Prólogo
Tobio y Shoyo llevaban saliendo desde su segundo año de preparatoria, su relación iba por buen camino hasta que Shoyo tomó una gran decisión importante para su vida profesional en el Voleibol, iba a ir a Brasil para aprender Voleibol de playa, pero Tobio no estaba de acuerdo, no quería que Shoyo se alejará por mucho tiempo de él, dos años era mucho tiempo, Tobio no podría aguantar tanto tiempo teniendo una relación a miles de kilómetros de distancia, y aquí se encontraba ahora mismo a unos metros de la cancha de fútbol de la escuela entre unos arbustos esperando a que Shoyo llegará y le diera una explicación razonable de por qué le ocultó esto durante mucho tiempo.
Tobio estaba de brazos cruzados apoyado en un frondoso árbol esperando la llegada de Shoyo, ¿Por qué mierda se estaba tardando tanto? ¿No lo había dejado claro con una mirada y esa nota en su pupitre?
Tobio estaba desesperado y enojado, ¿Por qué tuvo que dejarlo de lado en una decisión tan importante?
Tobio posó sus dedos en su frente y suspiró. —¿Por qué este idiota se tarda tanto? —dijo él haciendo una mueca de frustración.

Shoyo corría por los pasillos con la nota en sus manos que decía “Ven detrás de la cancha de fútbol.” Shoyo se había dormido y apenas vio la nota en su puesto, si no iba Tobio iba a matarlo hoy mismo, ¿Por qué al menos no lo despertó primero?
Shoyo llegó al lugar y apoyó sus manos en sus rodillas mientras recuperaba el aliento antes de hablar. —Idioyama, si quieres verme, dímelo y no me dejes una nota mientras duermo… —Dijo el más bajo acercándose a Tobio. —¿Para qué quieres verme? No me digas que es por qué me extrañas porque ayer dormimos juntos… —Dijo Shoyo señalándole, juzgándolo con la mirada.
Tobio seguía recostado en el frondoso árbol con el ceño fruncido y una mueca en sus labios. —¿Cómo que para qué quiero verte? Eres mi novio, idiota, con eso tengo razón suficiente para querer verte, además, me debes una explicación.
Shoyo lo miro con una ceja alzada y el ceño fruncido de la confusión. —¿Explicación? ¿Explicación de qué? —Tobio se acercó a Shoyo y coloco ambas manos en sus hombros apretándolos con fuerza. —Tu idiota, ¿por qué mierda no me dijiste que ibas a irte al otro lado del mundo? ¿Por qué mierda primero no lo hablaste conmigo antes de contarle a todo el mundo? ¿Por qué no pensaste en mí antes de tomar esa decisión?
Shoyo se quedó mirando fijamente a Tobio, sorprendido por su reacción tan intensa. La expresión en su rostro pasó de confusión a preocupación mientras intentaba responder.
—Tobio, lo siento. No quería ocultártelo, pero la decisión se tomó muy rápido y... —trató de explicarse, pero fue interrumpido por el ceño fruncido de Tobio.
—¡Muy rápido dices! ¿Y qué hay de nosotros, Shoyo? ¿No piensas en nuestra relación? —Tobio soltó los hombros de Shoyo y dio unos pasos hacia atrás, claramente molesto.
Shoyo se acercó a él, su expresión cambiando a una mezcla de determinación y arrepentimiento.
—Por supuesto que pienso en nosotros, Tobio. Pero esto es una oportunidad increíble para mí. No puedo dejar pasar la oportunidad de aprender voleibol de playa en Brasil. Sabes cuánto amo este deporte y cuánto me gustaría mejorar.
Tobio frunció el ceño, frustrado pero también herido.
—Lo entiendo, Shoyo, pero ¿y nosotros? ¿Qué va a pasar con nuestra relación? —sus palabras eran un susurro cargado de preocupación.
Shoyo bajó la mirada por un momento antes de mirar a Tobio directamente a los ojos, él realmente no había pensado en su relación con Tobio cuando tomo esta decisión.
—Tobio, entiendo que esto sea difícil para ti, pero realmente quiero hacer esto. Es una oportunidad única para mí y para mi carrera en el voleibol —dijo Shoyo con determinación, aunque notando la preocupación en los ojos de Tobio.
Tobio se quedó en silencio por un momento, su expresión reflejaba una mezcla de resignación y molestia.
—No puedo detenerte, Shoyo. Pero no estoy de acuerdo en cómo decidiste esto sin consultarme. Dos años es mucho tiempo... —sus palabras eran un susurro cargado de preocupación y frustración.
Shoyo tragó en seco, sin saber qué responder. Era evidente que no quería terminar su relación con Tobio; se había enamorado profundamente y confesar lo que sentía había sido muy difícil. No quería arruinar la relación que habían construido desde su segundo año de preparatoria.
—Lo siento, Tobio. No quería que te sintieras así —dijo Shoyo con sinceridad, buscando las palabras adecuadas para calmar a su novio.
Tobio suspiró, mirando a Shoyo con una mezcla de tristeza y resignación.
—No entiendo por qué tenías que decidirlo de esta manera, Shoyo. Podrías haber hablado conmigo antes de tomar una decisión tan importante.
Shoyo asintió, reconociendo su error, no quería arruinarlo, pero indirectamente ya lo había arruinado todo.
—Tienes razón, Tobio. Debería haberte incluido en esta decisión. Pero por favor, confía en mí. Esto no significa el final para nosotros. Podemos hacerlo funcionar, ¿verdad?
Tobio frunció el ceño, sus ojos mostrando una chispa de irritación.
—No sé, Shoyo. Esto es demasiado para mí. ¿Cómo se supone que vamos a hacerlo funcionar si te vas tan lejos durante dos años? —dijo Tobio, su tono cargado de frustración.
Shoyo sintió una oleada de molestia surgir en su interior.
—¡Pero esto es una oportunidad única para mí! ¡No puedo dejarla pasar! —respondió Shoyo, elevando un poco la voz.
Tobio se cruzó de brazos, mirándolo con dureza.
—Pero tampoco puedes dejarme de lado así, Shoyo. ¿Acaso no te importa nuestra relación?
Las palabras de Tobio golpearon a Shoyo como un puñetazo en el estómago. La ira empezó a crecer en su pecho.
—¡Claro que me importa, Tobio! ¡Pero también quiero seguir mi sueño! ¿No puedes entenderlo?
Tobio frunció aún más el ceño, sus ojos destellando con enojo.
—No puedo creer que pienses solo en ti mismo en este momento, Shoyo. ¡Esta decisión afecta a los dos!
Shoyo se sintió acorralado, sus propias emociones desbordándose.
—¡Claro que lo entiendo, Tobio! ¡Pero no puedo dejar pasar esta oportunidad! —respondió Shoyo, su tono elevándose para igualar el de Tobio, sus ojos brillando debido a las lágrimas que amenazaban con salir.
Tobio negó con la cabeza, su expresión tensa y molesta.
—No es solo sobre una oportunidad, Shoyo. Es sobre nuestra relación, sobre nosotros. ¿Acaso no lo entiendes? —su voz resonaba con amargura y tristeza contenida.
Las palabras de Tobio perforaron el corazón de Shoyo. La pelea estaba llegando a un punto crítico, y ninguno de los dos parecía dispuesto a ceder.
—¡Por supuesto que lo entiendo! —exclamó Shoyo, su voz temblando de emoción y angustia—. Pero no puedo renunciar a mis sueños por nosotros.
Tobio se acercó a Shoyo, su mirada fija en la suya con intensidad.
—¿Y qué hay de mis sueños, Shoyo? ¿Acaso no importan? —dijo Tobio con amargura y desesperación.
Shoyo sintió una oleada de culpa. Sabía que Tobio también tenía sus propias metas y sueños, y se sentía devastado por no haber considerado sus sentimientos antes.
—Quizás tenías razón desde el principio, Tobio. Tal vez nunca debí haberte permitido entrar en mi vida —dijo Shoyo en un susurro poco audible, su voz temblorosa con una pizca de rabia contenida.
Tobio frunció el ceño, sus ojos mostrando una mezcla de sorpresa y dolor.
—Tal vez deberíamos haberlo pensado mejor antes de salir juntos. Nunca fuiste lo que realmente quería —respondió Tobio con frialdad, sus palabras cortando como cuchillas afiladas.
El corazón de Shoyo se hundió ante la brutal honestidad de Tobio.
—No necesitas fingir más, Tobio. No querías estar conmigo desde el principio, ¿verdad? —dijo Shoyo, su voz elevándose con resentimiento.
Tobio suspiró, sus ojos oscurecidos por la tristeza y la frustración.
—Quizás fue un error pensar que podríamos ser algo más. Nunca fuimos compatibles, Shoyo —respondió Tobio con amargura.
Las palabras de Tobio resonaron en el pecho de Shoyo como un golpe.
—Entonces, ¿esto es todo? ¿Es así como terminamos? —preguntó Shoyo, sintiendo un nudo en la garganta.
Tobio asintió con decisión, su mirada evitando la de Shoyo.
—Así es, Shoyo. Creo que es hora de seguir adelante por caminos separados —dijo Tobio con voz dura y finalidad.
Shoyo se sintió como si le arrancaran el corazón. El lugar se llenó con el silencio pesado de lo que podría haber sido, pero nunca fue.
Tobio se alejó sin mirar atrás, dejando a Shoyo solo con sus pensamientos y el vacío que había quedado en su pecho.
Shoyo se agachó en el lugar, ocultando su rostro en sus rodillas mientras las lágrimas brotaban de sus ojos y se deslizaban por sus mejillas. —Idiota… —Dijo Shoyo en un susurro débil, aunque no se lo decía a Tobio, se lo decía a sí mismo.