Capítulo Único
Un demonio no solo trae sufrimiento, en las leyendas existió un demonio que desafío la leyes contra todo y se enamoró de un ángel.
Los ángeles no siempre tienen que ser buenos, en repetidas historias los ángeles caen bajo el pecado, pero nunca se atrevieron a desafiar a su primer creador, en una leyendo existió uno que lo hizo.
Pero ¿Por qué?
-¡¡TU MUERTE SE HA DECIDIDO!!- la voz de aquel arcángel hizo eco en la sala, en la tribuna mareas de festejo e incluso malas palabras eran escuchadas.
El susodicho aquel ser completamente de negro, atado por cadenas que encierran su cuello, manos y alas. Sus ojos de color verde se entrecerraron, miraron sin emoción el ángel que estaba decidiendo su destino cruelmente.
No pudo evitar hacer una mueca de sonrisa, y ellos eran despreciables y ruines. Entonces Aquellos seres que son del bien y protegen, ahora festejan para ver desaparecer a un simple demonio.
Tienen miedo del amor prohibido de un Ángel y un Demonio.
Volvió a cerrar sus ojos, sus fuerzas se habían ido aquel día que supo que estaba enamorado, lo peor de todo es que no lo odiaba, Jamás podría. Tal vez su único deseo era volver a ver aquellos ojos dorados.
Su cabello se balanceo, el aire que entraba por los ventanales le daba calma a su corazón. Entonces sintió unos brazos rodéale su cuerpo, su corazón pálpito con fuerza, ansiando esto, con emoción volvió abrir sus ojos para encontrarse una mirada dorada y una sonrisa tierna.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, quiso abrazarlo pero recordó que las cadenas se lo impedían. Sentía en su rostro dulces besos como leves toques de mariposas, sonrió con su corazón eufórico. Poco a poco cualquier rastro de llanto desapareció.
-Yuno...- susurro con amor, Yuno poso su mirada en él, sus ojos se volvieron a conectar y sin hablar sabía que él también estaba feliz de tenerlo en sus brazos.
Eran como dos mitades que se volvían a conectar, y al estarlo eran felices. No importa si era un demonio, aquel día en el que se enamoró se había dado de cuenta que los demonios también sienten felicidad, no solo por el sufrimiento.
O al menos lo era para él, sintió que dejaban el suelo, por un momento vio un destello de plumas negras, arrugo la frente, quiso ver más, pero unas manos le taparon los ojos. Puso un puchero en sus labios, cuando sintió un toque en ellos y entonces abrió la boca solo para volver a probar los labios que lo estremecían.
Tal vez aquel no era su final y entonces la historia continuara.