Capítulo 01
Pero aún después de asesinar a la osa, su espíritu le persiguió. Escuchaba los lamentos de sus oseznos y no fue hasta que consultó con su madre que encontró la solución. Pedir perdón una vez no bastaba, recordaría su falta con el rostro de aquella osa al llegar a casa y la vergüenza de contar con manos asesinas. Luego de un par de meses dejó de oír quejidos, pero el peso de su propia consciencia le recordó la fragilidad de su humanidad.
La nieve caía a las afueras del carruaje. Era la primera vez que la podía ver de cerca y el frío comenzaba a calar mis huesos.
—Sigo creyendo que esto lo han hecho a propósito —murmuró Maivi mientras frotaba las manos contra sus piernas en busca de calor.
Estaba claro que sí, pero este matrimonio era para arreglar los malos entendidos entre Anglesia e Inwelz, si no cedía en esto daría señales negativas y mi meta era crear un puente entre el imperio y el ducado.
El invierno en Anglesia era considerado feroz y mortal, cualquiera de las afueras no podría con él a la primera, por eso se recomendaba no viajar durante los meses de Irivesia y Setaker. Aun así, la boda se celebraría en el templo de Valeglar en plena nevada.
—Este fue su requisito, como princesa no me queda más que acatar.
A veces mentía, necesitaba hacerlo. Mi padre se había molestado por la fecha, pero yo lo convencí de que fuese así, incluso lo convencí de enviarme a mí en lugar de Nelin. No iba a dejar que mi hermana se casara con Priel Anlezia, no si yo podía evitarlo.
El cielo gris y el paisaje blanquecino era lo único que podía mirar además del interior de la carroza y los vestidos anglesianos que no nos ayudaban mucho a aplacar el frío.
—Su alteza…, si un día quiere escapar, sabe que yo estaré allí para ayudarla.
Maivi me miró con pena. Era como si todo el mundo creyera que la razón de enviarme a mí había sido porque era una humillación para la familia real y eso era lo que merecía el duque, nada más. A pesar de lo mucho que me dolió en su momento, ahora había aprendido a usarlo en mi beneficio.
Un camino rodeado de robles plateados y de unos cuantos pinos en punta, un paisaje al cual iba a tener que acostumbrarme. En la lejanía, el palacio de Bernaleya brilló gracias a la piedra del que estaba hecho. La fericia era tan dura que para destruir el principal castillo de Anglesia al emperador le tomó días y hasta hoy aún permanecen sus cimientos.
—Ya estamos por llegar —cerré los ojos y me recliné en el asiento—. Si ocurre algo quiero que te mantengas detrás de mí y, por favor, no dudes de lo que haré aún si parece un sinsentido.
No quería saber con cuál expresión me miraba Maivi, solo necesitaba que confiara un poco en mí.
Los créveras se detuvieron a los minutos después y Seamus abrió nuestra puerta para que bajáramos. Fui suertuda al tener a uno de los mejores guerreros conmigo, hijo de los Solinova, en un ambiente que sabía iba a ser hostil.
Frente a mí había dos hileras de guardias para darme la bienvenida a Anglesia, trajes con pesadas pieles que me transmitieron la calidez que me faltaba dentro de aquella carroza, y en el centro con la espalda erguida y sus ojos tan rojos como la sangre que derramaría, Priel.
Me ayudé de la mano de Seamus y bajé, caminando como me fue enseñado hasta quedar frente a frente. La nieve caía en su cabello rubio y el pelaje sobre sus hombros.
—El duque de Anglesia le da la bienvenida a su alteza, princesa Zissel Azalea Inwelz —dijo, acompañándolo de una reverencia cortés.
Incluso si estiraba mi mano para que la besara, dudaba que lo fuese a hacer, así que agradecí con una reverencia anglesiana. No era tan diferente a la que hacíamos en Inwelz, pero la mano sobre el corazón era suma señal de respeto en Anglesia. Él no pareció sorprendido ni complacido, entrecerrando sus ojos con la misma expresión que mantenía la discreción de su desconfianza en mí.
Aelan no estaba acompañándolo, a pesar de que sabía por qué, no creí que iba a faltar el respeto hacia la corona del imperio.
—Puede venir conmigo, se ve que su dama de compañía tiene problemas para soportar el frío de este lado de la cordillera.
Maivi temblaba ligeramente, pero enderezó su espalda y fingió que no pasaba nada cuando lo señalaron. Cuando volví la mirada a Priel, él ya estaba escudriñándome con sus ojos. Había hecho lo mismo cuando nos encontramos hace un mes en aquella reunión donde se le dijo que quien iba a casarse con él no era Nelin sino que la infame princesa sin poderes.
—Le agradezco —inicié mi camino con Priel, no iba a dejar que se burlara de mí después de lo que había hecho para estar allí—. Estas heladas no son para quienes no crecieron con ellas, pero no quise desestimar la fecha por el valor emocional que, entiendo, los pobladores de Anglesia tienen por la caída de la primera nevada.
Los guardias a nuestros costados fueron realizando reverencia uno a uno con la mano en el pecho, pero estaba claro que eran para Priel.
—El invierno es cruel con quiénes no son bienvenidos, es lo que dicen las antiguas historias de Anglesia.
—El invierno es cruel con quien no está preparado, duque. Sino lo vería correr desnudo bajo la nieve, en cambio carga con esas pieles para no perder el calor corporal porque sabe que la naturaleza, sin importar en que estación se esté, es la fuerza mayor en contra de nosotros: los mortales.
Hubo un pequeño sonido similar a una risa de su parte. Él no se estaba divirtiendo, pero yo quizás un poco.
Entrar no hizo mucha diferencia, era casi igual de frío que el exterior.
Allí me encontré con lo que había pensado iba a ser el palacio de Bernaleya, el color rojo y el azul oscuro eran los predominantes entre la blanca fericia. Una cabeza de osa albina gigante colgaba de la pared, animal que recordaba a los anglesianos que su poder iba atado a una vida humana. Tenían la costumbre de colgar al primer animal que cazaban, así nunca mataban más que por necesidad.
—La guiaré hasta su cuarto donde podrá descansar, también llamaré a su sirvienta para que la conozca. —Me ahorré el suspiro y continué subiendo, no iba a ser sencillo cambiarla.
Me tomé la molestia de seguir un consejo de Danciel y pasé mi brazo por el de él, afirmándome de mi futuro esposo para subir cual pareja casada. En menos de un segundo lo vi perder el equilibrio y recomponerse, aún confundido.
Ignoré su mirada mientras avanzábamos por el pasillo a mi nuevo cuarto, en silencio nuestros pasos hacían un eco suave en las paredes.
—Aquí es, Verye vendrá dentro de unos minutos. —Se soltó de mi brazo una vez estuvimos fuera de una puerta marrón con un precioso picaporte.
Podría haberlo retenido, puesto alguna excusa y forzarlo a conversar; pero después de un viaje tan largo solo quería tomar un descanso. Le di una despedida y agradecimiento antes de ir dentro con Maivi detrás.
—Eso ha sido descortés.
—No importa ahora, sabes que Inwelz y Anglesia son una combinación difícil; pero tengo que hacer que eso cambie.
—Espero que lo consiga, su alteza.
Miré la habitación, había un sofá, una cama y varios muebles y decoraciones. Parecía un lugar digno de la futura duquesa, al menos no se habían atrevido a faltarme el respeto de esa forma; de hecho, notaba un esfuerzo en asimilar un poco el estilo del Oeste de la cordillera.
Tocaron la puerta y Maivi abrió. Una señora de cuarenta años de figura desgarbada y su traje anglesiano básico color rojo oscuro acompañado de un delantal negro.
—Saludos a su alteza —dijo, mirándome a los ojos con altanería y el mentón elevado. Si yo me atreviese a mirar así a mi padre recibiría una cachetada por mi insolencia.
—Usted debe ser la señora Verye, la sirvienta que el duque ha asignado para mí.
—Así es —juntó sus manos sobre su estómago—. Mi señor confía en mí para este trabajo.
—Su alteza, no debería soportar esta falta de respeto.
Elevé la mano, deteniendo a Maivi, y miré a Verye sin expresión. Ella no se inmutó, yo tampoco lo haría.
—Verye Anteyana, llevas veintiocho años en este castillo, serviste al anterior duque durante tus primeros meses aquí. También sé que perdiste un hijo poco después —sus ojos se abrieron—, ¿qué crees que diría Aelan Anlezia al escuchar esto? Estarías fuera en estas nevadas y sin trabajo, así que cumple con él si no quieres perderlo.
Su boca tembló y finalmente bajó la cabeza. Maivi me admiraba en silencio, ahora tenía su confianza y era un peso menos.
—Gracias por presentarte, quiero que traigas un té y toallas calientes para mí y mi dama de compañía. ¿Hay alguna recomendación en cuanto a sabores?
Asintió.
—Tenemos un brebaje de escarcha y zeramiento. Es popular en las señoritas de Anglesia.
Al menos había decidido no mentirme. Acepté y ella se marchó.
—¡Su alteza! —Maivi se arrodilló junto a mí para desabotonarme las botas karveas, sus ojos brillaban—. Eso ha sido increíble, ¿cómo sabía todo eso?
Dudé en contarle. Maivi no parecía tener mala intención, pero no era muy centrada, si llegaba a abrir la boca podría tensar aún más la relación que intentaba establecer con Priel y Anglesia.
—Solo aprendí lo que necesitaba antes de venir aquí —le sonreí y estiré mis pies cuando fueron liberados de aquellos implementos para las nevadas. Eran botas gruesas y altas, hechas con piel de karveas para la impermeabilidad—. Así que no te preocupes por alguna actitud de esas, me encargaré, ¿sí?
—Claro, ya no tengo dudas en su alteza.
Debía admitir que extrañaba a Karime, pero había sufrido una herida horrible y con el frío los huesos dolían aún más. Quizás pudiese acostumbrarme a Maivi y hacerla una buena aliada a largo plazo.
La puerta volvió a sonar y fue abierta, Aelan llegó a saludar.
—Su alteza, ¿cómo está? ¿A tenido buen viaje?
—Me encuentro bien, ha sido un viaje largo.
—Me imagino, lamento no haber estado con usted al momento de su llegada, nada lo justifica, pero debe saber que hay cosas que deben hacerse en este castillo.
—No se preocupe, no advertiré a mi padre de esta falta —dije, sin sonar amenazante o molesta—, pero no quiero que se repita. Deseo que tengamos una relación de respeto y espero que usted me ayude en eso.
Fue una corta mirada cargada de emociones negativas.
—Así será, su alteza. Sobre la boda de mañana, será un viaje de medio día para llegar al templo de Valeglar. La nieve aún no ha tocado el templo así que debemos apresurarnos para que la ceremonia se cumpla sin imprevistos.
—Entiendo que todo ha sido organizado por su propia mano.
—Así es, ¿está bien para usted? ¿O desea hacer cambios para que cumpla con alguna tradición inleziana?
Sabía que estaba intentando, así que negué. La boda seguiría los gustos de Anglesia y mantendría contento a sus habitantes y personas en poder. Algo que mi padre nunca pudo ver fueron los efectos que provocaron las imposiciones a los territorios anexados, quizás si hubiese tomado otra ruta no tendría que estar hoy aquí temiendo por la vida de mi familia.
Verye tocó y Maivi fue a abrirle la puerta, detrás venían tres sirvientas con bandejas de gruesas toallas calientes y el té que le había pedido. Su mirada dudosa que viajó de mí a su señora me dejaba en claro que jamás volvería a comportarse mal conmigo, los secretos eran el peor enemigo de todos.
—Un brebaje muy disfrutable, mi favorito. —Aelan tenía la misma expresión de su hijo, como si jamás fuese a estar contenta con lo que sea que hiciese para mejorar nuestra relación—. Si me disculpa, iré a escribirle al kastal para confirmarle la fecha de mañana. Me alegra haberla visto en tan buen ánimo, la esperamos para cenar abajo cuando esté lista.
Se marchó y también lo hicieron las compañeras de Verye.
—¿Hay algo más que pueda hacer por usted? —dijo mientras yo me ponía las toallas calientes a lo largo de mis piernas entumecidas.
—Nada de momento. Gracias, Verye.
Maivi parecía confundida y hasta molesta cuando aquella mujer se fue.
—¿Por qué le ha agradecido? Se comportó tan mal con usted, si no hubiese sido por lo que le dicho lo seguiría haciendo.
Aquello me sacó una sonrisa apagada. Con solo catorce años había sido enviada a las frías tierras de Anglesia para acompañarme, no era más que una niña que no entendía mucho más que de etiqueta y servidumbre.
—Lo entenderás al crecer, Maivi. —Le entregué su toalla para que empezará a abrigarse también—. A veces la cortesía ablanda hasta la piedra más dura de roer.
Torció los labios, pero no me dijo nada más.
⚜
Gracias a Maivi y el guardarropa de pieles que había en mi habitación logré encontrar algo que realmente me quitará el frío al andar por el castillo de Bernaleya. Mi cabello verde oscuro había sido trenzado de tal forma que me cubría las orejas y mi cuerpo recubierto con dos capas de pieles de distinta textura y colores opacos.
Seamus tomó lugar entre los guardias del castillo, recibiendo miradas curiosas de sirvientes y guardias. Los Solinova eran una familia hija del sol en Enbep, controlaban el calor y la luz como ningún otro. Habían huido a Inwelz hace más de cien años cuando una fiebre mortal amenazaba sus tierras y después de salvar a mi padre cuando este era pequeño, se los estableció como dueños del condado con su nombre al Este cerca de Enbep.
La guerra que unificó el imperio de Inwelz puso a los Solinova en alto. Todos en Anglesia sabían que los poderes sus familiares pudieron haber tenido, no eran nada en comparación a ellos. Además, su color de piel oscura y ojos azules de pupilas grises los hacía reconocibles a dónde quiera que fuesen.
Y qué decir de Seamus, cualquiera que lo veía por primera vez no podía evitar quedar enamorado. Allá en Inwelz era el soltero más codiciado por hombres y mujeres y aquí no parecía ser muy diferente.
La gran diferencia ahora eran los rumores que hablaban de los poderes de Priel, tan terribles para hacer caer el castillo aperlado de Inwelz.
En la mesa ya esperaba Aelan y su hijo con un gran banquete alto en grasas y proteínas.
Ver a Priel con un trozo de carne frente a él me revolvía el estómago, pero debía recordarme que si lograba cambiar el futuro, mis sueños no tendrían que ocurrir.
—Te ves mucho mejor —me sonrió Aelan, indicándome el asiento frente a Priel.
—Muchas gracias, ya he podido quitarme el viaje de encima y me siento renovada. Al’veim como dicen, ¿no?
—Oh, es un gusto escuchar a una inleziana compartir una palabra de nuestro antiguo dialecto. —Mantuve mi expresión calmada y tomé lugar en la silla tallada. ¿Por qué debía hacer todo para lo que me preparé? ¿Realmente no iba a haber un buen trato sin segundas intenciones?—. Elnae Zissel, cabrakz.
Priel levantó la cabeza con poco interés, pero, al igual que yo, sabía que las acciones de su madre no eran por simpatía.
—Seimza, kuvral Aelan. —Así es, Aelan—. Daleyana ina laeub Zissel, ise Ali Terina. —Pero no debería llamarme Zissel, sino Alta Terina.
Vi sus mejillas rosáceas perder el color y luego recuperarlo con un intenso rojo. No sabía si en algún momento me llegaría a reconocer como tal, pero ya que solo faltaba un día para que Priel y yo nos casáramos, ese iba a ser mi titulo en su dialecto.
Las Alta Terinas acompañaban al Alto Terzar. De hecho, su significado era muy bello: «protectores de la tierra». Aquel era su rol como guardianes de su gente y de Anglesia y cómo yo iba a ser la duquesa, aquella misión me correspondía.
—Naei cayle? —«¿Podemos comer?»—. Todo se está enfriando y no son tiempos para desperdiciar la comida.
—Claro. —Le sonreí a Priel y tomé mi plato para servirme.
Debía ganar peso si quería sobrevivir las heladas, así que comí hasta que sentí que no podría levantarme. En Inwelz siempre eran platos pequeños de muchos más granos y verduras que carne, así que iba tener que acostumbrarme.
Aelan estuvo callada durante la velada al igual que Priel, pero de él recibía miradas desconfiadas de vez en cuando.
Cuando todos estuvimos listos, se llamó a los sirvientes para que recogieran los platos. Yo me levanté junto a ellos y me despedí como correspondía, esperando llegar a mi habitación sin otro percance.
Seamus caminaba hacia mí para escoltarme cuando Priel tomó su lugar, sin ser tan atrevido como yo lo había sido. Me resigné a soltar un suspiro y avancé junto a él.
—Sigo sin entender qué haces aquí —me dijo en voz baja, perdiendo cualquier máscara de alta etiqueta que pudo haber tenido. Era similar al niño que había conocido hace años, antes de que mis sueños me advirtieran sobre el peligro, pero confundido.
—Han pedido una princesa para que se case contigo y así unir Anglesia a Inwelz bajo un fuerte vínculo de…
—Eso ya lo sé —me interrumpió, casi exasperado—, la pregunta es porqué eres tú.
Sentí mis mejillas calentarse, pero no dejé que me tirara abajo.
—¿Estás decepcionado porque esperabas a mi hermana? ¿O acaso me ves en menos porque no tengo poderes? —Frunció el ceño, pero yo continué— Mira, si estoy aquí es porque quiero cumplir con mi deber. He hecho la promesa de proteger Anglesia con mi vida, todos mis Santos lo saben.
Subimos la escalera, lo vi relamerse los labios dudando en si continuar hablando conmigo o no. Era posible que me odiara a mí y a toda mi familia, tampoco podía culparlo sabiendo que casi toda su familia había muerto por mi padre.
Pero yo lo odiaba a él también. La misma espada que cargaba al costado izquierdo, junto a mí, era la que había visto en sus manos cuando atravesaba a mi hermano justo a la altura del corazón y con la que también iba a matar a Nelin.
Estaba decidida a que eso no pasara, debía tener más confianza en que lo conseguiría.
—Tus Santos y mi Aske Anlesa son distintas.
—Entonces lo juraré por tu Diosa, Priel. No tengo intenciones en dejar caer a Anglesia una vez me convierta en tu esposa.
Me escudriñó por unos segundos con aquel rojo. Eran ojos que llevaban tormentas, las mismas que invocaba de terribles truenos sangrientos.
Tuve que apartarme, siendo imposible sostenerle la mirada sin pensar en sus futuros pecados. Debía cambiar la forma en la que me veía, la luz que tenía para mi familia; pero era yo la que sentía imposible llegar a apreciar a Priel más que como asesino.
—Realmente no te entiendo —dijo, marchándose sin otra palabra.
Seamus aguardó a que su silueta se perdiera escalera abajo para acercarse.
—¿Se encuentra bien?
Asentí. Maivi abrió la puerta con cautela, había escuchado todo.
—Su alteza…
—¿Desean comer? —Cambié de tema con rapidez—. Llamaré a Verye para que les traigan la cena. Deben estar muriendo de hambre, el viaje a sido largo. También pediré una silla para ti, Seamus.
Entré a mi habitación y tiré de una cuerda señalada para la sirvienta principal. A los minutos apareció Verye, después llegó la comida y cuando vi que estaban satisfechos y la noche había caído, me acosté.
Mañana era el día en el que todos mis planes iban a comenzar, ya no podía solo ser la princesa de Inwelz obligada a casarse —o eso parecía— sino que debía ser la duquesa de Anglesia y ser reconocida como Alta Terina.
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¡Hola! Muchas gracias por llegar hasta aquí ♡
Me encanta leer comentarios y opiniones, así que les dejaré unas preguntas si quieren hablar: ¿qué les pareció el primer capítulo?; ¿les va gustando el libro?; ¿tienen alguna duda?
Es la primera historia larga que subo, así que estoy muy emocionada (。・ω・。)ノ♡
De nuevo, muchas gracias ♡