It started with a dog.

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Summary

Malcolm Ruiz es un enfermero dedicado, cuya vida gira en torno a su trabajo y los recuerdos de una exnovia que lo abandonó sin explicación. La única chispa de alegría en su rutina, es el perro que frecuenta cada miércoles su panadería favorita. Un día cualquiera, el perro, desesperado por ayuda, lo guía hasta una casa desconocida, donde Malcolm conoce a Alan, un hombre con una discapacidad. A pesar de haber cuidado y atendido a innumerables personas, a lo largo de su carrera, Malcolm no puede explicarse por qué con Alan todo parece diferente, y movido de forma inesperada, establece una especie de amistad con él, sin sospechar que este gesto cambiará su vida para siempre. A medida que su vínculo se fortalece, Malcolm se ve atrapado en la incertidumbre de sus propios sentimientos. La línea entre la amistad y algo más profundo se vuelve borrosa, y él debe enfrentarse a la pregunta que lo atormenta: ¿hasta dónde puede llegar su preocupación por Alan antes de que se convierta en amor?

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

Cuatro de enero.

10:37 pm.



En cuanto bajaron del autobús en la esquina de la calle, Malcolm inclinó el cuerpo como una medida para conservar el calor, ante el gélido ambiente. Solo un poco más, y se encontrarían frente a su edificio.


—Ha sido divertido, ¿no? —preguntó en dirección a su novia. El ángulo de su postura lo hacía lucir graciosamente como una tortuga.


Debbie sacudió la cabeza despertando de su ensoñación, había estado extrañamente distraída durante casi toda la noche.


—Si. Lo fue.


—¿Qué pasa? —Malcolm retrocedió para alcanzarla, aunque su instinto le decía que continuara hacia adelante, estaba necesitando urgentemente una chaqueta—. Debes estar cansada pero creo haberte dicho que podíamos dejarlo para otro día. Tú insististe.


—¡No me arrepiento! —se defendió, haciéndolo sonreír. Se formaban tres adorables hendiduras en el medio de sus cejas, cuándo las fruncía—. Es la secuela de mi película favorita, esperé por su estreno durante casi un año.


—Si, lo sé, lo sé. Estoy consciente de lo paciente que has sido —Malcolm se posicionó detrás de ella y comenzó a empujarla con cuidado—. Servicio de remolque activado. Vamos rápido porque si nos convertimos en paletas heladas, no habrá valido la pena. He aquí el plan: entramos, busco algo para cubrirnos y te dejo en casa.


—¿No vas a cenar antes?


—¡Pero si pedimos unas palomitas de las extragrandes!


—Si, y tú no comiste casi nada. Me las he acabado yo sola.


—No tenía mucho apetito —no era del todo una mentira.


—Siempre es lo mismo contigo.


—Oye... ¿Qué tal esto? —lo pensó unos segundos— Podríamos decir que la perspectiva de por fín saber si la protagonista y Aaron iban a ser felices por toda la eternidad, no me permitió pensar en algo tan vanal como la comida.


No se percató a tiempo de cómo la expresión de exasperación cariñosa de Debbie, pasaba a ser una completamente diferente.


—¿Qué has dicho?


—Pues, eso —continuó ignorando la situación—. La anticipación de lo que estaba por suceder con la pareja principal...


—Te escuché.


Malcolm se frotó las manos, casi no sentía los dedos. Si, estaban en un típico clima de inicios de año, pero la hora, y su falta de descanso tampoco le ayudaban a tolerar el frío.


—Entonces, entremos —sugirió buscando sus llaves. Se le escapó una pequeña risa al sentir sus dientes castañear.


—No es necesario.


—Pero... ¿Esperarás aquí? —tomó el silencio de Debbie como una respuesta—. Bien. Entonces entraré rápido y volveré.


Se dio la vuelta y comenzó a caminar por el aparcamiento. No le tomaría más de dos minutos y entonces la dejaría a salvo en su departamento.


—No lo hagas, Malcolm.


—¿Hacer qué? —inquirió extrañado, y la miró sobre el hombro. No le gustó lo que vió— ¿Debbie?


—No hace falta.


No tenía idea de si era la ausencia de emociones en el tono de su voz, o su bonito rostro lleno de un vacío que antes no había estado ahí, pero algo hizo que el estómago de Malcolm cayera en picada unos nueve pisos.


—¿Qué sucede?


Debbie desvió la mirada hacia la esquina pero allí solo había una fila de árboles que perdían protagonismo, sin una luna que los iluminara. Malcolm no tomó el gesto por lo que era, una forma de recobrar la compostura.


—Creo que deberíamos terminar.


Malcolm estaba complemente incrédulo pero la seguridad tras sus palabras estaba ahí, en lo recto de sus hombros, y su quijada inclinada hacia arriba con terquedad.


—¿Q-Qué estás diciendo? —cuestionó rascándose la cabeza confundido, estaban bien hace tan solo un segundo— ¿Por qué tan de repente?


—No es repentino —Debbie metió las manos en los bolsillos de su vestido. En el cine, estuvo dando vueltas cada pocos minutos, muy contenta porque los tenía, y Malcolm también estaba feliz, feliz de que ella lo era—. He estado pensando en eso durante un tiempo. Considero que es lo mejor, mira...


Así que lo había estado pensado desde antes, pero de igual manera se las arregló para pasar tres horas con él, en el cine. La premeditación en sus acciones, dirigía la situación a lugares que amenazaban con decepcionarlo.


—No me irás a soltar la típica frase de "No eres tú, soy yo..? " —como siempre, creyó que podía manejar eso, con la ironía—. Sabía que estabas a favor del reciclaje pero hacer uso de algo tan trillado, es demasiado.


—Es cierto, no es sobre ti —Debbie contestó con los labios temblando, esquivando con éxito su intento de hacerla enojar—. A-Además, hay tantas personas en este mundo, es netamente imposible no repetir patrones algunas veces. Los clichés existen por una razón.


Malcolm se frotó la parte posterior de del cuello tanto que comenzó a arderle la piel. Casi pudo percibir el cierre automático de sus emociones.


—Entiendo —dijo deseando tener algún gesto que le ayudase a autoregularse, pero apretar la mandíbula no era realmente lo suyo— ¿Hemos acabado aquí?


Debbie movió las manos dentro de sus bolsillos, una y otra vez.


—¿No vas a preguntarme el por qué? —si estaba terminando con él, entonces sus ojos no deberían estar llenándose de lágrimas ahora mismo. Era demasiado injusto.


—No —respondió tajante, no queriendo ablandarse. Se desarmaría—. Respeto tu decisión.


—De acuerdo entonces volveré —Debbie le sonrió. Siempre se había preguntado cómo eran las sonrisas tristes, pero ahora lo veía. No importa lo mucho que estaba intentando curvar sus labios hacia arriba, estos se negaban a hacerle caso—. Gracias por todo, estos dos años.


«No le pidas que regrese, no le pidas que regrese. Detente a ti mismo »


—Deja que te pida un taxi. Es demasiado tarde para que regreses sola.


Debbie alzó la mano negando pero parecía más un gesto para que ambos mantuvieran su distancia.


—Ya he llamado uno, debe estar esperando afuera.


Malcolm apretó los labios durante un segundo y asintió para sí mismo. No quería saber, no quería recordar, no quería sentir. Tenía que mantenerse unido.


—Adiós.


Debbie comenzó a marchar de regreso. El taptap de sus botas se interrumpía de vez en cuando, al pisar alguna hoja seca.


—Adiós.


Malcolm se quedó a medio camino entre la nada. Había una misma distancia entre él y su edificio, y entre él y el camino por dónde Debbie se había ido. ¿Qué podía hacer ahora?


De pronto se dio cuenta que el sonido de las botas volvía, a un ritmo cada vez más rápido. Hasta que Debbie se detuvo delante suyo. Tenía la punta de la nariz roja y la máscara de pestañas se le había comenzado a correr.


—Aston —dijo con el rostro surcado de lágrimas.


—¿Q-Qué?


—Aston —repitió.


—No entiendo lo que quieres decir...


—El protagonista se llamaba Aston -se pasó el brazo por los ojos, borrando todo rastro de maquillaje— ¡Siempre fue Aston!


Eso fue lo último que le dijo, y después Malcolm no tuvo que preocuparse de la posibilidad de encontrarla en el trabajo tan pronto, porque Debbie había adelantado sus vacaciones.