo es un tesoro perfecto dado por los dioses, encadenada a su vida de noble y los grilletes de odió impuestos por su madrastra.
Puede tenerlo todo; pero solo quiere ser libre, lo único que nunca podrá tener.
Expresando sus ideas claramente sin estar dispuesta a someterse a nadie y mucho menos a él, siguiendo su propia convicción mientras todo se tiñe de carmín...
“Si no puedo volar porque cortaron mis alas, entonces voy a correr o arrastrarme para poder llegar a donde quiero estar y ser feliz aunque sea con mi último aliento”
—Para poder escapar alguien debe morir y no estoy dispuesta a ser yo.— una noble determinada.
Protegida por Sylphy Driade.
Un chico cálido, vivaz y libre; cuyos ojos azules se iluminan igual que sus rizos ébano de solo pensar en ella, es su amigo de la infancia y portador de secretos interminables, prometió protegerla desde aquel día en el estanque de hadas, solo él puede ver su verdadero ser y su pasado.
Pequeña Ari, no te rindas estaré esperando por ti donde tú carne muere y tú verdadera naturaleza renace, ese es tu único camino.
“Eres tú, puedo verlo, voy a darte todo aún si no me pides nada, Nyx”
—Ven, conmigo serás libre. — la promesa eterna de un elfo.
Pero codiciada por Frey Greyrat.
Un rubio demandante, terco y manipulador, poseedor de una belleza encantadora , es el sanguinario y retorcido segundo príncipe de Langres, cuya obsesión por ella llega al punto de ser repulsiva y a él le resulta fascinante.
“Si no puedo tenerte entonces voy a destruirte y te seguiré a los confines del mundo si es necesario, no tienes a donde huir nunca más.”
—Esto definitivamente es amor.— un príncipe obsesionado.
Sorpresas que no planeó y para las cuales no estaba lista.
Un destino que la persigue sin ningún lugar donde esconderse.
Pero con la misma meta en mente, ahora no solo por ella sino por los tres.
Esa voz gritando dentro de ella, mientras en su frente brillaba un patrón desconocido en tonos violeta, sus ojos se tornan dorados y su cabello completamente platino.
—¿Quién eres tú?— susurró la chica viendo su nuevo aspecto, pero ella misma se respondió.
—Yo soy tú, tú eres yo. Entonces Ariadne...
“Vamos a devorarlos a todos mientras finges ser la noble perfecta—”
E.C