In Nomine Spiritus Sancti

Summary

Ma. Antonieta Crowley es una mujer trailera y santera de oficio, que debido a un encuentro sobrenatural se ve envuelta en un misterio en una carretera. Junto con el padre Aziraphael están investigando la desaparición de Gabriela y otros feligreses, que han sido vistos por última vez en un tramo de la carretera que conecta el pueblo con uno de la frontera.

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo I - Kilometro 31

In nómine Patris, et Fílii, ✞ et Spiritus Sancti. Amen.


Ma. Antonieta Crowley Chávez cree en muchas cosas, apariciones religiosas, el Brujo Mayor de Catemaco, entidades fantasmales, los horóscopos con Mhoni vidente, los ovnis y su base en Tampico, brujas en formas de bolas de fuego, nahuales, chaneques, pero sobre todo en las almas en pena. Su trabajo como transportista de materiales la ha llevado a presenciar varias de estas últimas, sobre todo en la oscuridad de la carretera, deambulando como personas vivas que creen ser. Sombras caminando a la orilla de la carretera es algo a lo que ella se ha ido acostumbrando, a lo que nunca terminará de acostumbrarse es que alguna de estas quiera subirse a su Tráiler. Oh, eso si no lo permitía. Ya sea alguna mujer que se subía en alguna curva sin avisar simplemente materializándose en el asiento al lado de ella, o en el reflejo de sus retrovisores. Es algo que ella y su medalla de San Benito no permitían.


–“Dos o tres padres nuestros y a chingar a su madre” – se repetía cuando una situación de estas, más graves se daba.


Nada que no pudiera manejar. Se repetía ella, María Antonieta Crowley Chávez, aunque todo mundo la llamaba por su apellido Crowley, a ella le gustaba, aunque su padre no se hubiera quedado lo suficiente para que se encariñara con ese apellido, le sonaba bastante bien, exótico. Y es lo que todo el que la veía pensaba de ella. Exótica pelirroja, 1.79 de altura, complexión delgada con piel tostada por el sol, pero no lo suficiente para que no se pudieran ver sus pecas como chispitas desperdigadas en su piel, como estrellas en el cosmos. Y sus ojos, ah esos ojos, eran estilizados hacia arriba, como de china poblana, de un color miel, casi ámbar, como oro líquido. Enigmáticos. Su complexión era delgada, pero esas piernas, eran largas y torneadas, merecedoras de unos corridos, y quién sabe tal vez si ha inspirado alguno que otro artista.

Había trabajado de todo, o bueno, casi todo. Todo lo honesto se repetía. Había sido estilista, promotora de maquillaje y productos para el hogar, santera, lectora de fortuna y cartas, taxista; esto último la condujo eventualmente al empleo que ahora le dejaba mejor salario y prestaciones, por lo peligroso de este: transportista de materias primas. O como comúnmente se conoce, Trailera. Era un empleo sencillo pero honrado, que no le presentaba muchos inconvenientes. Era a veces monótono con sus recorridos y hasta tenía tiempo para introspección y meditación en sus largas horas en la carretera. Pero cuando dejó de ser monótono fue un jueves por la tarde, casi noche, cuando tuvo que recorrer la vieja carretera de Villa Juárez – Tecate. Pasó como a las 7pm por San Lorenzo, y con algo de suerte llegaría con luz del sol al Oxxo de “Los Laureles”, pero la suerte no estaba de su lado, y una nube negra de tormenta, traicionera, hizo de las suyas oscureciendo el atardecer para que encima de obscuro, estuviera mojado el pavimento.


-“Al menos cheque los frenos en la última afinación” – pensó


Iba luchando contra sus pensamientos en la lluvia cuando de repente sintió un escalofrío. Uno que recorría su columna desde la base de su cintura hasta la nuca donde descansaba esa cola de caballo hecha bolita. Se ajustó sus lentes oscuros, esos que le servían tanto de día a menguar los rayos del sol sobre sus ojos dorados sensibles a ellos, como ahora en la oscuridad que le ayudaban a ajustar su vista como si de cámara con visión nocturna se tratase.


Por ahí del Kilómetro 31, aparecía un carro parado en medio carril, un Datsun 510 amarillo, algo deslavado y que obviamente ha visto mejores días. Bajó la velocidad, a simple vista solo parecía una avería. Todo normal, hasta que notó algo no tan normal. Una de esas “almas en pena” que a veces veía estaba ahí, tratando de entrar a aquel carro destartalado. Y quien fuera el conductor de aquel carro amarillo estaba peleando con todas sus fuerzas aferrándose a la puerta para que aquel ente no la abriera.


-“no es tu asunto” – pensó por un momento, para luego oír –“ayúdala, si no la ayudas nadie más lo hará.” – Optó por hacerle caso a la segunda voz.


Haciendo gala de toda su pericia al manejar empezó por tocar muy fuerte la corneta de su tráiler, ya sea para dar aviso al conductor de que se aproximaba, o para que aquel ente se distrajera un poco y dejara de luchar por entrar. De cualquier forma todo pasó en un segundo. Paso justo, a centímetros; con una precisión justa de un cirujano, con los centímetros adecuados para no llevarse la puerta de encuentro y aun así desvanecer el ente en el aire. Miró por el retrovisor, y nada. Aquella entidad maligna se había ido, ya no estaba ahí atormentando al ocupante del Datsun. Y eso la hizo sentir bien consigo misma por haber hecho una buena acción.


-“Rezaré 5 padres nuestros por si las dudas” – tomó entre sus dedos la medalla de san Benito que colgaba de su cuello y empezó los rezos.


Por esas mismas horas, pero en el poblado de San Lorenzo, alguien caminaba apresurado por la empinada y empedrada calle. Se dirige a la calle segunda, justo al lado de la tiendita de Doña Mate. El Padre Aziraphael Del Ángel se vislumbra entre la neblina. Es un hombre de complexión media, ojos azules, borrados como lo describe la gente. Con cabello rubio, casi blanco, que de no ser porque apenas ronda los 30 años uno pensaría que tiene casi 50. Toca la puerta de madera.


– Toc! – Toca una segunda vez, ahora con dos golpes.- Toc Toc!! – se escuchan los pasos de alguien adentro. – “Vaaan”- Abre la puerta una mujer, delgada, con un velo negro cubriendo su cabeza. Es doña Matea, quien apenas lo ve se alegra


– “Ayy padrecito, que bueno que vino, ya no aguantamos esto”. – se apura a dejarlo pasar por el umbral de madera.


–“Pero qué pasa hija, ¿cuál es el apuro?” – dice mientras la mujer le ofrece un té o algo de tomar. El niega con la cabeza. La mujer prosigue a explicarle la situación.


Una vez informado, el padre procede a darle indicaciones a la mujer – “Sal de la casa, espera afuera. No entres, a pesar de lo que escuches. Solo hasta que yo te diga, entendido?” – la mujer asiente con ojos vidriosos a punto del llanto. El padre se prepara, guarda algo entre su sotana y su pecho. Toma su rosario y continúa su camino hacia los cuartos traseros de la casa, en total oscuridad por el pasillo. Pasa el primer cuarto, y vislumbra por el rabillo del ojo una sombra sentada en la cama. Voltea inmediatamente, no hay nada, se asoma por si acaso pero no hay nada ahí, continua.


En el siguiente cuarto, antes de entrar empieza a oír risas, como de niña. Traga saliva. Se asoma y ve sobre la cama a la nieta de doña Matea, Maggie. Está sentada muy atenta a él, detrás de ella solo se ven unas manos, que le trenzan y peinan sus lacios cabellos güeros. El padre se congela al ver esto. Pero su convicción y su Dios le hacen dar otro paso.


-“Maggie, ¿estás bien?” – pregunta con una voz algo titubeante, pero severa. No hay respuesta de parte de la niña, pero lo que sea que está detrás de ella se escucha decir en voz retorcida y para nada de una niña común.

– “Estamos jugando, padre. Por favor no nos interrumpa” –


Aziraphale insiste – “Maggie, ven apártate de eso” – sin perder contacto con la niña y con lo que sea que está detrás de ella. Ahora que se está moviendo puede ver un poco más de este ente, como una calavera negra, sin rasgos destacables, excepto por los ojos blancos con pupilas muy pequeñas negras, las cuales no han dejado de observar tampoco. El padre con su mano izquierda sostiene el rosario y empieza a rezar un ave maría. –“llena eres de gracia, el señor es contigo… “ – aquella calavera parpadea y se ve como si le doliera algo –“… bendita eres entre todas las mujeres, y bendito sea el fruto de tu vientre Jesús” - la calavera se aparta un poco de la niña y la suelta, el padre aprovecha para tomarla del brazo y jalarla fuera de la cama. La protege y la pone detrás de él. Saca de su pecho un espejo rectangular que guardó al principio y lo pone delante de él, para que refleje al ente. Este al ver su reflejo empieza a ser succionado hacia este objeto, poco a poco, tiras y tiras negras van fundiéndose en el espejo. Hasta que por fin lo absorbe del todo y él lo cubre con la funda de la almohada.


–“Corre Maggie, corre con tu abuela” – solo da esas instrucciones y la niña corre hacia afuera donde espera reunirse con su preocupada abuela.


El padre hace un nudo y termina por envolver el espejo para dejarlo firme. Saca una botella de su sotana y vierte el agua bendita sobre el espejo y la tela. Se escucha un chirrido ahogado, algo de humo, y el espejo queda vacío. Suspira aliviado. Procede a salir de aquella habitación, pero hay algo todavía, algo que lo inquieta. La sombra que vio en el otro cuarto está frente a él justo en el marco de la habitación, no lo dejará salir tan fácil.



Holi, ya ando en esta nueva plataforma, en esta ocasión les traigo mi opera prima desde la plataforma naranja. Espero nos podamos leer y convivir igual por aca.

Para los que están descubriendo esta historia, es un Fanfic principal de Good Omens, tiene también varias influencias del Cine de Terror Méxicano, y Cine en general mexicano. Así como otras series como Supernatural, la serie de Diablero de Netflix, y algunas otras series de terror de los 90s y 2000. De todos modos, seguiré subiendo los capítulos aquí y alla, y tal vez más allá.

Agarrence de sus asientos, persinense y diviértanse en este viaje de FanFic 🐰✨


Arte por @minako_satochi

Historia @B_usagii en XAtte. Usamimi-Girl