Prólogo
-Solo un poco más Nadege, un poco más y todo habrá terminado- la anciana repetía una y otra vez lo mismo.
Pronto acabaría, pronto... se incorporó de golpe al mismo tiempo que la sacudía otra contracción y gritó más alto que las otras veces que había pasado lo mismo.
-Ya ha sacado la cabeza, empuja.
-¡Ya lo hago!- gritó a la anciana.
-No es suficiente- dijo ella casi sin inmutarse, había atendido en todos los partos del pueblo, estaba acostumbrada a cosas peores -tienes que...- se interrumpió al sentir un portazo.
Un hombre encapuchado había entrado de golpe en la habitación. A pesar de que no se le veía la cara ambas mujeres lo reconocieron enseguida.
-Seriozha...
-Hasta que por fin apareces- contestó la anciana sin dedicarle más de una mirada.
El chico se bajó la capucha mientras se acercaba a la cama, se arrodillo al lado de Nadege y la sujeto de la mano.
-He venido en cuanto me he enterado- se acerco a ella para besarle la frente.
Desde que había entrado no le había quitado el ojo de encima, el tenía ese efecto sobre ella. Pero esta vez se vio interrumpida por el dolor, que parecía volver con energía renovada. Volvió a gritar, lo que hacía que el recién llegado rechinara los dientes.
-¿Le falta mucho?- dijo el chico no creyendo poder soportarlo mucho mas.
-¿Es que tienes prisa?- esta vez si que había sonado ligeramente enfadada -chico, entiendo que estés asustado, pero tranquilizate, la única que tiene derecho a estar nerviosa es ella.
-Seriozha... -susurro Nadege.
-Estoy aquí -le apartó el pelo de la cara con una suave caricia.
-¿Como...? -hizo una mueca por el dolor, recordó lo que la anciana le había enseñado y respiró hondo- ¿Como vamos a llamarlo? -sonrió nada más decirlo, y el chico hizo lo mismo.
-He pensado en que si es niño, lo llamemos Anielka -la chica no pudo evitar sonreír, el nombre significaba "pequeño ángel"
-Y... y si es niña? -dijo intentando respirar hondo -el chico pareció pensárselo un poco.
-¿Que tal Lía? -ambos se miraron y rieron, no sabían lo real que era hasta el instante en el que estaba pasando, iban a ser padres.
Solo bastaron un par de empujones y maldiciones más para que todo acabase. Nadege volvió a acostarse en la cama con los ojos cerrados y la respiración irregular.
-Felicidades, es... una niña -dijo la anciana con un atisbo de alegría en la voz.
Cuando abrió los ojos y se incorporó vio al bebe en brazos de Seriozha, el cual miraba a la pequeña como si fuese lo más hermoso de este mundo. El alzó la vista y la miró con una sonrisa sincera en el rostro.
-Hay alguien a quien tienes que conocer -en cuanto se acercó a ella con intención de dejarle a la niña alzó los brazos y la cogió casi por instinto.
-Hola -dijo susurrando para que solo la bebé la oyese.
Seriozha se arrodilló al lado de la cama para quedarse a la altura de la bebé.
-No me creo que con lo desastres que somos hayamos creado algo tan perfecto -Nadege alzó la vista de los ojos de la bebé para mirar los del chico y entonces lo supo.
Estaba ahí, todo lo que siempre había necesitado y lo que más quería en el mundo. Se acercó lo suficiente a Seriozha para dejarle un ligero beso en los labios y luego apoyar su frente en la del chico.
La anciana observaba la escena desde la entrada de la habitación con tristeza. Sabía que esa felicidad no duraría, pero en ese momento ellos lo tenían absolutamente todo. "Disfrutad mientras podáis niños" pensó mientras salía por la puerta de la habitación.
Como oráculo su mayor don era ver el futuro, su horrible maldición? Ver el futuro y no poder interferir y cambiarlo. Decidió que guardaría una imagen de ellos tres siendo felices, siendo una familia. Probablemente ella sería la última persona en verlos así.