El amigo de papi - Minsung

Summary

Jisung sufrió su primera decepción amorosa al no ser bueno en la cama. A lo que le llevó a pedir consejos al mejor amigo de su papá, Lee Minho. Minho acepta a cambio de enseñarle lo teórico y convertirlo en práctico. Inicio: 14/09/23 Final: 23/09/23 ❥ Romance | Diferencia de edad | Smut ❥ Adaptación - ©mishansey ❥ Hermosa portada y separador - ©-binnielly

Status
Complete
Chapters
7
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

01


Jisung parpadeó centenares de veces antes de que BangChan, cansado de él, le empuje por el hombro. Aún no creía lo que oía, le había dolido, sí y mucho.


BangChan envolvió una sábana por su cadera dirigiéndose al baño, dejando a Jisung desnudo y sudado en la cama.


Jisung llevó su palma a la boca, trató de callar sus sollozos para que el chico de quién estaba enamorado, no lo escuchara. Parándose con las rodillas temblorosas, tomó sus prendas del suelo, poniéndoselas a continuación.


Cuanto antes se marche de ahí, mejor.


Suspira temblorosamente, agarra el pomo de la puerta de la habitación donde su pesadilla comenzó. Huyendo de ese lugar, mientras bajaba por las escaleras sentía las paredes vibrando, por sus ojos lágrimas agrias corrían sin parar, su corazón sentía una tras otra puñalada.


¿Tan inútil era?


No lo sabía, hasta ese momento, BangChan le despreció como nadie le habría hecho. El dolor creciente en el pecho estaba asfixiandolo.


La estruendosa música dubstep resonaba por los amplificadores de la fiesta en aquella odiosa casa. Jeongin lo vio bajar, él le sonrió pero esa sonrisa se esfumó cuando vio sus lágrimas. Jeongin corrió hasta el a través de la espesa gente y lo tomó por los hombros pero Jisung aun escuchaba esas doloras palabras repetirse y proyectarse en su cabeza como una mella.


"— Me aburres."


"— ¿Qué?"


"— Ya no me excitas Jisung... me aburre estar contigo, siempre soy yo el que inicia, él que se mueve, él que hace todo el trabajo y cuando tú lo haces eres torpe y descoordinado. Me matas las ganas, aprende, no me importa si le pides consejos a tus amigos o a cualquiera, pero no vuelvas hasta que sepas hacerlo."


El era asquerosamente tímido ¿A quién pediría tremendos consejos? Además de ser sexuales, claro.


— ¡Jisung! ¡¿Qué ha pasado?! — preguntó Jeongin, alarmado. Su mejor amigo sacudiéndolo por los hombros. El estaba perdido en sus pensamientos.


— No pasa nada. — murmuró con los ojos en cualquier punto en el piso.


— ¿Cómo que nada? ¡Joder, estás llorando! — Jeongin exclamó pero Jisung empujo a su pequeño amigo apartándolo de su camino, quería ir a casa, no se sentía para nada bien.


Necesitaba dormir y olvidar las frías y desagradables palabras de BangChan.





Al bajarse del taxi divisó el gran portón de su casa, sabiendo que el Sr. Kim lo vio por las cámaras, esperó hasta que estás se abrieran. Un pitido sonó y los grandes portones se abrieron para recibirlo. Caminó desanimado hasta la entrada, sus zapatos arrastraban consigo las piedrecillas que conformaban el largo camino.


Abriendo las puertas doble de su casa, vio a un hombre parado en el lobby, él volteó para mirarlo. Como siempre con su infaltable traje negro a rayas horizontales gris, él le sonreía como cada vez que se veían, pero Jisung no le correspondió esta vez.


— Hola Jisung ¿Qué sucede? — preguntó él con voz suave.


¿Es qué acaso todos necesitaban saber sobre su humillación?


No había una puta necesidad de hacerlo.


— Nada Minho, Sólo estoy cansado. — comentó estirando su cuello de una lado a otro, masajeando la zona. — ¿Estás esperando a mi papá? — Echó un rápido vistazo a su reloj, pasaba de medianoche.


— No, ya me iba. — Minho le dijo. El le sonrió mientras se rascaba la nuca. Lee Minho, el gran empresario de Seúl, el más rico y apuesto joven de treinta años, mejor amigo de su padre y más cotizado por todas las jóvenes que tengan oportunidad de siquiera respirar el mismo aire.


No aparentaba treinta si no veinticinco o quizá menos, bueno, eso pensaba Jisung. Desviándose de su camino, pasó al lado de Minho que junto sus cejas interrogante por la actitud del pequeño chico que siempre que lo veía lo abrazaba o algo por estilo. Estaba comportándose raro y Minho lo sabía.


Jisung subió las escaleras con paso pesado, sus pies se sentían como sacos de plomo. No esperó a que Minho se despida, sólo quería dormir o bien desaparecer de la faz pero, lo primero si podía, lo segundo era imposible.


Minho sólo calló al verlo deprimido, viéndolo irse. Llegando por fin a su habitación se esparció a la cama pensativo.


¿Qué podia hacer? ¿Ver videos porno? ¿Usar su imaginación? ¿Preguntarle a su hermano mayor? No, eso estaba totalmente descartado, si Changbin lo supiera mataría a BangChan. Siguió pensando. ¿Debería pedir consejos a Jeongin? ¿O tal vez a Sana?


Ninguno era buena idea. Jeongin aún era virgen según sabía. Sana era muy tímida al igual que él. Estaba magnificamente jodido.


No tiene ni una sola persona en quien confiar sin que fuera una humillación histórica.


— ¿Pequeño? — preguntó Minho. Jisung abrió los ojos lentamente.


— Estoy aquí.


Su habitación estaba totalmente a oscuras necesitaba dormir pero Minho le había quitado el sueño con la interrupción. Minho entró a la habitación buscando a oscuras su cama, cuando la encontró, se sentó en ella, cerca de él. Jisung se acurrucó más a un costado.


— ¿Qué pasa? Dime... — Minho pedía. La pierna de Jisung estaba a su lado por lo que la atrajo hacía si, subiéndola en sus muslos, acarició su pierna tranquilizándolo. Jisung se lo agradeció silenciosamente. Entonces comenzó a dudar seriamente si sería bueno confiarle a Minho sus atormentados pensamientos. Sólo que no sabía si decirle a Minho la verdad, confiaba en él, pero quizá no lo suficiente.


— Yo... — Jisung tragó saliva pensando en si hacerlo o no, necesitaba contarle a alguien, quería llenar ese agujero que BangChan abrió en su pecho. Necesitaba desesperadamente desahogarse.


— Sólo dilo, prometo no juzgarte ni reprocharte, soy tu amigo. — Jisung miró a sombra del hombre, preocupado. — ¿Confías en mi, pequeño? — pregunto. Jisung se aclaró la garganta un poco incómodo.


— Sí. — Suspiró hondo para continuar. — BangChan... mi novio ¿Lo recuerdas? — comenzó.


— Uh-huh. — Sonó un poco tosco pero Jisung lo dejó pasar.


— El me... umm, no sé cómo decirlo.


— ¿Te hizo daño? — interrogó, apretando sus dedos en su pantorilla. Jisung negó hasta que se dio cuenta que Minho no podía verlo.


— No. Claro que no, Minho cálmate. — pidió al verlo exaltado. Jisung exhaló aire, tranquilizándose.


— ¿Entonces, qué te pasa?


— El... por favor no te enfades con él... estoy demasiado avergonzado con sólo decirtelo. — Minho rio. — BangChan me dijo que no soy bueno. — confesó. Minho echó una risa que provocó que su pecho musculoso bajo la camisa vibrara.


Minho dijo: — ¿Es por eso qué estás enojado? Es mentira bebé, no eres malo, eres un buen chico.


— No, no comprendes. — Jisung gimió desesperado, no sabía cómo decirle. — BangChan no se refería a mi actitud.


— ¿Ah, no?


— Um, BangChan se refería a... a qué... le aburro sex... sexualmente. — Jisung apenas pudo decirlo en un murmuro. A Minho le costó oír y cuando lo hizo, apretó los labios dejándolos blancos. Jisung ahogó la almohada en su rostro totalmente sonrojado, los dedos de Minho dejaron de apretarle para sólo quedarse sobre su piel. — ¿Minho?


— ¿Sexualmente? — la voz de Minho sonó rara antes sus oídos.


— Si... por favor, por favor no se lo cuentes a papá, me asesinará si se entera de esto. — le rogó, entonces sintió la mano de Minho sobre su cabello, acariciándolo.


— Tranquilo, no se enterará, pequeño. — Jisung volvió a drenar sus pulmones del aire que no sabía que estaba retenido. — Sigue, — le animó. — ¿Te ha dicho algo más? — medio gruño y Jisung río.


— Algo, algo asi de qué busque ayuda o pida consejos a mis amigos.


— ¿Consejos sexuales? Oh, bueno, nadie te lo contaría naturalmente. Hablar de sexo con un chico de veinte años es un poco... raro.


— Sí, no sé a quién pedírselo, no quiero que mis amigos se enteren de esto, me da mucha vergüenza. — Minho apenas lo divisó abrazarse a sus piernas al pecho con la poca luz que había. Eso le pareció tierno, cuando una fugaz respuesta se le apareció. Idea retorcida, pensó antes de dictárselo a Jisung.


— Y... ¿Qué tal si soy yo quién te lo aconseje? — la pregunta flotó suavemente, teniendo cuidado de la reacción de Jisung.


Jisung sintió sus ojos iluminarse al escuchar eso de Minho, automáticamente saltó a los brazos de Minho que le recibió gustoso.


Minho era perfecto para ser su consejero, Jisung deducia que Minho tenía pretendientes por doquier además de ser un hombre sumamente experimentado.


— ¿Es en serio Minho? ¿Lo harías por mí? — preguntó con mejilla pegada al de Lee. Sintió una sonrisa extenderse en el rostro del hombre.


— Claro pequeño, por ti lo haría... con una condición. — Sus labios contra la suave piel. Jisung se apartó mirándole a través de la oscuridad.


Cuidado con lo que dices.


— Todo lo que te enseñé deberás ponerlo en práctica conmigo ¿Lo entiendes? — Jisung vio un brillo repentino en los ojos cafés de Minho, él lo sostuvo por su fina cintura, la diferencia de estaturas se hacía notar y fue ahí donde Jisung tomó en cuenta que estaba sentado sobre Minho. — ¿Jisung? — lo llamó, de nuevo.


— Acepto. — dijo antes de pensárselo siquiera. No sabe si es la necesidad de aprender a lo que le impulsó a aceptar la peligrosa propuesta.


— ¿Seguro? — Tragó saliva.


— Muy seguro, confio en ti. — confesó. Minho le sonrío contra su propia voluntad. Jisung posó sus palmas sobre sus hombros dudoso. — ¿Cuándo comenzamos? — interrogó.


— ¿Ansioso, pequeño?


— Quiero aprender cuanto antes.


Minho le acarició el costado de su rostro, un poco enojado por su ansiedad de practicar ¿Tanto amaba a BangChan? A él no le gustaba ese chico para su pequeño niño mimado, aunque Jisung ya no era tan pequeño, ya tenía veinte años. Minho lo vio crecer y lo amaba como a nadie. Que un niño terco, engreído y estúpido como Christopher Banhg le haga sentir mal, le hace hervir la sangre.


— Entonces empecemos ahora ¿Está bien? — Jisung asintió rápidamente.


— Siéntate en la cama Jisung. — Él obedeció sumisamente. — Mi primer consejo serán los besos.


— ¿Besos? — Su tono confundido hizo reír a Minho. Asintió.


— Los besos son importantes, todo empieza con ellos... son el impulso a querer más. — explicó. — Bien encenderé las luces ¿De acuerdo bebé? — Jisung negó.


— No, prefiero hacerlo de este modo.


— ¿Por qué? — Minho quería verlo, no quería enseñarle a tientas. Le gustaba este experimento y necesita urgentemente mirar al chico.


— Me gusta así. Es más... intimo.


Minho suspiró.


— Vale, continuemos. — se subió a la cama quedando frente al expresivo rostro, él se entumeció a la cercanía. — Con los besos puedes controlar a la persona que quieras, claro está, si besas bien. — Jisung se preguntó cómo besaba él, ¿Bien o mal? No lo sabía, quizás también besaba mal. Torció los labios escuchando atentamente al amigo de su padre. — Para excitar a una persona, bésalo con suavidad, degusta su sabor ¿Me comprendes?


— Sí, Minho. — respondió centrado en la baja aterciopelada voz.


— Acércate lentamente. — Minho siguió sus propias palabras acercándose a Jisung. — Empieza como te dije, ¿Puedo? — preguntó tomándole de cada lado de su rostro. Jisung inhaló con nerviosismo.


— Si. — susurró.


Minho pegó sus labios a los de Jisung, sintió la suavidad Minho, sus labios eran suaves y su aliento olía a menta. Logró sentir la lengua de Minho acariciar sus labios y cuando los abrió, los de Minho le capturaron, envolviendo cada labio lentamente. Su mente se cerró y se concentró en el hombre que estaba robándole suspiros, su respiración se volvió un poco dificultosa pero era verdad, Minho besaba malditamente bien. Las manos de Jisung se apretaron contra las manos más grandes de Minho, él sonrió en medio del beso.


— Ahora iré más lejos, Jisung, meteré mi lengua y deberás jugar con ella. — decía sobre sus húmedos labios. Jisung se sentía totalmente hipnotizado por la espesa voz de Minho, asintiendo aún dentro de las manos que envolvían su rostro, el hombre atacó sus labios.


Minho deslizó su lengua encontrando a la timida de Jisung. Sentir a un inexperimentado era tan excitante para él, lo sabe por la forma en la que su pene se llena por el calor del momento.


Jisung apretó los ojos jadeando, se sentía deliciosamente bien. Minho sólo tocó su lengua, era su turno, poniéndose tenso lamió la lengua de Minho. Él abrió los ojos un poco sorprendido, Jisung lo tomó como un impulso para seguir adelante.


Abriendo aún más su boca, buscó la lengua de Minho, los engranajes en su cabeza rotaban, mecanizaban su mente, debía excitar a Minho.


Esa era su meta.


Dios, está besando al mejor amigo de su padre. Diez años mayor que él, al más codiciado de Corea, esa era mucha carga para sus pequeños hombros. Si su papá los viera, mataría lentamente a Minho y luego seguiría él.


— Lo estás haciendo tan bien, pequeño. — animó Minho al verlo paralizado. Los dedos de Minho abrazaban su cuerpo, las yemas se paseaban por su espalda, podía sentir como calentaban su piel. Jadeó dentro de la caliente boca. Jisung entreabrió lo ojos observando las facciones del hombre su lengua se enrolló con la de Minho. Su pecho iba pegándose al contrario. Sus lenguas jugaban una con la otra. El calor los envolvía cada vez más, la temperatura de la habitación ascendió dejándolos sofocados y jadeantes. En el momento en que se separó de Jisung, sólo podía sentirse necesitado de más y un pequeño y transparente hilo de saliva los mantenía unidos.


A Minho le gustaba Jisung.


Y mucho.


— ¿Cómo estuve?


Excitante, pensó Minho siendo consciente de su erección presionando contra sus pantalones.


— Genial. — jadeó, tomando aire. — Seguiremos mañana Jisung. — prácticamente Minho había saltado de su lugar. Sus piernas estaban hormigueando, tenía una ganas tremendas de tirarse al chico, pero no podía, no aún al menos. — Nos vemos mañana. Estuviste excelente, pequeño. — dijo antes de cerrar la puerta.


Jisung se estiró en la cama, con los dedos tocando sus labios, sonrió.


Le gustaba como besaba Minho.


¿En qué jodida mierda se metió? Dios, es el mejor amigo de su padre y lo había besado. Y lo peor... no se arrepentía de haberlo hecho.