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Summary

⚠️ Lenguaje explícito. Relatos ficticios⚠️ Puedes empezar a leer 🌜 iniciada: 26/12/23 terminada: ???

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Vol 1 - cabaña

Podré haber esperado todo de mi, pero...¿Perder mi "virginidad" con un hombre mayor que yo? Jamás. ¿Me arrepiento? Por supuesto que no, lo disfruté como nunca y más al ser mi primera vez.

Soy Jane, tengo 20 años y ahora contaré el siguiente relato.


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No sé bien cuando comenzó todo, pero inicio de esta manera...

Trabajaba en una cafetería conocida de la ciudad. Similar a Starbucks, pero no me centraré en esos detalles. De todos los clientes que ví había uno que me llamaba la atención, pues era altísimo, su cabello dorado me volvía loca y sus ojos verdes... ¡maldición! Sus ojos eran tan masculinos y sensuales. Él venía a menudo y cada día que pasaba por nuestra cafetería a pedir algo siempre llevaba un traje distinto, uno gris, uno negro, uno beige, uno marrón oscuro y mi atuendo favorito, un traje azul oscuro, que siempre la traía con corbata roja. Lo hacía ver tan elegante y tan perfecto a la vez, era tan jodidamente atractivo. Cada vez que venía bajaba la mirada enseguida. No podía mantener la mirada al frente teniendo tremendo hombre al frente de mí. Además, él aparentaba tener unos treinta, por lo que me doblaba la edad maso menos.


Pero había un asunto que me rondaba la cabeza, siempre que venía a la caja a pedir el mismo café negro, no podría evitar preguntarme; ¿Estará casado? ¿O tendrá novia? Siempre me preguntaba como si tuviera oportunidad de estar con él. Lo mucho que pude interactuar con él a penas fueron algunas conversaciones que tuve al tomarle sus pedidos. Su nombre es Alessandro, le quedaba como anillo al dedo. No he podido hablar con él lo suficiente tiempo como para poder preguntar sobre su vida personal.


Ahora mismo lo tenía en frente y yo disimulaba, él no apartó su mirada de mí, sus ojos tenían un semblante masculino y seductor, su leve sonrisa persuraba en él;—Un café negro, por favor—dijo él con una sonrisa.


Anoté la orden—¡Anotado! ¿A nombre de..?—pregunté, aún sabiendo que su nombre es Alessandro.


—Oh, bueno, creí pensar que ya lo sabías, ya que siempre escribías mi nombre...


—Oh sisi claro! Ya lo recordé, anotado para Alessandro—anoté nuevamente—Enseguida vuelvo—dije y al marchar a la maquina de café se me escapó una sonrisa de la emoción.


Luego de terminar su pedido se lo dí y pago por el, sin antes decirme—Gracias y hasta luego, Jane—se fue saludandome con una mano.


Y así fueron los siguientes días, yo todavía no me animaba a mirar a su rostro de cerca por eso usaba una gorra para ocultar mi vista, cuando él venía siempre lo atendía yo y a veces conversaba conmigo cuándo él se sentaba en la barra. Amaba tanto sus pláticas conmigo, para mí era un avance con él aunque de seguro no lleve a nada, o eso pensé cuando una de la tantas veces que ha venido, antes de marcharse, me regaló una rosa envuelto en papel dorado. Cuando ví que me estaba ofreciendo aquella rosa no aguanté de la emoción y mis manos pararon a mi boca sorprendida, mis ojos se agrandaron y en mi interior sentí que iba a desmayarme.


—Es para tí, tus cafés son tan dulces cómo tú—sonrió y me guiñó un ojo. No podía creerlo. ¿Esto era un sueño?


—¡Wow! ¡Muchas gracias!—agarré el pequeño ramo y al levantar la mirada un poco. Noté que él se había agachado un poco para estar a mi altura. Lo tenía al frente de mí. Su mirada me tenía hipnotizada y agaché la vista de nuevo.


—No te escondas detrás de esto—me sacó la gorra color roja que llevaba y mire hacia abajo apenada.—Esconde un rasgo llamativo de ti, no lo ocultes—dejó la gorra allí en la mesada y tomó su café en manos.—Bueno, se me hace tarde, hasta luego Jane—se dió la vuelta y me sonrió.


Unos días después,  las pláticas que teníamos en mi trabajo no eran suficientes, de hecho él me invitó a salir, y no una vez, si no, varias veces. Al principio le rechazaba diciendo que x día seguía trabajando, sólo para ponerlo a prueba a ver si era ambicioso. Hasta que un día le acepte la salida y me llevó a un lugar precioso. Luego hemos salido más veces, pero en ninguna ha pasado lo más íntimo que es el sexo.


Un día nublado salí del trabajo y caminé hacia dirección a mi departamento, había comenzado a lloviznar, me apresuré para llegar lo más antes pero luego la lluvia se incrementó y terminé empapada. Iba a cruzar la calle pero un auto moderno paro justo en frente de mi y bajó la ventana.—Hola! Veo que estás empapada, ¿Quieres que te lleve a tu casa?—en cuánto lo reconocí sentí un alivio, era Alessandro. Si bien ya lo conocía lo suficiente. Por lo que amablemente le dije que si, entré al auto y le indiqué el edificio de mi apartamento. Ahora no me sentía nerviosa por su presencia, y ahora me atrevía a poder mirarle la cara, solo cuando él no se esté dando cuenta ya que cuando me devolvía la mirada automáticamente yo apartaba la mía. Me dominaba por completo.


Al llegar al edificio de mi departamento, me bajé y el bajó detrás de mi. Pero fue a preguntarme algo antes de irse;—Jane, ¿Te gustaría tener otra cita conmigo?—voltee y tenía sus dos manos detrás de él.


Yo le respondí aceptando, pero le dije que luego organizaremos mejor y no debajo de la lluvia.


—Ten, ábrelo cuando estés adentro—me dió una caja pequeña algo plana. Me tomó de la barbilla y me dió un beso en la mejilla. Y luego se marchó hacia su auto—¡Te enviaré un mensaje!—dijo antes de marcharse en así auto.


Me quedé perpleja y ruborizada, miré la caja y decidí subir a mi departamento. Ya estando ahí, abrí la caja y era un hermoso vestido rojo de seda pegado al cuerpo y su parte inferior en la cadera era más suelta que me llegaba hasta las pantorrillas por debajo de la rodilla. Amaba su escote en v y sus tirantes tan delicados. También se encontraba una nota allí que decía “usalo para la siguiente cita". De pronto suena mi celular y era una notificación de un mensaje de él pidiendo organizar la siguiente cita, está vez iba a ser especial, porque ahora se acerca la parte más interesante del relato.


Hoy era el día, él me había invitado a cenar a un restaurante fino. Me había puesto el vestido que él me dió anteriormente y me maquile lo necesario. Adelantando los sucesos diré que cuando estábamos allí se comportaba diferente, me decía halagos y se me insinuaba un poco y me echaba miraditas que delataba sus intenciones. Él también buscaba lo que yo quería. Me comentó que hace dos días estuvo en una cabaña cerca de otras más cabañas a unas calles del lugar donde estábamos. Me invitó a ir con él para seguir la noche y yo acepté. Esa noche en nosotros había un destello de emoción y lujuria, lo sentía y ansiaba que ese momento se acercara. Ahora mismo estábamos en su auto y él conducía hacia la cabaña.


Entré y dejé mi bolso en la mesa. Él cerró la puerta y sentí el ambiente tan tenso, caluroso y con mucha emoción. Me agarró de la cintura jalandome hacia él y me besó en los labios, nuestro primer beso después de tantas citas. Cómo siempre bajaba la mirada y él me mordió el labio inferior—Vuelve a bajar tu mirada y te morderé el labio de nuevo—ordenó. Ay dios, si, todo lo que tú digas Alessandro. Le respondí que si, que no lo iba a volver a hacer y me besó de nuevo, le seguí el beso y no pare más. Comenzamos a tambalearnos y a dirigirnos por un pasillo hasta que choque con una mesita que había allí. Sus besos apasionados me dejaban con ganas de más. Yo también respondía de la misma manera a sus besos. Los tirantes de mi vestido cayeron sobre mis hombros y él bajaba por mi cuello y hombros dejándome besos húmedos.


—Desde que te ví por primera vez quería hacerte mía, Jane—susurró en mi oído, dejando un rato de besos por mi cuello.


—Todo de mi perteneció a tí cuando te ví por primera vez, Alessandro—respondí entre jadeos.


Apartó lo que había arriba de la mesita y me levanto sentandome ahí. Me levanto el vestido y me besó antes de agacharse y bajar mis bragas, las arrojó al suelo y asomó su rostro a la entrada de mi vagina abriéndome las piernas. Respiré hondo para relajarme y él ya había comenzado a besar y a jugar con su lengua en mi vagina. Yo me mordía el labio, la sensación era tan jodidamente buena que me prendía más y ya me estaba generando espasmos. Comenzó a mover su lengua de arriba abajo, luego moviendola como cola de pez entre mis labios vaginales y cuando sentí el rocé de su lengua en mi clítoris contraje mi estómago y mi espalda. Ya estaba gimiendo más alto y no me importaba en absoluto que él oyera mis gemidos, al contrario, me calentaba más. Él se dió cuenta de que me llenaba de placer si estimulaba mi clítoris y entonces además de mover su lengua en círculos en ese punto también empezó a succionarme la vagina. Mi cuerpo experimentó una de los grandes placeres y mi respiración era agitada y entrecortada. En busca de más jalé su cabeza más hacia mi vagina y sus movimientos comenzaron a aumentar su velocidad. Me sentía extasiada en placer, gemía alto y ya veía el cielo. Presioné su cabeza más hacia mí y le rogué que no parará y que siga así, él no paró y siguió lamiendo y chupándome el clítoris. Yo ya sentía que me iba a venir, que eyacularía en su rostro, la tensión en mi cuerpo, el placer exquisito que me provocaban sus estimulaciones y las contracciones que tenía hicieron que eyaculara en su boca. Mi respiración estaba agitada y había experimentado un orgasmo increíble.


Cómo los dos estábamos tan pero tan calientes decidimos hacerlo de nuevo, está vez él me estaba penetrando contra la mesa de la cocina. Yo estaba parada al borde de la mesa con mis manos encima de ella, él me sostenía del cuello jalandome hacia atrás para que lo viera a los ojos mientras mi espalda la tenía arqueada. Me estaba penetrando duro y rápido por la vagina, yo gemía fuerte demostrándole lo excitada que estaba y el placer que sentía con cada embestida que me estaba dando. Comencé a sentir que necesitaba más y le rogué que vaya más rápido, me pidió que le rogara más y así lo hice, le rogué más y comenzó a embestirme más rápido y fuerte con movimientos frenéticos, mis gemidos eran ahora entrecortados y miraba hacia arriba llena de placer, podría volverme adicta a su polla gruesa y bien dura. Aún embistiendome comenzó a masajear y a tocar con brusquedad mis pechos y joder, que eso me prendió más, mis pezones estaban duros y su toque me volvía loca. Ya estaba a punto de tener mi otro orgasmo cuando de repente retiró su polla de mi y me dió la vuelta y me acostó encima de la mesa quedando frente a él acostada, me agarró ambas piernas hacia arriba y las cruzó, de nuevo fue introdujendo su polla en mi vagina que ahora estaba más estrecha y empezó a penetrarme fuerte y con movimientos frenéticos. Podía escuchar el delicioso sonido de nuestras pieles chocando entre sí, con una de sus manos me sostenía las piernas y con la otra me rodeaba el cuello. No sé si era por el momento pero me excitaba demasiado eso. Le rogué que no pare y que me dé más duro y así lo hizo, sentí como mi cuerpo entero se tensaba, mis latidos iban a mil y mi vagina se contraía más mientras veía mis pechos rebotar a los lados. No aguanté más y gemí fuerte dejando tener mi segundo orgasmo. El también no se quedó atras, gruñó y también eyaculó al mismo tiempo. Mi respiración estaba tan agitada y entrecortada que dejé caer una gota de sudor por mi frente. Andaba muy caliente y ahora quería más, otro orgasmo, está nueva sensación la quería sentir de nuevo, mi lujuria estaba al tope.


Retiró su polla de mí y me agarró del cuello otra vez, me hizo levantarme de la mesa y me llevó a la mesada. Está noche la iba a pasar increíble. Tanto él cómo yo éramos bestias lujuriosas que ahnelaban más y más placer.

Ya sentada en la mesada me levantó las piernas hacia arriba agarrandóme de mi trasero y me las abrió, apoyé ambas manos en la mesada y me la introdujo de nuevo. Está vez él no empezó lento si no que tenía un ritmo más rápido. Para aumentar mi excitación y aprovechando que mis piernas estaban abiertas y dejaba ver mi vagina mojada empecé a masturbar mi clítoris con una mano con movimientos circulares. Comencé a gemir más y más fuerte y él también aunque sólo gruñía, sentía que ya estaba en mi siguiente orgasmo cuando Alessandro aumentó la velocidad y profundidad de sus embestidas y de nuevo tenía el cielo al frente de mis ojos, jadee y gemí más alto hasta que llegué al orgasmo al mismo tiempo que él, de nuevo. Me soltó las piernas y Cayó en mi pecho y yo me acosté en la mesada.

Ya andaba exhausta, mi respiración estaba muy agitada y estaba bañada en sudor al igual que Alessandro.


Luego de recuperar nuestra respiración me llevó cargandóme en sus brazos a la habitación de él y dormimos. A la mañana siguiente aún estando desnudos tuvimos sexo al borde de la cama, al frente del espejo del baño incluso y de nuevo en la cocina mientras lo abrazaba por el cuello.


Qué bien que la he pasado con un hombre mayor, me calentaba mucho el hecho de que lo hice con alguien de 30 años y que me haya penetrado en posiciones tan placenteras


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