B I E N V E N I D O
Narrador.
- El circo siempre fue un espectáculo, sí, obviamente, pero hoy en día no es lo mismo, y más bien lo ven como una excusa para salir de casa, para matar el aburrimiento, para gastar dinero... Yo no creo, ni quiero que así sea. En mis recuerdos vagantes, a veces muy presentes, existen aún aquellos circos tan extravagantes, grandes acróbatas y trapecistas arriesgando su vida en una caída, payasos que podían asustar o divertir, aquellas vestimentas tan extrañas, coloridas, desteñidas, tirantes, brillantes, ¡animales!, ¡magia!, ilusión, personas que al ser extrañas eran más admirables o impresionantes, equilibristas sobre la cuerda, mira que ir a un circo era una obligación, no llegar a tiempo era perderse una increíble función, los niños reían, disfrutaban, veían lo imposible, los mayores no tenían palabras, ya no existían pues aquellas personas mantenían sus mentes fuera de sí, un sueño era poco decir para todo lo que pasaba frente a sus ojos. Yo sé cómo es un verdadero circo, el que con pocos instrumentos, aquella música de sonido aberrante creando un ambiente musical perfecto, olor a palomitas de maíz, algodón de azúcar, el delicioso aroma cálido que nos ofrecían, y el que sólo con tres colores de luz, hacía la maravilla-
- ¡Vegeta!-
Aquél grito fuerte de un hombre acompañado de golpes en la puerta de su caravana logró hacer sobresaltar al joven chico que dormía plácidamente en su cama aquella mañana de verano.
-¿Jefe?, son las 5 de la mañana.-
Vegeta avisó viendo a su lado un pequeño reloj de bolsillo que tenía colgado en la pared, el sudor en su frente hacía notar el calor que había pese a ser tan temprano, y aun así, él dormía con camisa musculosa y pantalones.
El contrarío abrió la puerta asomando su cabeza para luego continuar.
-Mira, a el sol no le parece que así sea, arriba.-
El demandante hombre se retiró cerrando aquella puerta con una fuerza innecesaria, logrando sobresaltar al joven una vez más.
Resignado se sentó al borde de la cama, entreabrió sus ojos pareciendo buscar algún consuelo en el desgastado suelo. Se calzó con un par de borcegos viejos, y salió a ver qué sucedía con aquella insistencia y tempraneo del dueño del circo.
Tal como lo pensó, durante la noche se habían encargado de levantar la gigante carpa, aquella de colores rojizos y amarillos, fuertes sogas estacadas en la tierra mantenían tirante la lona, focos por todos lados amenazaban con decorar la noche y llenarla de destellos, aquellas otras carpas y juegos preparados con el espectáculo para a quién más le guste. Pero a Vegeta le interesaba algo más, se adentró en la carpa madre, vio como cuatro altos caños hacían que el circo cobrara su forma, un gran escenario de algarrobo, grandes telones atrás del mismo ocultando quién habría de presentar, sogas allí, sogas allá, fijó su vista al centro de la carpa, lo rodeaba un borde que separa las tribunas de espectadores a los increíbles artistas, levantó su vista sobre aquél círculo de lona color blanco y rojo, vio el centro sostenido en cuatro vértices de hierro, allí se encontraba su espectáculo, en él se ubicaba aquella polea abrazada de una fuerte soga que lo harían subir, bajar, rodar, volar alrededor de aquél lugar, eso sin dudas le sacaba el aire, y le arrancaba el corazón... tan sólo de pura emoción.
-¿Hola?-
Vegeta dio un sobresalto y giró hacía quién le habló, era un chico que jamás había visto allí, era considerablemente más alto, vestía una musculosa al igual que él, pantalones con tirantes, y simplemente lucía unos botines maltratados.
-Ey.-
El joven alto llamó al ver lo distraído que estaba.
-Ah, ¿qué?-
Preguntó sin más para luego esquivar al contrario y así dirigirse hacia el escenario, realmente no puso mucho interés en alguien merodeando a tales horas buscando no saber a quién o qué cosa.
-Disculpa si te asusté pequeño.-
Vegeta paró en seco por la forma en que lo llamó aquel hombre y cambió su expresión al instante, ¿lo está confundiendo con un niño?
-Mira no me vuelvas a llamar pequeño, animal, soy más adulto y respetuoso que tú.-
Terminó la frase mientras subía al escenario, saliendo por la parte trasera para evitar verlo una vez más, si no se trata del jefe, nadie lo rebajaría de tal manera.
El joven se sonrió a sí mismo por la actitud del pelinegro, pensó que se trataba de una persona algo bipolar, a decir verdad, obviamente no se haría ofender, mucho menos si se trataba de un futuro compañero de trabajo.
-Goku, al fin llegaste.-
Se escuchó al hombre mayor entrar con los brazos abiertos, una sonrisa que demostraba lo contento que estaba con aquél joven.
-Pero claro, mi promesa es llegar a la hora ¿cómo se encuentra usted señor?-
Continúo la charla mientras giraba en dirección a la entrada principal.
-Señor García por favor, y bastante bien al saber que te tenemos, supongo yo.-
Goku neutralizó su expresión al no entender muy bien qué es lo que quería decir.
-¿Cómo que supone?-
Algo provocó que el joven se sobara la cabeza en su natural acto ante la confusión.
-Bien escucha, necesito que me hagas una demostración hoy mismo, de todas las maromas que tú me ofreces, mira que nunca hemos tenido algún malabarista de fuego, no ¿y sabes qué? ya mismo puedes quedarte, no tengo nada que perder.-
El hombre soltó aquellas palabras de forma muy espontánea y algo erráticas, pero el joven abrió sus ojos con impresión al ver lo interesado que estaba el mayor, pensó unos segundos, no fueron muchos ya que, la oportunidad se le dio en mano al cumplir los veintiuno, estaba justo frente suyo, obviamente no hacía falta pensarlo tantísimas veces.
-Está bien, gracias...-
El silencio de unos segundos se le hizo notorio al chico.
-Señor García.-
Concluyó para dar ese empujón.
-Me parece perfecto.-
El mayor extendió su mano derecha frente suyo.
-Bueno esto debería de quedar aquí, sólo es tu decisión finalmente aceptar o no estar aquí, a partir de mañana lo que pase luego será problema tuyo, tengo mucho trabajo y debes ser responsable de ti mismo, yo no he sido ni seré el niñero de nadie aquí.-
Dijo bajando el tono de voz al que se le oía hablar, cosa extraña para el contrario.
-¿Cómo qué es problema mío?-
La pregunta del joven fue acompañada con un encogimiento de hombros de un segundo y sus brazos aún cruzados.
-Fuera del trabajo, ¿está bien?-
Goku observó la mano del contrario un segundo más, su mirada a la nada aún demostraba lo confuso que fue el hombre con sus palabras, pero igual tomó el trato estrechando con su mano izquierda. Y así su ahora jefe sonrió para sí mismo con satisfacción.
-Ahora lo tienes Goku, y no juegues con fuego.-
Luego de eso, el hombre se retiró en pequeñas risas, mientras que el de cabello alborotado pensó en su comentario, ya que no sabía si tomarlo con gracia, o como una amenaza.
-Muy bien... parece que los circenses tienen muy poca cordura, espero no perderla también.-
Hablarse a sí mismo o pensar en voz alta era algo calmante y típico en él, pensó en sus compañeros, tendrían que quererlo tal y como es, con defectos y perfectos, esta noche trataría de demostrarle al dueño de este gran circo sus dotes, eso le emocionaba como nunca, apenas se dio la noticia de que el circo perdió unos de sus artistas aprovechó, y le salió a la perfección, se haría lucir hoy sin dudas, nunca se había sentido tan entusiasmado, ya quería terminar esa etapa y viajar hacía el mundo junto a la gran carpa de lona a disfrutar de la vida que lleva un artista de circo.