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Favor leer las notas de capítulo al final.

Quizás fue mera casualidad, mera cosa del destino. Esa fuerza que hace que lo inimaginable pase y que nos haga creyentes de que la suerte decide nuestro rumbo.
Pero es más que seguro que aquella noche los dos, Jaekyung y Dan debían encontrarse.
Jaekyung salía del depósito con una mejilla hinchada, mascando un chicle y un bolso colgando en el hombro derecho. El hombre no tenía más de veinticuatro años y ya se había hecho toda una imagen y vida para el público que apostaba a su nombre en las peleas clandestinas de los barrios en el bajo mundo de la ciudad. Aquel callejón siempre estaba húmedo debido al problema del desagüe, además de que temprano se había desprendido el cielo en una tempestad que parecía no acabar. Las luces de neón resplandecían sobre su cabello húmedo en grasa, así como encima de su ropa deportiva se veía colorada.
Una pequeña civilización de insectos pasó junto a su tenis, haciendo que flexionara la pierna para dejarlas pasar. Las miraba interesado como se pasaban del cubo de basura detrás de él a otro más adelante. Suspiró y siguió con su camino.
El final era la calle, llena de puestos de comida cerrados por la hora, claro, eran más allá de las doce. Se dio cuenta en cuanto miró la pantalla rota de su teléfono. Suspiró y siguió por la derecha. Su departamento no estaba muy lejos, solo debía pasar por un par de bares y llegaría a descansar.
Escuchó un murmullo proveniente de un callejón oscuro, no pudo evitar mirar a la parejita que se estaba echando a un lado de un contenedor. Era algo normal que cosas así ocurrieran. Muchos omegas se vendían a los alfas ebrios para conseguir algo para la renta o para comer. Pero en esta ocasión podía percibir un aroma fuera de lo habitual saliendo del par.
¿Debía intervenir? Se debatió un par de segundos mientras seguía su camino. Ese aroma era desagradable y eso era un mal indicativo.
Suspiró para dejar su bolso en el suelo y acercarse a la pareja.
—Disculpen, ¿hay algún problema aquí?— arqueó una ceja curioso mientras hacía que lo miraran levantando la cabeza.
Uno de ellos se asustó de ver aquella figura fornida y alta.
—¡Quítamelo de encima!— rogaba.
Jaekyung tomó al más bajo por el cuello de su camiseta y se llevó la grata sorpresa de que era un omega despidiendo feromonas, sentía su mirada seductora tratando de hacerlo caer a sus encantos, pero él decidió aguantarse la respiración mientras lo alejaba.
—Ya vete— le indicó al pobre hombre que salió despavorido.
—Oye, ya bájame— escuchó hablar al peso pluma colgando de su mano.
Pudo notar que era un joven de cabello café claro, paliducho y claramente en celo.
—Piérdete— lo dejó caer para irse por sus cosas.
—¡Oye!— lo empezó a seguir. —¡No puedes irte y dejarme así!
Jaekyung prefirió ignorarlo. No tenía el humor para enfrentarse a aquel joven y al mismo tiempo trataba de controlar su instinto. Las feromonas del otro se sobre ponían en él y eran tan abrasadoras que la incitaban a llevárselo de vuelta al callejón.
Pero prefirió seguir con su sentido común intacto, no valía la pena enredarse con un muchacho de la mala vida por un simple aroma.
De pronto se dió cuenta de que ya no lo estaba siguiendo, se quedó callado. Giró su cabeza y pudo divisar por el rabo de su ojo como el chico estaba en medio de un trío de hombres. Terminó de voltearse para notar que tenía una sonrisa enorme, así como los otros le tocaban la cara, el torso y bajaban a su pantalón. Se sintió asqueado con la escena, así que dió la espalda una vez más.
Escuchó un par de balbuceos igual de incómodos y de pronto un grito de auxilio. Levantó la cabeza y suspiró.
—Dime que no es una mala idea— pidió mirando al cielo.
El joven castaño había sido acorralado en un callejón por el trío extraño. Se estaba poniendo inquieto una vez le empezaban a tocar más allá de su ropa. Recobró la cordura una vez le sujetaron las manos y lo pusieron de cara a la pared con el pantalón abajo.
—¡Basta, basta!— pidió jadeando.
Seguía acalorado y despidiendo feromonas atrayentes.
—No puedes cambiar de opinión, tu aroma nos pide a gritos que te hagamos un omega por completo— decía aquel que tuvo el honor de ser el primero mientras abría su bragueta. —. Hazme el favor y relájate, que no quiero pasarla mal, bombón.
—No— se sacudió hasta que le echaron la cabeza contra el ladrillo húmedo y sucio. —. ¡No, no, basta! ¡Así no quiero!
—¡Descerebrados!— una voz imponente se escuchó en la salida del callejón. Era ese alfa fornido el que aparecía ante sus ojos. —Les dijo que no. Ya déjenlo.
—¡Ayuda!— pidió el chico, antes de recibir otro golpe en la cabeza.
—¿Tú y cuántos más nos van a detener, loco?— lo retó.
—Este par hablará por mí— respondió Jaekyung enseñando los puños. —. Por última vez, déjenlo ir.
—No te tenemos miedo.
El muchacho se acercó sin bajar la guardia. Bajo la luz se apareció bien su presencia: el cabello negro largo y desastrozo, con cicatrices que adornaban su párpado y mejilla izquierdos.
Se rieron ante su presencia.
—Ya vete, muñeco.
—Se los advertí— dijo para lanzar el primer golpe.
El omega cayó al piso asustado, se tapó los oídos y cerró los ojos. Sintió el pequeño alboroto antes de que alguien le sorprendiera tocándole la espalda.
—¡Ya déjenme!— lloraba asustado.
Jaekyung suspiró.
—Deberías tener más cuidado de lo que haces y siempre tener supresores a la mano por si tu celo ataca estando en la calle— dijo tratando de controlar su respiración. Tragó antes de seguir hablando. —. ¿Por qué lloriqueas tanto?— se sorprendió de verlo tan alterado y mal.
—¿Cómo no me pongo así? Si casi me violan— se echó a llorar en el hombro del alfa.
—Fue tu culpa por no tener cuidado.
¿Cuidado? Claro.
—... Me pusieron algo en la bebida del bar donde estaba... Debió ser un inductor…— balbuceó.
—Creo que no deberías estar por estos lares, se ve que eres refinado, no debes de vivir por aquí— decía mirándolo.
El muchacho se alejó de él al darse cuenta de lo que hacía. Aún seguía con el pantalón abajo.
—Dame un momento— pidió para ponerse de pie y subirse la ropa.
Jaekyung también se levantó cansado. Miraba a los demás desmayados en el piso, para pasarles de largo.
El omega no quería quedarse solo, por lo que lo siguió.
—¿Cómo te llamas?— el chico iba a la par de su paso.
—Jaekyung— respondió de golpe. —. ¿Tú quién eres?
—¿En serio no sabes quién soy?— lo cuestionó señalándose a la cara. Jaekyung negó con la cabeza. —No te creo.
—No lo hagas— le pasó de largo.
El joven se quejaba.
—Me estás jugando una broma.
—No te escucho.
El joven avanzó en su dirección.
—Oye, necesito ayuda, me desvié sin querer y no sé volver a mi casa.
—Usa tu teléfono y cuídate de los alfas que aún hueles a qué estás en celo.
—¿Por qué en ti no hace efecto?— se cruzó de brazos sin dejar de seguirlo.
—Tengo autocontrol— respondió para detenerse. —. ¿No me vas a dejar en paz, verdad?
—No, estoy perdido y tú me tienes que ayudar.
—¿Me ves cara de la ONU? Resuelve tus problemas, niño— puso los ojos en blanco.
—Hey.
Jaekyung bajó la cabeza para darse la vuelta antes de que una persona de traje negro se acercara a Dan. Este trató de advertirlo antes de que el chico se diera cuenta, más sin embargo Dan se acercó a esa persona para conversar, por lo que entendió que se conocían.
El alfa solo los vio un poco más antes de irse por su camino
Pasaron los días antes de que le llegara una invitación formal de una de las familias más importantes del país. Se atragantó con la comida antes de seguir leyendo la carta en su mano. Esa misma tarde tenía que ir y era de carácter obligatorio. Alguien pasaría por él para llevarlo y luego regresarlo.
Se fue al closet a buscar sus mejores pintas, se peinó bien y esperó a que llegaran por él. Pensando que podía ser el motivo de la invitación, quizás era que en el peor caso lo sancionarían por su participación en las luchas clandestinas. Estaba muy repensando eso último, por lo que negó para sacarlo de su cabeza.
Desde la puerta de entrada, podía admirar la vista de aquella casa, una obra maestra de la arquitectura moderna.
Era una estructura de cristal y metal, con formas geométricas y curvas que se integraban con el paisaje natural. Tenía seis habitaciones, cada una con su propio baño y vestidor, una sala de estar con chimenea y pantalla gigante, una cocina equipada con electrodomésticos inteligentes, un comedor con una mesa de cristal y sillas de diseño, una biblioteca con una colección de libros antiguos y modernos, un estudio con un ordenador de última generación, un gimnasio con máquinas de ejercicio y distintas pesas, una piscina climatizada con jacuzzi y cascada, un jardín con plantas exóticas y un huerto, además de un garaje con un coche eléctrico.
Fue llevado a una habitación tipo despacho, dónde lo esperaba una mujer mayor usando un vestido beige ceñido al cuerpo, cubriendo sus hombros y abriéndose en V sobre su pecho, bajaba ajustado a su figura hasta cerrarse en sus rodillas. La mujer era de una edad muy avanzada, su cabello se veía canoso y su piel arrugada y pálida, pero aún podía verse sana. Era obvio que esa era la dueña de la casa.
Jaekyung le extendió la mano y esta la estrechó con agrado.
—Bienvenido a nuestro humilde hogar, jovencito— su voz de omega era clara y atrayente. Casi lo obligaba a ponerle atención. —. Sé que debes estar confundido y no sabes por qué estás aquí, ya que es un tema confidencial. Hubiera sido horrible que se supiera que nuestro pequeño Dan anduvo haciendo ciertos actos en la ciudad.
Jaekyung estaba curioso.
—¿De quién me habla?— se cuestionó.
—De mi nieto— respondió sonriente. —. Verás, nuestro jefe de seguridad nos dijo que hace unos cuantos días tú lo salvaste de sufrir un terrible altercado con un grupo de hombres degenerados.
Jaekyung abrió los ojos sorprendido.
—Disculpe, señora, pero aún no entiendo de qué me habla.
—Te está hablando del día del callejón, Jaekyung— se escuchó desde la entrada grande.
El alfa se dió la vuelta para ver al mismo castaño, solo que estaba muy sonrojado y apenado.
—¿Dónde están tus modales Dan?— la mujer miraba curiosa a su nieto. Este bajó la cabeza para suspirar. —Me dijeron que te llamabas Joo Jaekyung, ¿eso es correcto?
—Sí, es correcto— respondió serio.
El muchacho se paró al lado del alfa quién lo miraba por encima de su hombro, era muy bajito y enclenque a comparación suya.
—Abuela, ya le he dicho que no necesito un guardaespaldas— se quejó juntando las manos delante de sus piernas. —. Ese día fue por qué me pusieron algo en la bebida, pero-
—Nada, si esta joven no hubiese aparecido, esos hombres te hubiesen hecho daño Dan— Jaekyung terminó de atar los hilos. Recordó la noche en que lo conoció. —. Namwook nos contó lo mismo que tú y fue un milagro que él lo viera a la cara antes de irse.
—Sí, esas cicatrices son inconfundibles— decía otro hombre de traje entrando por la misma puerta.
Al pararse junto a la señora notó que tenía aspecto fuerte pero algo relleno, usaba gafas y llevaba su cabello muy corto. Tenía una sonrisa además.
—Gracias, Namwook— la mujer sonrió. —. Jaekyung, basta de rodeos— se puso seria. —. Queremos contratarte como el guardaespaldas oficial de Dan.
—¿Qué?— Dan se sorprendió.
Jaekyung lo miró por el rabo del ojo.
—Ya está decidido, lo mismo harían tus padres Dan— insistió la omega. —. Luego del susto que nos diste esa noche y lo que casi te pasa, es necesario que alguien te cuide y por suerte, este muchacho ya lo ha demostrado— decía contenta.
Jaekyung se sonrojó.
—Ah, ya veo— Dan se rascó la nuca. —. M-me tengo que ir, permiso— se fue tan rápido como pudo.
La abuela suspiró.
—Bueno, necesita tiempo para pensar— se acercó hacia Jaekyung para tomarle las manos entre las suyas. —¿Aceptas la propuesta?
Jaekyung tragó profundo.
—No lo sé… ¿Está segura de que quiere contratarme sin hacerme ningún tipo de prueba antes?
—Tranquilo, eso te lo haremos dependiendo de tu respuesta— respondió Namwook con los brazos cruzados.
Jaekyung asintió.
—Si aceptas, ten en cuenta que deberás mudarte acá— empezó la mujer. —, y cumplir con otras cosas más, ¿te gustaría saber que serán para ayudarte a pensarlo bien?
—Sí, por favor— Jaekyung la miraba.
Se le explicó que al aceptar podría usar todas las instalaciones de la casa para así poder estar más al tanto del joven. También debería acompañarlo a sus clases en la universidad privada más prestigiosa del país, no era necesario estar a su lado, solo debía asegurarse que entrara a clases y de que estuviera seguro dentro del campus, lo acompañaría en sus comidas del almuerzo y merienda. Debería acompañarlo a dónde fuera a salir, sería casi como su sombra durante el día.
Jaekyung a cambio tendría una buena remuneración económica, además de tener seguro social, médico y prestaciones, tendría sus tres comidas, servicio de lavandería y limpieza. Tendría un día libre a la semana y sus días de celo serían considerados como días libres por justificación médica. Por último, tendría que cortarse el cabello y limitarse a usar ropa monocromática para pasar desapercibido.
El joven se lo pensó. Quizás así podría salirse de las luchas que tanto lo desgastaban round tras round.
No vaciló mucho.
—Acepto el trabajo, señora.