Polvillos de amor [NamJin]

Summary

Jin es el rey de las hadas, él le da vida a su bosque y protección a sus súbditos, vive feliz y en equilibrio entre la paz de su reinado, pero por primera vez en su vida tiene un problema. Necesita traer al mundo un nuevo heredero. Solo una noche cada mil años, Jin puede crear de un capullo a su primogénito, pero no puede hacerlo solo, necesita los polvillos de amor, que se producen al hacer el amor con tu alma gemela. Y el único que puede ayudarle a producirlos, es el general Nam. INFO BÁSICA One Shot Smut SeokJin Bottom ¡! NamJoon Top ¡! Hadas AU. Algunas cosas no tienen sentido, es inventado la mayoría por mí Inspirado fuertemente en la película "El reino secreto" Contenido para +18 Lee bajo tu propia responsabilidad. ،🌳: Gracias por la hermosa portada a KimafableV ✨

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Único

¿Alguna vez te has preguntado de donde surge la belleza del bosque? ¿Si alguien cuida y vela por los organismos pequeños? ¿Cuánto trabajo debe hacer el universo para que las hojas de los árboles crezcan y te den oxígeno? Para nosotros, los grandes, puede ser algo automático y sin mucho esfuerzo, pero siempre debemos mirar con atención para poder encontrar la magia en lo que no vemos. ¿Magia? Por supuesto, la magia es la energía de nuestro universo, pero no todos pueden verla, porque necesitas poner atención y si pones mucha más atención tal vez puedas sorprenderte y creer que existe algo maravilloso detrás de las cosas pequeñas.


Hace muchos siglos, los humanos teníamos una conexión especial con los protectores del bosque y la naturaleza, las hadas. Un día se perdió esa confianza, los humanos se alejaron de la magia hasta perder esta relación por completo y solo algunos afortunados tienen el permiso de verlas hoy en día. Nosotros nos alejamos, pero ellas siguen ahí, velando nuestros sueños, cuidando a los animales y preservando lo poco que queda de naturaleza en la actualidad. Según algunos, existen varios reinos de hadas al rededor del mundo, pero hay uno en particular del que hablaré hoy, ese es el reino de Kim SeokJin.


El rey hada SeokJin, habitaba en uno de los bosques más alejados de las ciudades humanas de Corea del sur y su reino es uno de los más hermosos de entre todos, al igual que él, es el hada más bella que alguna vez existió. Jin es uno de los reyes más jóvenes entre todas las hadas, apenas cumpliría su sexto siglo de existencia en este mundo, es muy joven todavía, pero igual de sabio como cualquier otro rey o reina hada. Supo proteger a sus súbditos y su bosque perfectamente, viviendo en armonía con la naturaleza y el universo en general. Todo iba muy bien, aunque no todos los días eran muy buenos para SeokJin, siempre encontraba la forma de solucionar las cosas, no importaba que tan absurda fuera la solución.


Podría contar alguna de las tantas aventuras del rey en compañía de sus caballeros, especialmente con el general Kim NamJoon, pero hoy no. Este día es uno muy especial para los habitantes del reino Moon y llevaban más de una semana organizando los preparativos para el festival de la luna, uno de los más grandes para su cultura, puesto que eran hadas nocturnas. ¿Qué tenía de especial el festival de la luna? Además de que se restauraba y purificaba la vida del bosque, el rey y las otras hadas, había algo más. Esta noche era la única que tendría el rey SeokJin para traer al mundo a su primogénito, la única hada que heredará su reino cuando él estuviera indispuesto a continuar su liderazgo.


Un maravilloso día, por supuesto, pero no todos estaban felices por la grandeza y habilidad de Jin para gobernar. Algunas hadas codiciosas, que se ocultan en las profundidades del bosque esperaban ansiosas por una oportunidad, una en la que SeokJin estuviera vulnerable y así poder consumir todo el bosque por completo. Esa era una de las cosas que molestaban a NamJoon, siempre se preguntaba por qué estas hadas no podían aceptar la ayuda de su rey, admite que en ocasiones hace malos chistes con que va a decapitarlos a todos, pero es un hada de muy bien corazón, tan puro que no puede evitar querer protegerlo hasta de cualquier rama que pudiera lastimar su hermosa piel. Sabía que no eran correctos los pensamientos románticos que tenía respecto a SeokJin, pero no pudo evitar enamorarse de él y aunque no pudieran estar juntos, deseaba al menos poder protegerlo de todo.


—¿Otra vez pensando en el rey? —preguntó JiMin de forma burlona.


—¿Qué te hace pensar eso? —preguntó Nam con indiferencia.


—Porque pasaste al menos media hora viendo el retrato que JungKook te regaló de SeokJin.


—Carajo.


La risa estruendosa de JiMin no se hizo esperar y con esto llamó la atención de sus otros camaradas, YoonGi, JungKook y TaeHyung, quienes le dedicaron una mirada de desaprobación porque esta sería la quinta vez en el día que su general se distraía de su deber viendo el retrato de su rey. De acuerdo, era difícil no notar lo enamorado que estaba Nam de SeokJin, pero él quería creer que al menos pasaba desapercibido frente a este último y normalmente era muy dedicado a su trabajo para proteger a su amor platónico, pero este día en particular lo tenía más desanimado. Tal vez era la única hada triste en todo el bosque porque Jin iba a hacer el amor con otra hada, para conseguir aquellos polvillos de amor y así traer a la vida a su primogénito, era imposible que él fuera el elegido. Un hada que no tenía sangre noble no podría verse digno como pareja del rey SeokJin y tampoco esperaba a que su amado le correspondiera aquellos sentimientos.


—¿Cuándo se lo vas a decir? —preguntó YoonGi mientras veía con desinterés su espada.


—Nunca, obviamente.


—NamJoon...


—Chicos, no quiero que se sienta culpable por tener que rechazarme, simplemente quiero que sea feliz —confesó con sinceridad.


Un suspiro exasperado por parte de los presentes se hizo escuchar, ya que todos estaban cansados de que su general estuviera tan sumergido en su trágico cuento de hadas, que ni siquiera se dé cuenta de lo que tiene frente a sus narices. Sí tan solo fuera un poco más observador, quizá podría tomar el valor y declarársele a Jin antes de que los dos se hagan viejos, tarde o temprano tendría que darse cuenta, solo esperaban que fuera más temprano. Por ahora debían concentrarse en despejar el área para la llegada del rey al estanque sagrado, donde escogería al capullo que incubará a su heredero hasta que florezca.


En estos últimos años, se han enfrentado constantemente con un grupo de hadas de la destrucción, que mantienen la otra parte del equilibrio natural del universo, el deterioro y sequía. Su líder, Mirko, no es muy amistosa con SeokJin y desea obtener más dominio del bosque para destruir, pero obviamente su rey la mantiene a raya con sus poderes de la regeneración, que mantienen a su bosque con vida. La única línea que separa la mitad de Mirko y la SeokJin, está a unos cuantos metros de su estanque, por lo que deben tener mucho cuidado de una posible emboscada, si no obtienen un capullo para hoy, el pueblo perecerá lentamente y si pierden a SeokJin pierden su esperanza de sobrevivir en su amado hogar. 


NamJoon y su grupo de caballeros exploraron un poco más, observando detrás de cada corteza de árbol, hongo y piedra del lugar buscando algo fuera de lo normal y estaban a punto de irse, de no ser porque desde el cielo escucharon el cantar de los cuervos, quienes eran las mascotas de Mirko. Rápidamente batieron sus alas y se escondieron entre las hojas de los árboles, que se camuflaban con su armaduras verdes. Para el general, que estuvieran los cuervos inspeccionando el área era una mala señal, también sus compañeros lo sabían y eso significaba muchos problemas, así que esperaron a que aquellas aves escalofriantes se fueran, para que JungKook diera un pequeño silbido en llamado de una suave brisa que les ayudó a volar más rápido en dirección al gran árbol, donde vivía su rey.


Al llegar, los compañeros de NamJoon decidieron tomar un respiro y perderse entre el festival que estaba organizando el pueblo, por lo que a él le tocó darle las noticias a su majestad. El gran árbol era técnicamente como el castillo de SeokJin, la estructura de este era algo torcida, su peculiar forma se debe a que creció a partir del agua que se filtraba de entre las rocas de un muro que hace siglos construyeron los humanos, la naturaleza se abrió paso y tomó la forma perfecta para que su rey se hospedara ahí. Entrando por el hueco del centro estaban los aposentos de su amor platónico, así que sin dudarlo ingresó con lentitud, esperando que Jin no estuviera en paños menores.


Y ahí estaba, tan deslumbrante como siempre con un hermoso traje de hojas y pétalos de rosa, a su lado estaba HoSeok haciéndole una pequeña trenza en su largo cabello castaño. Jin en definitiva era muy hermoso, aún mientras veía su reflejo en una pequeña pila de agua hecha con piedras blancas del estanque. Cuando el rey levantó la vista y encontró a Nam entrando por su balcón, sus esponjosos labios se estiraron en una hermosa sonrisa, feliz de ver finalmente a su valiente general. 


—¡Joonie, llegaste! —comentó SeokJin con alegría—. Tengo algo muy importante que decirte.


—Yo también tengo algo importante que anunciar, su majestad —admitió Nam con un poco más de seriedad en su voz.


La sonrisa de Jin fue apagándose poco a poco al imaginar de lo que NamJoon quería hablarle, así que le pidió a HoSeok, su consejero, que dejara la habitación y este obedeció con rapidez. El lugar quedó en silencio algunos minutos, mientras que SeokJin suspiraba y continuaba con sus arreglos para la ceremonia de la tarde, solo que llamó con sus poderes algunas raíces de las flores que se encontraban en la alcoba para que continuaran su peinado. Podía notarse debajo de aquella neutral expresión, que el rey estaba algo enfadado y eso hizo que Nam tragara saliva sonoramente, estaba en problemas.


—¿De qué quieres hablar, Nam?


—Es respecto a la ceremonia de esta tarde, hay varios cuervos de Mirko merodeando por el estanque y no es un lugar seguro para ti.


—NamJoon —llamó en un tono divertido.


—Mira, tengo un plan infalible para que no necesites salir. Voy con mi equipo de exploración, fingimos que vamos a tomar agua para recoger un capullo y lo traemos para ti.


—Nam, aunque quiera hacerlo no puedo, debo estar ahí para elegirlo —explicó entre pequeñas risas contagiosas, mientras acariciaba los pétalos de una flor silvestre que tenía cerca—. Esto se trata de sentimientos, de amor. ¿Tú nunca te has enamorado?


Esa pregunta le cayó como un gancho al hígado para el general, después de todo estaba enamorado de su rey, pero le daba vergüenza aceptarlo en voz alta. SeokJin por otro lado, soltó una pequeña risa al notar lo tímido que se puso su fuerte general, así que con un movimiento de mano hizo que varias flores se enroscaran en el hada menor y lo mantuvieran quieto, mientras Jin se acercaba con coquetería a este. Debía darle una pequeña lección a su paranoico general.


—No estoy tan indefenso, Nam. Puedo cuidarme solo —susurró muy cerca del rostro contrario.


—Soy muy consciente de eso, pero si te llegara a pasar algo yo...


—¿Tú? —le animó a continuar.


Los rostros de ambos estaban demasiado cerca, Nam con la mente perdida entre la belleza inmaculada de Jin y el exquisito aroma a bayas silvestres. SeokJin por otro lado, se distrajo entre el porte apuesto del general y sus labios, tenía muchos deseos de unirlos con los suyos. El silencio formó un vacío en su percepción del espacio y tiempo, donde solamente ellos existían y nada más que ellos, se conectaban en mente y alma por medio de ese espacio íntimo. Con eso, SeokJin solo esperaba que NamJoon pudiera entender lo que nunca se atrevió a escuchar, mientras que este simplemente quería que su rey lograra entender a su acelerado corazón, que se llenaba de vida al verlo todos los días. Tal vez el mensaje hubiera llegado exitosamente, de no ser porque HoSeok abrió la puerta de la habitación estruendosamente, provocando que ambos enamorados se asustaran y se separaran rápidamente como acto de reflejo.


—¡Majestad, su escolta lo está esperando! —anunció Hobi con una enorme sonrisa—. ¡Hoy es un maravilloso día!


—En un momento vamos —respondió Jin entre pequeñas risas al notar que su consejero estaba más animado que él.


El rey le dedicó una sonrisa gentil a su general, mientras lo liberaba de aquella atadura con flores que le había hecho. Se acercó con decisión, en un porte firme para finalmente darle un pequeño beso en la mejilla, como muestra de agradecimiento ante la preocupación de su menor. Un gesto dulce, con una promesa silenciosa de que todo saldrá bien.


—Vamos, general Kim —dijo, mientras tomaba la mano del mencionado.


Sin poder resistirse, NamJoon caminó junto a SeokJin hasta la puerta de la habitación, como el interior del tronco estaba hueco, ambos pudieron volar hasta la zona donde se concentraban las raíces y por fin salir del gran árbol. Apenas estuvieron afuera escucharon a los habitantes de Moon exclamar el nombre de SeokJin, entre dulces cantos y como lanzaban algunos pedazos pequeños de pétalos a su majestad. Nam no pudo evitar sonreír al notar las mejillas sonrojadas de su amor, que en ocasiones sentía pena de tener tanta atención, pero eso era normal al ser un rey de las hadas y sobre todo con esa belleza que poseía, nadie podría apartar la mirada.


La caravana del rey estaba lista, una carroza flotante de nenúfares que era sostenida por varios colibrís a sus extremos, esperaba porque SeokJin se subiera a esta. Su escolta y todos los caballeros del reino esperaban por las órdenes de sus comandantes para dar inicio al pequeño desfile en camino al estanque sagrado. Jin sin hacerse esperar, batió sus alas con rapidez hasta su transporte, donde apenas se instaló pudo ver como NamJoon le daba indicaciones a sus camaradas para así dar comienzo al evento. Nam estaría a su lado en todo momento, así que no habría problema alguno con la seguridad, era sumamente cuidadoso en ese aspecto, aunque no estaría de más que el general se divirtiera un poco de vez en cuando.


—Es un festival, Nam. La gente se divierte, sonríe —pidió Jin en un tono de cantarín.


El general solamente mostró una fugaz sonrisa de hoyuelos al rey, para después concentrarse y volver a su labor. SeokJin resopló en respuesta, pero al menos se conformaba con tener esos hoyuelos para él. El camino no fue tan largo como lo pensó, de hecho llegaron antes de que comenzara a cansarse de saludar a sus súbditos, apenas dirigió su mirada al frente, su carroza ya estaba sobre el agua, dejándole ver a la perfección una gran variedad de hermosos capullos flotando de igual forma en el estanque. Pudo escuchar algo de las indicaciones que le daba Nam, pero no le importó en lo absoluto y apenas vio la oportunidad, aleteó un poco para flotar ligeramente sobre el agua. Sus pies descalzos pudieron sentir el cosquilleo de la superficie del agua y al mismo tiempo la energía de la vida floreciendo en ese lugar, sin hacerse esperar, se apresuró hasta estar frente a las hadas sacerdotisas del estanque, quienes le esperaban con una sonrisa encima de un nenúfar.


—Oh, Lucy. Hoy es el día para impresionar al rey y que me haga su caballera —comentó el hada rubia y alta.


—Flora, un hada sacerdotisa no puede ser de la milicia —explicó su compañera con obviedad.


—¿Quién dice que no puedo? Tengo magníficos poderes de curación, sería de mucha ayuda.


—Los poderes de curación son de las sacerdotisas, los de la milicia necesitan controlar elementos de la naturaleza para pelear.


—¿Me estás diciendo que no sirvo para pelear?


—Sí la flor te queda.


—Eres una...


—Señoritas...


La dulce voz de SeokJin interrumpió la pelea de las hadas cuidadoras, provocando que estas le sonrieran avergonzadas por el reciente espectáculo. Lo que le hacía sentir más triste a Flora, era que el general Kim NamJoon le dedicó una mirada des aprobatoria, lo cual podría costarle la buena imagen para clasificar como candidata para unirse a la milicia del reino. Ahora debía intentar remediar lo ocurrido y al menos causar una buena impresión a su majestad, porque a pesar de que NamJoon fuera el general encargado de los posibles candidatos, Jin era quien tenía la última palabra.


—Perdone, majestad —se disculpó Flora con elegancia—. ¿Cómo se encuentra el día de hoy?


—Bastante animado diría yo, es un gran día para mí porque tendré que elegir mi capullo —respondió Jin con una sonrisa—. ¿Hay alguna recomendación para mí?


—Como podrá apreciar, hemos conservado perfectamente todos los capullos para usted. Hay toda clase de especies, colores y tamaños así que será difícil elegir...


—¡Este! ¡El correcto siempre es el más grande! —interrumpió Lucy a su compañera, mientras cargaba con dificultad un enorme capullo que podía ser casi de su mismo tamaño.


—Sí que es un buen candidato —comentó Jin impresionado, viendo como Lucy azotaba con fuerza el capullo—, pero... ¿Qué les parece ese? —preguntó mientras señalaba a su lado.


Sobre la superficie del estanque, se encontraba un pequeño y solitario capullo rosado, que a primera vista no parecía algo extraordinario, pero SeokJin era un hada que veía las cosas con mucha atención y tenía un buen presentimiento respecto a este pequeño ser, un presentimiento de que iba a ser algo grande en un futuro y muy resistente ante la adversidad, un capullo simplemente perfecto para llevar al próximo heredero del reino. Sin pensarlo, se aproximó a donde se encontraba el capullo, inclinándose para observarlo con detenimiento y apenas acercó su mano para tocarlo, el tierno capullo sacó una de sus raíces a la superficie y se enrolló con gracia al meñique del rey, como un niño pequeño en busca de amor.


—Me encanta —susurró SeokJin con una amplia sonrisa.


—¿En serio quiere esa cosa? Es muy pequeña, no va a aguantar a su heredero —se quejó Lucy.


—¡Cállate, es perfecto! —interrumpió Flora, para después aproximarse con rapidez al rey—. Su majestad no es como tú de ostentoso, él tiene clase —reprochó, para después dedicarle una sonrisa a Jin, tomar con delicadeza el capullo y dárselo.


SeokJin sostuvo entre sus manos al pequeño capullo que no hacía más que aferrarse a él, lo observó maravillado y sintió esa conexión mágica recorrer su cuerpo e instalarse en su pecho. La energía del universo que le daba vida a la naturaleza era tan grande en ese pequeño capullo que justamente en ese momento, supo que era para él. No había una forma humana para explicar ese sentimiento que recorrió su cuerpo, mucho menos podemos decir como es que el rey de las hadas sabía que era lo correcto, era algo místico y una conexión inquebrantable, pero que nació justamente en ese día y en ese momento.


—Este es el elegido —anunció Jin con una amplia sonrisa, dejando un suave beso sobre el capullo.


—Gracias por facilitarme el blanco, SeokJin.


El mencionado sintió un escalofrío al escuchar la voz de Mirko y el sonido de una flecha pasar cerca de él, probablemente ahora estaría muerto de no ser porque la espada de NamJoon desvió la trayectoria de la misma. En menos de dos segundos todos sus caballeros se encontraban luchando valientemente contra las hadas destructivas de Mirko, el estanque que todos estos siglos fue un lugar de paz y armonía se convirtió en un campo de batalla, sus hadas del agua maniobraban ágilmente en el estanque, mientras que las del aire hacían todo lo posible por ahuyentar a los enemigos. Sintió como Nam tomó su mano y comenzaron a volar juntos en dirección a la carroza.


—¡Sus flechas tienen veneno, debemos regresar al gran árbol pronto!


—Tranquilo, crearé una barrera apenas lleguemos —informó Jin.


El general y su rey estaban a punto de llegar, pero el enemigo rompió las cuerdas con las que los colibrís estaban sujetos a la carroza y estos escaparon. Por si fuera poco, varias hadas de Mirko salieron debajo del agua y los emboscaron, Nam como hada del viento pudo lanzar a algunas fuera del estanque, mientras que SeokJin las hundía de nuevo con ayuda de las plantas acuáticas que se encontraban cerca. Estuvieron resistiendo un buen tiempo, hasta que finalmente llegaron JiMin y TaeHyung, hadas del agua, quienes con rapidez abrieron un camino seguro para Nam y Jin.


—¡Deben irse ahora! —indicó Tae—. El capullo debe mantenerse húmedo el mayor tiempo posible.


NamJoon asintió y tomó la mano de Jin nuevamente para salir volando de ese lugar, sin embargo, este no lo acompañó porque no podía aletear. Las alas del rey siempre son más grandes que las de las hadas promedio, pero eso era una desventaja al ser un evidente blanco para atacar y por desgracia, una de las alas de Jin estaba rota, posiblemente porque la hoja de una espada le cortó un poco. Nam exhaló con rabia al no percatarse de que su rey estaba herido, así que con rapidez cargó a su amado entre sus brazos y voló con este sobre la fuerte brisa que crearon JungKook y YoonGi, para así poder escapar.


Jin sostenía con protección al pequeño capullo, mientras que Nam estaba más que concentrado en volar lo más rápido que podía para llegar al gran árbol, por ahora las hadas que los estaban persiguiendo no se encontraban a la vista, las había perdido. Más pronto de lo que esperaba, estaban a las afueras del reino, así que el general se sintió más confiado y seguro de que el peligro se fue. Logró traer a SeokJin sano y salvo, a excepción por su ala, pero esta sanaría en unos días.


—¿Y bien?


—Ya sé, ya sé. Tenías razón —dijo Jin en forma de queja, pero al final le dedicó una sonrisa divertida.


El general suspiró y negó con la cabeza, después iba a darle una reprimenda con propiedad a su rey, por ahora debía llegar primero y así hubiera sido de no se porque escuchó un cuervo cantar desde las alturas. Apenas levantó la mirada pudo ver como Mirko montaba aquel animal, se veía furiosa por el fracaso de su plan y con desespero usó su último recurso, lanzó su última flecha envenenada hacia SeokJin. El rey de las hadas utilizó sus poderes para que las ramas y hojas de los árboles se arremolinaran contra aquel cuervo y su dueña, ahuyentándolos así para que regresaran a donde pertenecían. Jin suspiró aliviado, pero se olvidó de algo importante: la flecha.


—¡Joon! —exclamó.


Si bien la flecha no se incrustó en el cuerpo del mencionado, la punta envenenada rozó con violencia contra el brazo descubierto de Nam, provocando así que la toxina se mezclara con su sangre y cuando menos lo notaron, NamJoon se desmayó en pleno vuelo y ambos cayeron. SeokJin reaccionó con rapidez y amortiguo su caída al ordenarle a las plantas más cercanas que los sostuvieran con sus amplias hojas, formando una cama. La vista de NamJoon se volvía más y más borrosa, los sonidos se alejaban y con ellos la voz de SeokJin, quien le llamaba con desesperación para que no cayera ante el cansancio, pero hubo un punto donde no pudo más y todo su entorno se esfumó.


Todo era oscuridad para Nam, ni siquiera era consciente de lo que sucedió a su alrededor, incluso podríamos decir que su mente estuvo perdida por varias horas, de no ser porque sintió un toque cálido en su mejilla que logró despertarlo y activar de nueva cuenta sus sentidos. Apenas abrió sus ojos lo primero que vio fue a SeokJin, quien le sonreía con ternura, portaba una bata de seda transparente que no dejaba nada a la imaginación, precisamente porque no llevaba nada debajo de ella. ¿Estaba en el paraíso? Tal vez cualquiera hubiera aprovechado la oportunidad, pero en lugar de hacer lo que cualquier hada haría en esta situación, se incorporó rápidamente sobre la hoja de nenúfar en donde estaba descansando y observó el entorno.


Conocía este lugar, estaban en una de las salas del gran árbol, aquella que se construyó con un pequeño estanque, una extensa decoración de flores de todos tipo, luciérnagas que iluminaban por las noches y era pensada como la alcoba real, al menos para cuando SeokJin encontrara al hada con la que pasaría el resto de su vida. NamJoon además de tener su brazo vendado, estaba más que confundido con el asunto, su timidez no le permitía del todo ver la indirecta tan directa de que Jin lo había elegido a él como su compañero para cuidar de aquel capullo. Parecía un sueño, pero ahí estaba, con un Jin semidesnudo que le miraba con coquetería y seducción, aunque todavía le doliera su brazo, eso pasó a segundo plano cuando su rey le extendió su mano para que volviera a su lado.


—¿En serio deseas hacer esto conmigo? —preguntó NamJoon expectante por su respuesta.


Jin soltó una pequeña risa por la pregunta de Nam, porque le causaba cierta ternura que le preguntara eso, pero era propio de él desde que eran adolescentes. Normalmente SeokJin tomaba la iniciativa de las cosas, pero en esta situación iba a dejar que NamJoon se encargara del asunto. Así que con delicadeza guio al menor para que volviera a sentarse sobre la superficie del nenúfar que los sostenía, él lo hizo sin quejas y esperó por la siguiente acción que tomaría su rey, pero lo que nunca se esperó es que Jin se subiera a horcajadas sobre su regazo. Cuando el mayor encontró una posición cómoda finalmente deslizó la bata fuera de su cuerpo, dejando a la vista su seductor torso desnudo, mientras que en su pelvis se apreciaba de forma más tentadora el miembro erecto de este.


—Nam, estoy enamorado de ti desde hace cuatro siglos. Cuando un hada se enamora...


—Es para siempre —completó la frase.


—Creo que al fin te das cuenta, ¿por qué no me ayudas a crear algunos polvillos de amor? Te he esperado por mucho tiempo.