Tragedia
Una maƱana cualquiera, Bruno se encuentra en la cocina en busca de un poco de cafƩ antes de que los demƔs se despierten. Con Dolores uniƩndose a los minutos siguientes, ambos conversan mientras preparan y sirven el cafƩ.
Recostandose de la encimera, comparte algunas otras palabras hasta que Dolores abruptamente deja de hablar. Parece que ha escuchado algo que la ha sorprendido, prestando suficiente atención.
Bruno no dice nada, esperando a que su sobrina terminara de escuchar lo que habĆa oĆdo. Y tomando de la taza con cafĆ©, se asusta cuando ella grita desesperada, escupiendo todo el lĆquido para luego ahogarse ligeramente. Sin embargo, mientras tose y tose, preocupado le pregunta a Dolores quĆ© a ocurrido. La chica tiene gruesas lĆ”grimas corriendo por sus mejillas y una mirada aterrada.
āDolores. āBruno la toma de los hombros para que gire a verle. āDolores ĀæQuĆ© pasa?
Y antes de que ella responda, Pepa y los demƔs aparecen en la cocina, visiblemente exaltados por el grito de la morena.
āSaltó. āella murmura aĆŗn sostenida por su tĆo. Pepa y FĆ©lix se acercan preocupados, preguntandole de quĆ© hablaba. āElla... El bebĆ©... Ella...
En shock, Pepa toma a su hija y la abraza en un intento de calmarla. Unos minutos después, Dolores reacciona queriendo salir corriendo a algún lugar, pero es detenida por su madre, todos pidiendo explicaciones.
Entonces Dolores se muerde el labio y se calma, explicando lo que sucedĆa.
[...]
Dolores, Bruno, FƩlix, Julieta y la abuela Alma llegan a la casa en donde acaba de ocurrir una gran tragedia.
Mariana DĆaz, asĆ se llamaba la mujer que ese dĆa colgaba de la baranda del segundo piso de su casa.
Dolores les habĆa guiado hasta la casa, pero se negó a entrar, a lo que FĆ©lix la acompañó de regreso a casa. El llanto de un bebĆ© se escuchaba desde afuera, y fue la decisión correcta que Dolores regresara a casa, porque la escena que recibió a Bruno, Julieta y Alma, era espantosa.
Julieta se abraza a su madre, quien tropieza cuando ve a la mujer colgando con una sƔbana al rededor de su cuello.
Mariana era conocida por ser bastante alegre, era un rayo de sol a donde fuera. Se supone por los chismes del pueblo, que eso cambió cuando se casó y posteriormente tuvo un bebĆ©. Al parecer el hombre no era lo que aparentaba, y cuando ella quedó embarazada Ć©l comenzó a engaƱarla. Encanto podĆa ser un hermoso paraĆso liderado por la familia mĆ”s maravillosa, pero eso no significaba que todas las personas allĆ fueran asĆ.
La mujer habĆa entrado en una enorme depresión cuando su esposo se fue de Encanto, abandonandola, con ella fielmente esperando que regresara. Muchas personas que conocĆan su condición habĆan intentado ayudarla, pero se habĆa negado con terquedad hasta llegar al presente.
El estridente llanto del bebé despertó a los tres Madrigal, con Julieta dejando a su madre con Bruno para correr al segundo piso.
āIrĆ© ha avisar al consejo. āAlma Madrigal anuncia separĆ”ndose de su hijo para caminar hacia la puerta, dando una Ćŗltima mirada a la mujer. āVe con tu hermana, esperen a que regrese.
Sin mÔs, Bruno debe recordar cómo mover sus piernas para caminar hacia la escalera. Sube su capucha para dificultar su visión a los lados, mirando al piso para no tener que seguir notando el cuerpo.
El llanto lo guĆa hasta la habitación donde Julieta estĆ” con el bebĆ©, quien no parece fĆ”cil de calmar. Asomando la cabeza dentro de la habitación hecha un desastre, Bruno se encuentra con su hermana cargando al bebĆ©, meciendolo mientras le susurra palabras suaves. Sin embargo, eso no funciona.
āNada le calma. āJulieta murmura preocupada y algo alterada por todo lo que estaba pasando. Bruno lo nota, es su don como hermano. Julieta es conocida por ser la mĆ”s calmada, pero todo lo oculta debajo de una sonrisa y mirada cansada. La verdad es que, como todos, a veces se alteraba demasiado.
āĀæQui-quieres que lo intente? āBruno se acerca a un lado de su hermana, regalĆ”ndole una sonrisa algo preocupada.
āEsta bien. āJulieta acepta. ValĆa intentar. AdemĆ”s, Bruno era conocido por ser bastante bueno con los niƱos.
A simple vista, Bruno daba una imagen algo sombrĆa con todo y su capucha. Quienes le veĆan pensarĆan que asustarĆa a los niƱos, pero la verdad es que...
Tomando al bebƩ en sus brazos, cuando los ojos azules se enfocan en la cara del adulto, inmediatamente deja de llorar.
āĀ”Ha dejado de llorar! āBruno celebra volteando a ver a Julieta, quien seca varias lĆ”grimas por la conmoción de todo lo que estaba pasando.
āEso es maravilloso. āella sonrĆe acercĆ”ndose nuevamente. āAl parecer le gustas a este pequeƱo de aquĆ. āmenciona sobre el hombro de su hermano, mirando al pequeƱo bebĆ© de casi un aƱo. Ahora que habĆa dejado de llorar con tanto desespero, Julieta podĆa notar los hermosos ojos azules. āEs bastante lindo ĀæNo crees?
Bruno asiente haciendo un sonido con su garganta como afirmación, completamente atrapado por la mirada que no se despega de él.
āĀ”Bruno, Julieta! āsu madre llama desde el primer piso, haciendo que ambos dejaran de ver al niƱo para ver hacia la puerta y luego entre ellos mismos.
Saliendo de la habitación, Bruno carga al bebé contra su pecho para que no vea a su madre cuando bajen y salgan de la casa. Afuera, Alma los recibe con algunas personas del pueblo dispuestas a ayudar.
Mariana no tenĆa familia allĆ, ella habĆa llegado de afuera al igual que su esposo, quienes se encontraron, se casaron y tuvieron un bebĆ©. Sin embargo, habĆa sucedido aquella tragedia por los sentimientos egoĆstas del hombre en la relación, quien se habĆa marchado.
Alma lidera todo con los del consejo mientras dos hombres entran a la casa para bajar el cuerpo de la pobre mujer, pensando en un merecido funeral en el que asistirƔ los amigos mƔs cercanos de Mariana. Luego se acerca a sus hijos.
āDejaremos al bebĆ© con la seƱora GonzĆ”lez y su hija. āles indica seƱalando a la mujer a la distancia, esperando por la entrega del bebĆ©. āSe ofrecieron a cuidarlo como suyo, estarĆ” en buenas manos. āAlma Madrigal asegura acercĆ”ndose para tomar al bebĆ©, pero cuando estĆ© siente que lo separan del hombre de capucha, comienza nuevamente a llorar como si lo estuvieran lastimado. Eso sorprende a todos, quienes se congelan por un segundo ante tal estridente llanto.
Alma intenta calmarlo, pero es completamente inútil. Igual ocurre con la señora GonzÔles, con quien el bebé da patadas y manotazos para que le suelte. Entonces Bruno se asusta de que se pueda caer de las manos de la señora, asà que se apresura a tomarlo nuevamente en sus manos.
El bebƩ se calma cuando reconoce las manos que lo sostienen, abriendo los ojos para enfocar su mirada en los ojos de color chocolate del adulto.
Alma ve la conexión instantĆ”nea que hay entre el bebĆ© y su hijo, asĆ que disculpĆ”ndose con la seƱora que tan amablemente se habĆa ofrecido a ayudar, se dirige a su hijo.
āSupongo que tendremos que nosotros hacernos cargo. ādecide con una sonrisa en su rostro, ganĆ”ndose miradas sorprendidas de sus hijos. āVayan a casa, yo aĆŗn tengo cosas por hacer.
āMamĆ”... āpero Alma Madrigal se aleja para hablar con las personas que habĆan ido a ayudar, dejando a sus hijos algo confundidos.
Ahora tenĆan en sus manos a un nuevo integrante a la familia Madrigal.