0-Mi casa sin amor
La adolescencia es un momento donde nuestra inocencia se va a evaporando lentamente, donde nos creemos más de lo que somos cuando en realidad solo somos unos estúpidos idealizando la vida adulta, discutiendo sin bases, peleando por causas que irán perdiendo sentido al paso de los años. Sin embargo, lo que siempre me irrito de esta etapa fue el uso de las palabras de manera ligera. Esa fascinación por proclamar sentimientos vacíos diciendo que eran verdaderos y durarían hasta el ultimo suspiro.
Durante mi adolescencia escuche mil veces las voces de mujeres diciéndome “te amo”. Y me preguntaba ¿Qué amaban? ¿mi cara? ¿mi dinero? ¿mi música? ¿la manera en la que me burlaba de ellas? ¿la manera en propagaba las cosas que le gustaba que les hiciera? ¿lo bueno que era para hacerlas abrir las piernas? Era inentendible como el simple hecho de verme fumar en una esquina hacía que vinieran como avalancha hacia mí. Sin embargo, no me iba a quejar de eso ya que lo use para satisfacer mis placeres. Pero aun así ¿Por qué mejor no se guardaban sus “sentimientos” para si mismas? Creo que decirle a alguien que lo amabas era más para hacerlo culpable de las acciones que pudieras cometer debido a ese amor. La gente debería tener mucho más cuidado a la hora de hablar.
Admito que mi irritación hacia esas declaraciones se debía a que, durante mi infancia, fui engañado por la mujer que yo más amaba. Desde ese momento entendí que los “te amo” de las mujeres valen tanto como una moneda de un centavo.
Desgraciadamente conocí a otra mujer que también iba por la vida proclamando su amor por mí, en este caso a pesar de que me fastidiaba, le permitía decírmelo. La verdad no sabía bien porque le daba esa libertad hasta que un día cuando dejo de decírmelo, lo entendí. Necesitaba sus “te amo” para que nunca se diera cuenta que en realidad sus sentimientos no eran de verdad. La verdad era que yo la amaba a ella, pero al igual que antes ella no amaba a mí.
Ambas se parecían tanto que, a pesar de no amarme realmente, las obligue a quedarse a mi lado. Capaz en mi ingenuidad esperaba que ellas algún día me amaran genuinamente. Aunque, para ser sincero ya no sé ni que quería. Solo sabía que no podía vivir sin ellas.
A pesar de la trágica historia de esa palabra para mí, no podía negar que yo si la utilizaba para la única persona que sabía que correspondía a mi amor, quien en su dulce inocencia me veía como su héroe. Capaz él también amaba la ilusión que implante en su pequeña cabecita, pero no me importaba ya que yo necesitaba amar a alguien y demostrárselo. Necesitaba que en esa casa que había construido con mis limitaciones, miedos, frustraciones y recuerdos, hubiese alguien a quien amar.
Pero ahora esa casa se quedó sin amor. Él ya no veía como su héroe, todo lo que construí en su corazón se había roto, todo lo que yo soñé que sería eterno ya no estaba. La verdad no me importaba que me odiara todo el mundo mientras mi recuerdo siguiera siendo preciado para él. Ahora entiendo que mi existencia solo fue un error porque lo único que quería hacer bien, lo termine haciendo mal.








