Eclipse~ BoruMitsu +18

Summary

Los años habían pasado y Konoha había cambiado tanto que incluso sus habitantes creían que Boruto era el traidor que había asesinado al séptimo Hokage. Los colores de todo lo que rodeaba a Mitsuki se tornaron grises por alguna razón y su corazón se congeló por un largo período. Sin embargo, un suceso inesperado eclipsará su alma para abrirle los ojos y enseñarle la verdadera belleza, liberándolo de una gran mentira que lo mantuvo prisionero por tanto tiempo. Advertencias: ✔️Universo canon divergente (Boruto two bortex) ✔️Sutil OoC ✔️ Soulmates ✔️Contenido +18 ✔️Drama y romance Disclaimer: Los personajes pertenecen a Mikio Ikemoto y Masashi Kishimoto.

Status
Complete
Chapters
1
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n/a
Age Rating
18+

CAPÍTULO ÚNICO



«No hay encuentros accidentales entre almas.»




—Sheila Burke.




[...]





Una ráfaga de viento suave removió la pila de hojas secas que apenas había juntado. Se lamentó por ello, pues el jardín que barrió era bastante extenso y llevaba casi una hora intentando dejarlas en un mismo sitio.




Pese a la reciente distracción, Mitsuki no quitaba la vista de una hoja que tenía una forma particular. Era igual que el símbolo de su bandana y por momentos se preguntaba cómo fue que se les había ocurrido elegirla para representar a Konoha. Luego, recordó las palabras de su padre cuando le comentó sobre la historia de su fundación y esbozó una leve sonrisa.




Una hoja... Una simple hoja que podría ser mucho más bella si expusiera su verdadero color a todos. Todo sería tan bonito, tan agradable de ver y entibiaría los corazones solitarios.




Al mismo tiempo, se entristeció al rememorar lo hermoso que era el mundo cuando gozaba de vivos colores y más aún cuando veía el amanecer, disfrutando de los reflejos áureos que ingresaban por la ventana de su habitación.




¿Cuándo fue que todo se desmoronó? ¿Por qué no podía ver más que una triste escala de grises?




Por más que intentara pensar en ello, no podía dar una respuesta. Su cabeza punzaba y su corazón se retorcía al intentar hurgar en sus recuerdos.




—¿Te falta mucho? —La presencia de Kawaki fue suficiente para dejar atrás sus cavilaciones. —Acaban de avisarme que detectaron un chakra desconocido, no podemos dejarlo entrar.




—No, ya estaba terminando —respondió rápidamente mientras sacaba una bolsa de su bolsillo. —. Tiraré todo esto y te acompañaré.




—Perfecto. Iré a verificar otras zonas, tú espérame en la entrada de la aldea y observa la situación actual. —indicó rápidamente mientras desviaba la vista hacia el horizonte.




Kawaki se mostraba extrañamente distante, mucho más de lo habitual y eso le dolía demasiado. Sin embargo, no quería indagar en esos sentimientos que residían en lo más profundo de su corazón, ya que se mostraba renuente a expresar lo que sentía.




Anteriormente lo había intentado y cualquier esperanza de acercamiento era en vano, pues la muralla era tan extensa y alta entre ellos.
Sin embargo, podía intuir que su personalidad cambió rotundamente luego del trágico asesinato de su padre.




»—¿Qué sucede? ¿Por qué me quedas viendo así? —inquirió con desdén al notar la penetrante mirada del hijo de Orochimaru.




Él negó con la cabeza y suspiró. Terminó de tirar todas las hojas y cerró la bolsa.




—Me preguntaba a quién se le ocurriría invadir nuestras medidas de seguridad... —espetó y dejó la escoba junto con la pala en un rincón. A su lado, apoyó la bolsa para regresar hasta Kawaki mientras iba limpiando sus manos con un pañuelo. —Desde la muerte del Séptimo...




—¡¡Ni siquiera se te ocurra nombrarlo!! —exclamó en un tono alto. Sus ojos estaban inyectados en sangre al hablar de quien fuera su padre. —¡¡Algún día encontraré a ese asesino y le devolveré la paz a esta aldea!!




Cuando Kawaki estaba por retirarse, Mitsuki estiró su brazo hasta sujetar su hombro y éste se detuvo.
El albino contuvo la angustia, tratando de hallar las palabras más adecuadas para evitar un posible rechazo. Él únicamente quería acompañarlo, escucharlo y apoyarlo.




—Kawaki, no olvides que cuentas conmigo para todo. Es mi deber acompañarte, proteger tu luz y-




—Tú representas a la luna, esa luz que ilumina cuando el sol se oculta, lo sé —expresó con desinterés, quitando lentamente la mano de Mitsuki. —. Pero quiero que tengas muy en claro que tus motivos no deben interferir en las decisiones que tome de aquí en más y si quisiera pelear solo, lo haré —advirtió y saltó hacia el muro más alto.
—. Mitsuki, también te encargo a Sarada. Ella ha estado muy extraña últimamente y no sé qué pueda estar pensando al respecto. —comentó con un deje de desconfianza.




Dicho esto, se alejó sin esperar respuestas. La realidad era que Mitsuki podía notar una expresión de nostalgia al hablar y también impotencia al nombrar a Sarada. La joven Uchiha mantenía una tensa relación con Kawaki y eso fue agravándose a lo largo de los años. Por esa razón, él debía convertirse en el puente entre ambos para evitar la ruptura del equipo siete.




¿Pero por qué su corazón se retorcía al pensar en los tres juntos? ¿Por qué sentía que sus misiones eran monocromáticas en ese cúmulo de recuerdos coloridos?




En el fondo de su alma, en un rincón de su memoria, guardaba la imagen de la delicada sonrisa de Sarada al correr junto a ellos, mas ya no existían vestigios de esa niña alegre en su mirada.




¿Qué había pasado desde ese tiempo hasta la actualidad?




Pero las preguntas más difíciles de responder era las que le hacían dudar de todo lo que pasaba a su alrededor: ¿Por qué la luz de Kawaki no se asemejaba al sol que aparecía con frecuencia en sus sueños? ¿Por qué su corazón parecía congelarse cuando hablaba con él?




«El día que el mundo irradie tanta luz al punto de sentirte encandilado y cuando tus ojos contemplen los maravillosos colores de todo lo que nos rodea, allí sabrás que ese sol es esa alma gemela que tanto buscas...»




Las palabras de su padre habían creado una vorágine de intrigas que lo sumergía en dolor por imágenes difusas creadas por sus sueños...




[...]




Tal como Kawaki se lo ordenó, Mitsuki se dirigió rápidamente hasta la entrada a la aldea. Al llegar, notó que los guardias estaban fuera de sus puestos habituales y llevaban sus herramientas ninjas en sus manos.




Otros se encargaban de evacuar a los civiles para evitar mayores inconvenientes. Mitsuki fue corriendo entre la multitud y se acercó hasta la entrada.




—¡Qué bueno que estás aquí! —exclamó Izumo, extendiendo su mano a él. —Kawaki nos avisó que vendrías, así que será de gran ayuda si nos apoyas en esto.




El ninja señaló a uno de los posibles enemigos y un fuerte sentimiento negativo lo invadió por completo. Su corazón se aceleró y sus ojos se enfocaron en esa extraña figura humana con las garras de Code.




¿Cómo era posible que ese tipo no se cansara de invadirlos? ¿Cuál era ese poder que tanto buscaba en Konoha?




No dudó en luchar y estaba completamente listo para hacerlo junto a sus compañeros. Para evitar agotarse con facilidad, trató de golpearlos pero fue inútil. Al intentar sujetarlos, éstos se esfumaban y salían a través de las garras de otro que aparecía en escena.
El jutsu era una molestia mientras los civiles aún continuaban en los alrededores, así que no tuvo otra opción que crear tiempo hasta tener una oportunidad para poder luchar con todas sus fuerzas.




Al ver que Kotetsu regresaba con ellos, Mitsuki supo que esa era la señal de que el campo estaba totalmente libre de los habitantes. Ya no había razones para contener el poder y el albino procedió a crear una fuerte ventisca combinada con su elemento rayo, potenciada por su chakra encolerizada al recordar el principal objetivo de su vida: proteger el sol de Konoha, su sol.




Al inmovilizar parcialmente a los enemigos, los ninjas tomaron la delantera para hacer uso de sus ninjutsus, destacando aquellos que les impidiera continuar trasladándose a través de las garras de Code al encerrarlos en fuertes domos de tierra, combinados con técnicas de sellado para poder ir en busca de quien los controlaba.




Mitsuki se adelantó mientras los ninjas continuaban luchando y corrió hasta el centro de la ciudad, siendo sorprendido por la repentina aparición de otro de los enemigos a través de una garra colocada en la chaqueta de un jounin.




Casi sin preveerlo, Mitsuki recibió un fuerte golpe en su rostro que lo arrojó unos cuantos metros del lugar. El ninja que estaba con él había lanzado un jutsu de fuego, pero su destino fue prácticamente el mismo que el del albino, pero con la diferencia de que éste había perdido el conocimiento tras el golpe en su cabeza.




Mitsuki se puso de pie y no lo dudó. Su chakra fue incrementándose exponencialmente y era cuestión de algunos segundos más para acabar con ese ejército. Sin embargo, cuando ya creía estar listo para iniciar la masacre, una fuerza mayor lo detuvo. De las garras que se encontraban en el rostro del monstruo salió el protagonista de ese espantoso escenario.




Code finalmente se presentaba en la aldea y esbozó una sonrisa burlona al ver el rostro enfurecido de Mitsuki.




—Veo que has decidido a pelear con todas tus fuerzas, ¿eh? —espetó mientras más de la mitad de su cuerpo yacía fuera de su peón.




—¿Qué quieres? ¿Qué buscas en este lugar? —inquirió con un deje de desprecio que le generaba más repulsión al verlo sonreír.




—A Boruto, es obvio —aseguró, cruzando sus brazos. —. Oye, no pienses que Kawaki no me importa pero creo que ese criminal tiene algo que a ti y a mí nos interesa... —guiñó.




¿Qué pretendía con esos comentarios tan confusos? ¿Por qué Boruto podría tener algo interesante para ambos?




—Ese tipo hace mucho se fue de aquí, ¡¡no pierdas tu maldito tiempo y vete!! —gritó mientras expandía su modo sabio.




Podía sentir el poder descomunal fluyendo por su cuerpo, una quemazón que lo instaba a luchar sin cesar. Sin embargo, la conversación le creaba tantas dudas que ni siquiera podía hacer nada.




—¡¡Ahí te equivocas!! Ese idiota me ahorró mucho y-




Cuando las palabras de Code se silenciaron por fin, el mundo ante sus ojos se paralizó.
Un zumbido descontrolado y los mareos le hicieron perder el equilibrio, cayendo intempestivamente al suelo. Cubrió sus ojos y trató de serenarse para evitar caer en un jutsu que desconocía. Respiró profundo e intentó de ubicar al sujeto que acababa de llegar.




Se puso de pie y descubrió sus ojos para continuar adelante, pero aquello que estaba contemplando era totalmente diferente a lo que había visto durante años.




Colores, más y más colores... Hermosos colores que daban vida a los objetos y personas a su alrededor. Un paisaje surrealista que no coincidía con el escenario trágico del momento.




Estaba completamente absorto ante tanta belleza, una indescriptible sensación de gozo que no recordaba haber sentido. Una inusual calidez visual nunca antes vista. No obstante, existía algo que divisó en medio de la vorágine de emociones que no podía controlar.




Se trataba de la presencia más radiante que jamás hubo visto, encegueciéndolo en cuestión de segundos al interponerse entre él y el enemigo que buscaba distraerlo mientras una de sus marionetas intentaba crear el momento ideal para acabar con uno de los ninjas más fuertes de Konoha.




Una imponente capa negra flameaba con estilo ante la inesperada aparición. La tela hizo eco en sus oídos, trayendo consigo las vibraciones producidas por el corazón de la persona que se encontraba de pie frente a él.




Una patada fue suficiente para cerrarle la boca a Code y obligarlo a retirarse entre las garras de donde había emergido. Al caer, un extraño jutsu destruyó al monstruo, acabando con esa potencial amenaza.




Cada movimiento era una pincelada en el lienzo de su alma.




—¿Te encuentras bien, Mitsuki? —inquirió el joven, girando apenas su rostro para comprobar las palabras del otro.




—S-ssi... —La mezcla entre ese chakra desconocido y lo que su corazón sentía eran aterradores.




Las miradas de los ninjas no ayudaban en absoluto, pues sus expresiones eran de pavor y desconfianza. Sin embargo, Mitsuki veía más que eso, pues ese chico había traído consigo esos colores que se habían esfumado sin más.




¿Pero quién era él? ¿Lo había olvidado o por qué se sentía excluido de lo que pasaba a su alrededor?




—¿¡Q-qué mierda haces aquí, Boruto!? —exclamó uno de los ninjas, apuntando con su kunai desde unos metros atrás. —¿¡No te bastó con lo que hiciste, miserable!?




Las acusaciones eran muy crueles y no necesitó más que eso para reconocer al chico que llegó junto con los invasores: Boruto, el asesino del Séptimo.




¿Pero qué significaban todos esos colores? ¿Por qué nadie más lograba ver eso que sus ojos sí? ¿Por qué su luz lo enceguecía de esa manera? ¿Quién era realmente Boruto?




«El día que el mundo irradie tanta luz al punto de sentirte encandilado y cuando tus ojos contemplen los maravillosos colores de todo lo que nos rodea, allí sabrás que ese sol es esa alma gemela que tanto buscas...»




¿Es que acaso...? ¿Boruto era esa alma gemela que su padre le había enseñado? ¿No se suponía que Kawaki era su sol? ¿Por qué él no brillaba del mismo modo?




—¡Ocúpense de los enemigos de la izquierda! —ordenó Boruto mientras sacaba su katana. —Yo me encargaré de los que están en la derecha.




Sus pies emitían ondas ultrasónicas. Mas el filo de su arma producía un sonido estridente, destrozando cada parte de los enemigos hasta romper las garras de Code.




Mitsuki no pudo hacer nada más que verlo brillar a lo lejos en medio de su escala de grises. Hasta la sangre derramada ante él se veía maravillosa en su presencia.




No podía entender lo que pasaba y simplemente optó por crear una pequeña, casi microscópica serpiente que le sería de mucha utilidad. Le ordenó que siguiera al rubio y se ocultara. Fregó sus ojos y continuó luchando, dándole la espalda al traidor que no hacía más que ayudarlos.




Cuando el lugar ya estaba prácticamente limpio de cualquier rastro de Code, Mitsuki se acercó hasta cierta distancia de Boruto. Allí contempló una de sus orbes azules, aquella que guardaba muchos sentimientos y emociones dolorosas. Ese brillo inusual en su cuerpo fue suficiente para tomar una drástica y peligrosa decisión.




—Vete antes de que Kawaki llegue —farfulló mientras se ubicaba a su lado. —. No puedo garantizar una cálida bienvenida de parte del hijo del hombre que mataste...




Boruto no respondió nada. Estaba cabizbajo, aferrado a su katana y con una rabia contenida que prefirió guardarse en lo más profundo de su corazón.




Por esa razón, el traidor se alejó lo más rápido posible. Mitsuki respiró con pesadez y sintió una profunda angustia en su alma. Giró apenas su rostro y notó que todo volvía a ser tristemente gris, frío y oscuro. Aquella luz se alejaba más y más, dejando en claro una posibilidad que pondría en riesgo su propia vida: Boruto era su verdadero sol.




[...]




Mientras ayudaba en la reconstrucción temporal de los hogares, Mitsuki sintió la presencia de Kawaki detrás suyo. Éste había llegado con una expresión de incomodidad que incluso podía contagiarlo.




—¿¡Lo has visto!? —inquirió y lo miró, exponiendo sus orbes inyectadas en rabia. —Boruto sólo trae desgracia, ¡¡es muy evidente que están aliados!! —vociferó y dio un fuerte golpe a la pared, dejándola resquebrajada.




Mitsuki no podía dejar de pensar en ello y cómo repercutió su aparición después de varios años. Los ninjas no estaban nada conformes con la situación y lo único que decían era que debían planear la manera de matarlo, pues él era una potencial amenaza para la aldea. No sólo por haber acabado con Naruto Uzumaki, sino porque se había comprobado que en su interior yacía mucha información de los Ōtsutsuki y prontamente terminaría poseyéndolo.




—Yo acabaré con él, Kawaki —musitó con culpa. La realidad era que no esperaba nada positivo respecto a la propuesta. —. Prometí que te protegería y si para ello debo matarlo, lo haré.




Mitsuki miró fijamente los ojos de Kawaki, a la espera de algún tipo de reproche. Sin embargo, lo que obtuvo fue una mirada de resignación que jamás había visto en él. La frialdad de sus orbes se habían esfumado por una milésima de segundos, exponiendo la vulnerabilidad que tanto recelaba.




»—Si esa es tu respuesta, esta noche iré por él —Dejó el martillo que estaba utilizando y caminó en dirección a Kawaki. —. La única condición que tengo es que no quiero compañía ni vigilancia.




Kawaki francamente no confiaba en esto último pero era consciente del gran poder que yacía dormido en Mitsuki. Además, sabía que él fue creado por uno de los ninjas más perversos del pasado de Konoha y estaba muy seguro de que podría darle pelea a Boruto. Asimismo, sería una fuente importante de información, ya que estaría al corriente de las habilidades que éste pudiera haber adquirido y cuán peligroso podía ser para la aldea.




—Mañana en la mañana quiero su cabeza —sentenció y le dio la espalda. —. Caso contrario, tú también serás cazado. —Giró su rostro y frunció el ceño. —¿Entendido? ¡¡Quiero el cadáver de ese miserable lo más pronto posible y yo me encargaré de que tenga la compañía del imbécil de Code!!




Dicho esto, se retiró sin agregar nada más. Mitsuki lo vio alejarse entre la triste escala de grises que lo rodeaba y el dolor acumulado en su ser.




El tiempo los había condenado a la incertidumbre, al silencio eterno y a la confusión; al olvido de los sentimientos y al resentimiento a la propia felicidad.




Felicidad que algún día conoció y que claramente olvidó por alguna razón...




[...]




Al caer la noche, en medio de la oscuridad que amparaba su plan, Mitsuki se dirigió hacia donde se encontraba su serpiente. Antes de dar un paso hacia las afueras de la aldea, volteó para observar en los alrededores y así comprobar que Kawaki cumpliera con lo pactado.




No veía a los vigías ni tampoco a aves invocadas, así que continuó adelante. Corrió con prisa, ajustando su visión nocturna para divisar posibles enemigos.




Pero la realidad era que su cuerpo se sentía demasiado extraño, pesado y ansioso. Sudaba frío, le costaba respirar y cada instante se volvía eterno. Podía sentir la cercanía de su serpiente y eso le indicaba que estaba próximo a encontrarse con Boruto.




Se frenó de repente tras pisar una trampa de kunais, espantando a una bandada de aves que descansaban en la copa del árbol.




—Así que has venido a matarme, Mitsuki... —La voz grave del joven lo estremeció, resonando en medio de esa profunda oscuridad que los rodeaba.




El albino respiró profundo y cerró sus ojos por un instante para serenarse. Debía estar tranquilo para poder explotar al máximo el senjutsu y la presencia de Boruto no lo estaba ayudando.




Al lograrlo, abrió sus ojos y se asombró por la cercanía del rubio. Se encontraba enfrente suyo, encerrándolo dentro de su aura cálida.




¿Cómo era posible que un asesino pudiera emanar una energía tan bonita y acogedora?




Pero lo peor de sus dudas no fueron estas, sino las acciones posteriores a ella. Una de las manos de Boruto se apoyó en su mejilla, acariciando su piel lentamente. Su rostro se veía apacible y apenas podía notar un deje de nerviosismo en él.




Mitsuki estaba entre la espada y la pared, pues no se sentía preparado para cumplir con la promesa a Kawaki. La actitud serena de Boruto le impedía moverse, pues su cuerpo permanecía en un estado de letargo que no le permitía actuar como debería.




»—Liberación... —murmuró.




Sintió un extraño y profundo dolor en el interior de su ser, manifestándose en forma de lágrimas que no dejaron de salir al sentirse liberado de un poderoso jutsu.




La venda de sus ojos finalmente cayó...




¿Por cuántos años fue prisionero de una vil mentira que lo separó de su verdadero sol? ¿Cómo fue posible que Boruto pudiera soportar la soledad, la agonía y el exilio?




»—Bienvenido, Mitsuki... —susurró y lo abrazó con fuerza, acariciando su cabello.




La luna salió de su escondite para tomar el rol de iluminadora del reencuentro. Los colores fueron adueñándose de cada rincón, apreciando la realidad tal como debía ser. Boruto soltó el abrazo para sostener sus mejillas y acercarse a sus labios. Mitsuki estaba nervioso porque había olvidado todo lo que se habían prometido en el pasado; incluso sentía vergüenza por sostener que lo mataría apenas lo viera y por creer que sería capaz de asesinar a Naruto Uzumaki, su propio padre.




—¿Q-qué fue lo que pasó? ¿¡P-por qué no podía recordar la verdad!? —exclamó con desesperación, revolviendo su cabello.




Boruto resopló y sostuvo sus manos entre las suyas. Frunció el ceño y rechinó sus dientes.




—Se trata de un jutsu a gran escala —Boruto aclaró su voz y habló con calma. —, he llegado a la conclusión de que Ada y Kawaki tienen mucho que ver en ello.




—¿¡Entiendes la gravedad de todo!? Los habitantes, los ninjas... Todos creen que tú has asesinado al séptimo. —Mitsuki no sabía cómo asimilar el resultado de un ambicioso plan que involucraba al proclamado hijo de Naruto Uzumaki.




—Acabaré con ellos y si tengo que enfrentar a Kawaki para salvar al resto —Llevó una mano a su pecho y respiró profundo. —, lo haré. El jutsu de liberación que apliqué en ti es muy diferente al que nos enseñaron en la academia, pues es muy importante que la persona esté dispuesta a despertar. Por eso necesito que me ayudes en la aldea.




Mitsuki llevó una mano a su rostro al recordar la advertencia de Kawaki: "Mañana en la mañana quiero su cabeza. Caso contrario, tú también serás cazado."




—Lo siento mucho, Boruto —Al disculparse, dirigió su mirada hacia la orbe azul del rubio y la cicatriz de su otro ojo. Los vestigios del dolor se tatuaron allí y lo único que deseaba era no volver a separarse de él. —. Pero a partir de este momento seré un prófugo de Konoha.




Atónito, Boruto dio media vuelta y miró fijamente a la luna. Su brillo era maravilloso, la brisa del viento era tan suave pero suficiente para expandir el aroma reconfortante de los bosques de sus alrededores.




—¿Prófugo? ¿Qué dices? —espetó y mordió su labio inferior, incrédulo. —La luna, uf, ¿lo recuerdas? —musitó y esbozó una sonrisa. —. Tú eres esa hermosa luna que me ha acompañado desde hace mucho tiempo y has estado a mi lado cuando tuve que correr muy lejos de aquí —Dio la vuelta y la luz del satélite natural del planeta lo abrazaba con delicadeza, creando un aura a su alrededor que lo llenaba de paz. —. Te extrañé tanto...




Se acercó peligrosamente hasta Mitsuki y tomó su rostro para arrimarlo al suyo. Acarició cada rincón de su tersa piel y apreció sus gestos con devoción. Sus almas habían reclamado reencontrarse y volver a profesarse el amor que pedía a gritos liberarse de las pesadas cadenas que los habían separado.




Aquella cicatriz en el ojo de Boruto no le impedía imaginar que aún conservaba esa mirada inocente, un ser que guardaba esperanza e ilusiones de un mundo lejos de las sombras de su familia.




Y después de tantos años sumido en una mentira, asumiendo el delito de su sol, Mitsuki posó sus labios sobre los de Boruto, dejando caer un sinfín de lágrimas que sólo imploraban el perdón para luchar a su lado.




Se trató de un ansiado beso, cargado de deseo y amor, despertando en el albino nuevos sentimientos que nadie supo mencionar en ninguna conversación. Su corazón estaba exaltado y quería conservar el dulce sabor que degustaba a medida que se adueñaba de su boca.




Las manos de Boruto se deslizaron por su espalda, llegando a su nuca para profundizar el beso y sellar aún más sus intenciones. La capa que llevaba puesta les cubría sus partes nobles, pero dejaba en claro que ambos pretendían llegar más lejos que lo que estaban haciendo. Mitsuki lo entendió al apegarse al cuerpo de Boruto y sentir el crecimiento de su miembro a medida que pasaban los segundos.




Quería más. ¡Claro que quería más!




Por eso, mientras el rubio se entretenía con su cabello, Mitsuki dejó caer la túnica que cubría su cuerpo. No quería pedir nada más, sino que su sol pudiera apreciar todo de él.




¿Pero cómo podía pensar que Boruto se contendría al ver la desnudez de su cuerpo y de su corazón?




Ya no soportaba la lejanía, mucho menos la desazón al pensar en lo que podría suceder al día siguiente.




Quitó su capa y lo cubrió para estar en las mismas condiciones. Arrojó cada prenda al suelo y se detuvo cuando estuvo completamente desnudo.




Mitsuki estaba obnubilado ante la piel que creía virgen. Un sinfín de cicatrices daban cuenta de las dificultades que tuvo que atravesar a lo largo de los años y el dolor regresó para impedir que hiciera algo al respecto. Sin embargo, no lo permitió.




Utilizó la capa para cubrirse como pudiera. Mitsuki se apoyó en el tronco de un gran árbol, huyendo de la luz de la luna. Ambos besaron cada rincón de sus cuerpos con mucha ternura, tatuando el profundo amor que los unió en el pasado. Sus dedos se deslizaron en sus pieles, descubriendo las reacciones más tiernas y lascivas de cada uno.




Sonrieron, gimieron y gozaron cada instante. Fundieron sus cuerpos inexpertos, de manera algo torpe pero con la firme intención de que ambos se sintieran plenos. Mitsuki no sólo descubrió que amaba a Boruto más de lo que pensaba, sino que lo deseaba tanto que su interior se incineraba al ser penetrado con tanta ternura.




¿Incluso en ese lugar podía actuar con tanta cautela?




Boruto procuró cuidarlo en cuerpo y alma, dejándole en claro que no importaba las circunstancias venideras sino el momento que estaban disfrutando. Al sostener su cadera, entendió que ambos podían tocar el cielo con sus manos y cumplir con cualquier objetivo, aún si tuvieran que sacrificar todo de sí para lograrlo.




La chispa que los llevó hasta el clímax se convirtió en fogata. El calor los abrasaba, pero no los quemaba por completo. Sus elixires cayeron al suelo, dejando rastros de lo que nunca debió pasar pero que no podían ignorar.




El sudor de sus rostros daban cuenta de que no se trató de un sueño ni de un genjutsu; todo lo que experimentaron fue más real que su propia existencia. Boruto estaba ruborizado y una sonrisa delicada lo había enternecido.




Le recordó a aquel niño hiperactivo, sociable y lleno de esperanza que unía a todos con sus sueños, sus ideales y sentimientos; ese mismo que declaró abiertamente su amor al sentirse abrumado por las emociones y al cual le había prometido lealtad por encima de todo.




Sus fuertes brazos lo acobijaron y su mentón se apoyó en la curvatura de su hombro mientras descansaban al pie del gran árbol que los vio amarse plenamente. La capa negra los cubría del viento y les permitía acariciarse con ternura mientras contemplaban la quietud de la noche.




—¿Qué harás ahora, Mitsuki? —susurró mientras dejaba un camino de besos que iba de su mejilla hasta su cuello.




—Kawaki quiere verte muerto, esa es la realidad —confesó con tristeza. —. Pero si huyo contigo, él tendrá que enfrentarnos a ambos eventualmente.




Boruto suspiró y abrazó a Mitsuki más fuerte. Dejó caer su cabeza sobre su cuerpo.




—Sarada no ha sido víctima del genjutsu, así que tendríamos que planear el modo de contactarla. De ese modo, le enseñaría la técnica de liberación para poder acercarme a Kawaki y así acabar con esta gran mentira —Boruto estaba muy seguro de lo que quería para el futuro y en ese mismo deseaba que su mejor amiga estuviera a su lado. —. Sasuke accedió a entrenarme y protegerme a cambio de regresar por ella. Confió en Sarada y espera volver a verla lo más pronto posible, sólo que ahora tuve que alejarme de él para que investigara por su cuenta mientras yo era la carnada de Code.




El albino escuchó atentamente el plan de Boruto y trató de buscar una solución para poder ayudarlo.




—Mi padre conserva viejos escondites que la aldea no encontró nunca en todos estos años. Podríamos ir a uno de esos lugares mientras nos preparamos para regresar por ella y así salvar a todos los demás. —sugirió Mitsuki mientras sujetaba las manos del rubio.




—¿Estás seguro? Una vez que dejes esta aldea, serás un fugitivo que-




—Tú eres mi sol, el que me devolvió los colores de este mundo y la luz que me guía en medio de la oscuridad, Boruto —Giró su cabeza y miró fijamente su rostro. —. No tengo que pensar nada porque te amo, ¿entiendes?




Boruto se ruborizó por completo y rió al darse cuenta de su reacción. Se acercó hasta sus labios para besarlo lentamente.




—Yo también te amo y lucharé para que regresemos a nuestro hogar, ¡lo prometo! —exclamó con algarabía. —Todos los colores a nuestro alrededor revivieron al verte y no quiero que todo se torne gris otra vez.




Mitsuki sonrió y se aferró a esa promesa como a su propia vida. Se mantuvieron en la misma posición, abrazados y en silencio, oyendo únicamente los latidos de sus corazones.




El alba estaba dando sus primeras señales y Mitsuki confirmó que era momento de continuar adelante, lejos de Konoha y de la cruenta mentira que culpó a Boruto de un espantoso crimen.




Una vez que se terminaron de vestir, el albino guió el camino hacia uno de los escondites de su padre. Boruto lo seguía sin dudarlo y por fin sentía que su mundo regresaba a la normalidad. El aura pura que rodeaba a Mitsuki lo calmaba y le generaba una increíble paz que parecía irreal.




«Tenías razón, padre. Cuando el sol me encegueciera con su luz, me daría cuenta de la existencia del paraíso a través de sus reflejos. Los colores vinieron acompañados de su corazón, de su amor infinito que me acompaña incluso en medio de la tempestad y la incertidumbre. De ahora en más, estaré a su lado para salvar a nuestra familia y amigos. De ese modo, volveremos a nuestro hogar, ese que nunca debimos abandonar por culpa de alguien más...»




Ya no importaba su situación en la aldea ni que centenares de ninjas fueran tras ellos, el sol y la luna se encontrarían una vez más para sentirse eclipsados en medio del caos, coloreando el mundo que sus ojos podían apreciar.




El sol y la luna, dos almas que vivieron separadas, iluminarían los corazones de aquellos espíritus prisioneros de una realidad ilógica a través de su gran amor; luchando contra viento y marea para por fin brindarles la compañía que tanto aprecia el firmamento, creando un nuevo eclipse que les recordaría la intensidad de la pasión...




Fin.