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Summary

¿Qué harías si un día despertaras y descubrieras que el lugar donde te sentías seguro era en realidad una ilusión? Una fachada que construiste para evitar enfrentar un dolor que se adhiere a tu alma, resistente y persistente. Giselle Arthur siente que su único apoyo se ha derrumbado, sin darse cuenta de que ese cimiento había estado fracturado durante mucho tiempo. Ahora, se ve obligada a regresar a su lugar de origen, donde es juzgada por las decisiones de su pasado. En lugar de levantarse, decide simplemente existir, confiando en que el tiempo cicatrizará sus heridas. Sin embargo, su tiempo se agota, y Kyle se da cuenta de que debe salvarla, incluso si eso significa enfrentar lo que surgió de las cenizas del pasado. ¿Será suficiente para rescatar a Giselle de la oscuridad que la rodea?

Status
Complete
Chapters
15
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

Su corazón latía con una intensidad abrumadora mientras el elevador se deslizaba hacia el piso deseado. Una voz interna, insistente, le susurraba que todo era una farsa, que las palabras que le habían dicho eran puras mentiras. Sin embargo, otra parte de ella, frágil y titubeante, le aseguraba que era tan real como los profundos cambios que habían sacudido su vida.

El sonido del timbre que marcaba su destino la hizo sentir una ansiedad incontrolable. Apenas salió del ascensor, se precipitó hacia la habitación con una urgencia avasalladora. Anhelaba desesperadamente la verdad, sin importar las consecuencias ni a quiénes dejaría atrás.

Sus manos temblorosas sacaron la llave de su bolsillo y la introdujeron en la cerradura con la esperanza de no hacer ruido. La presión en su pecho se volvía insoportable, pero lo que verdaderamente la hizo sentir que se ahogaba fue lo que descubrió al abrir la puerta de la habitación.

El hombre con el que había compartido ocho años de su vida yacía en la cama que ambos solían compartir, pero no estaba solo. Una mujer voluptuosa se movía con frenesí sobre él, llenando la habitación con gemidos de placer que parecían contaminar el silencio, como un veneno corrosivo para su alma.

En ese momento su corazón se rompió con una brutalidad aterradora. Tanto que no pudo evitar soltar un chillido de sorpresa, sonido cargado de asombro, traición y un dolor inmenso que resonó en la habitación con una fuerza abrumadora. Fue tan estruendoso que su novio, en medio del engaño, la miró de reojo.

—¡Giselle! —su novio clamó su nombre desesperadamente, pero ella permaneció inmóvil, sus ojos fijos en la dolorosa escena mientras él separaba a la mujer que parecía igualmente sorprendida y avergonzada—. Cariño, por favor, déjame explicarlo.

—Gis... —una voz más profunda y grave llegó desde detrás de ella, llena de consternación—. Maldición, Mickael.

El amigo de Giselle la había seguido desde el restaurante, y en ese momento, agradeció profundamente que lo hubiera hecho, porque la situación que se presentaba era mucho más devastadora de lo que jamás habría imaginado.

—Cariño, necesitamos hablar —dijo el hombre pelirrojo, mientras se apresuraba a ponerse unos shorts.

Los ojos ámbar de Giselle se movieron de su novio a la mujer en su cama, quien se aferraba a las sábanas. Sábanas que ella misma había comprado para ese lecho que había compartido con él, con el amor de su vida. Un nudo de dolor y traición se formó en su garganta mientras observaba la escena, un amargo recordatorio de lo que alguna vez habían compartido.

—Vamos, te saco de aquí —el pelinegro pasó su brazo alrededor de la espalda de Giselle para intentar moverla.

—Quita tus asquerosas manos, Kyle. ¿A dónde demonios piensas llevar a mi novia? —Mickael tomó a la rubia del brazo para alejarla de su amigo.

—¡NO ME TOQUES! —Giselle se zafó bruscamente de su agarre y se alejó de él con desesperación.

—Ya la escuchaste —dijo Kyle, tratando de mantener la calma.

—Tú, cállate —escupió el pelirrojo—. Cariño, esto tiene una explicación.

—La única explicación que tiene es que soy una idiota —Giselle respiró con dificultad—. Terminamos.

A pesar de sus palabras, Giselle se mantenía inmóvil en su lugar.

—Esta es nuestra casa, es...

—Y esa era nuestra cama —su mirada oscilaba entre su novio y la mujer que se vestía—, y tú la ensuciaste. ¿Desde cuándo?

—Cariño, es que...

—No te pregunté a ti —sus piernas comenzaron a moverse, cruzando la habitación para acercarse a la mujer—. Más te vale que me digas la verdad. ¿Desde cuándo?

La morena la miraba como si estuviera procesando sus palabras.

—Te conviene hablar antes de que movamos algunos contactos para que te arresten —amenazó Kyle.

—¿Mick?

—¿Mick? —repitió Giselle—. Mick —rió desganada, pero su risa rápidamente se transformó en furia—. Habla o serás la burla de todos mañana.

—A mí no me amenaces —espetó la morena—. Mejor mira quién será la que se ponga en ridículo.

—No deberías hablarle de ese modo —gruñó Kyle—. Hazlo antes de que averigüe hasta el detalle más vergonzoso de tu vida, y eso, viendo con quién te involucraste, podría ser bastante revelador.

—¡No la amenaces! —escupió Mickael. Se acercó a su novia y la agarró de los brazos para que toda su atención se centrara en él.

—Suéltame, suéltame.

—Podemos solucionarlo, solo fue un error, solo…

—¡Que me sueltes! —el sonido sordo de la cachetada ahogó cualquier otro ruido—. Bastardo.

Kyle entró tranquilamente, luchando por contener cualquier impulso violento ante la situación. Tomó a Giselle de la mano y la sacó de la habitación, alejándola de ese ambiente dañino.

—Seis meses —los pasos de Kyle, junto con los de Giselle, se detuvieron abruptamente.

—Seis… seis meses —la voz de la rubia tembló en un susurro, mientras la gravedad de la traición se hacía evidente.

Kyle soltó a su amiga y giró, dispuesto a darle su merecido al hombre que había herido a Giselle. Sin embargo, ella lo agarró de la mano con tanta fuerza que lo obligó a mirarla.

—Giselle, es mentira —Mickael expresó desesperadamente.

—¿Gis?

—Sácame de aquí, por favor —los ojos ámbar de Giselle se encontraron con los azules de su amigo.

Kyle dejó de lado cualquier intención de confrontar a Mickael y, en su lugar, retomó su salida junto a Giselle, consciente de que lo más importante en ese momento era alejarla de esa dolorosa situación.

El panorama para Giselle se había vuelto borroso, perdiendo toda noción del tiempo y el espacio. Las voces de su novio, diciéndole que la amaba, se entremezclaban con imágenes de él distante y frío. Su vida amorosa se había convertido en una amalgama de momentos claros y confusos.

¿En qué momento todo se fue al infierno?

La escena en el departamento que solían compartir se repetía en su mente, entrelazada con las noches íntimas que habían compartido. El dolor apretaba su garganta y su estómago con una fuerza insoportable, y ya no podía soportar.

—Detente… Por favor, detente —le rogó a Kyle, quien conducía por una carretera solitaria en medio del bosque—. ¡Para!

El rechinido de las llantas fue el único sonido que rompió el silencio en la zona. La puerta del copiloto se abrió con tal rapidez que Kyle apenas pudo procesar que Giselle había saltado del asiento y se dirigía corriendo hacia el bosque.

—¡Giselle! —la llamó preocupado mientras salía del vehículo.

Las piernas de la rubia comenzaron a arder, y el aire se volvió cada vez más pesado. Su corazón latía con tanta fuerza que parecía resonar en sus oídos. No quería detenerse, no deseaba que nadie la siguiera; simplemente quería perderse y no volver.

—¡Giselle, espera!

Kyle siempre había sido veloz, pero en ese momento, Giselle parecía haber desarrollado una destreza sobrehumana para superarlo. Cada fibra de su ser ansiaba desesperadamente un respiro, hasta que sus piernas se entumecieron, lo que resultó en un tropiezo que la detuvo de manera tan abrupta que todo pareció girar a su alrededor.

Finalmente, sus piernas, sin fuerzas, se rindieron bajo el peso de su cuerpo, obligando a sus rodillas a ceder y hacer contacto con el suelo terroso.

—¡POR QUÉ! —gritó ella con desesperación, su voz resonando en el aire, cargada de angustia y confusión.

Sus manos temblorosas finalmente cedieron, y su cuerpo colapsó en el suelo mientras todas las emociones contenidas durante tanto tiempo se liberaban de golpe. La náusea en su estómago se intensificó hasta el punto en que no pudo contenerla más y vomitó violentamente. Kyle llegó en ese preciso momento y se arrodilló a su lado, sosteniéndola mientras ella se retorcía en agonía, sobando con ternura su espalda. El drama de la situación era abrumador, y la sensación de impotencia los envolvía como un oscuro manto.

—¿Qué hice mal? —preguntó ella con la voz quebrada, sus ojos vidriosos por las lágrimas—. ¿En qué fallé?

—Tú no hiciste nada malo.

—Claro que sí lo hice —ella se levantó, alejándose del lugar donde sentía que le retorcían el estómago—. Si no, ¿por qué lo hizo?

—Porque es un desgraciado —gruñó él, furioso.

—Y yo fui una tonta —ella retrocedió, su voz temblorosa—. No quise verlo, me negué.

—Giselle, por favor, detente.

—No, Kyle —extendió su mano para mantener su distancia—. No puedo lidiar con esto... no puedo.

Su respiración se aceleró, entrando en un cuadro de ansiedad abrumador.

—Gis...

La rubia, con lágrimas en los ojos, volvió a darle la espalda a Kyle, desesperada por evitar que él viera su sufrimiento. No era la primera vez que experimentaba esta angustia, pero sí la primera en la que el dolor la golpeaba con tal ferocidad que la dejó al borde de la inconsciencia.


El cuerpo frágil de Giselle se desplomó en un abrir y cerrar de ojos, su figura etérea casi se esfumó en el aire antes de que Kyle pudiera llegar a ella, evitando que su cabeza impactara brutalmente contra el suelo frío y despiadado. La intensidad del dolor que emanaba de ella lo lastimaba en lo más profundo de su ser, y en ese instante, hizo una promesa a sí mismo: haría todo lo que estuviera en sus manos para ayudarla, sin importar las consecuencias. Porque comprendió que aquel fatídico momento no era más que el preludio de un tortuoso camino oscuro que deberían enfrentar juntos.